“Amantes liberados”, parte 1 del capítulo 3, “Aturdido”

Aaaaarff!!! Después de esto tengo sofocos. A ver, este capi ha sido una obra de ingeniería, colocando las piezas de las escenas para que el conjunto aguantara, ordenadas por secuencias de tiempo *sudores* Por esa complejidad tenía la sensación de que sería más “fácil” escribir todo el capi seguido, en vez de parar de una parte a la otra. Así podía mover las escenas en el marco general ¡Muchas gracias por vuestra paciencia, de verdad, sois grandes! La acción empieza dos noches después de donde acabó la última parte.

Este capi tenía que cumplir diversos objetivos: mostrar cómo ha dejado a Qhuinn y a Blay su primera vez juntos; que alguien les echara una mano a la hora de orientar sus vidas; mover la trama de las dos bandas enfrentadas, con sus respectivos restrictores; que la Hermandad se diera cuenta de que hay DOS grupos de restrictores matándose ENTRE ellos y no A ELLOS; ahondar un poquito en los cabecillas de las bandas, porque tendrá importancia en sus reacciones en otros capítulos; que José de la Cruz empiece a darse cuenta de que hay cosas raras ahí afuera; que Qhuinn y Blay empiecen a hablar de verdad y que, a través de esa charla y de…. um, otras acciones, se entiendan un poco más y deshagan algunos malentendidos. Muuuucha cosa, lo cual no disculpa la extensión del capi pero… bueno, eso.

Más comentarios: la compañía de mercenarios Blackwater que se nombra aquí -rebautizada como XE- existe realmente y, si echáis un ojo por Internet, veréis en qué asuntos se la involucra en Irak. Lo único inventado es que alguna vez se enjuiciaran a algunos de sus miembros. Qué más… lenguaje étnicamente ofensivo, que insisto que es sólo por exigencias de la trama y no mi opinión. Después…. sí, hay un homenaje a dos discotecas de mi ciudad), a las pelis de zombis y a Rambo (una tiene su corazoncito romántico). He intentando equilibrar las escenas con Qhuinn o Blay como protas con todas las demás pero, a pesar de todo, dado el lío, era difícil. En la siguiente parte tendréis muchas más escenas de ellos dos.

Sólo por no perderse, las facciones de los malos son las siguientes:

El Omega+Carlos “el Rey Sol”+Felipe= los hispanos Almighty Kings and Queens (AKG), colores negro y amarillo. Se mueven en el barrio latino y la calle Trade. Lash+ Jay-O= los afroamericanos Bloods, color rojo. Se mueven en el barrio industrial. Sé que en este capi hay mucho peso de los malos. Espero que no se haga demasiado aburrido, pero era necesario para hacer avanzar la trama. El capi 4 será más “íntimo”, con la entrada en escena seria de Layla, Saxton y las familias de los chicos.

¡¡Y muchas gracias a Qhuinn Daganegralatina y a Blaylock Daganegralatina por dejarme usar sus imágenes para ilustrar esta parte!! (estoy deseando escribir un capi feliz porque tienen unas fotos sonriendo que… ains, qué ternura). Finalmente, este capi va dedicado a los/las chicos/as de Daganegra-Mex, en recuerdo de sus pérdidas.

El título de este capi es la traducción libre de “Numb”, de Linkin Park. La letra os la dejo en la siguiente parte.

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CAPÍTULO 3. ATURDIDO. PARTE 1

-¡DILO! ¡ESCÚPELO, PUTO… NEGRO… DE MIERDA!

Carlos, líder de los Almighty Kings and Queens, se apoyó en el umbral de la puerta de la trastienda mientras Felipe hacía lo que mejor sabía hacer con aquel desgraciado, punteando cada palabra con una rajada de navaja. Su segundo al mando tenía esa expresión de sadismo saciado que anunciaba que estaba disfrutando como el cabronazo que era. Carlos se giró un momento hacia los otros restrictores latinos que se habían asomado al cuartucho roñoso en la parte trasera del local de empeños donde estaba teniendo lugar la “conversación”.

-Quedaos en la tienda y aseguraos de que nadie madrugador se asoma dentro. Aquí ya casi hemos acabado.

Un esputo sangriento le salpicó en la cara y Carlos torció el gesto, limpiándose con el dorso de la mano llena de anillos. Se acercó hacia el negro atado a la silla y le torció la cabeza hacia el otro lado de un puñetazo que dejó todos los anillos marcados en la ensangrentada mejilla oscura.

-No se te ocurra mancharme, jodida escoria.

El tipo, un peldaño más en la escala de mando de los Bloods, no tuvo tiempo de contestar. Era difícil cuando Felipe le había bajado los pantalones, atado las piernas a los dos lados de la silla y estaba probando cuánto dolor podía aguantar exactamente un hombre cuando se juntaban una navaja de un palmo, sus pelotas y su polla.

A juzgar por el charco de sangre que resbalaba de entre las piernas del tipo hasta el suelo y por el alarido que soltó cuando Felipe volvió a cortar ahí abajo, no mucho más.

El negro estuvo a punto de perder el conocimiento, con los ojos en blanco y vomitando sangre. Felipe le agarró la cabeza y volvió a traerlo a este mundo de dos sonoros puñetazos. La sangre resbaló por los labios gruesos. Su segundo al mando se inclinó cerca del Blood, moviendo la hoja de la navaja empapada en sangre delante de sus ojos.

-¿Quieres ver cómo te corto tu negra polla en rodajas y la sirvo junto con tus huevos en un plato, justo antes de sacarte los ojos?- volvió a menear la hoja-. Es interesante, salen de las órbitas con un “pop”, ¿lo has oído alguna vez?- bajó la hoja justo entre las pelotas del negro, pinchando-. Un tirón hacia arriba y saldrán rodando una para cada lado o….. puedes decirnos dónde mierda se reúnen tus jefes. Tú eliges…

A pesar de todo, Felipe rajó hacia arriba. Lo justo, claro.

El negro aulló, gorgoteando en sangre y sollozando.

-¡TE LO DIRÉ…! ¡T-TE LO D-DIRÉ! Por f-favor… t-te lo…

-Somos todo oídos.- Carlos se acercó a los dos con cuidado de no ensuciarse de sangre las deportivas nuevas.

Los enormes ojos dilatados del tipo hicieron un patético esfuerzo por enfocarle.

-La n-nave de G-general M-motors… Ab-abandonada… Lo j-juro.

Carlos sonrió de medio lado.

-Muchas gracias.- hizo una reverencia burlona y se alejó caminando de espaldas-. Para que nadie pueda decir que los AKG no somos compasivos… -asintió hacia Felipe- ¿qué tal si acabas con su sufrimiento, hermano?

No se quedó a ver cómo Felipe degollaba al tipo. A fin de cuentas, todo el mundo tenía derecho a disfrutar sus perversiones con cierta intimidad y esperaba que aquel desfogue distrajera a su segundo al mando de cuestiones más incómodas que Carlos no tenía ninguna prisa por contestar.

Como la mierda esa de “he tenido sensaciones raras al ver a dos chavales”.

Uno no quería que su segundo perdiera concentración pensando en vampiros cuando estaban a punto de barrer del mapa a los Bloods.

Y tenían prisa por hacerlo, tanto por los jodidos vampiros -de los que sólo Carlos conocía su existencia- como por el cabrón del Omega. Hacía dos noches, el edificio en construcción en cuyo sótano habían guardado sus corazones se había incendiado y la poli casi había pillado a alguien husmeando por ahí. Estaba claro que eran los dos chavales vampiros con los que se había cruzado Felipe, así que esos hijos de perra con colmillos estaban olfateando sus culos.

A pesar de eso, Carlos creía que en las dos noches transcurridas desde entonces les habían despistado, porque había movido el cuartel general de los AKG, miembros restrictores incluidos, al sótano del Señor Lobo, la nueva discoteca que estaba a punto de inaugurar uno de los incas de la banda a poca distancia de la calle Trade. De momento, los vampiros no habían asomado las narices por ahí, aunque fijo que estarían buscando a los dueños de los corazones que habían encontrado.

Luego estaba el Omega.

Carlos sólo contaba con veinticuatro restrictores, pero no podía pedirle más a aquel cabronazo si no le traía resultados en su guerra particular contra los vampiros. Y, de momento, Carlos se estaba haciendo el sordo al respecto, concentrado en averiguar dónde mierda estaba el jefe de los Bloods para borrar del mapa a esos jodidos negros. Si lo conseguía, su prestigio entre los AKG subiría como la espuma y habría más latinos dispuestos a entrar en su “círculo interior” de restrictores. Oh, y él tendría más pasta y poder del que jamás había soñado.

Todo lo cual le interesaba al Omega, pero esa cosa sombría tenía paciencia cero. Así que Carlos oía el tic-tac de su cuenta atrás para acabar con los Bloods de forma muy vívida.

Por eso mismo estaba manteniendo “charlas” con lo que sospechaba que era la base social de los Bloods: enternecedoras familias negritas que regentaban talleres de coches, locales de empeño como aquel o tiendas de venta de electrodomésticos robados. Todas esas familias pagaban a los Bloods a cambio de protección, igual que gran parte de la comunidad latina de Caldwell pagaba a los AKG.

Mira por dónde, al final habían tocado la tecla correcta.

Carlos miró por encima del hombro cuando Felipe salió del cuartucho guardándose la navaja en la cazadora manchada de sangre. Normalmente, su segundo se guardaba algún trofeo de los tipos a los que convertía en comida para perros. En aquella ocasión, Carlos prefirió no preguntar qué mierda se habría quedado.

-Date prisa, bro, larguémonos a nuestro barrio.

Felipe sonrió como un cerdo bien cebado.

-Ya va, ya vaaaa… ¿Pides un buen trabajo? ¡Pues dame tiempo!

Jodido divo…

Salieron de la tienda como gacelas, metiéndose en el coche que los otros restrictores tenían aparcado justo delante. El sol empezaría a despuntar pronto por el este, así que la calle estaba benditamente desierta en esa zona de la ciudad, en la frontera norte del barrio industrial, cerca de las partes de la ciudad con aceras y farolas que funcionaban. Por suerte, el negro con el que habían “charlado” vivía en la misma tienda, por eso le habían pillado en casa a esas horas de la madrugada.

El principio de la guerra de bandas dictaba que nadie se metía en el territorio del otro y que la disputa se centraba en las zonas intermedias. Bueno, los AKG iban a enviar al cuerno aquel principio la noche siguiente, ahora que sabían en qué fábrica mierdosa se atrincheraban los Bloods.

-Convoca reunión en el Señor Lobo. Vamos a invitar a toda la banda a la fiesta que montaremos mañana por la noche.- Carlos sonrió como un mamonazo hacia Felipe mientras el coche cruzaba el puente Hot Metal sobre el Hudson, que les llevaría a su zona, en la orilla sur del río.

Felipe se limpiaba la sangre de la cara y de las manos con el pañuelo rojo que le había quitado al negro. Entre eso y el pestazo a mapache en descomposición que emanaban parecían salidos de “La noche de los zombies”.

-¿Iremos todos?

Carlos se crujió los nudillos mientras los demás restrictores del coche esperaban sus palabras, auténticas hienas acechando la carnaza.

-Los Amighty Kings and Queens al completo.- asintió-. Vamos a ver qué cara se les queda a esos negratas de mierda cuando vean aparecer a cien de los nuestros a las puertas de su puta casa.

Las risas y los aullidos estallaron en el coche y Carlos chocó los puños con sus chicos, con menos entusiasmo interior del que aparentaba. Esperaba que la próxima noche pudieran aniquilar a los Bloods, porque si la cosa con la otra banda se alargaba mucho más tiempo, tendría que suplicarle paciencia al Omega.

Y sabía que no la iba a recibir.

OOO

John Matthew llevaba dos días sintiéndose como si viviera en el plató de rodaje de “Zombieland”, flanqueado por Qhuinnzombie y Blayzombie.

Frunció el ceño mientras los tres entraban en el recibidor multicolor de la mansión, siguiendo a Rhage. Otro que tal. El Hermano, que normalmente parecía la estrella de un talk show, se había pasado la noche con los labios apretados, crujiéndose los nudillos y prácticamente gruñéndole a cualquier sombra. John juraría que había visto sus ojos relampagueando en blanco al menos en un par de ocasiones y eso, cuando llevabas dentro al T-Rex de “Parque Jurásico”, no era nada bueno.

La noche había ido como las anteriores: una mierda. La Hermandad había intentado rastrear el edificio en construcción donde Qhuinn y Blay habían encontrado el altar de los AKG adornado con veinticuatro jarras con corazones de restrictores y que, en un golpe de genialidad, habían incendiado para ocultarlo a la policía. La noche siguiente de aquello, los Hermanos se habían encontrado con los polis haciendo su trabajo y recogiendo evidencias con pinzas, pero nada más. Desde entonces, habían peinado el barrio latino, intentando encontrar a alguno de aquellos tipos de los AKG convertido en no-muerto.

Ni rastro.

Así que esa noche habían cambiado de estrategia. Cabía la posibilidad de que el Omega no hubiera inducido restrictores entre los pandilleros hispanos, sino que el altar fuera una especie de burla humillante. Podría ser que los restrictores hubieran sido reclutados entre alguna banda rival y les hubieran dejado aquel montaje a los latinos en su propio barrio como amenaza. A saber… En cualquier caso, la Hermandad había decidido ampliar la búsqueda a otros barrios.

Mientras los chicos mayores gastaban botas en zonas donde quizás tenían más posibilidades de encontrar acción, a Blay, Qhuinn y él mismo les había tocado volver a la orilla sur del Hudson. Otra vez. Acompañados por Rhage como canguro, claro. Mientras, Xhex había pasado la noche con las Sombras, Trez y iAm, intentando enterarse de alguna mierda.

Nadie había encontrado ni rastro de no-muertos.

Y, para acabar de rematar una noche pésima, Rhage había estado de un humor de perros mientras que sus amigos… bien, sus amigos habían estado sólo de cuerpo presente. Porque sus mentes estaban a años luz de distancia. En algún limbo gris.

John los espió de reojo mientras subían las escaleras hacia el primer piso, acompañados por el sonido de las persianas bajando para el día. Estaba claro qué había pasado entre ellos, pero no por qué les había dejado en ese estado de sonambulismo. John había entrado en la habitación de Qhuinn hacía dos noches, cuando su ahstrux nostrum no había bajado para la Primera Comida, y el fino olfato vampírico le había dado los datos que necesitaba. Qhuinn estaba desplomado en la cama boca abajo, sobrio pero extrañamente ido, y todo el cuarto olía a sexo… y a Blay.

El primer impulso de John había sido felicitar a Qhuinn por haber dado aquel paso adelante hacia su amigo en vez de joderle como le había jodido durante meses. Hasta que había visto en qué estado de aturdimiento estaba Qhuinn como si, en vez de haber hecho el amor con alguien que le atraía –John no era estúpido- le hubieran dicho que le quedaban tres meses de vida. Qhuinn no hablaba, casi no comía –cuando normalmente era una plaga de langostas él solo- y, más aún, no había probado una gota de alcohol en días. Parecía que viviera en un coma etílico permanente.

Después de esa primera visita a su habitación, cuando a John le había costado Dios y ayuda que Qhuinn se levantara, duchara y vistiera, el panorama que se había encontrado en la de Blaylock era una imagen en un espejo. El pelirrojo se movía por sí solo, se aseaba, vestía y picoteaba de su plato de comida, cierto. Pero nada más. Tenía la mirada ausente o fija en sus pies la mayor parte del tiempo y parecía que caminara en sueños o, más bien, entre pesadillas.

¿Qué mierda había pasado? ¿Algo había salido mal? ¿Con el sexo? Costaba de creer cuando Qhuinn era una de las partes de la ecuación pero… bueno, uno nunca sabía lo que pasaba detrás de la puerta cerrada de una habitación.

Lo que flotaba entre sus dos mejores amigos había sido obvio desde hacía unos cuantos meses. Más por parte de Blaylock pero, tal como conocía John a Qhuinn, estaba claro que su guardaespaldas no era indiferente al pelirrojo. Y mucho menos desde que Blay había empezado a salir con Saxton: Qhuinn vivía perpetuamente comido por los celos, aunque no lo admitiera y aunque tuviera algo entre manos con la Elegida Layla. Así que algo había entre ellos, a pesar de que los dos tenían una relación. A su peculiar manera. Habían acabado en la cama hacía un par de noches, eso estaba claro, y a John le importaba un carajo si habían dado la talla o no. Lo único que no podía soportar era ver completamente destrozados a los mejores amigos que tenía sobre el mundo.

Inspiró aire y se adelantó antes de que llegaran a las puertas de sus habitaciones, parándose ante ambos con el ceño fruncido. Dio una palmada para obligarles a levantar la vista y a que siguieran sus señas.

“Hey, esto no puede seguir así”, les fulminó un instante con la mirada, sin conseguir ni una mínima reacción de ninguno de los dos. “Lleváis dos días idos, tíos. Sea lo que sea que haya pasado entre vosotros, tenéis que hablarlo”. Ninguna reacción. John dio una patada en el suelo y empezó a manotear a doble velocidad. “Joder, sois amigos, maldita sea. Si tengo que mediar entre vosotros lo haré, sólo decidlo”. Más miradas fijas en él. “¡Mierda, decid algo!”.

Qhuinn y Blay se giraron un poco el uno hacia el otro. Sólo un poco, aunque sus ojos permanecieron bajos, sin encontrarse, y sus cuerpos rígidos como dos robots con las junturas oxidadas. Después, Blaylock echó a andar por el pasillo, esquivándole, y susurró tan bajito que John apenas le oyó.

-Buenos días…

John abrió la boca, dejando caer las manos a los costados. Luego se volvió hacia Qhuinn con las cejas enarcadas. El moreno se frotó la cara con las manos como un viejo de cien años.

-‘Nos días, John…- ni siquiera separó los labios para murmurar antes de encerrarse en su propio cuarto.

“¿Pero qué coño…?”

John se quedó solo en el pasillo de las estatuas, con las manos gesticulando en el aire vacío. Luego bufó en silencio, apretó las manos en puños y entró en su propia habitación cerrando de un portazo. Xhex le miró desde la puerta del baño, con unos pantalones cortos, una camiseta de tirantes y secándose el pelo con una toalla.

-¿Una mala noche?

John se pasó la mano por el pelo varias veces, intentando calmarse, antes de acercarse a su shellan y saludarla con un beso sobre la vena del cuello. Se apoyó contra el umbral del baño, gesticulando con furia.

“Nada de restrictores. Rhage de mala leche. Qhuinn y Blay… joder, parecen dos zombies”.

-¿Siguen así?- la hembra se sentó en su cama, cruzando las piernas y apoyando las manos sobre los tobillos.

“No han dicho ni una palabra más allá de las necesarias en toda la noche, no se miran y, lo que es peor, es como si ni siquiera vieran por dónde caminan”, John paseó por la habitación antes de pararse delante de Xhex para seguir señalando. “Mierda, si siguen así nos pondrán a todos en peligro en las calles. No quieren ni hablar conmigo ¿Cómo se supone que tengo que ayudarles?”.

Xhex torció la cabeza a un lado.

-A lo mejor no puedes, John.

“¿Qué? ¿Por qué no? ¡Son mis mejores amigos! Y ellos estuvieron a mi lado cuando tú… cuando a ti… Aunque fuera a la fuerza, cuidaron de mí”.

-Pero entonces el problema no lo tenías con ellos, lo tenías conmigo. Esto es distinto. Ellos son sus propios problemas. Y tú estás demasiado involucrado como para ayudarles.- ella se encogió de hombros y John paró en seco con sus paseos.

“¿Demasiado involucrado?”

Xhex cogió un cojín, tamborileando encima con los dedos.

-Lo que quiero decir es que tú eres amigo de los dos. Eres el tercer vértice del triángulo. Y a veces es más difícil confesar toda tu mierda a alguien que te conoce como la palma de la mano que a otra persona con quien tienes más distancia.- su mirada era solemne-. Especialmente si piensan que puede joderte o incomodarte si tienes que tomar partido.

John se dejó caer en la cama a su lado.

“¿Entonces cómo les ayudo?”

Xhex frunció el ceño, jugueteando con el cojín durante un momento antes de sacudir la cabeza y mirarle.

-Creo que lo único que puedes hacer es intentar que hablen a solas. Tienen que aclararlo ellos.

“¡Pero si no hay manera!”

-Pínchales en el único punto en que los dos pueden estar de acuerdo: tú.- Xhex sonrió de medio lado cuando él debió poner cara de memo-. A ti nunca te pondrían en peligro. Diles que, si siguen con el cerebro nublado, cualquier día os pegan un tiro sin daros cuenta. Así que espabilen a aclararlo por tu bien.

A John se le desencajó la mandíbula.

“Mierda, leelan, siempre me sorprende lo lista que eres”, le pasó el dorso de la mano por la mejilla suave. Ella rió.

-No, soy retorcida y tú no. Por eso necesitas que te aconseje.

John le cogió la mano y besó sus nudillos, todavía preocupado.

“¿Qué crees que les pasa? Quiero decir, al margen de lo que hicieran la otra noche”.

Xhex frunció los labios y enlazó los dedos con los suyos, estudiándolos con aire ausente un momento antes de contestar.

-Creo que Qhuinn intenta encajar en un molde de una forma que no es la suya y sangra cada vez que tiene que cortarse un trozo para hacerlo. Y Blaylock está intentando deformarse para no ser el ojal adecuado para que Qhuinn encaje. Si siguen así… acabarán por no reconocerse a sí mismos.

John estudió el perfil de su shellan durante un largo rato antes de levantarse, cabizbajo, y señalar, en el equivalente a un murmullo, que iba a darse una ducha. No podía negar que Xhex era más sabia que él, tenía más experiencia de la vida y ciertas habilidades para entender el patrón emocional de otras personas.

Pero dolía como una mierda sentir que los dos únicos hermanos de verdad que había tenido se estaban jodiendo la vida y resignarse a sentarse en un banco a contemplar la función.

OOO

El detective José De la Cruz se chupó los rastros de ketchup de sus dedos después de degustar una ración extragrande de patatas Deluxe en su despacho de la comisaría central de policía y procedió a abrir la otra gran caja de la bolsa. Una jugosa BigMac con doble pepinillo y extra de mayonesa le estaba diciendo “cómeme”, a pesar de lo cual De la Cruz ojeó con culpabilidad la humilde ensaladita que también se había hecho traer; si su mujer supiera que se estaba poniendo hasta las trancas de grasas saturadas le atizaría en las pelotas con sus últimos análisis de colesterol enrollados.

Bueno, ¿qué culpa tenía él de haberse quedado sin tiempo para bajar a comer al vegetariano de la esquina desde hacía un par de días?

Vació un par de bolsitas de mostaza en la hamburguesa, quitando las dos hojas testimoniales de lechuga que llevaba e intentando no manchar las pilas de informes de los patrulleros que se acumulaban en su mesa. Empezaba a estar hasta las mismísimas pelotas de ir siguiendo el rastro de asaltos que los AKG habían ido cometiendo aquellos días contra comercios regentados por afroamericanos, sinceramente. Al menos, sólo había habido un muerto, de momento: un tipo que regentaba un local de empeños, aquella misma madrugada. Fracturas múltiples, cortes, magulladuras, degüello. Ah, y castración completa. Ante mortem. Sin que se hubieran hallado los, um… elementos que faltaban.

De la Cruz le dio un buen bocado a la hamburguesa, jurando en silencio cuando la salsa cayó en la cajita de cartón con un “splutch” ominoso, con la vista clavada en los informes y el ritmillo de fondo de los teléfonos sonando como locos al otro lado del cristal ahumado de su despacho. Había muchas cosas que no encajaban con lo que él había mamado durante un par de décadas. Para empezar, por qué demonios los Bloods no habían salido en masa a la calle a cobrarse los diez muertos que les habían infligido, con toda probabilidad, los latinos en el incendio de su fábrica hacía tres días. Tenían los hombres, la estructura y el poderío para ir a por los AKG, pero no lo habían hecho. Y ahora estaban tolerando aquel rosario de ataques contra sus intereses sin, aparentemente, mover un dedo.

Sólo había una explicación: los Bloods se traían algo grande entre manos. Enorme. Tanto como para aguantar esas humillaciones a su honor de banda en pos de un fin superior.

Le dio un buen sorbo a la Coca-Cola gigante –pero “light”- cuando estuvo a punto de atragantarse con el pepinillo.

La Policía llevaba tiempo sospechando que los Bloods se habían metido en el tráfico de armas lo cual, en la lógica miserable de las calles, tenía sentido, teniendo en cuenta que los latinos habían empezado a controlar las rutas de llegada masiva de droga. Así que una de dos: o los Bloods estaban atrincherándose y programando un detallado golpe a gran escala contra los latinos, o estaban concentrados en algo grande relacionado con las armas.

Ninguna de las dos cosas era buena.

Los agentes no habían tenido suerte con localizar al jefe de los AKG, tan sólo habían practicado algunas detenciones por falta de permisos de residencia y cargos menores de posesión de sustancias ilegales a unos pocos miembros de la banda. Pero ni pío del Corona Suprema que, al contrario también de lo habitual, no parecía tener mucho interés en dejarse ver marcando paquete por las calles.

Tendría que probar suerte con Jay-O, líder de la cuadrilla de los Bloods en la ciudad. Las bandas y la poli a menudo ejecutaban una sutil coreografía, de fronteras difusas entre la legalidad y el crimen, según la cual era preferible llegar a acuerdos que mantuvieran la guerra a niveles controlables en vez de ir a por ellos de manera inflexible y provocar que la cosa se recrudeciera. Si De la Cruz podía conseguir de Jay-O un acuerdo para dejar en manos de la poli el castigo a los latinos, aún podría mantenerse el precario status quo. Siempre que los Bloods no estuvieran importando armas prohibidas, claro.

En cualquier caso, se imponía una visita esa noche al barrio industrial.

Luego quedaba aquel otro tema, bastante más delicado a la hora de reflejarlo en un informe. Como por ejemplo el hecho de que dos chavales se le hubieran aparecido por arte de magia a tres metros de distancia en un edificio en construcción sin refugios posibles que explicaran el milagro. O que hubieran encontrado, si el forense no se había equivocado en el examen preliminar, al menos un corazón humano metido en una vasija en el sótano que alguien había incendiado. Por no hablar de la sangre y de aquella porquería apestosa negra que le recordaba a algo que no acababa de situar…

¿Dónde había olido aquel pestazo antes?

De la Cruz se limpió las manos en una servilleta de papel y decidió aumentar su culpabilidad prescindiendo de la ensalada a favor de un helado de nata con toppings de virutas de chocolate.

Estaba abriendo la boca con la cuchara bien repleta de otra dosis de carbohidratos cuando sonó el teléfono de su escritorio, conjurando la imagen de su esposa con el ceño fruncido. Descolgó con un carraspeo.

-De la Cruz al habla.

-Detective, ¿puede venir un momento?- gracias al cielo, sólo era el jefe de Científica.

-Ahora mismo.

El cuartel general de la Brigada de Policía Científica –cariñosamente conocidos como “Los Destripadores”- estaba en el sótano, entre el almacén de pruebas y el depósito de cadáveres. Los azulejos en las paredes y la hilera de ventanas cerca del techo, a nivel de calle, le daban al sitio el aire de un zulo de película de serie B. El Jefe Superior de la Científica, un tipo escuálido de ojillos azules tras unas gafas de montura dorada, con bata blanca, disparó una mirada cáustica al helado en cuanto De la Cruz entró en sus dominios.

-Cierre la puerta, por favor.- los ojos del hombre siguieron en todo momento la trayectoria del helado hasta que él optó por dejarlo sobre unos archivadores, junto a un cactus-. Gracias, detective, no queremos manchas en los informes, ¿verdad?

-En absoluto. Dígame.- siempre se sentía un poco fuera de lugar allí, en aquel ambiente asépticamente ordenado. Frunció el ceño cuando el Jefe se quedó plantado junto a su escritorio, repiqueteando con los dedos largos sobre una carpeta marrón- ¿Algo malo?

-¿Malo?- el hombre parpadeó-. Más bien imposible, pero empecemos por lo convencional.- le tendió la carpeta con un gesto de la cabeza-. Es el análisis que nos pidió de los restos orgánicos hallados en el sótano del edificio que ardió frente al río. Tal como sospechábamos, el fuego consumió gran parte de las evidencias y los Bomberos hicieron el resto. Sin embargo, pudimos salvar algo sin contaminar.- señaló el informe que De la Cruz ojeaba-. Una de las vasijas de cerámica estaba intacta y el material es ignífugo, así que preservó el contenido. Un corazón humano. Completo.

De la Cruz levantó la vista de la foto del órgano diseccionado que acompañaba el informe, decidiendo que no se acabaría el helado.

-Dígame que hemos tenido suerte con el ADN y su propietario estaba fichado.

-Efectivamente. Felipe Gutiérrez Calderón, natural de El Salvador. Veintinueve años. Cargos de posesión de droga, homicidio, robos con violencia… La lista es larga y siempre asociada a otros nombres de hipotéticos miembros de esa banda hispana, los AKG.- el jefe de la Científica asintió cuando De la Cruz encontró la foto impresa en el informe.

Por supuesto, no se había podido demostrar asociación ilícita con fines delictivos en ningún momento. José parpadeó.

-¿Me está diciendo que esos tipos le han arrancado el corazón a alguien de su misma banda? ¿O a más de uno?

-Yo no le estoy diciendo nada, detective, sólo analizando una evidencia. Hallamos fragmentos de aproximadamente dos docenas de recipientes cerámicos en ese sótano. Es probable que cada uno albergara un corazón, pero sólo éste se ha preservado intacto y apto para su análisis. Perteneció a ese hombre. Es todo lo que le puedo decir.

De la Cruz asintió, cerrando la carpeta.

-¿Y el residuo oleoso que le pedí que analizara?

El Jefe Superior de la Científica frunció los labios como si hubiera chupado un pomelo agrio. Guardó silencio. Reordenó los papeles del escritorio. Carraspeó.

-Es… difícil de explicar.

Las sirenas del instinto policial de De la Cruz empezaron a sonar a la vez. En todo el tiempo que conocía a aquel científico frío como un pez nunca le había oído calificar algo de “difícil de explicar”. Apoyó las manos en las caderas, inclinándose sobre el informe dispuesto en la mesa.

-¿En qué sentido? Y tenga presente que soy poli, no Einstein.

-Déjeme mostrárselo.- el hombre abrió un par de archivadores, descartó algunos informes y al final extrajo uno, abriéndolo por lo que parecía un análisis-. Mire, esto es un hemograma más o menos normal de un varón adulto básicamente sano. Fíjese en los valores de hematíes, leucocitos y plaquetas.

-Bien, lo veo. Entendido. Sangre de un tipo normal.

-Ahora… – dispuso al lado los resultados de otro análisis que sacó de la carpeta que tenía sobre la mesa- fíjese en éste.

De la Cruz cogió las dos hojas, comparando los valores. Todos los del informe misterioso estaban alterados, ya fuera por encima o por debajo de la media. Además de que el hemograma sospechoso parecía tener componentes añadidos.

-Veo que todo está patas arriba.- concluyó con un suspiro-. Imagino que me está diciendo que el tipo que tuviera esta sangre en sus venas necesita una visita a Urgencias.

-Le estoy diciendo que lo que está viendo –dio un golpecito con el dedo sobre el hemograma extraño- sería, analizando sólo los componentes normales, la sangre de un muerto.

-¿Un… muerto?

-Nadie que apenas tenga hemoglobina, hematíes y leucocitos en sangre puede estar vivo. Para empezar, sus células no recibirían oxígeno. Por si eso fuera poco, el nivel de plaquetas es… ¿cómo expresarlo? Inhumanamente elevado.- el hombre empezó a jugar con los dedos, entrelazándolos-. Por otra parte, esta… cosa tiene componentes adicionales que parecen formar parte intrínseca del compuesto.

-¿Cómo qué?- De la Cruz se quedó con las dos hojas de papel en las manos mientras una asociación de imágenes empezaba a subir desde el nivel más enterrado de sus recuerdos.

-No lo sé.

-¿Disculpe?

-He dicho que no lo sé.- los ojos del científico se estrecharon hasta parecer dos rendijas-. No tengo ni la menor idea de qué son esos elementos. Sólo puedo decirle que no se encuentran en la sangre humana ni animal. Y que son la razón de ese olor a podredumbre que despide la sustancia.

De la Cruz deseó haberse pedido una cerveza para acompañar la comida en vez de una Coca-Cola. O un Gin Tonic.

-¿Han descartado que la muestra esté contaminada? ¿O han pedido una segunda opinión a Tóxicos?

El jefe de la Científica suspiró con exasperación.

-Detective, yo mismo he hecho todos los análisis, dado que me pidió que le diera prioridad. Los repetí tres veces. La muestra no está contaminada y, además, coincide con la que usted encontró en el escenario del incendio de la fábrica, sobre un coche.- tiró otra carpeta encima de la pila-. Al respecto, tenemos el estudio de Balística: la forma se corresponde con la de una salpicadura de sangre por herida de bala.

De la Cruz dejó todas las carpetas encima de la mesa y se pasó la mano por la calva incipiente.

-Resumiendo ¿Me está diciendo que esa… sustancia salió del cuerpo de alguien y que, pese a la evidencia, es imposible que sea sangre? O, al menos, ¿sangre de alguien vivo normal?

-Exacto.

José paseó por el despacho, la mirada en las baldosas del suelo, cuando la asociación de ideas que tenía enterrada se acercó un poquito más a la superficie de los recuerdos. Gesticuló con una mano.

-Vamos a hacer una hipótesis, ¿de acuerdo? Imagine que eso fuera sangre de alguien vivito y coleando…

-Es imposible.- el científico se cruzó de brazos.

-He dicho una hipótesis, ¿quiere ayudarme? A ver, basándose estrictamente en los valores de glóbulos rojos, plaquetas y esas cosas normales que todos tenemos en la sangre, dejando de lado ese componente extraño, ¿qué aspecto tendría alguien que tuviera eso en las venas?

El hombre puso los ojos en blanco.

-Esto es como escribir una novela de Asimov pero, si le divierte… Palidez extrema, sequedad cutánea, despigmentación celular…

-¿Pelo, piel y ojos desteñidos?- De la Cruz se paró a mirarle en mitad de su paseo por el despacho.

-Eso he dicho, despigmentación celular. Es un suponer, claro.

-Por supuesto.

-Y, dada la escasez de los componentes celulares de esta “sangre” –hizo el signo de comillas con los dedos- y el alto porcentaje de plasma sanguíneo… ¿me está entendiendo?

-No.

El hombre bufó.

-Dejando a un lado esos componentes no identificados, y dado que esta “sangre” casi no tiene ni hemoglobina, ni leucocitos, es en su mayor parte plasma sanguíneo. Líquido, algo más denso que el agua.

-Entendido. Lo he pillado. Es más agua que sangre ¿Y?- De la Cruz le dio una patada mental a sus neuronas, obligándolas a trabajar.

-Si alguien tuviera eso en las venas, y sigo en el terreno de la ciencia ficción, sería especialmente vulnerable a la electricidad. Además, con estos altos valores de plaquetas, tendría una capacidad irreal de cicatrización. Pero… -el tipo levantó un dedo-… esto es, desde todos los puntos de vista científicos, imposible.

Porque alguien así no andaría por el mundo… excepto que él había tenido en su propio despacho a un tipo que respondía punto por punto a esa hipótesis. Excepto lo de la electricidad, que no había tenido ocasión de comprobar. Había sido poco después de la desaparición de su compañero, O’Neal, cuando un tipejo descolorido que olía a mofeta muerta había aparecido por comisaría asegurando que era amigo de “Brian” y pidiendo datos de su paradero. Que él ni sabía ni le habría dado ni harto de vino porque, aún sin conocer los datos de ese análisis de sangre, aquel tipo le había puesto los pelos de punta. Pero no había tenido aspecto de pandillero.

¿Cómo mierda estaban relacionados una banda latina, tipejos –que no podían existir- con aspecto salido de “Resident Evil” y su amigo desaparecido?

Lo que se añadía a dos chavales apareciendo de la nada delante de sus narices.

¿Y cómo carajo iba a averiguarlo?

Tomó aire y se inclinó hacia el jefe de Científica, poniendo la mano encima de la pila de carpetas.

-¿Quién más conoce estos resultados?

-Nadie más ¿Me toma por loco, detective?- el hombre cruzó los brazos flacuchos sobre la bata blanca- ¿Cuánto tiempo cree que tardarían los de Asuntos Internos en aparecer por mi despacho si presentara esto como oficial?

-Bien.- le tendió los expedientes al hombre-. Guárdelos. Donde usted quiera, pero que nadie los vea o acabaremos en el loquero.

-¿Y usted qué va a hacer?- el hombre cogió los informes y abrió un maletín de acero inoxidable.

-De momento, intentar evitar una guerra en las calles. Luego… encontrar al pandillero latino que sea que llevaba esa porquería en el cuerpo.

Oyó el “clic” del maletín al cerrarse mientras salía del despacho de la Policía Científica. No había nada mejor que la amenaza de acabar dándose de morros con Asuntos Internos para unir en un pacto de silencio a dos polis tan distintos como él y aquella rata de laboratorio.

Decidió que esa tarde iría buscar a sus hijos pequeños al colegio. Y luego cenaría con su esposa. Porque la noche iba a ser pero que muy larga. Uno no se propone poner patas arriba el barrio industrial y el latino en busca de los jefes de dos bandas de homicidas en potencia todos los días.

Sobre todo cuando acabas de averiguar que en las calles hay cosas que no existen.

OOO

En el comedor de la mansión de la Hermandad, Blaylock acabó su tazón de cereales y la fruta de la Primera Comida con la misma sensación que acarreaba desde hacía dos días de ser un robot. Cuchara. Comida. Mastica. Traga. Una y otra vez. Para el sabor que notaba, igual podía estar masticando arena.

Y, si comía, era para que John dejara de hacer de niñera. Notaba los ojos de su amigo fijos en él a través de la mesa, como un padre criticón, contando cuántas cucharadas desayunaba. Apreciaba los intentos de John de ayudarle, a él y a Qhuinn, pero lo último que haría Blay en el mundo sería meter por medio al mejor amigo que ambos tenían en común. Con dos que salieran heridos de aquello ya había más que suficiente.

Las conversaciones de las shellans y los guerreros a su alrededor -de los que se habían despertado temprano- le llegaban como si procedieran de lejos, con un mar de por medio y él muy, muy por debajo de la superficie. Como todo lo que le rodeaba, como las patrullas, los sonidos de la calle, los colores de la noche, la textura de lo que tocaba… Todo parecía desenfocado y borroso.

Lo único nítido era lo que había pasado en la habitación de Qhuinn.

¿Cómo podías salir de patrulla con alguien y mirarle a los ojos cuando sólo podías recordar cómo te había mirado mientras estaba de rodillas, chupándotela? ¿Cómo podías escuchar lo que decía cuando al mirar su boca sólo recordabas la sensación de la bolita que llevaba en la lengua jugando entre tus nalgas? ¿Cómo actuar igual que siempre cuando todo había saltado por los aires?

¿Cómo cojones seguir con tu vida cuando se había congelado al salir de esa habitación, envolviéndote en la sensación de ser un polvo por misericordia y, además, fruto de la coacción?

Blay suspiró en silencio, revolviendo con la cuchara de plata los últimos cereales que flotaban en la leche. Había actuado por puro impulso de frustración al plantarse en la habitación de Qhuinn y exigirle que le follara. Por complaciente que hubiera sido Qhuinn con él, no podía menos que considerarse… ¿existía el término “violación consentida”? No era de extrañar que Qhuinn andara como un alma en pena.

Santa Virgen, ¿cómo le pedías perdón a alguien después de haberle obligado a semejante cosa?

El estómago se le revolvió y empujó el tazón lejos de su vista, para que una doggen lo retirara. Tampoco había calculado las consecuencias que tendría para él mismo acostarse con Qhuinn. Lo que siempre había sido un sueño se había convertido en una realidad bajo las peores circunstancias posibles, con ira, rabia, coacción… Ahora, el recuerdo que le quedaba de lo que siempre había querido era una imagen deformada e hiriente.

Si sólo pudiera pedirle perdón a Qhuinn… O si sólo pudiera saber que algo, aunque fuera una mísera parte, de lo que habían hecho había sido deseado, real. Quizás entonces podría intentar seguir arrastrándose por la vida lejos de él con la conciencia tranquila y algún pedacito de autoestima.

Lejos de él.

¿Con Saxton?

Mierda, tampoco había calculado la repercusión en esa parte de su vida ¿Cómo iba a volver a ver a Saxton después de haberse acostado con su primo? Cierto que no tenían una relación al uso, ninguno había dicho jamás que quisiera al otro y nadie había exigido fidelidad, pero Blay no era de los que veía con buenos ojos saltar a otra cama cuando más o menos estaba con alguien. Y menos después de que Saxton hubiera admitido que no se había acostado con nadie más que con él en los meses que llevaban… bueno, juntos.

La expresión “puñalada trapera” parecía demasiado suave para lo que le había hecho a Saxton.

Blay había sido incapaz de llamarle para decirle que había llegado bien a casa, tal como habían quedado. Le había enviado un escueto sms -“A salvo. Mucho trabajo. Te llamaré”- y había respondido con monosílabos a los que él le había enviado. Gracias a la Virgen, Saxton aún no le había llamado directamente, pero no pasaría mucho tiempo antes de que lo hiciera.

Y Blay sabría que no podría disimular que se sentía hecho una puta mierda por haberle puesto los cuernos obligando a su primo a que se acostara con él.

La Blackberry que tenía encima de la mesa zumbó con un mensaje y Blay saltó en la silla. Alargó una mano descoordinada hacia el móvil y tiró el tazón de leche rechazado encima de la mantelería de lino con bordados.

-Mierda.- cogió varias servilletas, apilándolas sobre el derrame para intentar que no se expandiera. Las orejas le empezaron a arder cuando todos los pares de ojos de la mesa se centraron en él.

-No se moleste, señor. Nosotros nos ocuparemos, después de todo, el mantel ya necesitaba un lavado.- Fritz, el jefe de los doggen, casi se materializó a su lado con un spray secante para emergencias. Roció la mancha como un bombero con un extintor y luego sonrió, sus ojillos desapareciendo entre las arrugas- ¿Ve? Puede seguir desayunando, luego retiraremos la mantelería.

-Gracias.- murmuró. Mierda si se iba a quedar más rato ahí.

John le cogió un momento de la muñeca a través de la mesa para llamar su atención.

“Blay, ¿quieres que habl…?”

-Butch acaba de enviarme un mensaje, me espera en la Guarida. Nos vemos en la reunión de coordinación, ¿vale?

Blaylock fue muy consciente de que a John se le acababa la paciencia por sentirse excluido pero, ¿qué se suponía que tenía que hacer? ¿Meterle en fuego cruzado? La mirada de reojo que le dirigió Xhex mientras se escurría del comedor tampoco ayudaba; fijo que la medio sympath leía sus emociones como un libro abierto. Era genial de la muerte imaginarse las conversaciones de dormitorio que tendrían John y ella sobre el tema.

Cruzó el túnel subterráneo que enlazaba la mansión con la Guarida con la sensación de que caminaba hacia la liberación. No por lo que le esperaba -Butch ya le había advertido de que se preparara para un montón de palabrería legal sobre cuerpos policiales- sino por el lugar y la compañía. La Guarida era un mundo a parte de la mansión, una zona “Sólo machos” habitada por dos tipos que se habían pasado las convenciones sociales por el forro de los huevos y ahora vivían cómo les salía de las narices. La pequeña caseta respiraba libertad por todas las paredes y, aunque Vishous siempre era una presencia imponente, Butch era una de esas personas que Blay daba las gracias por haber conocido.

Levantó la cara hacia la cámara que vigilaba la entrada y las puertas de seguridad se abrieron con un susurro. Alguna canción de Eminem puesta a volumen para sordos arremetió contra él, creando ecos en el pasillo a sus espaldas. Blaylock entró con una gañota y Butch lo recibió con una sonrisa mientras amontonaba carpetas en la mesita de centro del salón. Al ver su expresión, rió.

-¡Vishous, baja la jodida música, vas a dejar sordo al chico!- gritó, en dirección a su habitación.

-¡Estoy en el baño! ¿Cómo mierda la oigo desde aquí?

-¡Te esperas a salir, como todo el puto mundo! ¡El chico y yo tenemos que trabajar!

-¡Vale, coño!

El concierto desquiciado que brotaba de la cadena musical bajó de volumen de golpe. O V tenía un mando a distancia en el baño o su telequinesis llegaba hasta allí.

-Jodido chiflado…- murmuró Butch para luego extender el brazo hacia el sofá-. Siéntate, hijo. Tenemos mucha faena por delante.- el poli se dejó caer en el cuero mullido y esperó a que él se sentara para empezar a señalar carpetas-. Veamos, el menú consta de legislación estadounidense humana sobre las funciones y límites de los cuerpos de seguridad.- dio un golpecito sobre una enorme pila-. Decretos sobre la organización de las plantillas policiales.- otro montón-. Reglamentos sobre el uso de armas.- otra carpetita-. Y, gentileza de V, todo lo que hace referencia a defensa civil extraída de la Ley Antigua. Si tienes que organizar un cuerpo de policía vampírica, necesitarás saber de todo esto.

Blaylock contempló las pilas de hojas y de informes con desmayo. Y eso sólo era el principio, estaba seguro.

-No sé si podré hacerlo.

Butch le miró de reojo con una ceja enarcada.

-Pareces un chico bastante inteligente y está claro que has recibido buena educación ¿Qué son un par de miles de páginas para ti? Seguro que has leído mucho más.

-No me refiero a leer.- aunque estaba seguro de que, en su estado mental, no retendría ni un sólo artículo-. No creo que sea capaz de organizar un cuerpo policial.

El irlandés enarcó la otra ceja.

-¿Por qué dices eso? ¿Cuántas veces hemos hablado de las necesidades que ves desde que trabajas en el Refugio? No sólo para esas hembras, esto es para toda la raza.- se cruzó de brazos-. Te escuché, hijo, tienes buenas ideas, eres buen soldado y se te notaba la ilusión ¿A qué viene eso ahora?

¿Buenas ideas? ¿Buen soldado?

-Butch, gracias pero… no creo que sea cierto.- susurró, la vista en las carpetas-. Mira lo que pasó la otra noche, casi nos pillan los polis humanos. Delatamos nuestra existencia. Q-Qhuinn -joder, cómo dolía el nombre- salió herido por mi culpa. No sé… no sé si podría hacerme responsable de todo un cuerpo de protección cuando a poco más no puedo cuidar de mí mismo. Ni de mi… amigo.

Butch no dijo nada durante un largo rato y Blay, al final, se arriesgó a mirarle. El Hermano tenía los ojos avellana fijos en él pero parecía estar recordando cosas; cosas serias. Al final, sacudió la cabeza.

-Blaylock, ¿cuánto tiempo llevas como soldado de la Hermandad?

-Casi un año y medio.

-Y, en ese tiempo, ¿aún no sabes cómo es la guerra?- la expresión de Butch se endureció-. Tohrment perdió a su shellan. Bella fue secuestrada. Zsadist, V y yo hemos estado a punto de irnos al Fade más veces de las que podemos recordar. John tuvo que aceptar que no podrá proteger eternamente a su hembra. Yo no siempre puedo proteger a V de las balas y él no siempre puede evitar que la mierda que aspiro me deje hecho una braga. Y algún día… algún día no podrá evitar que yo muera. Las cosas malas pasan en las guerras, Blay.- el poli se inclinó hacia delante-. Por lo que contaste, Qhuinn decidió comerse la bala por ti. Ni siquiera fue culpa tuya. Y os encontrasteis metidos en una situación muy jodida que resolvisteis lo mejor que pudisteis, que no fue poco. Intentasteis eliminar el rastro de corazones de restrictores con un incendio, eso fue ingenioso. Luego, dime: ¿cómo conseguisteis ir a parar al astillero para huir en barcaza?

Blaylock seguía con la mirada fija en Butch con la impresión de que estaba recibiendo una regañina de alguien que había tenido auténticos millones de momentos jodidos mientras que él era un niñato que se quejaba de un rasguño. También con la sensación de ver el sol entre las nubes porque, ¿era posible que Butch le estuviera felicitando? Intentó concentrarse en su pregunta.

-Bueno, pensé que si corríamos a lo loco nos acabarían pillando. Intenté recordar el mapa de la zona, en las clases nos hicisteis memorizar el plano entero de Caldwell. Así tracé el itinerario hasta el astillero.

-O sea, mantuviste la cabeza fría a pesar de estar, tú y tu compañero, heridos, y tener a un montón de polis mordiéndoos los talones.- Butch torció una pequeña sonrisa- ¿Y aún crees que no tienes capacidad, Blay? Joder, si yo hubiera tenido esa mente cuando era poli, las cosas me habrían ido mejor.

-El rey no parecía pensar lo mismo.

-Wrath os metió bronca porque él ve el gran esquema, las repercusiones de las cosas en la guerra, en los bandos. A escala de personas, Qhuinn y tú lo hicisteis muy bien, cada uno a su manera.

Blay debió enrojecer mucho y muy rápido, porque Butch soltó una risotada y él no pudo evitar sonreír un poco de medio lado por primera vez en días.

-Me acabo de poner como un tomate, ¿no?

-Por completo ¿Nunca te felicitan?

La pregunta era inocente y bien intencionada, pero devolvió a Blay al estado de nostalgia pensativa. En realidad, ¿cuándo alguien le había alabado por algo? Sólo una persona: Saxton. Su amante le felicitaba siempre, aunque fuera por las cosas más mínimas -su estilo en el vestir, su carácter o su forma de hacer café-. Sin embargo, ¿cuándo alguien le había elogiado por algo serio que hubiera hecho?

-Nunca.- confesó en voz baja-. Porque nunca he hecho nada. Quiero decir, siempre he actuado como se espera de mí. Estudiaba, hacía quedar bien a mi familia en las fiestas… -se encogió de hombros con amargura-. Lo único que he decidido yo fue venir aquí como recluta. Y no me felicitaron por eso.

El silencio que le regaló su madre durante días y las discusiones que escuchó entre sus padres por eso no equivalían a un halago.

Blay se giró despacio hacia Butch cuando éste le puso la mano en el hombro. Tenía una mirada cálida.

-¿Qué quieres hacer de verdad, Blay? Déjate de “y si” y de “no sé” ¿Qué quieres hacer? Puedes seguir siendo un soldado y, a lo mejor, ingresar en la Hermandad un día, o puedes construir primero algo desde cero. Tu creación ¿Qué quieres hacer, hijo?

Una de las muchas cualidades de Butch O’Neal es que te hacía ser sincero.

-Quiero intentarlo.- señaló las pilas de informes y leyes con un gesto de barbilla-. Quiero organizar ese cuerpo de policía.

Los colmillos del irlandés brillaron al sonreír. Le dio una palmada fuerte en el hombro antes de levantarse.

-Pues vamos a hacerlo. Pero con refuerzos.- desapareció un momento en la cocina y Blay le oyó trastear armarios hasta que volvió a aparecer con dos Coronas frías en las manos.

La puerta de una de las habitaciones de la Guarida se abrió y Vishous salió de ella encendiéndose un liado, vestido sólo con un pantalón deportivo corto que dejaba ver los tatuajes de la parte alta de sus muslos, con el pelo negro todavía húmedo y esparciendo olor a aftershave. Miró a Blay de reojo, llevándose un dedo a la sien a modo de saludo y luego enarcó una ceja en dirección al poli cargado con las cervezas. Por algún motivo, la mirada que dirigió a Butch hizo que las mejillas de Blay volvieran a encenderse.

-¿Bebiendo tan temprano?- la voz de Vishous era un ronroneo grave.

-Así es como trabajan los verdaderos policías, no dejes que nadie te diga lo contrario.

Mierda, eran como dos imanes aquellos dos; convergiendo hacia el mismo punto de la habitación. A Blay le recordó incómodamente a él y alguien más.

-¿Tenéis para mucho?- los ojos blancos de V le dispararon una mirada rápida antes de volver a su macho, como si calculara cuánto tiempo iba Blay a privarle de su disfrute.

Empezó a levantarse.

-Puedo volver en otro m…

-Ni lo sueñes, chico.- Butch hizo un movimiento negativo con una de las cervezas-. Aquí mi macho se va a sentar con sus Cuatro Juguetes o dónde le salga de las pelotas y nos va a dejar trabajar, ¿verdad V?

Los ojos claros se estrecharon y el olor que emanaba Vishous se hizo un poco más intenso.

-Odio cuando te pones serio, poli.

-Planta tu culo donde te dé la gana, pero esto es serio, trahyner. – Butch se adelantó para darle un beso rápido en la boca a V, pero el Hermano parecía tener otros planes más… prolongados.

Blaylock se encontró estudiando cuidadosamente los cordones de sus zapatillas deportivas.

Otro motivo para admirar a Butch: había conseguido pillar bien pillado al macho más imponente que conocía. Después de enviar a la mierda todos sus propios prejuicios y de abrirse paso entre el glaciar de V para llegar a la persona que debía haber debajo.

La imagen de unos ojos bicolores mirándole desde entre sus piernas lo asaltó sin previo aviso y Blay estuvo a punto de ahogarse.

El sillón se hundió a su lado y levantó la vista para ver que Butch había vuelto a sentarse, dejando las cervezas en la mesita. Vishous se había parapetado tras el muro de pantallas de sus ordenadores, en la otra punta del salón, y se ajustaba unos auriculares acolchados. La música de la cadena dejó de oírse.

Blay estaba a punto de abrir la boca para disculparse por haberles interrumpido cuando Butch le sorprendió hablando en voz baja, con la vista todavía prendida en Vishous.

-¿Me dejas que te dé un consejo, hijo? ¿Uno serio?

-Por favor.- lo decía de verdad. Había algo en Butch siempre le impelía a escucharle.

El poli se giró un momento hacia él, solemne.

-No podrás proteger siempre a todos los que quieres. En una guerra es imposible. En algún momento morirán o lo harás tú. Eso no vas a poder cambiarlo. Pero aprendí una cosa.- volvió a girarse hacia V y Blay tuvo que inclinarse hacia él para oírle-. Nunca dejes nada por decir. No acabes un día sin pedir perdón a quien hayas ofendido, sin aclarar malentendidos o sin decirle lo que sientes a quien quieres, porque puede que al día siguiente esa persona o tú os vayáis al Fade. Y no habrá manera de que el que se queda en esta vida deje de sufrir. No importa lo que haya pasado, lo cabreado o lo dolido que estés, cuando la noche se acabe, asegúrate de que no dejas nada en el tintero.

Esa vez, la imagen de los ojos de Qhuinn se negó a desaparecer tan rápidamente. Permaneció un largo rato humeando en las retinas de Blay, el mismo que Butch pasó en silencio mirando a Vishous antes de carraspear y empezar a abrir carpetas con extractos legislativos.

Blaylock espió al poli de reojo mientras el irlandés empezaba a parlotear sobre cadena de mandos, sin escucharlo realmente, mientas ofrecía una plegaria silenciosa a la Virgen Escribana por haberle puesto en el camino de Butch.

Porque el poli acababa de darle justo el consejo que necesitaba oír en ese momento.

OOO

-Esto es justo en lo que quiero que os concentréis, ¿veis? Esto son negocios.

Lash ignoró por completo la mirada de odio mal disimulado que le disparó Jay-O, líder de los Bloods, mientras el discreto camión de reparto de chatarra entraba marcha atrás en una fábrica de cables de cobre, en pleno barrio industrial de Caldwell. A pesar del sol hiriente de primera hora de la tarde que caía como lanzas en la calle, ahí, en lo más recóndito de la nave, la oscuridad era tan negra como las pieles de los pandilleros y como su propia forma sombría. Varios Bloods acompañaron al camión en su marcha atrás y, cuando las puertas de acero del almacén se cerraron, sólo los pocos fluorescentes lilas que aún funcionaban pusieron alguna iluminación a la escena.

Lash siguió al enorme negro hasta el camión, dejando que Jay-O hiciera todo un espectáculo de la apertura de la parte trasera del vehículo. Dentro se apilaban varios arcones de madera de aspecto inofensivo. Otro tipo tendió a su líder una palanca, Jay-O hizo saltar los clavos de uno de los arcones y Lash alargó el cuello para inspeccionar el contenido. Armas automáticas, por lo que podía ver. Sin número de serie, claro.

Jay-O le tiró la palanca a otro Blood y bajó del camión de un salto.

-Ábrelas todas y comprueba que tenemos lo que pedimos. Luego decidiré cuántas nos quedamos y cuántas colocamos.

Bonita manera de decir “cuántas armas aumentarán nuestro arsenal particular” y “cuántas revenderemos a mayor precio a unidades paramilitares ilegales y chiflados varios”, pensó Lash. El mercado ilegal de las armas de fuego era un negocio tan lucrativo como difícil de introducirse en él. Era más fácil ir progresando en la cadena de la distribución de droga que conseguir los contactos suficientes como para acordar una remesa de ametralladoras ligeras M249 SAW procedentes directamente del Ejército o la nueva versión del fusil de asalto M16A2. Por no hablar del subfusil MP5 que, si no recordaba mal de sus clases de entrenamiento con la Hermandad, era el que usaban las unidades de élite policiales.

Sí, Jay-O era el tipo adecuado si Lash quería contar con un ejército de restrictores suficientemente bien armados como para aniquilar a lo que quedara de Hermandad cuando los latinos hubieran acabado con esas mariconas vampiros.

Lo que estaba probando ser más difícil de lo que había creído.

Lash había estado montando guardia, invisible, junto al edificio en construcción donde los restrictores que el Omega había inducido entre los AKG habían guardado sus corazones. Estaba claro que, cuando los latinos averiguaran que alguien había incendiado aquel sótano, irían a comprobar los daños, y así había sido. Esa escoria de nuevo Primer Restrictor –y líder de los latinos-, Carlos, había aparecido junto con otro tipo y Lash había escuchado su breve conversación desde las sombras. Por desgracia, no habían sido demasiado explícitos: sólo muchos “me cago en todo” y la orden de Carlos de mover el cuartel general de los restrictores hispanos “al Lobo”. Luego cada uno de los tipos se había marchado en coche hacia una dirección diferente y él no había podido seguirlos. Era una mierda que Lash no pudiera destrozar a Carlos y sus restrictores personalmente, pero entonces el Omega percibiría que él seguía vivo. Y todavía no le convenía.

El Lobo.

¿Y qué mierda quería decir eso? Lash no tenía ni zorra idea ¿Algún antiguo almacén, un local? Ni idea. Su plan era fácil: ordenar a Eckle que le dijera a la Hermandad que había tenido una visión sobre los restrictores reunidos en un lugar llamado “el Lobo” para que los vampiritos se metieran directos en una trampa y pillaran como idiotas. Cuantos menos Hermanos sobrevivieran, de menos se tendrían que ocupar sus Bloods y así Lash tendría su ejército intacto para luego aniquilar al tal Carlos.

Pero no tenía ninguna ubicación o descripción concreta que darle a Eckle.

Por eso Lash había pateado el barrio latino intentando averiguar qué coño era “el Lobo” durante dos noches, haciendo el sacrificio de aplazar su plan para conseguir otra vampira que convertir en restrictora y en su segunda reserva de sangre.

Pero ya se le había acabado la paciencia. Con más o menos datos, iba a ordenarle a Eckle que pusiera a la Hermandad sobre aviso. Total, ¿no eran unos súper guerreros de élite? Pues que lo demostraran y encontraran el puto cuartel general de los hispanos, joder. En cuanto le diera instrucciones al inútil de Eckle, Lash pensaba darse una fiesta con aquella pobrecita hembra maltratada y su tierna criatura.

Siempre que sus Bloods fueran capaces de estarse quietecitos y portarse bien.

Un negro indistinguible del resto –misma ropa, mismas cadenas, mismo pañuelo rojo, misma cara de tío duro- entró por una puerta lateral de la nave, emanando mala leche. Los restrictores que Lash había creado dentro de la banda, actual núcleo duro de su líder, pararon la carrera del recién llegado con las armas por delante.

-¿Quién es ese tipo?- Lash permaneció donde estaba, en las sombras, junto al camión del que más pandilleros descargaban los arcones con las armas.

-No te importa.- Jay-O se subió los pantalones militares de un tirón.

Lash se materializó delante de él en un suspiro, enseñando los colmillos.

-¿Quieres rebobinar y probar de nuevo? Sois míos, por si aún no lo sabías.

Jay-O le sostuvo la mirada sin flaquear un momento. El puto humano no era un crío idiota. Tenía el aplomo de quien ha ido y vuelto al infierno y ahora lo llama “hogar”.

-No somos tuyos. Los Bloods de Caldwell son míos. Trabajamos para ti. De momento.

El aire empezó a ondular alrededor de Lash. El puto montón de mierda humano…

-¿Te recuerdo quién te ha hecho invencible como eres ahora, escoria?

La nariz de Jay-O se dilató cuando el tipo tomó aire y sus músculos bien entrenados dejaron pequeña la camiseta sin mangas que llevaba.

-Nos hiciste lo que somos a algunos de nosotros porque te convenía tenernos a tu lado. Somos muchos, estamos organizados y tenemos armas. Nos necesitas, puede que más que nosotros a ti. Así que no me jodas.- apretó los puños y sus nudillos crujieron-. Si tuvieras otra alternativa, ya nos habrías frito ¿Nos quieres? Bien. Déjate de amenazas ¿Te jodemos y prefieres buscarte otros chicos? Mátanos.- abrió los brazos-. Pero no me toques los huevos con el “sois míos”. Ya tragué una vez esa mierda. Yo mando a los Bloods.

Lash estaba alzando la mano y enviando una descarga a aquel hijo de perra que creía que era alguien antes de que su cerebro tomara una decisión consciente. No sabía qué le cabreaba más: que el humano creyera que su relación era un acuerdo laboral en pie de igualdad o que hubiera adivinado que Lash, en realidad, no tenía otras opciones buenas si quería procurarse un ejército. Jay-O chocó contra una máquina oxidada y el estruendo atrajo la atención de los demás restrictores, del recién llegado y del resto de la banda.

Coaguló sus células hasta casi adquirir forma material para poder coger a Jay-O de la pechera de la camiseta y levantarlo con una sola mano, pegando la nariz a la del negro y enseñando los colmillos extendidos.

-Un desafío más y haré algo peor contigo que matarte ¿No te has preguntado qué pasará el día que mueras, ahora que eres un restrictor? Deja que te lo explique.- sonrió de oreja a oreja-. Volverás a mis venas. Para siempre.- acercó la cara a la de Jay-O hasta casi encajarla- ¿Qué te parecería estar atrapado en mi cuerpo para toda la eternidad, basura? ¿Todavía crees que sabes en qué nueva división juegas? Aquí sólo hay dos escalas, imbécil. Yo mando. Tú y los tuyos calláis y obedecéis o recuperaré lo que os di.

Los ojos de Jay-O se abrieron como platos y Lash lo soltó con un zarandeo despreciativo, desmaterializándose en el aire.

El muy estúpido de mierda. Sólo porque manejaba armas y tenía unos cuantos gilipollas bajo su mando que no tenían donde caerse muertos, aquel pandillero ya creía que era alguien.

Lash se negó rotundamente a considerar el paralelismo con su propia situación.

OOO

El mundo inmutable del Otro Lado hacía perfecto juego con cómo se sentía Layla por dentro.

Aturdida.

Sentada en un cojín blanco sobre un banco de mármol blanco, habría deseado poder recoger las rodillas contra el pecho, como durante el breve tiempo que había pasado en el rancho del Gran Padre, cuando se sentaba en la ventana. Pero aquí, tales cosas no estaban permitidas a las Elegidas. Debían ser elegantes, etéreas… ¿Para quién? ¿Para languidecer en el silencio y la soledad de siglos?

Lo que antes la parecía su hogar ahora le oprimía, pero Layla no podía arriesgarse a mudarse a vivir de forma permanente con Cormia y Phury, como habían hecho varias de sus hermanas. Ella alimentaba regularmente a tres guerreros, lo que suponía un desgaste continuo de su organismo. En el hogar de la Virgen Escribana no necesitaba de un macho que la alimentara para compensar el esfuerzo pero, si se quedaba en el mundo material, ¿quién iba a ofrecerle su vena?

¿Qhuinn?

Layla retorció la túnica blanca en sus manos. Eso había creído también, que Qhuinn sería el macho que la alimentaría. Que la haría mujer. Que su pasión estaba destinada a pervivir.

Pero ella no era bastante para el joven sire. Ella era tan poquita cosa para complacerle que necesitaba buscar… otro macho. Su amigo, el guerrero Blaylock.

Apretó los labios y parpadeó con rapidez, intentando controlar las lágrimas, tal como había hecho en los últimos días, porque las Elegidas no lloraban.

El sire John había perdido su impulso la noche que ella le había servido durante su transición. Luego se había emparejado con una hembra física y mentalmente fuerte, Xhexania, completamente opuesta a ella. Y el sire Qhuinn necesitaba otro macho para satisfacerse.

Era incapaz de ser suficiente para el guerrero al que anhelaba.

Layla bajó la vista a su túnica blanca, sus pies pálidos sobre el suelo níveo y su pelo claro. Descolorida, débil, insustancial.

Un fantasma.

Así era ella.

Encerrada en un mundo de cristal, desdibujándose cada vez más, languideciendo.

Layla se preguntó si las Elegidas, al morir, se desharían en bruma blanca en vez de ir al Fade.

OOO

El sol estaba empezando a ponerse tras las fábricas del barrio industrial, aliviando un poco el horno en el que se convertían las antiguas naves con techo de uralita en el mes de julio. Tampoco es que Jay-O percibiera el calor. No con su nuevo cuerpo no-muerto gentileza de aquella mierda sombría malnacida.

En realidad, desde hacía dos días no sentía nada y eso incluía lo que colgaba entre sus piernas.

El líder de los Bloods observó cómo sus muchachos clasificaban el envío de armas, empaquetándolo en pequeños lotes para su reventa, sentado en uno de los arcones de madera en particular. Lo que había allí dentro pensaba quedárselo: un lanzacohetes RPG-7, con tres ojivas listas para usar, no era algo que fuera a vender teniendo en cuenta las actuales circunstancias de la banda. Sabían que al tal Lash no se le podía matar con balas, pero nadie había probado a dispararle con munición antitanque. Si algo había aprendido Jay-O de la vida, es que tenías que saber cómo deshacerte de tus jefes antes de que estos te usaran a ti como carne de cañón.

El acuerdo con Lash le había parecido la mejor opción tres noches atrás, cuando esos mamonazos de los AKG habían osado plantarse en la frontera de su barrio y atacar su cuartel general, matando a diez de los suyos. Diez. Los Bloods clamaban venganza y no podían cobrársela porque parte de esos latinos se habían transformado en una especie de zombies aparentemente indestructibles.

¿Segunda lección que Jay-O había aprendido de la vida? Nadie es indestructible, sólo hay que encontrar el método adecuado.

En aquel momento, el único método posible de salvar su posición como líder de la banda, su pellejo y el de sus chicos había sido aceptar el trato con aquella cosa para poder medirse de iguales a iguales con los latinos.

Claro que, si hubiera sabido las consecuencias, puede que Jay-O no hubiera aceptado.

Punto número uno: le habían arrancado el corazón, a lo vivo, y había vuelto en sí con alguna mierda aceitosa en sus venas que le hacía oler a rata en descomposición. Punto número dos: no podía beber, ni comer ni fumar. Punto número tres: no podía follar. Había intentado tirarse a la nueva puta que habían incorporado a la banda y su polla no se había levantado. Por supuesto, había rajado a aquella zorra como a un cerdo porque nadie más podía saber que la culpa era de él, que había dejado de funcionar.

¿Y ahora resulta que Lash quería que los Bloods, que habían aceptado esos sacrificios para poder cobrarse ojo por ojo de los hispanos, se quedaran escondidos en sus madrigueras tocándose los huevos mientras los AKG campaban a sus anchas?

Una mierda.

La gota que había colmado el vaso había sido las noticias que le había traído su primo: los hispanos habían rajado a uno de los pagadores de la banda, un tipo que regentaba una tienda de empeños, la pasada madrugada. Al parecer, le habían cortado las pelotas, le habían degollado y no hacía falta ser un lumbreras para adivinar que los AKG le habrían intentado sacar la información de dónde se refugiaba el líder de los Bloods.

Jay-O no tenía ni idea de qué les habría dicho el pobre diablo antes de irse al infierno pero el tío había sido alguien legal, que apoyaba todo el tema del Orgullo de la Nación Negra. Casi se apostaba algo a que les habría dado a esos latinos la dirección trampa que se había encargado de difundir entre los miembros más cercanos a la banda: que el cuartel general, y él mismo, estaban en la antigua fábrica de la General Motors. En realidad, la nave no era más que un cascarón destartalado en la zona menos iluminada del barrio fabril y con suficientes rincones como para acorralar a cualquier imbécil que intentara un asalto.

Las noticias de aquel nuevo asesinato habían sublevado a todos los Bloods, así que el hecho de responder o no a los ataques de los hispanos se había convertido en un debate sobre su propia capacidad para dirigir la banda. O Jay-O comandaba a los Bloods para cobrarse tantos muertos de los AKG como los que habían tenido ellos, o la banda podía amotinarse contra él. Y Lash no tenía vela en aquel entierro, eso era cosa del Honor de los Bloods. A tomar por culo su estúpida guerra contra no sabían quién.

Hablando de su primo… El chaval cruzó la nave caminando en su dirección, haciendo aspavientos a sus restrictores para indicarles que ya se había calmado. Se plantó ante él jugando con un mechero. Clic-clac.

-¿Qué mierda vas a hacer, Jay? Joder, ¿vamos a seguir poniendo el culo para que los hispanos nos la metan cuando quieran?

Los otros restrictores le miraron como un solo hombre. Ellos sabían tan bien como él la medida exacta del sacrificio que habían hecho.

Clic-clac del puto mechero.

-No. Vamos a joderles bien jodidos.- sonrió torcido, descubriendo los dientes de oro. Antes de que sus chicos se desmadraran chocando nudillos y aullando, palmeó el arcón de madera con el lanzacohetes sobre el que estaba sentado-. Pero primero vamos a guardar estas bellezas y a trasladar las que queremos vender ¿Algún problema?- enseñó los dientes cuando varios de los tipos estuvieron a punto de protestar-. Si los Bloods tenemos armas mejores que esos hispanos de mierda es porque cuidamos nuestros negocios. Arreglaré las citas con nuestros compradores para esta noche. Primero esto… -dio unos golpecitos con los nudillos llenos de anillos sobre el arcón-… y luego colgaremos a esos latinos por sus propias tripas.

Jay-O dejó que la banda festejara la próxima carnicería y se retiró a la parte de la fábrica que había alojado las oficinas, sentándose en un viejo sillón y poniendo los pies sobre la mesa mientras hacía sus llamadas a los compradores de armas por el móvil.

Había que joderse con ese Lash… ¿Suyos? Él ya había trabajado para alguien que creía que todo su personal eran sus muñequitos para poder hacer lo que le saliera de las pelotas y, cuando el mundo había averiguado hasta qué punto se le había ido la olla, había dejado que tipos como él fueran los cabezas de turco.

Jason Ormond había salido de la miseria de Caldwell con dieciocho años, mucha rabia y un cursillo acelerado del manejo de armas, el robo y la delincuencia organizada. Había sido un golpe de suerte que acabara como nuevo recluta para la recién creada compañía de seguridad privada Blackwater. Un bonito eufemismo para la que se convertiría en la mayor empresa reclutadora de mercenarios del mundo y la mano izquierda del Gobierno de los Estados Unidos para hacer el trabajo sucio que no quería que salpicara a sus Fuerzas Armadas. El joven Jason había sido entrenado en el complejo que Blackwater poseía en Carolina del Norte y enviado a Irak cuando la empresa había sido contratada por el Tío Sam para proveer “servicios auxiliares” a sus tropas en aquel rincón del mundo.

Al lado de lo que Jason había hecho, y visto hacer, allí, Lash era un crío de guardería.

Claro que todo se había ido a la mierda cuando los medios de comunicación, esos grandes metomentodos, y la ONU habían empezado a destapar masacres de civiles, tiroteos y torturas a manos de mercenarios de Blackwater. Entonces, el Pentágono había cancelado el contrato con la compañía por temor a verse salpicado por esas “prácticas ilegales” que, desde luego, desconocía. Y un buen puñado de mercenarios, él entre ellos, había sido ofrecido como chivo expiatorio en los tribunales estadounidenses para hacer ver que los crímenes de guerra no quedaban impunes. Curiosamente, ninguno de los procesados había sido un blanquito anglosajón. Esos no cometían crímenes. Nunca. Todos habían sido negros o hispanos y cada grupo había hecho piña para defenderse a sí mismo, incapaces de presentar un frente unido contra la lluvia de acusaciones. Más bien, los hispanos habían intentado cargarles el muerto a los negros y viceversa.

Y Blackwater ahora se llamaba Xe y construía casas para los damnificados por el huracán Katrina.

Jason Ormond había salido de prisión, años más tarde, convertido en Jay-O con un Máster en delincuencia, asesinato, tortura, los contactos suficientes como para mover el tráfico de armas a pequeña escala, cero escrúpulos para asumir el liderazgo de los Bloods en su ciudad natal y muchas espinitas clavadas con los latinos de los cojones.

Así que a ese Lash le podían dar por culo.

Primero iban sus chicos. Su honor, su orgullo y su dignidad como banda. Luego, en un lejano segundo puesto, el contrato que tenía con aquel gilipollas.

Eso, siempre y cuando no averiguara antes cómo enviarlo al jodido infierno.

OOO

Contrariamente a lo que había creído posible, Blaylock consiguió centrarse en las explicaciones de Butch, tomar apuntes e incluso esbozar posibles organigramas de un cuerpo de protección civil vampírico. Las dos Coronas que se había bebido ayudaban, pero Butch lo hacía aún más: después de darle explicaciones se interesaba por su opinión o le animaba a formular hipótesis de trabajo. No le criticaba por ser novato, sólo corregía lo que podía estar equivocado y le felicitaba por las ideas que podían servir.

Le hacía sentir un adulto con capacidad para dirigir algo en su vida.

Durante esas horas en la Guarida, llenando la mesa con apuntes, diagramas y compartiendo cerveza al calor del olor del tabaco turco de V, Blaylock consiguió dejar de pensar en Qhuinn. Consiguió centrarse en la pequeña parte escondida de sí mismo que no estaba siempre en relación a Qhuinn y descubrir que, al parecer, tenía cierto talento -aún por pulir- para crear cosas.

Nunca dos horas habían ahorrado tantas sesiones de psicoterapia.

Butch tiró el bolígrafo encima de la mesita atestada y se desperezó en el sofá.

-Cristo, hacía años que no pasaba tanto rato haciendo papeleo. Wrath podía darnos la noche libre a los dos, ya hemos hecho dos jornadas laborales como mínimo.

Blay dejó de tamborilear con el lápiz encima de una propuesta de organigrama para sonreír. Estaba a punto de contestar cuando una maldición viciosa desde detrás de los Cuatro Juguetes les hizo girarse. Casi se había olvidado de Vishous.

-¿Qué pasa, trahyner?- Butch, más conocedor de la jerarquía de maldiciones de V y de su equivalencia con el grado de problemas que representaban, se puso en pie y se dirigió hacia los ordenadores.

-Empiezo a estar hasta las pelotas de esa sabandija de los cojones y sus putas visiones.- V empezó a enviar mensajes con su móvil con una mano mientras hacía volar los dedos de la otra sobre el teclado.

¿Sabandija con visiones? Blay frunció el ceño.

-¿Eckle, el hermano de Qhuinn? ¿Ha vuelto a llamar?

-Sip, ha vuelto a iluminarse. Les estoy enviando la grabación a Wrath y a Tohrment, van a saltar de alegría.- V no levantó la vista mientras seguía sacando humo de su móvil-. Y quiero el culo de Qhuinn aquí ahora mismo.

OOO

Había que reconocer que tener a tu ex institutriz encerrada en el sótano de tu casa, desnuda, convertida en lo que tu raza más odia y en la puta de tu primo –actualmente, una especie de semidiós sombrío- tenía un punto espeluznante. Aunque, en realidad, que no tuvieras que alimentarla y que no pudieras verla ni oírla gracias a algún tipo de truco ilusorio ayudaba enormemente a sobrellevar una situación que, además, podía conducirte justo a dónde querías.

A ver a tu hermano pequeño desangrándose en el asfalto.

Eckle, hijo de Lohstrong, se sirvió un poco de brandy en una copa ancha sentado en el sillón orejero que había sido de su padre y dio un sorbo de la ancha copa con calma, con la mirada prendida en las persianas aún bajadas. Le fastidiaba tremendamente lo tarde que se ponía el sol en verano.

Era curioso lo bien que se seguía llevando con su primo Lash a pesar de su… reciente transición a estado etéreo. A pesar de que Lash había tenido un impulso guerrero del que él carecía, ambos habían compartido siempre el aprecio por las cosas caras, por la alta sociedad y el desprecio por los fallidos. Incluyendo a Qhuinn en esa categoría. Teniendo en cuenta que fue su estúpido hermano pequeño quien mató a Lash a sangre fría, sin que ninguno de los otros grandes guerreros de la Hermandad moviera un dedo en su defensa, no era de extrañar que su primo buscara justicia reparadora.

Era cuestión de “fair play” familiar que Lash le hubiera ofrecido a Eckle la posibilidad de vengarse de Qhuinn por que su hermanito tampoco hubiera hecho nada por proteger a su familia del ataque de los restrictores. E iban por buen camino, según le había explicado Lash. El imbécil de Qhuinn y su querido amiguito Blaylock habían estado a punto de ser abatidos por la policía humana cuando habían acudido a investigar el edificio en construcción que él les había señalado con sus recién adquiridas “visiones”.

Rió y meneó la cabeza antes de tomar otro trago de brandy. Habría sido tan humillante que les hubieran matado los humanos… Por desgracia, habían escapado pero la estrategia de Lash, de decirle a él dónde se darían situaciones de peligro para atraer a la Hermandad, podía dar resultado en cualquier momento. Tarde o temprano, Qhuinn acabaría esparciendo sus tripas en la calle sin que él, Eckle, tuviera que salpicarse el traje. Así que, cuando Lash había venido a visitarle hacía un rato con nuevas instrucciones, él no había vacilado un momento en coger el teléfono y explicar su nueva “visión” a la Hermandad con voz quejumbrosa.

Esperaba que esta vez aquellos malditos guerreros hormonados que creían que estaban por encima del resto de la raza fueran exterminados. Y Qhuinn con ellos.

Por la Virgen, su padre no habría debido apiadarse de él cuando su madre se lo había presentado justo después de haberlo parido. Tendría que haber descartado a aquel bebé fallido, así la familia se habría ahorrado la molestia de tener que invertir en su educación como si fuera a ser un miembro de provecho y no habrían tenido que esconderlo de las visitas. Qhuinn siempre había sido esa… esa cosa molesta que les había obligado a todos a redoblar sus esfuerzos por ser nobles de valía para compensar el fallo de haber tenido a un hijo y a un hermano tarado. Para que el resto de la glymera no les considerara menos por eso.

La existencia de Qhuinn había obligado a Eckle a prescindir de cualquier resquicio de mínima libertad que pudiera tener y a comportarse siempre como el perfecto aprendiz de noble, la perpetua sombra de su padre. El hecho de tener que compensar aquel defecto de su familia había apilado más peso sobre los hombros del joven heredero. Mientras los demás nobles de su edad aún podían aspirar a evadir los críticos ojos vigilantes de los mayores de vez en cuando y a desarrollar alguna parcela propia de libertad, él había vivido encerrado en un apretado corsé de hierro desde que Qhuinn había venido al mundo.

Había tenido que demostrar que era el más educado, el mejor preparado para heredar los negocios de su padre, el mejor conocedor de los antiguos linajes, el mejor orador… Había tenido que pasar días encerrado estudiando, horas soportando tediosas reuniones del Consejo del Princeps, había asistido a consejos de administración cuando aún no tenía edad ni para conducir. Había sido forjado como la encarnación del noble perfecto para que nadie pudiera decir que la familia Lohstrong no proporcionaba grandes machos a la raza, a pesar de aquel pequeño fallo. Le habían hecho a medida de lo que se esperaba de él a base de ir cortando las aristas de sus propias aspiraciones, de su propia personalidad.

Ahora, con su familia muerta, tenía una casa vacía que parecía un enorme museo. Unos negocios heredados. Un montón de trajes adecuados ¿Y qué quedaba de él mismo? Nada, porque nunca había podido saber si le gustaba más la literatura que las finanzas o si prefería pasar los domingos al aire libre en vez de en los salones de un noble del rango apropiado.

¿Qué había hecho Qhuinn mientras tanto? ¿Dar gracias cada día a la familia por haberle permitido vivir? ¿Servir a su hermano mayor, que tanto había sacrificado a causa de su mera existencia?

No, se había enrolado en un grupo de entrenamiento, pasando los días en un gimnasio, bebiendo con un montón de machos a quienes las más elementales normas de conducta les importaban un comino. Saliendo todas las noches. Revolcándose con quien quería.

Viviendo la vida como le daba gana mientras el corsé de Eckle apretaba cada vez más.

Dejó la copa de brandy en una mesita baja y empezó a pasear por la alfombra persa del comedor, incapaz de estar sentado más tiempo a solas con su frustración. Qhuinn, que había nacido destinado a morir, o a servir en silencio, como mucho, vivía su propia vida con una libertad que Eckle no paladearía jamás. Y, encima, se volvía contra su propia sangre, asesinando a su primo, poniendo a la familia en un enorme apuro; luego les había dejado indefensos, a merced de los restrictores.

Por la Virgen, merecía algo peor que la muerte, pero por algo se empezaba.

Así que, si Lash quería la colaboración de Eckle, la iba a tener. Aquello le recordó la otra petición que su fantasmal primo le había hecho en la visita de esa noche: comprar una propiedad, aunque no fuera más que un simple granero o cobertizo, en alguna zona de las afueras de Caldwell. Estaba claro para qué lo quería: para recluir allí a otra de sus hembras-comida. Y Eckle no tenía ningún problema con eso. Lash buscaría civiles de baja estofa, prescindibles, de una clase social que para Eckle era tan ajena como un humano. Si eso le daba a Lash energía suficiente para consumar su venganza contra la Hermandad y contra Qhuinn, él compraría las propiedades que hiciera falta.

Total, ya no tenía que dar explicaciones a familia alguna.

Lo único que le escocía era que para comprar esa propiedad tendría que buscar el asesoramiento de su otro primo no tan favorito, Saxton. Sinceramente, no entendía cómo la madre de Saxton, hermana de la suya, aceptaba la vida disoluta y escandalosa de ese macho. Parecía que la parte femenina de su familia sólo paría hijos con defectos.

Pero esa vez, pensó mientras buscaba el número de Saxton en la agenda forrada de cuero encima de la mesa del teléfono, el sacrificio de tratar con él sería por una buena causa.

OOO

-Estoy sobrio, John. Déjame. Jodidamente. En. Paz.

Qhuinn tuvo un éxito relativo a la hora de cerrar la puerta de su cuarto en las narices a su amigo. John la interceptó y ambos compitieron como idiotas, él por cerrarla y su protegido por abrirla. Ganó John, básicamente porque a Qhuinn le importaba una mierda. Como todo últimamente. Aunque tenía que reconocer que John era un canguro cojonudo: conseguía que se duchara, afeitara, cambiara de ropa e incluso que comiera con tal de no oírle. Y eso, cuando tu mejor amigo era mudo, decía mucho de su persistencia.

Caminó de vuelta a la cama y se desplomó en ella, rebotando sobre el colchón. Mantuvo la cabeza de lado sólo para poder leer lo que John le diría con las manos y no tener que aguantar que su amigo le estuviera dando puñetazos en la espalda para que se girara.

Pero, por una vez, John no le sermoneó. Sólo observó el nivel crítico que había alcanzado el desorden en su cuarto y la inexistencia de las familiares botellas de Herradura sobre la cómoda. Qhuinn llevaba dos días sin probar una sola gota de alcohol, con lo que había batido su propio Récord Guiness de abstemiedad.

Antes usaba el tequila para aturdirse. Desde hacía 48 horas, ése era su estado natural.

“No puedes seguir encerrándote aquí, Qhuinn”, John señaló despacio, antes de sentarse en la cama a su lado. Por la forma en que contemplaba el desastre de su cuarto, supo que John estaba recordando el infierno que había vivido durante las semanas del secuestro de su shellan y eso le cabreó. Lo que menos quería Qhuinn era compasión. Porque él, para empezar, no tenía shellan.

Sólo un pozo muy negro y muy profundo en el pecho porque se había portado como un animal salvaje con Blay la primera vez que habían hecho el amor y porque el conocimiento de que sería la última y de que su amigo sólo quería saber qué se sentía con su polla dentro le estaba envenenando lentamente más que una caja entera de Herradura.

El “bip bip” del móvil le salvó de tener que responder a John. Alargó la mano y frunció el ceño para leer la pantalla.

-Es V, quiere que vaya a la Guarida ahora.- Qhuinn se arrastró penosamente fuera de la cama, metiéndose el móvil en el bolsillo de los pantalones de camuflaje después de teclear un “OK”.

“Qhuinn…”

-John… no te metas, ¿vale? Sólo… no te metas.- levantó las manos un momento y meneó la cabeza antes de salir de la habitación y recorrer los pasillos con la cabeza gacha.

Sólo faltaba que a John le acabara salpicando su mierda. Con él mismo chapoteando en ella y con haber jodido a Blay ya tenía más que suficiente para sentirse miserable el resto de su vida.

Mierda, no tendría que haberse plantado en la habitación de Blay. No tendría que haberle escupido a la cara todas esas crueldades. No tendría que haber perdido el control y habérsela chupado.

No tenía ningún derecho sobre Blaylock y no sabía qué dolía más, si ese conocimiento o que Blay luego le hubiera exigido que le hiciera el amor, lo que Qhuinn ansiaba como la mierda darle pero no sólo… por sexo. Qué curioso, Qhuinn había tenido sexo anónimo, sin ataduras ni por qués con cualquier cosa follable que le hubiera pasado por delante y rehuía como un cobarde profundizar en su relación con la única hembra en el mundo que parecía buscar algo más de él que su cuerpo.

Pero el hecho que Blay sólo le hubiera querido para saber lo que era un polvo con él le mataba. Lo cual no tenía sentido cuando él mismo se había dicho una y mil veces que Blay no era su proyecto vital.

Además, ¿qué esperaba? Él había irrumpido en el cuarto de su amigo para acabar mamándosela sin decirle nada.

Ojalá supiera cómo disculparse con Blay, cómo pedirle perdón por ser un estúpido animal, cómo explicarle que cuando había ido a buscarle no había tenido nada que ver con restregarle por la cara su relación con Saxton sino con la necesidad de tenerle cerca. Ojalá pudiera contarle al menos alguna de las cosas que hacer al amor con él le había hecho sentir después.

Pero Qhuinn tenía el extraño don de elegir las peores palabras posibles en los momentos más delicados. Sobre todo cuando ni siquiera entendía lo que quería decir.

Así que llevaba dos días mirando el techo de su habitación mientras las horas se arrastraban en agonía, reviviendo las imágenes, las sensaciones que habían pasado demasiado rápido… y caminando como un zombi porque no encontraba la manera de acercarse a Blay sin cagarla de nuevo.

No sabía cómo pedirle que le ayudara a entender.

Levantó la cara hacia la cámara de la puerta de la Guarida, sin tener ni idea de qué podía querer Vishous de él. Los dos habían conectado de alguna manera silenciosa. No es que tuvieran largas conversaciones sobre el mundo ni que se contaran intimidades, como con John o con Blay hacía tiempo. A veces Qhuinn pasaba un rato con V en la Guarida bajándose música de sus ordenadores, o compartían unos tragos delante del canal de deportes. Nada que, visto desde fuera, pudiera identificar una amistad en ciernes pero lo cierto es que Qhuinn se sentía cómodo con el Hermano, al contrario que la mayoría de personas.

Tenía la sensación de que Vishous, por algún extraño motivo, le entendía.

-Hey, V, ¿me llamabas?

Qhuinn se detuvo en el salón con la media sonrisa que había logrado componer congelada en la cara. Blaylock estaba sentado al lado de Butch en el sofá y los ojos azules de su amigo se cruzaron con los suyos sólo un momento antes de que ambos desviaran la cara. El instante fue suficiente como para que su excavadora interior hiciera el agujero negro de su pecho algo más ancho.

Ninguno de los dos dijo una palabra pero Qhuinn sintió el cruce de miradas entre Butch y Vishous.

-Escucha esto.- el Hermano moreno le hizo señas con un dedo desde detrás de sus monitores.

Qhuinn se acercó totalmente rígido, como si caminara por un decorado en que la única presencia real era el silencioso pelirrojo sentado en el sofá. Se detuvo al lado de V, carraspeando.

-¿Qué?

Los ojos diamantinos del hermano le taladraron un segundo antes de darle al “play” de un reproductor de sonido. Los músculos de Qhuinn trenzaron sus propios nudos marineros al oír la voz de su hermano.

-Buenas tardes. Soy…. soy Eckle, hijo de Lohstrong, otra vez.- el tono era tembloroso-. Este es un mensaje para la Hermandad y para… Qhuinn. He vuelto a soñar. Con ellos, con… restrictores. Intenté distinguir dónde estaban pero n-no lo vi. Sólo sé que hay… un lobo. Algo relacionado con un lobo, no sé más. Espero… bueno, espero que les sirva de algo.

La línea hizo “pip pip” después de colgar.

-Esta vez llama desde su casa, lo he rastreado. Le deben haber dado de alta la línea de teléfono.- Vishous cerró la pantalla del reproductor de sonido y actualizó lo que parecía una lista con la palabra clave “lobo”-. Wrath ha convocado reunión para dentro de media hora y estoy rastreando todos los posibles lugares relacionados con “lobo”, desde nombres comerciales de empresas de transportes a logotipos de gimnasios. Tohrment querrá que los inspeccionemos todos. Yo apuesto por coger a tu hermano y freírle las pelotas hasta que cante de dónde vienen las jodidas visiones.- crujió el guante de la mano derecha- ¿Tú qué opinas?

Qhuinn dio un respingo ¿Desde cuándo se le preguntaba a él sobre el destino de su familia? Al contrario, era su familia la que siempre había tenido su destino cogido por los huevos.

-No lo sé. Mierda, V, no sé. Eckle nunca ha tenido visiones, esto es tan raro para mí como para vosotros.- empezó a ponerse el pelo de punta con una mano-. Butch y tú dijisteis que estaba limpio, sin residuos de restrictores.

-A simple vista.- V empezó a jugar con el mechero de oro-. Podríamos analizarle más a fondo.

Como… descuartizándolo, a juzgar por la expresión del Hermano.

-Lo que Vishous quiere decir -Butch caminó hacia ellos, conciliador- es que desconfiamos de Eckle. Uno no amanece con el don de las visiones por que sí. No es como los superhéroes de las pelis. V ha rastreado las Crónicas de la raza y no hay nada que prediga la llegada de alguien con el poder de adivinar dónde van a estar esos cabrones.- torció el gesto-. Ni siquiera mi “radar” tiene ese sentido paranormal. Y cuando Blay y tú seguisteis su “sueño”, casi os disteis de morros con la poli humana. Qué casualidad.

Qhuinn paseó la mirada de uno al otro.

-¿Crees que Eckle nos quiere tender una trampa? ¿Pero cómo mierda iba a saber dónde van a estar los restrictores, joder? ¿Y por qué iba a traicionarnos así?

-Tu hermano es un hijo de perra sádico que se pasó la Ley Antigua por los cojones y casi te mata de una paliza, Qhuinn.- los ojos blancos de V lo dejaron clavado al suelo sin que el Hermano tuviera que levantar la voz-. No me jodas con que le estás defendiendo.

A Qhuinn se le removieron las tripas. No quería discutir eso, y menos con Blay en la misma habitación, pero el cansancio anímico que arrastraba pulsó el botón de “patetismo” de su lengua.

-Es mi familia, ellos me dejaron vivir. Tenía todo el derecho a hacer lo que quisiera de mí. Y yo no soy nadie para disponer de él.- murmuró, mirando la punta metálica de sus botas.

El silencio que siguió le hizo sentir aún más miserable. A pesar de tener la cabeza gacha, tuvo la sensación de que V y el poli se miraban por encima de él.

-Vamos a prepararnos para luchar.- la voz de Butch tenía un punto de ira-. Pase lo que pase con Eckle, vamos a seguir esa pista, es lo único que tenemos. Luego pensaremos qué hacemos con él. Será mejor que os arméis, hijos.

-A mí me falta una daga. La perdí hace dos noches.- la voz suave de Blay provocó un escalofrío que trepó por la espalda de Qhuinn.

Odiaba que Blay hubiera visto lo débil que le hacía cualquier mención a su familia.

-Vishous puede darte una de repuesto, ¿verdad?- el poli había entrado en modo acción, al parecer.

El Hermano moreno se levantó, una gigantesca torre que le sacaba más de diez centímetros de altura a Qhuinn. La mano enguantada de V le cogió de la nuca, sobre el tatuaje que él mismo había hecho, y Qhuinn dio un respingo.

-Voy a la fragua a buscarte una.- los ojos de diamante se clavaron en él-. Vienes, ¿sí?- la mano apretó un poco más.

Como para decir que no. Vishous cogió una camiseta sin mangas del respaldo de una silla y se la fue poniendo a tirones mientras salían al pasillo subterráneo, sus botas atronando en el espacio hueco. V no abrió la boca en todo el recorrido ni tampoco mientras tecleaba el código para entrar en la fragua. El olor a metal y a calor golpeó a Qhuinn al entrar y miró a su alrededor con sorpresa. Era la primera vez que entraba allí, la herrería normalmente se consideraba espacio privado de Vishous y la sensación era como retroceder en el túnel del tiempo. Se quedó parado en mitad de la fragua, contemplando el suelo y paredes de piedra desnuda, el enorme yunque, el cubo con agua, el horno de gas, la colección de tenazas y las barras de hierro en bruto.

Antes de darse cuenta, estaba pasando las manos por el metal ennegrecido del yunque. Debía ser agradable trabajar allí, en soledad contigo mismo, sólo una actividad mecánica y tranquila en aquel espacio tan distinto del resto del mundo.

-¿Te gusta?

Qhuinn retiró la mano del yunque como si quemara, preparado para una regañina, pero Vishous le miraba de reojo desde el fondo de la sala, revolviendo el contenido de un enorme armario de madera, y sus ojos brillaban en la penumbra.

-Sí. No entiendo una mierda de herrería, pero parece… -paseó la vista por el sitio, intentando encontrar la jodida palabra- no sé, ¿relajante?

La perilla de V se elevó un poco.

-Te permite pensar.

Eso. Eso era lo que Qhuinn quería decir. Caminó hacia los instrumentos que el Hermano tenía a medio forjar y le pareció adivinar la forma de lo que podrían acabar siendo varios conjuntos de dagas negras.

-Ha de molar poder fabricar algo con tus manos. Darle forma.- murmuró. Al menos, forjando debías tener la sensación de que podías crear algo ordenado de la nada.

-¿Quieres probar?

Qhuinn casi giró sobre sus pies.

-¿Yo? ¿Ahora?

-No, idiota. Digo si te gustaría aprender forja.- Vishous sacó una caja alargada del armario y volvió a cerrarlo-. Podría enseñarte. Tienes buen físico, resistencia y fuerza. Seguro que se te da bien trabajar con las manos. Te ayudaría a concentrarte, también, pero lleva su tiempo aprender.

A Qhuinn la mandíbula se le salió de sitio ¿Halagos? Nunca ¿De V? Menos ¿Una oferta para enseñarle algo tan especializado y tan… privado como herrería? El mundo tenía que haberse vuelto del revés.

-¿Me lo estás diciendo en serio?

-¿Cuándo mierda te he tomado el pelo?- V le alargó la caja negra-. Ten, dásela a Blay. No está forjada a medida pero servirá por ahora. Bien, ¿qué dices, Qhuinn?

-Fijo. Digo… sí, acepto. Mierda, ¿dónde tengo que firmar?- sabía que aún tenía cara de gilipollas pero trenes como aquel no pasaban cada día por las vías de su vida, y menos con alguien como V, que no compartía espacios fácilmente- ¿Crees que podré hacerlo?

-¿Y por qué piensas que no?- Vishous se apoyó contra un carrito de herramientas, se sacó un cigarro, encendiéndolo con parsimonia, y exhaló el humo hacia el techo.

-Porque… da igual.- Qhuinn dio vueltas a la caja de la daga entre las manos. El silencio se alargó más de lo que podía soportar y sintió la necesidad de decir algo-. Gracias por lo del otro día con Eckle. Por… bueno, cuando hizo esa señal contra el mal de ojo.

El humo del cigarro escondió por un momento la cara de V, a excepción de sus ojos blancos, y Qhuinn supo que el Hermano estaba leyendo toda la porquería que tenía grabada en el cerebro. Vishous cruzó las piernas por los tobillos y se retiró el pelo de la cara. La luz difusa del techo de la fragua iluminó los tatuajes de su sien y Qhuinn supo la respuesta sin que el Hermano hablara. Si alguien en todo el jodido mundo podía entender cómo se sentía cada vez que le consideraban una aberración sólo por tener una pupila de cada color, ése era V. Y, en su caso, el problema iba algo más allá que tener ojos de husky siberiano.

Quizás ése era otro de los motivos que hacía que los dos se llevaran bien.

-No le debes nada a Eckle.- la voz grave de V sonaba envolvente en la fragua-. Sólo es un miserable muerto de envidia.

Esa vez, Qhuinn estuvo a punto de dejar caer la caja al suelo.

-¿Envidia? ¿De quién?

-De ti.- Vishous exhaló otra nube aromática.

-¿De mí?- Hola, eco, eco…– Eso es… V, no te ofendas, pero ¿por qué coño Eckle iba a envidiarme a mí? Él es el heredero, era el ojo derecho de mi padre. Yo no soy nadie.

El Hermano cogió un cenicero metálico y le dio unos golpecitos al cigarro para desprender la ceniza.

-Quizás por eso. Eres más libre que él.

Qhuinn se lo quedó mirando sin poder decidir si V pretendía gastarle una broma de mal gusto o si acababa de aclararle con tres frases el por qué de toda una vida recibiendo el desprecio de Eckle. Más solo, más ignorado, más humillado que su hermano, sí que lo había sido ¿Pero más libre?

Suponía que de alguna forma retorcida sí que se podría ver así, a fin de cuentas su hermano jamás había hecho otra cosa que ser el perfecto heredero. Qhuinn siempre había creído que era lo que Eckle deseaba ¿Y si se equivocaba? ¿Y si Eckle se había sentido prisionero de la forma de vida que imponía la glymera y había confundido las ansias de huir, de consumirse y de autodestruirse de Qhuinn con el disfrute de una libertad que él no tenía?

-Joder, habría que ser un cabrón muy retorcido para envidiarme.- masculló.

-Eckle intentó matarte, chico. Eso es ser un cabrón muy retorcido.- V no tenía por costumbre dulcificar las cosas, estaba claro. El Hermano inhaló una calada y se encogió de hombros-. No he vivido en sus zapatos, no sé cómo ha sido vuestra vida. Sólo digo lo que vi en él.

-¿Le leíste la mente?

-No, pero llevo más de tres siglos sobre el mundo. Sé reconocer a un mediocre sin talento que envidia a quienes sí lo tienen.- V elevó una comisura-. Seguiremos esa pista del lobo de los cojones esta noche. Pero no me gusta lo que huelo en el aire. Si Eckle nos mete en un lío, dispondremos de él. Empieza a sacudirte ese impulso que tienes aquí –se señaló con el guante a la sien- por obedecer y complacerle.

Qhuinn estudió un momento al Hermano, sopesando si podía pedirle algo más que la oferta que ya había recibido. Al final decidió que no tenía nadie más a quién acudir. Lo peor que podía pasar es que Vishous le enviara a la puta mierda y con eso ya tenía práctica, pero Qhuinn había llegado a un punto de su vida en que era incapaz de distinguir el norte del sur. Necesitaba consejo y V era de las pocas personas que, al menos, le entendería.

-¿Puedo preguntarte algo?

-Como poder, puedes.

Otra cosa es que te responda. El añadido estaba claro. Qhuinn tomó aire, acariciando la caja con la daga para Blay.

-¿Qué haces cuando tu familia te odia? Cómo… mierda, V, ¿cómo puedes dejar de creer que eres un… un fallo?- intentó no traslucir la frustración, la rabia y el “soy-una-nenaza” al mirar al Hermano, pero no supo si lo consiguió del todo.

Vishous pareció cerrarse de golpe en sí mismo. Incluso el aire en la fragua se volvió gélido. Acabó de fumar el liado aspirando con fuerza y luego lo aplastó en el cenicero. Le miró de reojo al cabo de un rato.

-No se me dan bien las charlas de hermano mayor.- guardó silencio durante un largo rato y debió ver su abatimiento porque acabó por suspirar-. Mierda, chico. Si tu familia no te acepta cómo eres, dales una patada. Que alguien te traiga al mundo no le da derecho a despreciarte. Ni a usarte.- el tono de V era tan cortante que Qhuinn frunció el ceño-. Si tanto necesitas una familia, hazte la tuya. Busca a la persona con quien te sientas tú mismo. Pero no te equivoques al escoger. Y nunca te creas con derecho a decidir por esa otra persona. Pregúntale qué quiere o la cagarás.

Las manos de Qhuinn se cerraron con fuerza sobre la caja alargada con la daga de recambio para Blay. Vishous no añadió más; el Hermano ya había dicho más de lo que le había oído nunca y Qhuinn notaba que le costaba tanto como a él mismo hablar de cualquier cosa que implicara emociones. Tragó saliva con fuerza.

-Gracias.

-Largo de aquí, voy a tener que buscarte unos guantes de herrero y prepararte alguna barra de mierda para que puedas destrozarla mientras practicas.- a pesar de su aspereza, los ojos de V tenían un brillo divertido-. Dale la puta daga a Blay.

Qhuinn cerró la puerta de la herrería con un clic suave. Caer en lo hondo de un pozo tenía un aspecto positivo imprevisto: podías encontrar amigos insospechados que te ayudaban a ver la luz hacia donde escalar.

Aunque fuera de una patada en el culo.

OOO

-¿Vas a estar aquí hoy o irás al Refugio?

Rhage acabó de colocarse las correas con las dagas en su habitación antes de acudir a la reunión de coordinación del principio de la noche, mirando con fijeza a Mary. Como de costumbre últimamente, la sonrisa que ella le dirigió fue rápida y pequeña, sin atisbo ninguno de la serena confianza que siempre había lucido. Estaba aún en camisón y, también como de costumbre últimamente, remoloneaba para no cambiarse delante de él.

-Sí, me pasaré a echarle una mano a Marissa.- manoseó una blusa, alisándola y demorando el momento.

-No sé cuánto tiempo estaremos fuera hoy, quizás llegue pronto.- Rhage le puso las manos en los hombros y la notó tensa-. Si no vas a estar toda la noche alli, quizás podríamos hacer algo. Lo que tú quieras.

Ella alzó la vista un momento y Rhage supo que adivinaba lo que él intentaba: acercarse, restablecer su conexión. Como fuera. Mary bajó la vista.

-Te… te llamaré cuando acabe, ¿vale?

-Hazlo, por favor.- se inclinó e, instintivamente, la besó en la mejilla en vez de en la boca.

Algo le decía que Mary no respondería si la besaba en los labios y eso acabaría de matarle.

OOO

Qhuinn iba a acabar odiando la calle Trade.

La orilla sur del Hudson concentraba, en primera línea del río, los antiguos almacenes de cuando el tráfico fluvial de mercancías estaba en pleno esplendor. Muchos de esos locales se habían reconvertido en empresas de logística que luego habían quebrado. Ahora, los enormes cascarones vacíos acogían, en el mejor de los casos, antros de copas o macrodiscotecas que abrían y cerraban con la misma rapidez con que cambiaban de manos, a veces sin dar tiempo a sus propietarios ni a instalar el letrero con el nuevo nombre.

A partir de segunda línea de río, se había desarrollado el atestado barrio de los antiguos estibadores fluviales, una profesión dura y mal pagada que se había ido quedando huérfana de norteamericanos blanquitos para ser ocupada por inmigrantes hispanos, menos remilgados a la hora de cobrar a fin de mes. Poco a poco, la zona se había transformado en el barrio latino de Caldwell y, años después, en el coto privado de las bandas que habían llegado con los hijos de las primeras olas migratorias.

Era una desgracia como otra cualquiera que la calle Trade, la zona de copas, tugurios rockeros, locales de tatuajes y bebederos varios de la juventud menos pija de Caldwell, fuera la arteria que partía en dos el barrio latino. Porque Qhuinn había pateado tantas veces el jodido barrio que ya no era capaz ni de pensar en salir de marcha por la calle Trade.

Y allí estaban de nuevo los Cuatro Jinetes del Apocalipsis: John, Xhex, Blaylock y él mismo.

La reunión de coordinación en el despacho de Wrath había sido breve, concisa y cortante. Todos desconfiaban de Eckle. Nadie entendía por qué mierda el muy mamón tenía “visiones” pero todos tenían que aceptar la evidencia de que su primer “sueño” había enviado a Qhuinn y a Blay directamente a donde una nueva hornada de restrictores guardaba sus corazones.

Los no-muertos parecían haberse infiltrado en una banda humana, lo cual les ponía en un serio aprieto, tanto por el número que podían llegar a congregar como por la visibilidad que daba a su guerra. Todos estaban de acuerdo en investigar la pista del jodido “lobo” con la actitud de quien se mete de cabeza en una trampa.

Vishous les había procurado una lista exhaustiva de todo lo que estuviera relacionado con “Caldwell” y “lobo”: almacenes de compañías que tenían el bicho de los cojones en su logotipo; estudios de grabación; empresas de envío de dinero; locutorios; gimnasios en desuso… Un montón de direcciones que requerían que la Hermandad se dispersara para comprobarlas: entrar, salir, no ser vistos y hacerlo rápido.

Así que Rhage, Z y V se habían repartido el listado esa noche. Butch se quedaría en la Guarida con la oreja enganchada a la emisora privada de la policía que V había pinchado por si escuchaba algo que les diera una pista. Tohrment coordinaría a los Hermanos que estaban en las calles y Phury se encargaría esa noche del entrenamiento de la decena de reclutas que había comenzado la formación.

Claro, alguien tenía que seguir echando un ojo en el barrio latino, que era la “pista madre” sobre los restrictores

¿Ganadores? Los Cuatro Pringados.

Qhuinn bufó por lo bajo por millonésima vez mientras caminaba por la acera de la calle paralela a Trade, detrás de John y Xhex y a un estudiado paso por delante de Blaylock, dejando atrás la esquina donde había aparcado su Hummer.

Había entregado a Blay la daga de recambio que le había dado V, que el pelirrojo había aceptado con un murmullo incomprensible y una mirada baja, pero no habían tenido ocasión de intercambiar ni una palabra. Wrath había empezado a vociferar y la casa entera se había puesto en marcha. Tampoco sabía por dónde empezar exactamente, sólo que tenía que dejar salir algo de todo lo que llevaba atragantado o sería incapaz de concentrarse en cualquier mierda que les deparara la noche.

Como para confirmar su estado alelado, estuvo a punto de darse de bruces con varias personas que transitaban por la acera. A esas horas de una noche de verano, las calles de esa parte de la ciudad eran un hervidero de jóvenes en busca de un trago en los locales con aire acondicionado, de conversación en las esquinas o de diversión en cualquiera de las discotecas.

Aunque las placetas entre edificios o el Xtreme Park, eran coto de gente sospechosamente vestida con el negro y amarillo de los AKG, en las calles y los locales se mezclaban hispanos con anglosajones e incluso algunos afroamericanos no alineados con ninguna banda. Los distintos acentos del español –que sólo entendían John y Xhex, para mayor jodienda- se mezclaban con el americano en un caos visual y auditivo.

Mucha gente. Mucho humano. Muy difícil encontrar pistas.

Ni un jodido “lobo” que cazar.

Ni un momento para enfrentarse a Blay.

Qhuinn se dio de morros contra algo duro y no se dio cuenta de que era la espalda de John hasta que levantó la vista. No era bueno. Aquel estado de borrachera sobria no era bueno si las calles les sorprendían con algún marrón. Qhuinn sacudió la cabeza, forzándose a despejarse y a alejar ciertos pensamientos, pero la mirada que John pasó entre él y Blay le dijo que esa vez a su protegido se le habían hinchado los cojones de verdad.

“Basta ya. Los dos”, empezó a señalar a la velocidad del rayo, ajeno a la multitud que le miró de reojo. “He intentado echaros una mano pero veo que ninguno la quiere. De acuerdo. Lo acepto: lo que sea, tenéis que solucionarlo vosotros. Pero hacedlo ya, de ahora no pasa”, John señaló con un gesto tan brusco como subrayar la palabra en el aire.

-John…- intentó Blay.

“Déjate de ‘John’, ¿me oyes? Es hora de ser egoísta. Los dos vais como putos sonámbulos, ¿queréis saber qué mierda pasará si tenemos combate? Que saldréis heridos por culpa de estar con el cerebro en otra parte”, John prácticamente sacaba fuego por los ojos. “Eso me jodería bastante pero, ¿sabéis lo que me tocaría mucho las pelotas? Que hirieran a mi shellan porque sé que ella es tan malditamente cabezota que intentaría protegeros o protegerme. Cállate Qhuinn”, añadió cuando él estuvo a un tris de abrir la boca. “Así que Xhex y yo vamos a entrar ahí mismo”, señaló hacia lo que parecía la cola de acceso a una discoteca, “nos vamos a quedar sentados en la barra sin movernos y vosotros os vais a largar a dónde sea a hablar ¿Estamos?”.

-No pienso dejarte solo.- Qhuinn puso las manos en las caderas, sin molestarse en hacerse el ofendido porque John hubiera puesto en duda sus capacidades. En ese momento, su protegido tenía más razón que un santo.

“No voy a estar solo, estaré con Xhex y prometo que no nos moveremos del sitio donde nos quedemos excepto para mear. Virgen…”, interrumpió su manoteo para menear la cabeza y luego les dirigió una mirada implorante. “No me contéis nada, no hace falta, pero solucionadlo. Por favor”.

Ojalá fuera tan fácil. Ojalá supiera hacia dónde solucionarlo. Qhuinn apretó los labios sin decir nada y espió a Blaylock. El pelirrojo tenía los ojos concentrados en John, con el rostro tenso. Al final, Blay asintió.

-Pero primero entramos todos y nos aseguramos de que no haya ni lobos ni restrictores.

Qhuinn levitó sobre la acera ¿Blay quería hablar con él? Mierda, eso sí era una sorpresa.

“Vale, lo que sea”, John alzó las manos, aceptando el trato.

-Es una discoteca latina, la cerraron hace unos meses por infringir la normativa sanitaria, pero parece que han reabierto.- el tono profesional de Xhex devolvió a Qhuinn al mundo real-. Ya que estamos, es un buen sitio para tener el oído atento.

Alzó la vista para situarse: estaban frente a uno más de los antiguos almacenes reconvertidos en macrodiscoteca y, a juzgar por los humanos que entraban, la clientela era variada, aunque predominaban hispanos. Qhuinn leyó el rótulo -”Brisas del Caribe”- aún sin entenderlo, simplemente para cotejar que la grafía no se parecía a cómo Vishous les había escrito “lobo” en español para que lo memorizaran. Aquel no parecía ser el sitio.

Blay y él se ignoraron con calculada práctica durante todo el rato que estuvieron haciendo cola y a Qhuinn los nervios empezaron a despertarle culebrillas en las tripas. Nadie les cacheó al entrar, lo que fue una suerte para ellos y una mala señal del nivel de seguridad del local, a juzgar por la cara de Xhex. Tampoco había arcos detectores en las puertas.

Algún tipo de música machacona les dejó los tímpanos como un colador en cuanto entraron y, junto con las lanzadas de los lásers, les obligó a buscar un rincón a oscuras alejado de los altavoces. Desde allí, la vista era idéntica al de cualquier otro local: decenas de personas bailando en el centro de la nave, bajo los focos. Dos enormes barras que corrían a cada uno de los lados, una especie de ático al que se subía por escaleras metálicas sospechosamente a oscuras y al que subían parejitas de la mano.

Si alguien venía a follar, era un lugar ideal.

Si tenían que hablar, habían ido al sitio equivocado.

Después de un par de intentos infructuosos por hacerse oír, Xhex cambió al lenguaje de signos.

“Nos quedamos aquí, al menos intentaremos tener los oídos abiertos por si nos enteramos de algo. Salid fuera”.

Total, ni Blay ni él entendían una mierda de español. A buenos habían enviado a espiar al barrio latino.

“Estaremos justo en la puerta, pero no me gusta, John”, señaló Qhuinn. “Se supone que tengo que cuidar de tu culo”.

“Me ayudarás más si, por una vez, cuidas del tuyo y del de Blay”.

Mala imagen. John acababa de conjurar una muy mala imagen si es que tenía que estar sereno. A juzgar por el carraspeo y el movimiento nervioso de Blay, el pelirrojo acababa de pensar en lo mismo.

“Largaos, yo cuidaré del niño”, Xhex enarcó las cejas y puso los ojos en blanco.

Qhuinn les dedicó una última mirada ceñuda y se arriesgó a girarse hacia Blay. Los ojos azules brillaron bajo los neones y Qhuinn maldijo para sus adentros cuando le pareció que el cuero de los pantalones y la chaqueta daba más calor de lo normal. Blaylock asintió y abrió la marcha hacia fuera. Después de sellarse las manos para poder volver a entrar, ambos se quedaron plantados en la acera ante la puerta. En silencio. Qhuinn jugueteó nerviosamente con la bolita de su lengua y  luego abrió la boca para hablar, pero no llegó a articular palabra. Un grupito de tíos pasó gritando a su lado, chocando con su hombro.

-Busquemos otro sitio cerca.- los ojos de Blay bailaban por todas partes menos hacia él-. John y Xhex no se moverán, estarán bien.

Qhuinn le siguió sin protestar y sin decidir si se encogía por dentro en previsión de que Blay le mandara a la mierda, como seguro que haría, o si cortarse ya la lengua porque fijo que la cagaba con cualquier cosa que intentara decir.

Caminaron hasta la esquina del almacén-discoteca, que desembocaba en un callejón cubierto con una arcada. Las farolas sólo alcanzaban a arrojar algo de luz al principio de la callejuela, dejando una gran área de penumbra donde no tendrían que verse la cara para hablar. Blaylock se detuvo antes de entrar en las sombras profundas, las manos metidas en los pantalones ceñidos de cuero, y Qhuinn se quedó mirando la forma en que dibujaban su culo, el enorme perfil de sus hombros bajo la chaqueta de piel negra, a duras penas silueteado por la luz de la lejana farola, y esa tonalidad especial de gris que había llegado a identificar con el rojo de su pelo.

Virgen, ¿cómo mierda se había acostado con alguien así y se había portado como una bestia, incapaz de ofrecer ni una sola frase cuando todo había acabado?

Blay sacó las manos de los bolsillos, trasteó en la americana hasta encontrar un paquete de tabaco, su mechero y se encendió un Dunhill con gestos lentos. Los mismos que siempre usaba cuando estaba nervioso de la muerte.

Qhuinn pateó una piedra suelta del asfaltado quebrado del suelo y se pasó una mano por el pelo, tirando de él ¿Por dónde empezar? ¿Cómo mierda explicarse cuando lo que le pedían sus células era abrazar a Blay contra él y pedirle…?

-Perdóname.

-Qhuinn, quiero pedirte perdón…

Los dos hablaron a la vez, con la misma voz rasposa. Se miraron un momento, sorprendidos de la coincidencia de sus palabras en el tiempo y el contenido. Volvieron abrir la boca a la vez para hablar. La cerraron y juraron por lo bajo.

-Esto es ridículo.- Blay se pasó una mano por la frente, sosteniendo el cigarro entre los dedos, y se apoyó contra una pared con restos de viejos carteles enganchados.

-Blay, espera, sé que siempre te quejas de que quiero decir la última palabra pero… mierda, déjame decir la primera, por una vez. Por favor.- la voz le salió más suave de lo normal.

El pelirrojo dio una calada tan fuerte que Qhuinn vio el fuego de la punta consumir un tercio del cigarro.

-Está bien.

Qhuinn se acercó a él, mirando hacia la pared, y dio un par de golpecitos con el puño cerrado sobre un cartel medio desprendido. El corazón le retumbaba contra las costillas con tanta fuerza como la música de la jodida discoteca.

-Lo siento. Siento… joder, lamento lo animal que fui contigo. En todo, quiero decir. Fui un animal por decirte lo que te dije en tu habitación… y por lo que te hice. No tengo ningún derecho. Pero después, en mi cuarto, también… fui duro. Te lo hice duro.- miró a Blay de reojo y el calor que sintió al recordar lo que habían hecho hizo que se abriera la cremallera de la chaqueta, ahogado-. Eres la única maldita persona a la que nunca querría herir y te hice daño. No es la primera vez que merecías… bueno, no conmigo. No sé cómo fue la de verdad… -se mordió la lengua y le dio una patada a la pared con la puntera de la bota. Maldita fuera su estampa, por qué mierda pensaba en él. Inspiró-. Quería haberte dado algo… suave. Algo bonito.- dejó ir una mezcla de bufido y risa ronca-. Debí suponer que no sería capaz. Ojalá puedas perdonarme.

OOO

Dentro de la discoteca latina, John cambió de posición dos veces, sin querer resignarse a lo obvio mientras se esforzaba por escuchar las conversaciones de los clientes que bebían en barra. Cambió el peso de un pie a otro. La cosa no mejoró. Al final, suspiró y acarició la espalda de Xhex para atraer su mirada. Su shellan tenía el ceño fruncido.

“Voy al baño. La mierda ésta ha hecho efecto”, señaló un momento hacia la cerveza que había pedido. “¿Estarás bien?”

Xhex ni se esforzó por desgañitarse sobre la música, usó la lengua de signos directamente.

“Yo sí, pero intenta no resbalar en el lavabo y desnucarte. Qhuinn se sentiría como una mierda toda su vida”.

John rió en silencio y luego le dio un beso en los labios.

“Haré lo posible, leelan ¿Has captado algo?”.

Los ojos acerados de ella repasaron el mar de cuerpos en movimiento y John creyó distinguir un brillo rojizo en sus pupilas no atribuible a los lásers. Los cilicios que llevaba ajustados impedían que su lado sympath brotara con facilidad pero, aún así, Xhex seguía pudiendo apelar a parte de su radar emocional.

“No estoy segura. Hay una especie de… euforia contenida en el aire. Una sensación de triunfo que emanan muchas personas, pero no sé por qué”. Siguió un momento ceñuda antes de girarse de nuevo hacia él con una media sonrisa. “Ve al baño, no me moveré de aquí”.

John pasó la mano un momento por su espalda antes de abrirse paso a pura masa física entre la clientela del local de camino al baño. Era curioso porque, a pesar de estar en pleno barrio latino, no había distinguido a una sola persona con los colores negro y amarillo de los Almighty Kings and Queens. O aquel no era un local afín a la banda o los pandilleros, su única pista de los restrictores, habían escogido otro lugar para reunirse.

El baño, en el sótano, era la típica cueva maloliente de macrodiscoteca que apestaba a marihuana y a pises, con cubículos de puerta metálica. Varios humanos le miraron de arriba abajo, probablemente pensando qué mierda hacía alguien vestido de cuero de pies a cabeza en el interior de un local en pleno mes de julio, pero nadie se metió con él. John entró en uno de los cubículos con toda la intención de darse prisa.

Levantó la cara hacia arriba mientras se desabrochaba la bragueta y se la sacaba para mear, tratando de ignorar el sonido de pringue pegajoso bajo sus botas, y le sorprendió notar la brisa en la cara. Había una enorme ventana abatible algo abierta, que se aguantaba con dos cadenitas y que iba a dar al nivel de calle. Torciendo la cabeza a un lado, podía distinguir las piernas de varias personas.

Mierda de cerveza, no podía parar de mear.

-¿… a buscar al “Chato”? Si llegamos tarde nos perderemos la fiesta.- la voz chillona de uno de los tipos que charlaban en la calle le llegó a través de la ventana.

Por hacer algo a parte de pis, John hizo el esfuerzo de seguir la conversación. Su español era básico, en el mejor de los casos, aprendido después de años de trabajar en bares con otros camareros hispanos.

-Se van a enterar esos hijos de puta.- varias risas masculinas de respuesta al comentario. El que había hablado parecía estar mascando algo-. Ya se pueden meter sus automáticas por el culo. A ver cómo  huevos tumban a Carlos y a los suyos.

-Mierda, sí. Huelen a perro muerto pero ¿les vísteis después de lo de la fábrica? Los cabronazos sangraron mierda negra y en unas horas -el tipo que hablaba chasqueó los dedos-, heridas cerradas.

A John lo que le quedaba de meada se le cortó en seco y sus oídos se abrieron como por ensalmo ¿Mierda negra? ¿Olor a perro muerto? Joder si no le resultaba familiar.

-¿Vais armados?- de nuevo el tipo con la voz chillona-. Ya nos hemos retrasado bastante esperándote, “Perro”, si tenemos que ir a buscar a tu hermano también nos perderemos la fiesta.

John se metió la polla en los pantalones tan rápido que estuvo a punto de pillársela con la bragueta. Se agarró a la cisterna del urinario y se subió, intentando ver a los que hablaban por la ventana abatida.

-Eh, eh, eh… -un hispano con los brazos tatuados de las muñecas a los hombros gesticulaba con violencia. Las zapatillas deportivas que llevaba eran negras y amarillas-. Yo no soy el canguro de mi bro. Picaremos al timbre, a ver si ha acabado de follarse a su novia. Total, el coche lo tiene él.

John estuvo a punto de desnucarse para poder ver a los tres tipos. Además de Brazos Tatuados había un tipo con rastas hasta la cintura y otro hispano enorme totalmente calvo. Los tres echaron a andar, alejándose de la ventana. John bajó del urinario de un salto, abrió la puerta metálica de un empujón, sobresaltando al resto de los tíos del baño con el estrépito, y se lanzó a la carrera escaleras arriba, de vuelta a la discoteca.

Joder, joder, joder… Los restrictores realmente formaban parte de la banda latina y tenían alguna especie de reunión programada para esa noche para moler a palos a alguien. Y esos tres tipos a los que acababa de escuchar eran los únicos que les podían llevar hasta los no-muertos.

John rugió en silencio cuando se dio de morros de nuevo con la multitud de bailaba.

Si perdían el tiempo, perderían la pista.

OOO

En el callejón, Qhuinn pateó un par de veces más la pared, intentando visualizarse a sí mismo en el otro extremo de su bota, y el silencio prolongado de Blay le revolvió el estómago. Cuando le miró, el pelirrojo sostenía el cigarro en la mano sin fumarlo, con los ojos muy abiertos.

-¿Blay…?

Su amigo tenía la nostalgia pintada en la cara y bajó la cabeza, negando un momento antes de responderle con una sonrisa de amargura.

-Daño… -la palabra salió como un suspiro-. Joder, Qhuinn, ¿sabes cuántas veces me lo había imaginado? Miles. Y siempre era así. En mi cabeza, siempre fue así. Es como eres. Fue… como me habría gustado que fuera.

Blay susurró las últimas palabras contra el cigarro que se llevó a la boca, aspirándolo del todo. Qhuinn se quedó mirando las volutas de humo que espiró su amigo antes de tirar la colilla al suelo y aplastarla con la punta de la bota. En ese momento, sólo con esas palabras, uno de los pesos que le impedían respirar se aflojó un poco. Al menos, le había dado a Blay algo de lo que había querido.

Mierda si no volvería a dárselo. Una y otra vez. Allí mismo.

-Pero ojalá no te hubiera forzado.- Blay agachó la cabeza, apoyado contra la pared.

-¿P-perdona?- debía haber oído mal.

-Digo que ojalá no te hubiera obligado.- el pelirrojo se frotó la frente con la mano, como si la cabeza le pesara toneladas- ¿Sabes? Lo había aceptado. No puedes hacer que una persona desee a otra. Nunca quisiste… mierda, nunca quisiste ser mi primero.- Blay se tapó los ojos con la mano un momento-. No tenía ningún derecho a exigirte que te… acostaras conmigo, a obligarte a hacer algo que no querías.

Qhuinn se quedó de piedra con los nudillos de una mano apoyados en la pared, mirando a Blay como a una maldita aparición. La sangre de sus venas se congeló en un instante para recorrerle al siguiente como lava líquida.

-¿Tú… crees… que yo… no lo deseaba?- joder, estuvo a punto de ahogarse con cada palabra- ¿Eso crees?

Blay se encogió dentro de la chaqueta y su mirada fue tan vulnerable como la de un crío.

-Lo sé. Sino, ¿por qué nunca aprovechaste las ocasiones que tuviste conmigo? Era tu elección, decidiste que no querías eso pero al final te obligué. Te… te hice chantaje emocional supongo.- apretó los ojos-. Mierda, fue… fue tal como yo quería. No sé cómo accediste a dármelo, soy un animal por ponerte en esa situación. Para que luego digas de ti. Por eso no me dijiste una palabra cuando acabamos y no sé cómo pedirte perd…

Qhuinn estrelló el puño en la pared con fuerza suficiente para astillarse varios nudillos y Blaylock se calló de golpe, mirándolo sobresaltado.

-¿Cómo coño se te ocurre pensar que no quería acostarme contigo? Joder, Blay.- empezó a pasearse por delante del pelirrojo como un puto león enjaulado- ¿Por qué crees que te lo hice como un bestia? ¿Por qué mierda piensas que no dije una puta palabra?- le dio una patada a una piedra y se separó la chaqueta, apoyando las manos en las caderas e intentando llevar algo de aire a sus pulmones-. Dios, siempre he querido tener sexo contigo. Siempre. Y esa tarde lo quería tanto que me dolía todo el puto cuerpo. Te habría follado hasta matarte, idiota, y si no te dije nada luego fue porque no sabía qué mierda decirte porque no quería que te largaras de mi cama. No quería que te fueras, ¿lo entiendes?- dio una zancada hacia Blay y apoyó las manos a ambos lados de su cuello, taladrándolo con la mirada-. Quería acostarme contigo. Y soy un malnacido porque sigo queriendo hacerlo. Nunca me obligaste, joder. me diste un regalo a.

OOO

Xhex tamborileó con los dedos encima de la barra de la discoteca cuando sonó el enésimo reggaeton, reprimiendo el impulso de sacar sus armas y hacer picadillo la mesa de mezclas del Dj. La música del demonio y esa especie de aura rara que emanaban muchos de los clientes hispanos, como el zorro que se relame en anticipo a una buena caza, le estaban poniendo los nervios al dente.

Demasiado tiempo de paz para una asesina que dependía del combate para mantener a raya su lado menos agradable.

Si, al menos…

Los lásers de la discoteca se apagaron de golpe.

Xhex se enderezó al instante, llevándose las manos al interior de su chaqueta y quitándole el seguro a sus armas. La multitud empezó a chillar ¿Qué coño…?

-¡BIENVENIDOS DE NUEVO AL LOCAL CON LA MEJOR ONDA DE CALDWELL!- la voz en español del Dj atronó por los altavoces, superponiéndose al reggaeton rayado- ¿PROMETIMOS VOLVER A ABRIR O NO?

Gritos de la muchedumbre. Xhex relajó la presa sobre sus pistolas. Así que habían pillado la fiesta de reapertura del local después de que los de Sanidad lo clausuraran…. Por eso estaba tan lleno.

-¡VAMOS A HACERNOS OÍR, GENTE! ¡VAMOS A ENSEÑARLES A ESOS CABRONES QUE LOS HISPANOS SEGUIREMOS AQUÍ, NOS LLAMEMOS COMO NOS LLAMEMOS!- ¿podría dejar de gritar? No, parecía que no- ¿QUERÉIS UNA PISTA DE NUESTRO NUEVO NOMBREEEEEEE?- Síiiii, claaaaro. Toda la multitud gritando. Xhex puso los ojos en blanco- ¡VENGA PUESSSSS, VAMOS A AULLARRRRRRRR!

Las manos de Xhex volvieron a apretar la empuñadura de las pistolas por dentro de la chaqueta. No podía ser, ¿verdad? Tenía que ser una coincidencia… Las decenas de jóvenes congregados aullaron al unísono.

-¡AQUÍ ESTAMOSSSS! ¡BIENVENIDOS AL SEÑORRRRRR… LOBOOOOOOO!

Los lásers volvieron a estallar, haciendo puré las sensibles retinas de Xhex mientras sus tímpanos recibían una perforación múltiple con todos los gritos de la multitud. Xhex se arriesgó a abrir unos ojos llorosos y se quedó de piedra. El juego de focos que colgaba del techo de la discoteca -antes, “Brisas del Caribe”- proyectaba sobre el centro de la pista el logotipo del nuevo nombre del local: la cabeza de un lobo, en los colores negro y amarillo de los AKG.

Acababan de encontrar al “lobo” de Eckle. El supuesto nido de los restrictores. De los que no habían visto ni la sombra.

Xhex juró por lo bajo, maldiciendo al mundo y a todo bicho viviente, mientras aflojaba la presa sobre sus pistolas para sacar el móvil. Antes de que pudiera teclear una sola letra, John apareció delante de ella, abriéndose paso a empujones y señalando como si le persiguiera una horda demoníaca.

“¡Xhex! Hay un ataque. Esta noche. Los latinos van a por alguien y los restrictores irán con ellos. He oído a unos tipos desde el lavabo. Tenemos que seguirles para…”

-Mira.- extendió el brazo hacia el centro de la pista, donde la gente bailaba sobre el dibujo del lobo que proyectaban los focos.

“Oh, joder”, John abrió unos ojos como platos. “Larguémonos, hay que encontrar a Qhuinn y a Blay y seguir a esos tíos”.

Xhex ignoró las quejas de los humanos mientras salía del local a codazos y patadas. Total, si esa discoteca era el nido de los restrictores, pensaba volarla por los aires en cuanto investigaran lo que sea que había oído John.

Salió a la calle en tromba, con su hellren pisándole los talones, casi con las palabras en la punta de la lengua para darles el telegrama a Qhuinn y Blay, que debían estar hablando…. Xhex se paró de sopetón en mitad de la acera, mirando a un lado y a otro. Debían estar hablando justo en la jodida puerta de la discoteca.

“¿Dónde coño se han metido”?, John iba a tantas revoluciones como ella.

Buena pregunta. Muy buena jodida pregunta. Si perdían la pista porque aquel par de idiotas estaba declamando sonetos de amor en cualquier portal, Xhex pensaba pagarlas todas juntas con ellos.

OOO

En la penumbra de la callejuela, Blaylock no respiró durante más de un minuto, estaba seguro. Se quedó con los ojos soldados en los de Qhuinn sabiendo, por primera vez, que lo que salía de su boca era la verdad pura, sin diluir. Una verdad que le hizo libre en la misma medida en que le rompió por dentro. Porque, después del trabajo de años de convencerse a sí mismo de que Qhuinn no le deseaba, ahora resultaba que sí. Y él había vivido en una mentira.

-¿Entonces por qué nunca lo hiciste? Sabías que yo quería, ¿por qué siempre me rechazaste?- quería preguntarlo con rabia, pero sólo le salió un cansancio mortal.

Dignidad ya no tenía. Así que ahora, al menos, quería tener alguna maldita respuesta. Después de la conversación con Butch, estaba dispuesto a revelarle algunas cosas a Qhuinn. Pero primero necesitaba saber algo, alguna verdad de su boca.

Para su sorpresa, Qhuinn le soltó y Blay leyó la angustia en sus ojos bicolor. El moreno bajó los brazos y apretó los puños. No habló hasta pasado un buen rato.

-Vas a entenderme mal.- advirtió.

-Explícate bien. Para variar.

Qhuinn torció la comisura de la boca.

-Lo intentaré… – se apoyó a su lado contra la pared, desprendiendo yeso con el roce de la chaqueta. Tenía el ceño fruncido y habló sin mirarle, con la vista en la pared del fondo-. Me hice mi plan en la vida, ¿sabes? Cuando conseguí salir de casa y empezar como recluta con la Hermandad me tomé mi tiempo para pensar en cómo quiero que sea mi vida a largo plazo.

Por supuesto. A Blay se le encogió el alma. Todo el rollo que ya le había soltado sobre que se veía con una hembra, a ser posible respetable.

-Ya. Y yo no estoy en esos planes. Ya me informaste, tomé nota. Seguí con mi vida.- mierda, el sarcasmo era algo que no solía practicar pero, a veces, es la única defensa para aparentar entereza.

Qhuinn lo estudió un momento en silencio antes de hablar.

-No estabas en esos planes, pero sabía que si follaba contigo una maldita vez acabaría como estoy ahora.

Blaylock lo contempló con una ceja enarcada, el calor estancado en sus mejillas.

-¿Y cómo es eso?

Los ojos de Qhuinn mostraron demasiadas cosas a la vez antes de bajar la cabeza.

-Perdido.

El mundo desapareció por completo a los sentidos de Blay. Ni el callejón, ni la música de fondo que traía la brisa pegajosa ni las risas lejanas llegaron a registrarse. Sólo esa palabra y la fisura que representaba en el gran plan de vida de Qhuinn. Había significado algo, lo que habían hecho había significado algo. No sólo había sido sexo, había tambaleado un poco el edificio del futuro al que aspiraba Qhuinn y que le excluía.

Pero Blay ya no quería nada de él… ¿verdad?

Y, en realidad, Qhuinn no había dicho que quisiera darle nada.

-¿Por qué me besaste en el pasillo, hace días? ¿Y por qué viniste a buscarme a mi habitación, por qué…?- Blaylock se mordió la lengua. Decir “me la chupaste” era demasiado humillante incluso para él.

La mirada que le dirigió Qhuinn hizo que sus pantalones quedaran pequeños igual que le partió el corazón. Tenía la misma expresión que de niños, cuando intentaba agradecerle sin palabras que le abriera las puertas de su casa para huir un rato de su familia. Pero ahora mezclado con algo más adulto e infinitamente menos inocente.

-No lo sabía. En ese momento no lo sabía y todavía no lo entiendo del todo. Pero creo que porque te echaba de menos.- Qhuinn rió por lo bajo sin ningún humor-. Joder, sí, porque soy un cabronazo egoísta que te echaba tanto de menos que no sabía cómo mierda traerte de vuelta a mi vida. Y porque te deseaba. Siempre creí que sólo tenía curiosidad por saber cómo es estar en la cama contigo, pero es… mucho más. No lo sabía y no pude… controlarlo, mierda. – la mirada que le disparó subió el calor de la noche a niveles tropicales-. Sigo deseándolo, Blay.  No tengo derecho, no es justo porque tú… Porque yo no… -intentó seguir hablando pero luego cerró la boca con un chasquido y se pasó las dos manos por la cara-. Virgen, no sé ni lo que digo, pero algo es verdad -le cogió de la nuca con una mano, atrayendo la cara a la suya- quería fo… quería acostarme contigo. Tanto que se me fue de las manos porque no pensé que sería tan… que tirarías tanto de mí. Lo único que querría es haber podido dártelo de la forma que mereces.

Para lo cual Qhuinn estaba bien dispuesto. Allí y ahora. El calor que emanaba era una prueba tan sólida como lo que presionaba contra su propio muslo.

Blay apretó los párpados, envuelto en el calor de Qhuinn, en su olor y en lo que siempre habría muerto por escuchar.

Entreabrió los labios y el aliento cálido de Qhuinn entró en él, dándole vida. Sus manos cobraron voluntad propia, subiendo por la espalda del moreno y Blaylock prescindió de todo el aderezo de dudas de las palabras de Qhuinn para quedarse sólo con la esencia: no había sido forzado. No todo había sido mentira. Pero…

-No quisiste que te tocara. No me dejaste.- esa vez el filtro desapareció y la amargura cabalgó en su tono- ¿Por qué?

Qhuinn se separó de él lo suficiente para poder mirarle con ardor. Parecía tan cansado como él de silencios.

-Porque era la primera vez en mi maldita vida que sentía algo con quien estaba follando. Algo grande.- las pestañas oscuras taparon los ojos cuando desvió la vista y las manos de Qhuinn acariciaron sus costados al resbalar por su cuerpo-. Mierda, Blay, no tienes jodida idea de lo que… No sabía cómo… Joder, quería que me tocaras, pero me asusté, ¿vale?

Qhuinn se separó de él y le dio la espalda, levantando la cabeza hacia el cielo e inspirando fuerte, seguramente avergonzado por esa confesión. Blaylock se llevó la mano al pecho, frotándoselo. Nunca había hablado con Qhuinn así, no de cosas tan íntimas, no de ellos dos, no tan… de cerca. Y la sinceridad dolía casi tanto como los malentendidos o como ver a Qhuinn vomitando cada palabra con dolor.

-Te gustó. Estar conmigo te gustó.- Blay dio un paso hacia él, totalmente alucinado-. Más de lo que puedes manejar.

El moreno se giró hacia él por encima del hombro, ceñudo.

-¿Eres imbécil? ¿A quién mierda no le gustaría estar contigo?- Qhuinn acabó por girarse del todo hacia él. Sus cuerpos se tocaron-. Eres jodidamente alucinante.-inspiró tan fuerte que las dagas que ambos llevaban cruzadas sobre el pecho se tocaron. Qhuinn inclinó la cabeza hacia él, como si estuviera siendo atraído por la gravedad-. Virgen, no he podido pensar en nada más que en ti…

Blay no reaccionó. No podía. Era como estar atrapado en uno de sus sueños en los que Qhuinn le susurraba al oído, del que despertaba solo y duro en su cama. Pero el calor del moreno, sus manos subiendo por sus brazos, eran reales y sus labios a milímetros también.

Pero su amor no.

Qhuinn le deseaba, pero no le amaba. Y Blay ya había sido gato escaldado demasiadas veces como para caer en la trampa de volver a quedar atrapado en su red de confusión. Para él lo que habían compartido había sido mucho, mucho más que sexo, pero para Qhuinn no. Mierda, puede que a Qhuinn le hubiera pillado por sorpresa lo mucho que quería follar con él, pero la cosa no iba más allá. No iría más allá.

Blaylock se separó de Qhuinn echando la cabeza hacia atrás con brusquedad justo cuando sus labios se tocaban. Fue incapaz de decirle nada. Demasiadas sorpresas con su confesión, demasiados años de silencio y demasiadas patadas recibidas cerraron su boca.

Qhuinn dio dos pasos hacia atrás, despacio, como si hubiera recibido una estocada en el estómago. Lo miró con el alma en los ojos un momento y luego cruzó los brazos sobre el pecho, la misma postura que adoptaba de crío cuando se intentaba proteger de algo que le había dolido horrores.

-¿Sabes lo único que lamento de que nos acostáramos, Blay?- no le dio tiempo a contestar, sólo entrecerró los ojos y siguió hablando en voz baja-. Que sólo buscaras mi polla. Como todos.- Qhuinn escupía cada palabra-. Creí que tú serías distinto, que buscarías algo de mí que no sólo fuera saber cómo es que te la meta. Pensé que sería por mí. Que al menos tú, una sola persona en el jodido mundo, querrías tenerme a , no sólo el polvo de tus sueños.- dio otro paso hacia atrás y la oscuridad del callejón estuvo a punto de engullirlo-. Debí imaginarme que ya sabes que no hay nada más que valga la pena de mí.

A Blay los ojos se le salieron de las órbitas. Sus labios formaron el principio de varias frases distintas sin conseguir pronunciarlas.

-¡¿Qué…?!- graznó al fin.

Un par de botas pesadas atronaron desde la boca del callejón, aplastando todo lo que Blaylock estaba a punto de tirarle a la cara a aquel maldito estúpido cabeza cuadrada.

-¡Joder, por fin os encontramos! ¡Restrictores! ¡Moved el culo!

La voz de Xhex los atravesó, congelándolos. Al lado de la hembra, John tenía la sed de acción pintada en los ojos. Blay apuntó a Qhuinn con un dedo.

-Luego hablamos. Qhuinn, luego hablamos.

Su amigo sólo alzó las manos y negó con la cabeza, girando la cara hacia la pareja que se acercaba al trote. John empezó a señalar tan rápido que se comía las palabras y la adrenalina de Blay tampoco le ayudaba una mierda a entenderlo.

“Esta discoteca se llama ‘Señor Lobo’, es el lobo de tu hermano, Qhuinn”.

-¿Qué mierda…?

-No hay restrictores dentro ni pandilleros hispanos porque están programando un ataque.- Xhex ametrallaba tan rápido como John-. Los AKG van a por una pelea grande. Ahora. Ya. Y los restrictores van con ellos.

Oh, joder. Bien. Vale. Lo mejor para rematar la conversación. Blaylock sacudió la cabeza, forzando a sus neuronas a ponerse en fila bien ordenadas y a procesar.

-¿Dónde?

“Ni puta idea, oí hablar a unos tipos mientras meaba. Al salir de la discoteca los perdimos”, si John tuviera fuego en las manos, dejaría estelas en el aire. “Tenemos que separarnos y peinar la zona en círculos hasta encontrarlos, son la única pista”.

-¿Qué aspecto tienen?

“Humanos. Tres. Hay uno que lleva los dos brazos tatuados enteros. Otro es enorme y calvo y un tercero lleva rastas hasta la cintura.”

-De prisa o se escaparán.- siseó Xhex-. Hagamos un primer radio de 150 metros. Si los vemos, nos damos la posición por móvil, si no, volvemos aquí. Blay, ¿vienes?

-Hecho.- Blaylock dirigió una última mirada a Qhuinn antes de salir corriendo detrás de Xhex y de que su amigo se pegara a los talones de John.

Esa conversación no había acabado.

OOO

-¿Encontraste algo, V?

En la Guarida de la mansión, Butch tamborileó con el lápiz sobre el bloc de notas mientras bajaba el volumen del ordenador en el que tenía pinchada la frecuencia de la policía de Caldwell. Ya era bastante jodido entender a Vishous por el móvil, con la estática que provocaba, como para estar escuchando también a los polis por la otra oreja.

-Nada. Tacha el puto locutorio de la lista.

Butch frunció el ceño mientras rayaba un nombre más de la libreta con los posibles lugares relacionados con “lobo”. Era difícil escuchar a V, parecía que estuviera hablando al lado de un jodido repetidor de telefonía y el nivel de los crujidos solía medir las emociones negativas de su macho.

-¿Estás de mala leche por cazar moscas o has visto algo?

Vishous tardó un par de segundos en contestar y a Butch se le erizó el vello de la nuca de una manera muy familiar. La fiabilidad de las “visiones” de Eckle era discutible; las de V eran imbatibles.

-No. Sólo tengo una mala sensación.

-¿Por quién?

-Los chicos.

Mierdamierdamierda… Butch empezó a hacer dibujitos en los márgenes de la libreta mientras apretaba el móvil con la otra mano.

-¿Seguro? ¿No puede ser que estés… no sé, joder, preocupado por lo que sea que hayas hablado con Qhuinn hoy, o por lo que me hayas oído a mí con Blay?

-No lo sé. Pero el aire está cargado. Algo se cuece.- se oyó el sonido rasposo de Vishous encendiéndose un pitillo y luego el espirar-. Ten las llaves del Escalade a mano, poli. Puede que tengamos que evacuar a alguien hoy.

Y lo jodido del caso es que no sabrían cuándo, ni dónde ni quién. Cuando Vishous tenía una visión era tan segura como una peli en alta definición, pero no sabía cuándo. Si sólo tenía “sensaciones” no contaban si quiera con eso.

Casi un año como pareja y otro como amigos era tiempo suficiente para que Butch pudiera notar que la preocupación de Vishous era más personal que de costumbre.

-Te gustan los chavales, ¿no? Sobre todo Qhuinn, por eso estás sintonizado con ellos.

V espiró el aire con fuerza al otro lado de la línea.

-¿Haciendo horas extras de psicólogo, tahlly?

Diana. Vishous había empezado a encariñarse con el crío. Siempre le era más fácil aguzar su sexto sentido con las personas que sentía cercanas que con las que no compartía nada.

-No, sólo son dos años aguantándote, tío. Eso hace que te conozca un poco.-el boli de Butch dibujó por sí solo el anagrama de los Red Sox en una esquina de la libreta-. Qhuinn se parece algo a ti, ¿sabes?

-Ya, tenemos los ojos raros.

-Vete a la mierda, no lo digo por eso, aunque también. Es especial y la gente le ha hecho la vida imposible por ello. Y es igual de malo que tú a la hora de hablar de sí mismo.- empezó a dibujar una gorra alrededor del símbolo-. Pero a te importa una mierda lo que piensen los demás y a él no. Está solo y, si nadie le echa una mano, puede que la cague.

-¿Quieres que lo adoptemos?

-¿No lo has hecho ya, Gran Maestre Herrero?- Butch sonrió torcido, sabiendo que V lo notaría en su voz.

Vishous jamás se había ofrecido a enseñar forja a nadie y menos en su propia fragua. Podía cerrar el pico como todo un tipo duro, pero Butch le conocía mejor.

-Que te jodan, ya era hora de coger a un aprendiz. Así le tocaréis los huevos a él cada vez que queráis afilar una daga en vez de a mí ¿Y qué me dices de tu pequeño poli?

-Me gusta Blaylock ¿Ves? Yo no tengo problemas a la hora de decir lo que pienso.

-Felicidades, monta un puto consultorio.- V sonreía un poco, podía notarlo. Al menos, Butch podía aliviar su preocupación así-. Tu chico está jodido también.

-Ya. Necesita que alguien confíe en él y encajar en su propio sitio ¿Por qué eso me resultará familiar?- Butch siguió dibujando una copa de campeones de liga justo debajo de la gorra completada de los Red Sox.

-¿Te recuerda a ti, poli?

-No, Blay es mucho mejor de lo que lo era yo a su edad.- Butch bufó-. Pero sí me recuerda en algo a mí: va a necesitar dosis extra de paciencia para conseguir a su macho. Le ha tocado la clásica modalidad del hijoputa que no habla y que, cuando lo hace, escoge las peores palabras.

Al otro lado del móvil, Vishous soltó una risotada.

-Bueno, siempre puede sacarle la mierda a golpes. Creo que hablas de Qhuinn y no del abogado.

-Acertaste, pero creo que con Qhuinn las patadas no funcionarían.- Butch se animó con el boli, esbozando una corona de laurel alrededor de la copa-. Ese chico necesita respeto y cariño, dos cosas que parece que no sabe ni lo que son. Espero que Blaylock se dé cuenta. Me tocaría los huevos que los dos se jodieran mutuamente.

-De acuerdo. Hecho. Los tendrás de martes a jueves. Custodia compartida.- el tono de V era resignado-. Pero tú los llevas al cine.

Butch frunció el ceño.

-Hablo en serio, Vishous. Son buenos, algún día podrían ser Hermanos nuestros y lo sabes. Me gustaría echarles un cable ¿Me estoy ablandando?

-Siempre has sido un jodido blandengue sentimental, eso no es nuevo. Puedo darte una buena y una mala noticia.-la sonrisa aumentó en la voz de V.

-Primero la buena.

-No vas desencaminado. Con el futuro de los chicos.

Así que algo había visto el muy cabrón, al menos en lo que a eso respectaba. Butch acabó de dibujar la coronita de laurel.

-¿Y la mala noticia?

-Los Red Sox no ganarán la Liga esta temporada.

-Hijoputa, me has jodido la…- el ordenador empezó a pitar y Butch miró una de las pantallas con el ceño fruncido. Era una llamada entrante del móvil de Qhuinn. Vishous tenía la costumbre de grabar cualquier llamada de los teléfonos de la Hermandad en sus ordenadores-. V, no cuelgues, Qhuinn está llamando a la línea externa.

-Oído.

Butch dejó el móvil con V al otro de la línea encima de la mesa y le dio a la tecla que descolgaba la llamada con cuidado de no tocar ninguna otra. Le daba puro pánico imaginar qué podía pasar si tocaba la tecla incorrecta en los juguetitos de Vishous.

-¿Qhuinn? Butch al habla. Te oigo, hijo.

Los altavoces de los ordenadores reprodujeron los jadeos de Qhuinn y el ruido sordo de varios pares de botas estrellándose rítmicamente contra el asfalto. Debían estar corriendo como locos.

-El lobo es… una discoteca. “Señor… Lobo”.- Qhuinn echaba un pulmón con cada palabra-. En un… almacén. Detrás… calle… Trade ¡Por esa esquina, John, a la izquierda!- el sonido de botas se hizo más confuso y, durante unos segundos, Butch no oyó nada más que la respiración rasposa del chico- ¡Joder, no, no son ellos! Butch…

-Te sigo, chico, te sigo.- el poli puso el móvil en el que aguardaba Vishous al lado del altavoz para que su macho pudiera oír la conversación.

-Restrictores… que están… con la banda latina… van a atacar. Ahora.

-Mierda ¿A quién, dónde?- Butch empezó a levantarse de la silla.

-¡No lo sabemos! Estamos intentando… encontrar… a tres hispanos. Ellos… nos llevarán… a los restrictores.

-De acuerdo, tranquilo, hijo. Paso los datos. Estaremos esperando. En cuanto sepáis algo, llamadnos y nos tenéis allí.

Qhuinn no se molestó en despedirse y la llamada se cortó. Butch cogió las llaves del Escalade y se las metió en el bolsillo. Luego sostuvo el móvil entre el hombro y el oído mientras agarraba la correa con sus dagas.

-¿Has oído, V?

-La madre que parió a los chicos.- la estática hacía casi imposible escuchar a Vishous. Debía estar furioso. O preocupado-. Está bien, yo hablo con Z y Rhage. Nos quedaremos quietecitos donde estamos hasta que los chavales nos den una posición a dónde ir.

-Yo cojo el Escalade.- Butch odiaba no poder desmaterializarse-. En un cuarto de hora estoy en el centro. Voy a informar a Wrath y a Tohrment.

-Dile a Tohrment que pegue la oreja a la emisora de la poli. Si hay un ataque, la pasma se enterará también.

-Cambio y corto, V.

Mierda divina. Si una banda humana con restrictores infiltrados en ella atacaba cualquier cosa, no sólo tendrían que preocuparse de sus chicos, también de la poli humana.

Butch juró entre dientes mientras corría por el túnel subterráneo, ajustándose las correas al trote. Vishous había tenido razón con sus “sensaciones”, como siempre.

Sólo cabía esperar que la Hermandad no llegara tarde para ayudar a los chicos.

OOO

-¿Preparados?- Carlos, “el Rey Sol”, amartilló su escopeta con un “clac” seco, repasando con orgullo a sus tropas.

Un centenar de hispanos, casi toda la banda de los Almighty Kings and Queens gruñó en respuesta, bajando de los coches que habían aparcado en un descampado, estratégicamente situado cerca de la salida de la ronda que les llevaba al norte del barrio fabril. Estaban a unos 150 metros de la antigua fábrica de la General Motors, la que, según aquel negro de la casa de empeños, albergaba el cuartel general de los Bloods, incluyendo a su jefe.

El plan era sencillo: entrar, aprovechar la superioridad numérica y matar.

Lo único que lamentaba era no contar con un armamento mejor. Los AKG podían controlar parte del tráfico de drogas de Caldwell, el que procedía de los cárteles de América del Sur, pero no el comercio de armas. Eso se lo habían apropiado los Bloods. Sus hombres llevaban lo que se podía comprar en una armería o una tienda de caza -escopetas, pistolas semiautomáticas, recortadas- y artilugios de fabricación casera, como cócteles molotov.

Así que su mejor posibilidad era entrar por la gran puerta principal de la fábrica y tirar a matar.

Miró de reojo a su segundo, Felipe, que sonreía como un jodido demente.

-Vamos a por ellos.

OOO

Blaylock y Xhex corrieron hasta sacar el hígado por la boca. Era la segunda vez que ampliaban el radio de la búsqueda de los tres hispanos a los que John había oído hablar alrededor del “Señor Lobo” y aún no les habían encontrado. Podían haber cogido un coche. O podían haberse metido en un edificio, y en ese caso ellos…

Algo en el rabillo del ojo le hizo pararse en seco. Ahí estaban. Tres tipos con cazadoras brillantes con los colores de los AKG. El más grande y calvo era el que le había llamado la atención, pero los otros dos coincidían con la descripción: uno con rastas y otro con camiseta de tirantes y los brazos tatuados. Estaban en la acera justo delante del Xtreme Park, y uno parecía estar abroncando a un recién llegado que se ajustaba los pantalones bombachos. El calvo hizo un gesto de apresurarse y saltó a un Chevrolet negro deportivo, tuneado como una puta nave espacial, con luces de neón azules en los bajos.

Benditas fueran las ganas de destacar de los pandilleros. Al menos, sería más fácil seguirles.

-Xhex…

La hembra ya tenía el móvil pegado a la oreja.

-Qhuinn, delante del Xtreme Park. Chevrolet negro, luces de neón azules en los bajos. Blay y yo nos iremos desmaterializando para seguirles. Te daremos la posición que sigan.

Blaylock amartilló las armas mientras Xhex hablaba, maldiciendo en silencio. Si esos cuatro a los que seguían llegaban tarde a “la fiesta”, quería decir que el ataque que fuera a llevar a cabo el grueso de la banda, restrictores incluidos, ya podía haber empezado. En ese momento, podían estar atacando alguna casa de civiles de su raza. O alguna empresa regentada por vampiros.

Casi le dio ganas de gritarles para que se movieran de una santa vez.

El Chevrolet tuneado arrancó, con los cuatro pandilleros a bordo, y Xhex y él intercambiaron miradas. Aguardaron hasta ver qué dirección tomaban y se desmaterializaron cien metros hacia allí, tomando forma por delante del coche. Lo vieron pasar, verificaron la dirección y volvieron a desmaterializarse algo por delante. Era una técnica costosa en energía y en concentración, que les iba a dejar a ambos exhaustos, pero la única manera en que podían seguir a un coche en marcha yendo a pie hasta que Qhuinn les alcanzara.

El Chevrolet paró en un semáforo al final de la calle Trade, cerca del IronMask, y a Blay le dio el tiempo justo de llamar a Qhuinn por marcación rápida, dándole la posición.

-Mierda, por ahí sólo pueden ir a un sitio.- su amigo también parecía haber olvidado todo su drama personal-. Al Hot Metal Bridge.

Cierto. El puente de acero que conectaba las dos orillas de Caldwell por encima del río Hudson en esa parte de la ciudad era un homenaje a las grandes industrias metaleras del pasado y la desenbocadura natural de la calle Trade. Así que los pandilleros se dirigían a la orilla norte de la ciudad.

¿Para qué mierda?

Blay no tuvo tiempo de hablarlo con Xhex porque el Chevrolet volvió a ponerse en marcha y colgó el móvil. Bastante tuvo con concentrarse en que sus células se disgregaran y volvieran a solidificarse con exactitud. Tampoco pudo llamar a la Hermandad para darles una posición porque no tenían ni zorra idea de a dónde iba aquella gente.

Lo único que pudieron confirmar es que, tal como creían, el Chevrolet cruzó el Hot Metal Brigde, desembocando en la gran ronda que recorría toda la orilla norte de Caldwell. Xhex y él tomaron forma en las sombras de la cuneta, exhaustos. Dieron un sobresaltado paso atrás cuando la gigantesca mole negra de un Hummer abandonó el carril de circulación para parar derrapando en el arcén, a pocos metros de ellos.

John abrió la puerta de la parte trasera, haciéndoles señas con las manos y ambos se precipitaron dentro del Hummer con gruñidos de alivio. Un par de desmaterializaciones más y a Xhex y él les habrían dolido hasta las jodidas pestañas.

Qhuinn se reincorporó al tráfico cuando John aún estaba cerrando la puerta, quemando ruedas, sin poner el intermitente y haciendo valer la chapa reforzada del inmenso Hummer. Blay se tuvo que agarrar al cabecero de un asiento para no rodar como un bolo cuando su amigo empezó a cambiar de carril como un maniático suicida, intentando no perder los neones azules del Chevrolet con los pandilleros. Gracias a la Virgen, incluso en una ciudad como Caldwell el tráfico no era demasiado denso a media noche.

-¿Habéis avisado a la Hermandad?- Blay seguía aferrándose al asiento por su vida.

-Sí.- los ojos de Qhuinn eran dos agujas clavadas en el coche al que seguían-. Están sobre aviso, pero no les he podido dar una posición.

Ni podrían hasta saber dónde mierda iban…

-Que me jodan.- Xhex masculló en voz baja, sacando una pistola de su chaqueta.

El Chevrolet con los cuatro hispanos a bordo tomó bruscamente una salida de la ronda. Exactamente la que iba a dar a la parte norte del barrio industrial. Blay parpadeó como si tuviera visiones.

-¿Pero a dónde van? ¡No hay ningún vampiro que viva ahí!

Ni siquiera los civiles más humildes se refugiaban en los bloques destartalados que sobrevivían entre los esqueletos de los astilleros, las fábricas y las vías del tren. Los vampiros más desfavorecidos alquilaban bloques de apartamentos al sur del barrio latino o viviendas rurales aisladas.

¿Qué coño buscaban los restrictores y los Almighty Kings and Queens allí?

La respuesta la dio Xhex.

-Ese es terreno de los Bloods. Negros. La banda rival de los AKG.- la hembra se sacó una daga de la bota y se crujió el cuello-. Los hispanos van a atacarles en su terreno. Y nosotros nos vamos a meter en medio.

“¿Y qué hacen unos restrictores atacando humanos?”, John hizo la pregunta que todos tenían en mente. ”Se supone que deberían estar rastreando vampiros, joder”.

-No tengo ni idea.- Xhex miró un momento a su hellren antes de fijar la vista en el Chevrolet, a través del cristal delantero del Hummer-. Pero esto me huele mal.

Blaylock llamó a la Hermandad y esa vez contestó Tohrment.

-Vamos hacia el barrio industrial. Hemos pasado el Hot Metal Bridge, la ronda y la salida norte.- informó.

-¿A dónde demonios van esos hispanos?- Tohr estaba tan desconcertado como todos, al parecer.

-No lo sabemos. En cuanto tengamos una dirección más precisa, os llamamos.- Blay contempló de reojo el perfil tenso de Qhuinn al volante.

-Tened cuidado, hijos.

El pelirrojo colgó el móvil, reprimiendo las ganas de enlazar la mano de Qhuinn con la suya.

Algo no iba bien. Nada, nada bien en la noche.

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55 comentarios to ““Amantes liberados”, parte 1 del capítulo 3, “Aturdido””

  1. JODER JODER JODER JODER COÑO COÑO COÑO…GENIALLLLL…..nada mas que hacer..a leerlo de un tiron!!!! muack muack para ti vaneeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee

  2. Patricia Says:

    BUENISIMO GRACIASSSSSSSSSSSSSSSSSS!!!!!!!!!!! Ahora a leerlo. Luego nos vemos. Me alegraste el finde. Gracias

  3. Pitufina Says:

    Gracias!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
    Atracon de lectura aqui vamos!!!!!!
    Muchos besitos desde Portugal!!!!!!!!!!

  4. Ay qué nerviosssssssss!!!!!!!!!!!!!! Voy a leerlo ahora mismo!

  5. Ahhhhhh, brinqué de mi silla y grité y me ven como si estuviera loca (dije,q estoy en un restaurat) niña, ahora no puedo leer pero gracias gracias, no puedo esperar ……

  6. lumross Says:

    Me largo a leer… Si!!!!!!!!!!!

  7. lumross Says:

    Mil gacias Vane…!!! Eres una diosa… Me largo a leer ahora mismo

  8. Vane, vane, vane… Muñeca preciosa!!! Gracias una vez más x el esfuerzo de cumplir con tus seguidoras.
    Acabo d despertar cagada d calor en esta part del continent, para vengas vos con tu maravilloso talento a sofocarme aún más!!! ja ja
    Aunq ahora tnia q terminar un libro PEDORRO q estoy leyendo, xq debo leerlo aunq me muera por empezar con el capí YA…xq como obsesiva q soy no puedo dejar las cosas x la mitad…
    En fin, gracias mi diosa de las letras, luego cuando termine de leer el capi volveré a comentar… Besots gigant dsd Arg!!!!

  9. vaaneeeeeeeeeeeee…. te adoro, te adoro, te adoro!!!
    grraacciiiassss

  10. Vane, simplemente… TE QUIERO!!!!

  11. anaekha Says:

    he muerto y voy de camino al cielo….

  12. Laura Says:

    Vane, muchísimas gracias, estaba tan ansiosa esperando el capi que casi me muero. Gracias otra vez! Un beso desde Brasil!

  13. monika Says:

    wiiiiiiiiiii a leer de a dicho!!!!!!!!!!!!!

  14. magola Says:

    vane me he quedado sin palabras coherentes para poder comentar despues de estos extraordinarios capis, mañana les doy un repaso, y tiempo a mis neuronas de recuperarse. me dejas boquiabierta, con cara alucinada y un gran etc.., eres la mejor. aahhh! algo muy importante, como yo me leo los capis en fanfiction.net. he de decirte que la parte 2 del capi 3 no corresponde con el que está subido en el blog, sino que has subido un capi repetido en su lugar. aaayyysss si es que las prisas no son buenas, y nosotras te presionamos mucho, mil disculpas,corrigelo cuando puedas, porque vaya cara que se me ha quedao cuando he querido seguir leyendo y era capi repetido, menos mal que se me ha encendido la bombilla y me he venido rauda y veloz a ver si en el blog estaba bien subido, a dios gracias así ha sido. bueno hasta mañana porque estoy cansadisima, gracias por todo princesa. un abrazo.

    • ¡¡Lo sé, me lié de Word a la hora de subir el capi en Fanfiction!! Ya está corregido, muchas gracias a todas las que me habéis avisado porque si no yo ni me entero ^^; Más que las prisas, que estaba cayéndome de sueño por las esquinas y ya ni veía.

      ¡¡Un besote, cielo!!

    • ¡¡Hola!!!! Tranqui por el repaso de los capis, que tienes todo el tiempo del mundo (de aquí que saque la siguiente parte van a pasar días ^^) Con la calma…
      ¡Un besooooooooo!!!

  15. adara Says:

    Siiiiiii que emoción, acabo de revisar mi correo y me encuentro con la más emocionante sorpresa y es que al fin está colgado el capi….. Graciasssss Vane, eres genial. Ok aún no leo nada de nada, pero apenas termine de escribirte empezaré a hacerlo. En estos momentos son las 10:30 pm, espero no quedarme ciega leyendo, pero de que estaré aquí todaaaaa la noche lo estaré. Besos Vane, espero estés bien. Mis comentarios cuando termine de leer todo. =)

    • ¡¡¡Argh, mala hora para empezar a leer, nena, con el rollazo que es vas a ver amanecer delante del PC!!!! (vale, quizás no tanto pero casi).

      ¡¡Besoooooooooooooooooos!!!

  16. lumross Says:

    A por la siguiente parte…. ^_^

  17. Por dios!!!!!!, me he quedado de OMG!!!!!!!, esto es aaaaaaaa!! que nervios, tengo que seguir leyendo que paso, y aaaaaa!!!!

    • ¡¡Aaaaaah, espero que te gustaraaaaaaa!!! ^^ En realidad quería cortar la primera parte cuando estaba todo el mundo medio muerto, pero quedaba realmente demasiado larga, así que corté por aquí^^

  18. esminge0521 Says:

    Fantassssstico…. Un placer leerte como siempre….. jijij..¡¡voy aaaa seguirrrr!!!…. Besossss

  19. Black Says:

    Ok. Correcto. Leido. Nos vemos en el siguiente. Eres una diosa Vane. Un beso.

  20. pakea Says:

    ¡¡¡ ya está !!!, me he levantado pensando en eso…y me dicen que no voy a poder usar el ordenador en el finde…, ¡¡Pero no me importa!! *con sonrisa desquiciada y hablando en susurros* ya lo he pasado a pdf y lo he cargado en mi ebook, pero shhhhhhhh
    Ya comentaré algo cuando pueda. ¡¡¡GRACIAS, VANE!!!

  21. Ay Vane mil gracias, por finnnnnn *grito histérico* anoche se me cayo el Internet y no paraba de dar vueltas a la cama de pensar si lo arreglaban hoy *por lo tanto y como venganza madrugue a molestar a mi proveedor* la suerte es que hoy sábado trabajo medio día y en la oficina si tengo conexión pero no podía iniciar a leer antes de expresar mi alegría yupiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii *saltando y dando vueltas como loca ¿sera que mis compañeros de trabajo se dieron cuenta?ummmmmmm* bien lo descargare y lo leeré en mi pc esta noche *suspiro en medio de un temblor en el cuerpo* besitossssss y descansa te lo mereces

    • Disimula, mujer, ¿qué es eso de leer en el trabajo? *carraspea, haciendo ver que no está haciendo justo eso en este momento*

      Bueno, si te consuela, el viernes cuando intenté encender el PC para colgar el capi no funcionaba ¡¡Se jodió la electricidad de toda una parte de la csas, incluida la habitación del PC!! Cableé medio maldito piso con alargues y tal hasta que conseguí encender el PC. Al final resulta que había saltado un fusible….

  22. rouge_456 Says:

    Cariño muchas gracias por esta parte del cap…. Otra vez he vuelto a resistir la tentación…. jooo que me compraré un usb que se lleve como llavero… porque no tengo donde respaldarlo T^T… será para el lunes… que domingo mi casa revienta de invitados, y ni tiempo de acercarme a la lap…

    Besos y disfruta de lo que queda del finde

    • ¡¡Tranqui, el capi sigue ahí! Por aquí hay gente que tiene ebooks y esas cosas tan chulas para leer en todas partes. Qué pena que no me trajeran uno los Reyes *hace pucheros*

  23. adara Says:

    Regreséeeee !!!! Bien esta primera parte me tenía con los nervios de punta, sinceramente mi corazón iba a millón con lo que iba leyendo. Es cierto que hay mucho de los malos en esta parte, pero me pareció bien, bueno a mí me gustó porque cada cosa tiene sentido y la trama está estupendamente contada. La parte donde entran V y Butch me encanta y sobre todo los consejos que les dan a Blay y Qhuinn.

    En fin,, para qué alargar tanto el comentario si total voy a decir que me encantó !!!! Gracias Vane,,, besos =)

    • ¡¡Hola guapa!! Mucho malo sí, pero intenté darles un historia que pueda justificar el armamento de que disponen unos (los Bloods) y las reacciones que tendrán en capis posteriores (además de ir estructurando la pelea de la siguiente parte). ¡¡Qué alivio que no se te hiciera pesado!!

      V y Butch son imprescindibles *les achucha a pesar de sus reticencias* ¡¡Gracias y un gran beso!!!!

  24. Vishiosa Says:

    Esta geniallll. Corro a leer el siguiente capitulo. Me ha encantado que V y Butch adopten a estos dos. Dios Vane, cada vez que leo la palabra “culo” me recorre un gusanillo por la tripa, jajajajaja.

  25. Nadesda Says:

    !!! Que bárbaro !!! no tengo palabras para describir lo emociona q estoy con este capítulo gracias mil gracias

  26. Muy bueno. Debo remarcar lo bien ubicada que estás en la ciudad, las descripciones todo….de las bandas. Muy bueno.

    sigo leyendo ^^

    • ¡Gracias guapa! Bueno, en realidad la ciudad de los libros sólo tiene algunos puntos definidos (la calle Trade, el Xtreme Park, el barrio victoriano, el Commodore y el río Hudson). Para poder mover a los guerreros pateando calles -y viviendo sus vidas, que también van a sitios a tomar algo-, y a bandas, necesitaba crear una ciudad de verdad ^^, Con sus calles, sus comisarías, barrios. Nombres propios, vaya. Así que pillé el Google Maps y me puse a construir Caldie ;P ¡Me alegro de que te haya gustado!

  27. ¡¡¡Síiiiiiiii!!!! Vamos a por ellos !!!!!
    Soy nueva en estos lares. descubrí este blog buscando fanfics de nuestra Hermandad e hice el descubrimiento del siglo. Me leí AR en dos días y ahora he seguido con AL. No he podido resistir la tentación de escribir un comentario, es lo más bueno que he leído en fanfics. ¡Felicidades! Has adquirido una nueva admiradora.

    • ¡¡Hola guapa!!^^ Bienvenida por aquí y muchas gracias por haberte animado a escribir 🙂 Me alegro de que la historia te esté gustando por el momento, esperemos que, a medida que avance, también lo haga, aunque la cosa se pone peliaguda en bastantes capis ^^;

      ¡¡¡Muchas gracias y un besote!!!

  28. Deseando leer la segunda parte. Gracias por esto es genial.

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