“Amantes liberados”, capítulo 4, “En medio”, parte 1

¡¡Por fin!!! Capítulo 4 acabado. En realidad, me voy a tirar yo la primera piedra: esto es una monstruosidad aberrante. Son 160 páginas, lo cual, en un libro, equivaldría más a o menos a la mitad, dividida en 6 o 7 capítulos. Si yo escribiera el fic de una sola vez, entero, supongo que luego sabría redistribuir mejor el contenido de cada parte para imitar los capis de un libro pero no es así. Aún tengo mucho que aprender, así que este capi sólo tiene 3 partes.

Perdón por la tardanza en actualizar pero, además del tiempo que se necesita sólo para poner una palabra detrás de la otra (y que tengo muy limitado), está el tiempo para diseñar el argumento, para meditar cada escena, reescribir las que no salen bien y ordenar el conjunto. Pero lo primero es lo primero: ¡¡¡¡¡MIRAD QUÉ BELLEZA DE BANNER (creo que se llama así) HA DISEÑADO NANACULLEN PARA “AL”!!!!!! Mil millones de gracias, guapa, no sé muy bien qué he hecho para que pierdas el tiempo en crear esta preciosidad, pero ¡¡¡me ha llegado al alma!!! *sopla un besazo sentido*

Y ahora… *repasa su larguísima libreta de notas* Veamos, este capi tenía varios objetivos temáticos: que la Hermandad averigüe quién está detrás de las dos bandas en las que hay restrictores; contactar con José de la Cruz; explicar las reacciones de los jefes o segundos al mando de las dos bandas sobre la información que conocieron en el capi anterior (que son parte de una guerra ancestral contra vampiros) y hacer avanzar la trama de las hembras secuestradas por Lash.

En el plano emocional, este capi trae el reacercamiento de Rhage y Mary; la introducción de cierto pequeño personajillo que será vital para ellos dos; la continuación del embobamiento de Layla por Qhuinn y su brusco choque con la realidad; la explicación de cierto pasado doloroso de Saxton y su proceso aún más doloroso de admitir cómo son las cosas.

Y -los chicos para el final-, había que ver cómo Qhuinn y Blay intentaban seguir con sus vidas; cómo ciertos hermanos les intentan echar una mano -vale, V no. V nunca echa una mano- y cómo hay algunas cosas que, al final, no se pueden negar 😀 Éste es el capi central de la maduración de Qhuinn, por eso veréis mucho de su punto de vista, igual que el próximo será el vital para Blay.

¿Me perdonáis ahora el rollazo éste?

Más notitas. A ver, los créditos de “Fanjodidobuloso” van para Argent, ¡¡sois mi diccionario de expresiones Qhuinneras!! Las explicaciones sobre el acero de Damasco, que he adjudicado como el que V usa para las dagas tanto de los soldados como de la Hermandad (ennegrecido, en este caso), son verídicas. También me gustaría recordar que el hecho de usar a bandas no presupone ningún juicio moral por mi parte ni sobre este fenómeno ni sobre personas de distintos países de América Latina. Así, el pasado que le otorgo en esta parte a Felipe, el segundo al mando de los AKG, es sólo una manera de explicar su historia violenta personal, no implica juicio alguno contra los salvadoreños ni un intento de tomarse a la ligera la complicada historia del FMLN. Finalmente, lo que hace Ahna con su hija, por desgracia, no me lo he inventado yo. Lo leí hace años en un artículo sobre una mujer que había muerto maltratada por su marido y había intentado proteger a su bebé :C

Bueno, tengo las otras dos partes del capi ya escritas, pero que me falta revisarlas. No me dará tiempo de colgarlas esta noche (horario español), pero las tendréis a lo  largo de la mañana de mañana, ¿vale? Eso será lo primero que haré, luego empezaré a contestar vuestros comentarios atrasados, empezando por los posts anteriores (y a recontar cuál es la portada más votada para “AR”), después intentaré crear un archivo de fics con los consejos que me habéis dado y, luego descansaré^^;

¡Ala, vamos al tajo! (ya me comentaréis y/o arrojaréis piedras si os apetece)

CAPÍTULO 4. EN MEDIO. PARTE 1

La vida es muy parecida a una hoja flotando en un río.

A veces te atrapa un remolino, pierdes la perspectiva y dejas que la corriente te arrastre a un afluente ciego, hasta desembocar en una balsa embarrada. Todo lo que sientes es el fango tirando de ti hacia el fondo, haciéndote cada vez más pesada, ensuciándote. Dejas de sentir las corrientes y ésa es tu nueva realidad.

Dejas de poder ver el río.

Hasta que llegan las lluvias torrenciales, que no recordabas que existían. La balsa embarrada se llena de agua que gira con violencia y la lluvia te devuelve al  gran río. De forma inesperada. Por las malas. La corriente renovada puede desmenuzarte. O puedes recordar la fuerza vigorizante del agua, la energía que te da volver a unirte al fluir de las grandes corrientes.

Sí, a veces una tragedia consigue que vuelvas a apreciar lo importante de la vida. Mary Luce sólo podía rogar que no fuera demasiado tarde.

Tenía el cuerpo dolorido de las horas pasadas en esa silla en el centro médico de la mansión, los ojos enrojecidos y llorosos, tanto de las lágrimas derramadas como de las más de 24 horas que llevaba sin dormir. No habría podido hacerlo ni tomándose un bote entero de barbitúricos. Alargó la mano izquierda por enésima vez, asegurándose de que las sábanas impolutas cubrían a Rhage para que no cogiera frío allí tumbado. La mano derecha la tenía bajo las sábanas desde hacía horas, ciñendo los dedos inertes de su guerrero, y no pensaba soltarle.

Nunca más.

No había rezado ni una vez por Rhage durante todo el tiempo que llevaba inconsciente, ¿para qué? La Virgen cristiana no la escucharía, su macho no pertenecía a su rebaño. Y la Virgen Escribana ya le había dado a Mary el regalo más grande que podía: una vida larga y de salud junto a su hellren. Mary había olvidado los dones que había recibido, la bendición de la que disfrutaba: una vida plena, un trabajo que adoraba, una gran familia y un macho que la amaba por cómo era ella, ni demasiado hermosa ni una de su especie, sólo Mary.

Era una privilegiada, lo había olvidado para rebozarse en el lodo de algo que no podía cambiar y, por su culpa, su macho había tenido un pie en la vida y otro en la muerte.

Mary no se engañaba: Rhage estaba destrozado porque le habían disparado con algún arma militar de gran calibre, sí. Y porque se le había derrumbado encima parte del techo de una fábrica, también. Pero nada de eso habría sucedido, o habría sido más leve, si Rhahe no hubiera estado rabioso, frustrado y nervioso. Nada de eso habría sucedido si ella no se hubiera alejado de él, dejándole a solas con una Bestia que también la necesitaba.

Rhage siempre la había necesitado. Tal como era.

La reserva inagotable de lágrimas que parecía poseer volvió a hacer acto de presencia y Mary se las secó con la mano izquierda libre, mirando su entorno con un parpadeo rápido. Pasaban pocos minutos de las cinco de la madrugada, pronto amanecería y estaban solos en las dependencias médicas. Qhuinn se había marchado por su propio pie al principio de la noche, y a John le habían enviado a su habitación hacía unas horas, herido pero consciente, con Xhex a su lado. La hembra no había derramado una sola lágrima pero tenía el rostro duro muy pálido.

Ehlena, Manello y Vishous habían hecho turnos para cuidar de los tres heridos. La hembra le había traído un chocolate caliente que Mary no había tocado y la había abrazado con calor; Manello le había apretado el hombro con una sonrisa confiada después de cambiar los vendajes manchados de Rhage, V había contemplado a su Hermano como si lo estuviera desafiando a vivir en vez de morirse como un maldito cobarde, y luego había asentido en su dirección sin decir palabra, a su ruda manera de preocuparse.

¿Cómo podía haberse sentido tan sola cuando tenía tanta gente que la quería a su alrededor?

-Soy idiota.- murmuró para sí, trasteando en el bolsillo de su blusa para sacar un pañuelo limpio y secarse los ojos con una sola mano.

-Pero… te quiero… igual.

Mary estuvo a punto de chillar al escuchar esa voz ronca, dolorida. La mano de Rhage apretó sus dedos con fuerza temblorosa y ella se levantó de la silla de golpe, temblando, sin soltársela.

-¿Rhage? Oh, por favor, por favor… mírame.- retiró el pelo rubio de su cara, todavía húmedo después de que ella se lo hubiera lavado con una esponja para retirar los restos de sangre.

Los párpados del macho aletearon con un esfuerzo que le partió el corazón antes de revelar dos rendijas de un azul eléctrico. Los labios de Rhage temblaron un momento antes de conseguir esbozar una sonrisa débil.

-Hola, leelan

Las lágrimas de Mary iniciaron una fuga en masa de la prisión de sus ojos y  pintaron tiznones en sus mejillas. Se frotó la nariz con el dorso de la mano, dejándosela roja, y sonrió mientras sorbía.

-Hola… Menuda visión para despertar, ¿eh?

Los ojos de Rhage se abrieron un poco y la sonrisa se hizo más firme; sus dedos la apretaron con más fuerza, como si su sola presencia le ayudara a recuperar el vigor.

-No querría… ver… otra cosa. Eres… preciosa, mi… Mary.

Ella supo que Rhage lo decía en serio. Siempre lo había dicho en serio. Rhage nunca había visto las cicatrices que la quimio y los tratamientos contra la leucemia habían dejado su cuerpo como algo abominable. Nunca la había visto como un vientre yermo. Era su Mary. Rompió a llorar como si le estuvieran arrancando las entrañas, agachando la cabeza porque no quería que Rhage la viera en pleno proceso de desmoronamiento pero incapaz de irse a otra habitación.

-Shh… toda va bien, Mary.- un brazo enorme y pesado la rodeó por los hombros para atraerla hacia él y Rhage ronroneó por lo bajo cuando ella enterró la cara contra su cuello, con cuidado de no lastimarle-. Ahora todo va bien.

-L-lo siento. Rhage, lo siento mucho, f-fue culpa m-mía.- ella hipó contra su piel.

Notó el estremecimiento de su guerrero bajo ella y no pudo evitar alzar la cabeza al darse cuenta de que era por risa. Los ojos de neón la contemplaban muy abiertos y Mary detecto un brillo de humor.

-Sabía que eras… una guerrera, leelan, pero no… que supieras disparar… un lanzacohetes.- murmuró, conteniendo una mueca dolorida-. Te verías bien con… pantalones de camuflaje.

Ella tuvo que sonreír y luego se incorporó, pasándose las manos por la cara un momento. El gesto le sirvió para serenarse y fue a abrir la boca cuando oyó pasos dirigiéndose hacia ellos. Manello descorrió la cortina que daba una cierta intimidad a su camilla, todavía con bata blanca y un vaso de café en la mano.

-Por fin, Depredador. Creí que le habías cogido el gusto a mi camilla y pensabas pasar aquí el verano.- saludó antes de dar un sorbito pausado al café.

Mary vio que su hellren fruncía el ceño y empezaba a revolverse.

-Rhage, tranquilo, te ha salvado la vida. También a John y a Qhuinn.- sonrió hacia el humano-. Es el mejor cirujano que he visto.

-No le infles más el ego… o despegará.- Rhage seguía con mala cara.

Manello se acabó el café y encestó el vaso en una papelera.

-Mira quién habla. Tierra llamando a Apollo 13, no te jode…- comentó con una ceja enarcada-. Muy bien, sé que estarás deseando largarte de mis reales dominios, pero para eso tengo que hacerte unas placas de ese desastre que te hicieron en las costillas y revisar tus quemaduras. Además de que deberías, um, alimentarte otra vez. Hay Chicas Transfusión en la casa, creo ¿Vas a colaborar o tendré que sedarte como a los rinocerontes, de un disparo en el culo?

Mary se encogió por dentro. Rhage podía estar herido pero nadie en esa habitación podría frenarle si decidía sacudir al doctor por el gaznate. Para su sorpresa, su guerrero se echó a reír. Gracias, Señor.

-Si es para que te pierda de vista y pueda irme con mi Mary, aprenderé a hacer calceta, doc.- Rhage le apretó la mano un momento antes de soltarla para que Manello pudiera empujar su camilla hacia la maquinaria- ¿Sabes? Me recuerdas a Butch cuando llegó aquí.

-¿También le jodisteis la vida? – Manello gruñó mientras conducía a Rhage al box de pruebas-. Cristo, ¿qué mierda comes? Pesas como el puto monstruo Comepiedras.

Mary oyó la risotada de Rhage y supo, sin necesidad de radiografías, que todo iba a ir bien. Por primera vez en 24 horas, se permitió relajarse en la silla, moviendo el cuello en círculos para desentumecerse. Cuando abrió los ojos, alguien le estaba tocando la mano con suavidad. Debía haberse quedado dormida. Se desperezó y parpadeó para encontrarse a Rhage sentado en una silla de ruedas, muy rígido, y vestido con ropa verde de quirófano que le iba demasiado pequeña.

-Rhage… Creo que me he dormido, ¿cómo estás?

-Las costillas han soldado, pero dice el doc que aún están tiernas.- Rhage torció el gesto, pasándose la mano con cuidado por el pecho-. Las quemaduras ya no supuran, pero no estoy muy sexy, que digamos. Tengo la piel como Freddy Krueger, es mejor que vaya vendado hasta que regenere del todo o pedirás el divorcio. Manello dice que, si descanso hoy, por la noche ya podré caminar bastante bien. Pero Wrath se va a mosquear: estaré sin pelear un par de días.

-Wrath lo entenderá, tendrías que haber visto su cara mientras os operaban. Lo primero sois vosotros. Somos familia.- suspiró.

-Mary…- Rhage alargó la mano y entrelazó los dedos con los de ella, acunando su pequeña mano en el regazo-. Quiero que dejes de pensar que fue culpa tuya, ¿vale? Esto es la guerra, cosas así pasan. Y yo llevo un bicho dentro bastante imprevisible.

Ella meneó la cabeza.

-Si las cosas entre nosotros hubieran estado… bien, no te habrías transformado tan rápido. Habrías podido controlarlo más y no te habrían pillado desprevenido.- se mordió el labio, bajando la mirada-. Lo siento, Rhage. Me paso la vida aconsejando a los demás cómo superar los traumas y dejo que los míos hagan daño a quien más quiero. Sólo vi mi dolor, no lo que te estaba haciendo.

La manaza de Rhage, que podía partir el cuello de un enemigo con un chasquido, recorrió su rostro menudo con la delicadeza de una figurita de cristal.

-Mary, escucha.- la obligó con suavidad a mirarle-. Te quiero a ti. Como eres. Todos los guerreros tenemos cicatrices, se vean o no. Lo que te pasa… que no podamos tener hijos… son las tuyas, las que ha dejado tu guerra contra la muerte. Si respeto a mis Hermanos, que son un montón de chiflados de loquero, con sus cicatrices, ¿cómo demonios no iba a amarte tal como eres?- los ojos de Rhage brillaban en su solemnidad-. No cambiaría nunca un hijo por tenerte como shellan, Mary Madonna Luce. Nunca.- besó la mano que le enlazaba.

Malditas lágrimas, no había manera de conseguir que obedecieran.

-Pero eres un guerrero. Un Hermano. Eres tan… tan…- lo miró en su totalidad, intentando abarcar el exceso de masculinidad que era Rhage-. Yo soy humana y tan… poquita cosa. Quería darte un hijo. Quería tener un pedacito de ti.

-Me tienes entero, Mary.- se inclinó hacia ella, sentado en la silla, para rozarle los labios con suavidad- ¿Poquita cosa? ¿Te parece poquita cosa ser la única hembra en la que puedo pensar, la única que amo y que deseo? ¿La única que puede controlar a mi Bestia? ¿La persona que ha sobrevivido a dos leucemias? ¿A la única que acuden las fieras salvajes de mis Hermanos para encontrar paz?- le dio un apretón en la mano- ¿Eso te parece poca cosa? Mierda, leelan, yo solo mato. No sé hacer nada más.- frunció el ceño-. Degüello, apuñalo y rompo huesos. Sólo sé destruir. Yo sí que soy poca cosa a tu lado.- cambió al Idioma Antiguo, pronunciando una bella cascada de palabras con los ojos fijos en los de ella.

-¿Qué significa?- de pronto se sentía serena.

Tú me honras siendo mi shellan, mi rahlman, mi compañera. Yo soy quien se siente humilde ante ti. Todavía no sé en qué honor he incurrido para que me aceptes a tu lado.- sonrió y el gesto tuvo un poco de travesura-. Y me encantaría que me permitieras demostrarte cuánto te quiero.

No precisamente regalándole flores, a juzgar por el brillo en su mirada. Mary rió entre lágrimas y se levantó, inclinándose hacia Rhage para poder abrazarle, la cabeza rubia contra su pecho.

-No vas a demostrármelo hasta que no estés curado del todo. Pero luego… – apoyó los labios contra los de él un largo momento-. Luego me gustaría… poder estar entre tus brazos.

-Estarás algo más que entre mis brazos…- la nariz de él se frotó peligrosamente entre sus pechos.

La risa de Mary sonó verdadera desde hacía mucho tiempo. No podría tener hijos, cierto. Eso era algo que nunca podría cambiar y que siempre sería un poso de tristeza en el fondo de su corazón. Pero tenía que empezar a aceptarlo para que no perjudicara lo que tenía: un hellren que la adoraba por ella misma, no por lo que pudiera salir de su vientre. Sería un proceso largo y esa madrugada no era más que el primer paso, pero no iba a volver a fallarle. Además, podían adoptar, quizás aquel podía ser su camino.

Dentro de un tiempo. Cuando se hubieran recuperado a ellos mismos como pareja.

Mary acabó de secarse los ojos y le plantó las manos en los hombros cuando Rhage intentó levantarse de la silla de ruedas.

-¿Qué crees que estás intentando hacer?

-Ah… ¿levantarme?- enarcó una ceja rubia, como si la cosa fuera obvia.

-Ni loco. El doctor te ha dicho que podrías moverte bastante bien esta noche si guardabas reposo todo el día y eso es lo que vas a hacer, grandullón. Te llevaremos a la habitación en la silla, no quiero que fuerces tus costillas.

-De acuerdo.- Rhage volvió a sentarse, sonriendo de medio lado-. Intenta empujarme… pequeña.

Lo intentó. Con todas sus fuerzas. Hasta que tuvo que detenerse cuando sólo había recorrido tres metros y los pulmones se le escapaban por la boca del esfuerzo.

-¿Te rindes?- él la miró por encima del hombro, repantigado en la silla.

-Nunca. Buscaré refuerzos.

Al final, Manello y ella tuvieron que arrimar el hombro para poder empujar la silla con Rhage hasta el recibidor, subirla en el remontador que habían instalado en la baranda de la gran escalera -exigencia de V para que Payne pudiera moverse con libertad por la casa- y conducirlo a su habitación. Mary habría jurado que Rhage aguantaba la respiración para pesar aún más, pero se dejó hacer sólo porque ella le había pedido que se cuidara.

Cuando Manello se despidió de ellos ante la puerta de su cuarto, con Rhage silbando una alegre cancioncilla, Mary no se dio cuenta de que el doctor humano sonreía al mirarles.

OOO

Horas después, al mediodía y a unas cuantas puertas de distancia, Blaylock miró con sobresalto el número que se iluminó en la pantalla de la Blackberry cuando ésta sonó.

Su casa.

Justo el tipo de llamada que no quería contestar. Sentado en su escritorio, con los montones de reglamentos policiales que Butch le había dado pulcramente repartidos en montoncitos, Blay sostuvo el móvil en la mano antes de suspirar y descolgar. En algún momento tendría que hablar con sus padres y esa ocasión no era peor que cualquier otra.

-¿Sí?

-Hola, hijo.- la voz de su padre al otro lado le hizo poner en guardia como un escuadrón de restrictores, una reacción que nunca había tenido- ¿Te he despertado? En casa solías levantarte pronto, pero ahora ya no sé qué horario haces.

-Estoy despierto, papá.- en realidad, no se había acostado aún-. Estaba… estudiando.

-Eso es bueno, Blay, eso es bueno. Tu madre se alegrará de oírlo.- su padre carraspeó, como si no supiera qué más decir a continuación. Algo que tampoco había ocurrido nunca entre ellos- ¿Cómo estás? Hemos visto las noticias y estábamos preocupados por que te hubieras visto envuelto en ese tiroteo.

Blay estuvo a punto de seguir la rutina de confianza familiar de toda la vida y decirle que sí, que había estado allí pero que había salido indemne. Que Qhuinn había estado a punto de irse al Fade pero también había sobrevivido. Pero no lo hizo. Su madre se pondría de los nervios. Discutirían otra vez. Sus padres se pelearían por su culpa. Además, la historia completa supondría explicarles que Qhuinn y él se habían acostado -por segunda vez- y que lo habían dejado estar porque lo único que conseguían era hacerse daño. Claro, que se habían acostado por él era gay y Qhuinn era… bueno, Qhuinn.

Como no pensaba contarles esa segunda parte, decidió omitir también la primera.

-Estoy bien, no os preocupéis.- murmuró, apretando el teléfono contra el oído. Demasiado consciente de la mentira, fue incapaz de añadir nada más.

¿Desde cuándo las conversaciones con su padre eran casi monólogos? Quizás desde que tenía más cosas que ocultar de las que podía explicar si quería aparentar que todo iba como siempre.

-De acuerdo, de acuerdo.- más de aquel silencio incómodo-. Oye, hijo, tu madre está preparando esa comida de inauguración de la casa, ¿recuerdas?

Blay se quedó rígido en la silla con los ojos clavados en la pared.

-Sí.

-Bueno, pues que sepas que el gran acontecimiento será en un par de días. Tu madre está llamando a Qhuinn para invitarle también.

Tragó saliva con tanta fuerza que estuvo seguro que su padre lo oyó a través del teléfono.

-¿Y… Saxton?

Otro silencio. Más largo. Seguido de un carraspeo y el sonido de un líquido vertiéndose, probablemente té.

-Tu madre ya le ha invitado.

La voz de Rocke tenía un tono neutro. Demasiado neutro. El mismo tono que usaba cuando Blay era pequeño y tenía que hacerle admitir una trastada: nada de enfados, nada de acusación, sólo aquel tono despegado que hacía que creyeras que podías confesar sin que te cayera ningún castigo y luego acababas una semana yéndote a dormir sin postre.

Blaylock cayó en la cuenta en aquel momento de cuánto le jodía ese tono.

-Bien. Ahí estaré.

-Oh, es posible que también venga alguien más. Nada multitudinario ni formal, pero puede que tengamos algún que otro invitado.

Mucho mejor, al menos tendrían alguien más para distraer la conversación cuando Qhuinn, Saxton y él estuvieran mirando cada uno hacia un lado distinto contando los segundos que marcara el reloj de pared.

-Perfecto, no hay problema.

-Sería buena idea que te pusieras un traje, a fin de cuentas eres mi hijo.

Blay inspiró fuerte. Rocke solía decir que un macho no era macho si no sabía vestir bien un traje. “Macho” entendido como “masculino”. Como… “no gay”. Puede que sólo fuera un comentario casual pero algo en el jodido tono neutro aquel le puso sobre aviso. Su padre actuaba como si nadie le hubiera dicho que les habían pillado, a Saxton y a él, cogidos de la mano en pleno barrio gay, pero Blay le conocía bien.

Tuvo la impresión de que la cena iba a ser una encerrona en toda regla. Por parte de su propio padre. El pensamiento le provocó un arranque de ira que le impulsó a levantarse de la silla y a dar dos zancadas por su cuarto.

-No te preocupes, papá. Nunca te he avergonzado, ¿verdad?- replicó con los dientes apretados.

-Claro que no.- Y, al cabo de dos segundos-. Nunca me has dado motivos.

Blay detuvo su caminar en seco.

-Vale. Nos vemos.

Colgó y tiró el móvil sobre la cama con más rabia de la que creía tener para luego sentarse con pesadez, hundiendo el colchón. Dio vueltas al sello de oro con el emblema familiar que su padre le había regalado la noche misma de su transición y que siempre llevaba en el dedo cuando no estaba luchando. Esa noche su padre había resplandecido al ver el magnífico macho en que se había convertido su único hijo. Blaylock se había sentido arropado por sus padres, querido.

Ahora empezaba a pensar que su padre había visto en él la continuación de sus sueños, que había proyectado en su hijo lo que él habría querido ser y que había abandonado en favor de una vida más pacífica: un auténtico soldado, un macho con la educación de la nobleza y el empuje de un guerrero, que perpetuaría la familia dándole hijos y nietos.

Blay no tenía ni idea de cómo podía reaccionar Rocke si se enteraba que no pensaba emparejarse con una hembra jamás en la vida.

Tampoco tenía ni idea de cómo reaccionaría su madre si supiera en el enorme lío en que estaba pensando meterse con todo eso del cuerpo policial para civiles mientras seguía exponiéndose a dejar un reguero de sangre en las calles todas las noches ayudando a la Hermandad.

Era como si sus padres se hubieran convertido en dos extraños hostiles, en dos espías de la glymera que querían controlar su vida.

Teniendo en cuenta que no era capaz de controlarla ni él mismo, la cosa no dejaba de tener un punto psicodélico.

Blaylock se dejó caer en la cama con los pies apoyados aún en el suelo, mirando el techo. Desde que Qhuinn había salido de la habitación, esa madrugada, no había pegado ojo. Normal, los horarios se le habían girado; se había pasado gran parte de la noche durmiendo en vez de despierto. Con Qhuinn en sus brazos. Después de haber hecho el amor. De verdad, no sólo habían tenido sexo. Dejó caer un brazo sobre la cara, suspirando con cansancio. Por la Virgen, habían estado tan cerca… Tan cerca de que Blay le dijera lo que sentía, tan cerca de que Qhuinn admitiera que sentía algo fuerte por él. Pero los debates internos de cada uno habían vuelto a separarles y, por mucho que Blay se sintiera como si algo dentro de su pecho hubiera dejado de funcionar, tenía que aceptar que las cosas sólo podían ser de esa manera.

Joder, llevaba toda su vida diciéndose “tenía que aceptar” cada vez que pensaba en Qhuinn. Primero había tenido que aceptar que su amigo no le deseaba; luego que sí le deseaba pero que no le amaba, y ahora que quizás le amara pero que no estaba en condiciones de dar ese paso, así que lo mejor era que cada uno intentara seguir con su vida.

Podrías intentar que esta vez fuera Qhuinn quien tuviera que aceptar que te ama. Podrías acorralarle y obligarle a admitirlo…

Blay se incorporó de golpe en la cama, como si así pudiera alejarse de su conciencia. Ése no era el camino. No se conseguía nada poniendo a Qhuinn entre la espada y la pared, siempre saltaba hacia el lado incorrecto. Sólo podía esperar que Qhuinn eligiera bien el camino que le llevara a ser feliz en la vida.

Escogerá a Layla y se equivocará. Porque no la quiere.

Esa vez se levantó y paseó arriba y abajo, con los brazos cruzados sobre el pecho, las manos bajo las axilas. Basta ya. Tenía que sacarse a Qhuinn de la cabeza en ese sentido. Aceptar las cosas como eran. Él mismo podía tener otra vida, si lo deseaba, sólo tenía que coger el teléfono.

Antes de pararse a razonar demasiado, marcó un número en la Blackberry, parado en mitad de su cuarto. Contó los tonos de llamada y sólo cuando llegó al quinto cayó en mirar la hora: las 12 del mediodía. Mierda, a lo mejor lo estaba despertando y…

-¿Blaylock?- la voz de Saxton mezclaba el alivio y la sorpresa, transparente como un niño.

No pudo evitar sonreír. Su amante realmente quería saber de él… y Blay se había estado acostando con su primo mientras Sax no había tocado a otro macho en tres meses. El impulso que le había impelido a llamarle se desvaneció de golpe, robándole la voz ¿Qué mierda iba a decirle?

-¿Blaylock, estás ahí?- insistió con una creciente alarma.

-Estoy… sí, soy yo.- carraspeó. Dio dos pasos atrás, sentándose en la silla de su escritorio-. Lo siento. Lamento no haberte llamado y…

-Desde luego eres tú. Eres el único que empieza una conversación con una disculpa en vez de con un “buenos días”.- murmuró Saxton. Su voz grave era como una caricia en el oído a través del teléfono-. Estaba preocupado…

-Lo sé. Tendría que haberte llamado pero estaba… –estaba acostándome con tu primo. Volvió a atragantarse-. Sax, tengo… tengo que explicarte algo.

Su jodida vida estaba llena de mentiras o de verdades a medias. Puede que no supiera cómo solucionar algunas, pero a Saxton no iba a mentirle.

-¿Quieres verme?

-Sí ¿Podemos…?

-No, Blaylock, no me has entendido. Te pregunto si de verdad quieres verme a mí. Al margen de lo que quieras contarme.

Blay comprendió ¿Quería ver a Saxton, quería estar con él? La respuesta, como todo lo que concernía a su amante, era fácil. Estar con Sax era fácil.

-Sí, me gustaría verte. Aunque no sé si tú también querrás después de que te cuente…

-No quiero saberlo.- al otro lado del teléfono, Saxton suspiró y Blay oyó el sonido rasposo de un encendedor, seguido de un exhalar de humo- ¿Sabes lo único que me importa en este momento?

-¿Qué?- Blay tenía la sensación de que algo le apretaba la garganta.

-Que tú me has buscado a mí. Y que quieres verme. Eso me dice más sobre lo que deseas que cualquier cosa que te llene de culpa hasta el punto de querer contármelo.

Blay se encogió, sentado en la silla. Cierto: él había llamado a Saxton, él era quien le buscaba para verse, para continuar con lo que tenían. Pero, ¿lo habría hecho si Qhuinn le hubiera dicho que quería estar con él?

¿Habría renunciado a Qhuinn por Saxton?

La respuesta fue un grito que empezó a resonar en su cerebro y que ahogó sin piedad antes de que los ecos le marearan. El silencio al teléfono se estaba volviendo incómodo, pero Saxton, como siempre, no le presionó. Nunca lo hacía.

-No sé… -empezó para luego morderse la lengua. Otra de las jodidas frases de su vida- ¿Crees que podemos ir a … tomar un café? ¿A algún sitio? Donde tú quieras.

Porque no sería capaz de pisar la casa de Sax. Ni su habitación. Ni su cama. No sintiéndose sucio por haberle engañado con… No vayas por ahí. Necesitaba notar las diferencias entre él y Qhuinn, necesitaba saber que con Saxton también podía hablar de sus cosas, del mundo, de lo que fuera. Que no sólo era sexo, que con Sax tenía la posibilidad de una vida, que él le veía, le escuchaba y hablaban como no podía hacer con Qhuinn. Necesitaba tener argumentos a favor de Saxton.

-Conozco un lugar agradable, el Café des Artistes.- el francés de Sax era impecable-. Te gustará, seguro ¿Quieres que quedemos allí cuando se ponga el sol? Está en la esquina de la calle Wood con la quinta avenida, en el centro.

Blay exhaló con un suspiro de alivio.

-Sí, allí estaré. Aunque… bueno, esta tarde tendremos reunión de coordinación, no sé qué me encargarán pero las calles están revueltas. No creo que salgamos de patrulla ¿No te estaré robando tiempo de trabajo?

Saxton rió al otro lado y a Blay le pareció que su risa tenía un tono de alivio infantil.

-¡Siempre tengo trabajo, Blaylock, pero nunca tanto como para no aprovecharme cuando decides que quieres verme! Aún tengo mis prioridades en el orden correcto.- ronroneó-. No podré compartir toda la noche contigo, sin embargo. Mi primo Eckle me tiene esclavizado.

Blay frunció el ceño.

-¿Eckle?- la sola mención del nombre bastó para que las encías empezaran a escocerle- ¿Qué le pasa?

Saxton exhaló humo un par de veces antes de contestar.

-Me encargó que le comprara una propiedad. Una cabaña pequeña en mal estado a las afueras, ni siquiera sé para qué quiere él algo así. Tenía tanta prisa que accedió en cuanto le dije que había encontrado algo que se adecuaba a los requisitos que me comunicó.- había fastidio en la voz de Sax y, aunque Blay no lo conocía tanto como para interpretar sus matices, creyó que también sonaba dolorido-. Tengo que llevarle la escritura pero primero quiero ir a esa cabaña a retirar el cartel de “Se vende” y a hacerle unas fotos. No me quedaré tranquilo si Eckle compra ese cuchitril sin al menos haberlo visto fotografiado primero. No tengo ganas de que pague su falta de criterio conmigo. Pero dispongo de toda la noche para acercarme allí, primero quiero pasar unas horas contigo.

-¿Eckle te ha… tratado mal?- por la Virgen que Blay empezaba a sumar motivos personales contra aquel snob.

Unos segundos de silencio al otro lado le dieron la respuesta.

-Tengo ganas de verte.- contestó Saxton en vez de responderle directamente.

Si Blay tenía alguna vez ocasión de estar a solas con Eckle, no estaba seguro de que el noble saliera de su charla de una pieza. Pero Saxton no parecía inclinado a llorar sus penas con él, al menos no por teléfono.

-Quedamos en ese café. Si Wrath me pone en alguna patrulla, te llamaré.- prometió.

-Hazlo, por favor.

Blaylock se sintió como una rata de cloaca. He ahí a un macho de valía que disfrutaba de su compañía, que aspiraba a pasar tiempo con él, que anteponía sus citas a que su trabajo en la medida de lo posible porque le consideraba importante y, aún así, él no podía… no conseguía…

Colgó y se quedó largo tiempo mirando la pantalla a oscuras del móvil.

OOO

La prensa, en general, debería ser considerada, a todos los efectos, como la undécima peor plaga de la humanidad. Aunque José de la Cruz no habría sabido decir si tendría que ir antes o después de las pústulas, las langostas y la lluvia de fuego.

-¡Detective! ¿Han acabado ya el rescate de los cadáveres?

-¿Cuál es el balance final de muertos?

-¿Se conocen ya las causas de la gran explosión?

-¿Van a pedir a los militares que declaren el estado de excepción?

-¿La policía se ve capacitada para controlar las calles después de esto?

De la Cruz sorteaba a las decenas de periodistas, fotógrafos y cámaras de televisión apostados desde hacía horas ante las puertas de comisaría sin decir ni pío, abriéndose paso entre ellos a empujones con la boca apretada. Pero el último comentario le sacó de sus casillas. Se giró hacia el crío con un traje barato y un micrófono de radio en la mano con las cejas fruncidas, ignorando los focos clavados en su cara.

-Los ciudadanos de Caldwell pueden tener la tranquilidad de que el Cuerpo de Policía sabe cómo hacer su labor. Los delincuentes que participaron en el tiroteo de la antigua GM están siendo detenidos y sus cabecillas serán entregados a la justicia.

-¿Y cuándo va a ser eso, detective?- el aprendiz de reportero dicharachero volvió a la carga.

-Muy pronto.- De la Cruz levantó las manos cuando el corro de periodistas estuvo a punto de meterle los micros en la boca-. No hay más declaraciones.

-¿El FBI se va a involucrar en la investigación?- una chica con una libreta en la mano trataba de llamar su atención.

-He dicho. No. Más. Declaraciones.- José empujó las puertas de la comisaría y les dedicó su peor mirada-. Y el que intente entrar aquí dentro sin permiso acabará en el calabozo junto con toda la chusma de las bandas, ¿entendido?

Mierda de periodistas. En vez de disuadirles, parecía que les acabara de dar la idea del siglo; a todos les brillaron estrellitas en los ojos. Eran como hienas en busca de nuevos titulares a los que echarles el diente. Entró en la comisaría resoplando, con los rayos del sol filtrándose por los cristales aún húmedos después de la lluvia de la pasada noche. Otro día jodiéndose la comida con su familia, maldita sea. Al menos, había podido dormir en casa y acompañar a su hijo pequeño al colegio.

Cuando tienes una fábrica entera derruida, los Bomberos retirando la runa, todos tus equipos de Científica recogiendo cachitos no identificables y los hospitales ignorándote con los quirófanos a rebosar, es cuando un detective de Homicidios puede descansar.

Hasta que no sabes quién coño es el muerto porque sus trozos están esparcidos en tres manzanas a la redonda, no puedes investigarlo.

El enorme barullo de comisaría, con el taladro continuo de los teléfonos y los agentes peleando por meter detenidos en el calabozo, se le antojó una calma monacal comparado con los chacales de la prensa. Cuando cerró la puerta de su despacho, dejó ir un suspiro de alivio. Algún alma caritativa le había dejado un termo con café negro en una bandeja encima del único espacio libre de su mesa, junto con una taza. De la Cruz se dejó caer en su silla con un crujido, apoyó los codos sobre el escritorio y se pasó las manos por la cara, agotado.

Por el momento, habían conseguido ocultar a la prensa que alguien había disparado un lanzacohetes en mitad de Caldie, y también la auténtica magnitud de las armas que se habían utilizado en la masacre. Los hechos habían sido presentados de forma simple: una matanza entre dos bandas que había acabado con un número aún no concretado de muertos y al menos una docena de heridos en los hospitales. Un hecho terrible que, no obstante, no había afectado a ninguno de los honrados ciudadanos de Caldwell, sólo a dos pandas de delincuentes que, por supuesto, iban a dar con sus huesos en la cárcel en cuestión de días.

Los periódicos gastaban tinta analizando la estructura de las bandas, repasando su cronología criminal hasta que parecía que los jodidos eran un Estado dentro del Estado; las televisiones ofrecían nuevas imágenes del derrumbe de la fábrica y del peligroso trabajo de los bomberos, creando el adecuado marco para la histeria colectiva, y las radios servían en sus boletines horarios las nobles declaraciones de los políticos conjurándose a mantener la unidad para evitar que nada perturbara la paz de la comunidad.

Lo normal.

Esperaba poder mantener esa charada hasta conseguir entender qué ocurría realmente ahí fuera. Para eso necesitaba dos cosas: mantener a los federales lejos de su ciudad el mayor tiempo posible y, en difícil equilibrio con ese objetivo, que el jodido FBI le pusiera en contacto con Butch O’Neal porque, si alguien tenía respuestas, era el malnacido de su ex compañero ex desaparecido.

Por el momento, había mantenido a los federales justo fuera de su cerca diciéndoles -y era cierto- que Balística aún no tenía los informes de la munición utilizada en el tiroteo. Los bomberos acababan de apuntalar lo que quedaba de fábrica, aún se estaban extrayendo restos humanos y Científica acababa de ponerse manos a la obra. Pero, una vez que el FBI supiera que se había usado munición militar, tendría a los chicos trajeados en su despacho. Y a quien quería tener era exclusivamente a aquel irlandés hijo de perra, no a todo el cuerpo.

La puerta de su despacho se abrió un momento, dejando entrar una ola con todos los sonidos de comisaría antes de volverse a cerrar. El subinspector tenía un aspecto tan agotado como él.

-Dios…- el hombre se dejó caer en la silla de enfrente del escritorio y José le preparó café en la única taza que le habían dejado. Total, él ya se había bebido tres-. Gracias, detective.

-¿Alguna novedad de esta pasada noche?

El hombre paladeó el café y luego suspiró.

-Me acaban de llamar del Saint Francis. Los heridos más leves están estabilizados, ya podemos interrogarles.

Mira por dónde, ése era un buen cauce de acción.

-Genial. Iré ahora mismo ¿Cuántos detenidos llevamos?

La consigna había sido clara desde el primer momento: arrestar a cualquier hispano o negro con aspecto de pertenecer a una de las dos bandas. Servía cualquier excusa: llevar las luces del coche rotas, haberse meado en la calle o insultado a una viejecita. Lo que fuera que justificara la posibilidad retener a alguien 72 horas en dependencias policiales. La cuestión era presionar lo bastante a las dos bandas como para evitar más actos de represalia, además de extraer cualquier información de esos pandilleros que les sirviera para apresar a sus líderes.

-Tenemos cincuenta hijos de puta repartidos por los calabozos de varias comisarías.- el subinspector se bebió la mitad de la taza de café. Debía estar exhausto, porque no se quejó cuando la cosa le debió despellejar la garganta-. La mayoría son sólo colaboradores de las bandas, no auténticos miembros, y los que sí lo son están mal de la cabeza.

-¿Por qué?

-¿Recuerda lo que decía aquel tipo que se llevaron quemado en una ambulancia, del primer ataque de los AKG a una fábrica de los Bloods?- cuando De la Cruz asintió, el hombre continuó-. Pues algo así cuentan ahora también. No sé qué mierda sobre dioses oscuros, fantasmas y tipos que aguantan disparos de balas. No nos sirve de nada.

Al contrario, pensó él. Ahí estaban las auténticas pistas. Sólo que no podía ponerse a interrogar a detenidos delante de otros polis y preguntarles en serio por corazones metidos en vasijas y sangre negra. No si no quería que le concertaran una cita urgente con la psicóloga policial. En cambio, puede que consiguiera sacar algo de los heridos de los hospitales. A esos podía interrogarles a solas en sus habitaciones. Se puso en pie, decidido.

-Eso no es más que cháchara barata, subinspector.- se acomodó el cinturón por debajo de la barriga-. Voy al Saint Francis, a ver si puedo sacar algo en claro de los heridos.

-Manténgame informado, detective. Le llamaré si Balística tiene algún informe preliminar. Dios quiera que el FBI no tenga que venir.

-Nadie quiere eso, jefe. Quédese con el termo, le va a hacer falta.

Esa vez, De la Cruz salió de comisaría desde el garaje y dentro de su coche. A ver si los jodidos periodistas se atrevían a ponerse delante. Si no conseguía ninguna pista fiable de los heridos en los hospitales tendría que sondear al FBI sobre O’Neal y mantenerlos lejos de su ciudad al mismo tiempo.

Mientras pitaba para que la jodida prensa se apartara de su paso, juró que, si volvía a tener a aquel mamonazo irlandés delante, iba a darle un puñetazo por cada vez que había tenido que pedir perdón a su mujer esos últimos días.

OOO

Qhuinn salió de la visita a la habitación de John con un sentimiento agridulce. Por un lado, ver a su amigo casi recuperado de sus heridas y recibir su agradecimiento le hacía subir un peldañito más en su particular escalera interminable hacia la autoestima. Por otro lado, saber que John estaría bien acompañado por su hembra mientras que él no tenía nada en lo que valiera la pena ocupar su tiempo le devolvía a su mísera realidad.

La herida del hombro de John estaba ya curada, pero las quemaduras de sus piernas aún necesitarían de otra noche de reposo. Podía caminar y moverse bien, pero Manello no quería arriesgarse a que le hirieran y Tohrment ya había avanzando que estaba de acuerdo con el doc, así que su protegido estaría al margen de las posibles patrullas en cuanto cayera la noche. John iba a quedarse en la mansión y él no tenía nada que hacer porque su vida era un ciclo interminable de pelear-sangrar-curarse-beber-pelear.

Sus pies se detuvieron un momento por sí solos ante la puerta de la habitación de Blay, pero él les obligó a seguir en movimiento. Allí, en aquel cuarto y con su ocupante, era donde le gustaría estar. Pero no podía ¿O era no debía?

Mierda para mí.

Qhuinn se frotó el pecho mientras bajaba despacio por las escaleras hacia la planta baja de la mansión, deambulando sin rumbo porque la única vez que su brújula interna por fin había señalado el norte era la noche anterior, cuando había hecho el amor con Blay. Justo lo que siempre había temido que ocurriera y no quería pero ahora anhelaba y no podía porque él estaba hecho polvo por dentro.

-Joder.- se detuvo en mitad de la escalera y se pasó las manos por el pelo, sin saber si seguir bajando o volver a subir.

Así era su vida: un caos informe sin principio ni final, algo amorfo, sin forma reconocible.

Pero algo estaba claro: Blay no le quería a su lado. “Cuídate, Qhuinn”. La puta frase le había atravesado el pecho como un hierro al rojo y el paso de las horas no había conseguido que doliera menos ¿Cuántas veces la había dicho él como despedida? Peor aún, ¿cuántas veces se la había transmitido en silencio a Blay, rechazándole año tras año? Jamás había pensado en cuánto podía llegar a doler. Ni en lo malditamente perdido que le podía dejar.

Alcohol, pelea o sexo. Eran las tres únicas posibilidades que Qhuinn tenía para soportar el dolor.

Acabó de bajar las escaleras, maldiciendo el silencio de la mansión a esas horas, en dirección a la sala de billar con su minibar bien surtido cuando un olor limpio, a limón y canela, procedente de la puerta entreabierta de la biblioteca le hizo frenar en seco. Retrocedió un par de pasos y asomó la cabeza por la abertura.

Layla.

Estaba tan quieta, sentada en un gran sofá con las manos sobre el regazo y la mirada perdida en las estanterías, que Qhuinn no la habría detectado de no ser por su olor. Le recordó a uno de esos cuadros románticos, la bella dama sentada nostálgica, la larga túnica blanca cayendo hasta las sandalias, el pelo rubio suelto en cascada… Recordó que hacía unos días habían quedado y él no se había presentado porque habían tenido la persecución por la poli, y también recordaba entre nieblas su rostro hacía una noche, después de lo de la fábrica. La Elegida debía haberle dado su sangre mientras Manello le atendía.

Empujó la puerta con cuidado antes de pararse a reflexionar más, pero ella no le oyó, absorta en sus pensamientos.

-Layla, hola…

La hembra descruzó las manos de golpe y se giró sobresaltada. A pesar de todo, consiguió ponerse en pie con la gracia de un ángel, bajando la vista con las mejillas sonrojadas. Maldita sea, era hermosa.

-¡Sire, lo-lo siento! No debería estar aquí, debería haber vuelto a… -Layla titubeó, como si la palabra que iba a pronunciar no fuera la adecuada. Mierda si no la entendía a la perfección-. Ya me iba.

-¿Por qué? Tienes todo el derecho a estar aquí. Wrath nunca te diría que te fueras, además de que alimentas a media mansión.- Qhuinn se encontró sin querer cerrando la puerta tras de sí y cruzando la biblioteca hasta detenerse al lado de Layla. La Elegida seguía con la vista en el suelo. Le cogió de la muñeca, tirando con suavidad para que se sentara con él en el sofá-. Quédate un rato más, ¿vale? ¿Esperabas a… alguien?

Maldijo el deseo infantil de que Layla dijera que le esperaba a él, de saber que alguien, en algún sitio, le aguardaba. Pero la Elegida sólo negó con la cabeza y retiró la mano de la suya, volviendo a enlazarlas sobre la falda. Parecía muy pálida, pero Qhuinn siempre había visto su piel nívea, en contraste con la suya.

-Sólo… no quería volver al Templo. Ni al Rancho. Y no tenía… otro sitio donde estar, sire.- murmuró por lo bajo.

-¿No estás a gusto en el Otro Lado? En el Rancho viven varias de tus hermanas, ¿por qué no quieres ir allí?- preguntó con el ceño fruncido. En los meses que hacía que Layla y él tenían sus encontronazos, nunca habían hablado.

La hembra pareció escurrirse dentro de su propia túnica. Y seguía sin mirarle.

-El Otro Lado es… está vacío. Y en el Rancho hay gente pero… no para mí. No es mi lugar.- hizo el gesto de levantarse-. Tampoco debería estar aquí, ni cargarle con mis absurdas ideas, sire.

Qhuinn la entendió. A la primera. Layla no tenía ningún sitio al que llamar su casa, como él. Y era capaz de sentirse sola en mitad de una casa llena de gente porque no tenía al lado a una persona que la acompañara. Quizás sí que ambos podían compenetrarse. Quizás sí que lo suyo era buena idea. Alargó la mano para coger la de ella.

-Si Wrath pregunta, le diré que has estado conmigo.- la miró fijamente-. Todo el rato. Ayer me diste tu sangre, ¿verdad?- Layla asintió, pero sus ojos verdes seguían esquivándole y se mordía el labio. Acarició la suave piel de la muñeca de la hembra con los dedos-. Me siento honrado.- ella no intentó liberarse esta vez, pero Qhuinn vio que sus labios temblaban y se levantó, cogiéndole la cara entre las manos. Algo húmedo le rozó los dedos. La Elegida estaba llorando en silencio-. Layla… ¿qué pasa? ¿Te… hice daño?- no recordaba haberla mordido pero quién mierda sabía.

-N-no.- ella intentó negar con la cabeza y más lágrimas tibias rodaron por sus mejillas hasta mojarle los dedos antes de que Layla le separara las manos de su cara-.T-tengo que irme. Ahora. El… honor fue mío, sire. Tengo que…

A la mierda. Si le había hecho daño a la hembra él mismo se abriría la cabeza a golpes. La cogió por los brazos, deteniéndola. Temblaba como una hoja.

-Layla, dímelo. Jod… dime qué te pasa. Si te hice daño o…

Los ojos claros se alzaron y se clavaron en él, desbordados de lágrimas.

-L-le oí, sire. C-con el guerrero B-Blaylock. Hace… hace dos n-noches.- toda la esbelta figura de Layla se convulsionó de golpe cuando empezó a sollozar. Qhuinn se quedó rígido, fundido en piedra, mientras ella empezaba a hipar-. N-no tengo d-derecho… sé que no debo… las E-Elegidas no p-podemos tener n-nada nuestro.- las lágrimas ocultaron por completo sus ojos hasta derramarse en una nueva cascada-. Es c-culpa mía, ¿verdad? No soy… no soy suficiente…

Qhuinn la soltó de golpe, dio un paso hacia atrás, tropezó con el sofá y se sentó de culo.

-¿Tú nos…?- joder, qué demonios debía pensar una Elegida de dos machos juntos, seguramente que era un sucio pervertido. Pero ella había dicho…- ¿Crees que me acosté con Blay porque no eres bastante?

Layla seguía temblando y llorando. A pesar de todo, hizo un valiente esfuerzo por secarse las lágrimas con las palmas de las manos. Asintió. Mierda divina. Qhuinn se puso en pie y la cogió de los hombros con más fuerza de la que pretendía, sacudiéndola un poco hasta que Layla no tuvo más remedio que mirarle directamente.

-Layla escucha… mierda, no es que seas “suficiente” es que estás a kilómetros por encima de mí, ¿entiendes? Eres… eres una Elegida, y eres…- estuvo a punto de decir “virgen”, pero pensó que a esas alturas ella lo tomaría como algo negativo- pura. Eres dulce, inocente y más de a lo que yo podría aspirar. Me… -se obligó a seguir a pesar de saber que se iba a ganar su desprecio-… me he acostado con más hembras… y machos… de los que puedo recordar. Blay y yo… se acabó. En realidad, no empezó, no hay… nada.- le pareció que tragaba cuchillas afiladas al decir aquello-. Si no te he… joder, si no me he acostado contigo es por mí, no porque tú no seas suficiente.- mierda, volvía a tener esa sensación de dejà-vu, de pasarse la vida diciendo lo mismo a personas distintas-. Mereces a alguien que lo haga bien contigo, alguien que te tome porque quiere emparejarse contigo.

La Elegida perdió el poco color que le quedaba y su cuerpo se aflojó.

-¿N-no quiere…? Sire, creí que nosotros, que… Creí que nuestro deseo… que era porque… -Layla cerró los ojos con tanta fuerza que sus pestañas rubias casi desaparecieron.

Qhuinn abrió unos ojos como platos al ver su decepción.

-¿Tú querrías… ser mi… shellan?- estuvo a punto de atragantarse con la palabra.

Despacio, muy poco a poco, Layla asintió aún con los párpados apretados.

A Qhuinn el mundo se le cayó encima y al mismo tiempo una sima de vértigo se abrió bajo sus pies.

Su vida era un caos, anhelaba a Blay pero no sabía hasta qué punto, Blay le había dejado y, qué carajo, él había dejado a Blay. Pero del medio del caos acababa de aparecer la forma que él había estado deseando siempre: su plan “A”, la hembra que quería tenerle como pareja a pesar de sus ojos defectuosos. De alta cuna -una Elegida, por amor de la Virgen-, que quería hacerlo bien con él, que no se avergonzaba de su falta. Su “ya eres un macho de valía a pesar de lo que dijera tu puta familia”.

Y a él le agradaba Layla. Joder, habría que estar muerto y enterrado para que no fuera así. La hembra era deseable como un demonio con el rostro de un ángel, deseosa de aprender, de entregarse. Con los modales de una dama, elegante, etérea y dulce.

Era exactamente todo lo que Qhuinn se había imaginado que sería la hembra con la que alguna vez se emparejara.

La atrajo contra sí, haciéndola desaparecer en el círculo enorme de sus brazos, aspirando el olor… tan limpio. Abrió la boca para decir las palabras que pondrían fin a su expediente de vida frustrada, para pedirle que se emparejara con él… pero no salieron. Con el rostro contra el cabello rubio de Layla, apretó las mandíbulas un momento mientras las delicadas manos de ella le rodeaban la espalda, insegura de su reacción.

Dilo. Di “¿quieres ser mi pareja?”. Dilo. Pídele que te deje grabarte su nombre en tu espalda. Díselo.

Pero no pudo. Empezó a temblar con una jodida hoja, el olor almizclado de marcaje brotando levemente de su piel, imperceptible excepto para él, luchando por estallar iluminando una verdad no podía aceptar porque no le serviría de una puta mierda.

No pienses en él, no pienses en su nombre.

-¿Sire…?- ella jadeó contra su cuello, inmovilizada en su cepo.

Qhuinn masticó cada palabra de las que pronunció.

-Hablaré con Phury… Layla.- seguía temblando-. Si de verdad lo quieres… le pediré permiso. Quiero… hacerlo bien.

Ella forcejeó hasta que consiguió moverse lo bastante como para mirarle. Había dejado de llorar y los ojos claros brillaban. Una sonrisa maravillada, de una alegría inabarcable, le iluminaba el rostro.

-Sí.- susurró, tocándole la cara, respondiendo como si él le hubiera hecho la pregunta.

No pudo soportarlo. No pudo seguir mirándola. No pudo seguir atrapado en aquel vendaval interno.

Layla no opuso resistencia cuando él tomó su boca, devorándola, ni cuando la alzó en vilo para depositarla en el sofá, recorriendo su cuello con labios y lengua.

-No voy a tomarte… no ahora… no hasta que todo esté bien.- murmuró, separando los pliegues de su túnica para llegar a sus pechos con la boca.

-Sire…- susurró, arqueándose y rozando su pelo con las manos delicadas.

Él se odió a sí mismo más de lo que se había odiado jamás.

OOO

En un pequeño apartamento de una sola habitación, muy al sur del barrio latino de Caldwell, Ahna volvió a comprobar los tres cerrojos de la puerta. Retrocedió dos pasos. Se mordió el labio y se apartó el pelo de la cara. Comprobó que las gruesas cortinas estaban corridas sobre la ventana del comedor-salón-cocina y las persianas cerradas para impedir el paso a la luz del sol. Se quedó un momento de pie en mitad de la estancia, sin saber qué hacer. Sollozó sin darse cuenta y el sonido la sobresaltó aún más. Se secó la cara con las manos y entró en la única habitación del apartamento.

El mobiliario era escaso, lo justo para permitir una vida austera y justificar un alquiler bajo que podría costear con el sueldo que le iban a pagar cuando empezara a trabajar como cajera en una gasolinera, esa misma noche. El alquiler del primer mes lo había avanzando el Refugio, porque ella no tenía ni un solo dólar. Antes había sido secretaria de alta dirección en una de las empresas controladas por los vampiros, había ganado un buen sueldo y había sido una hembra risueña.

Antes de emparejarse con un joven macho civil con delirios de grandeza que empezó por quitarle la tarjeta de crédito y acabó por casi quitarle su vida y la del bebé que llevaba en su interior. Antes de las palizas, del “eres una puta” y del “no vales anda”.

Ahna se acercó a la modesta cuna y se agachó para acariciar con un dedo la mejilla regordeta de su hija. Era un milagro que de un padre así hubiera nacido aquel ángel, aquel pedacito de alegría. Ajustó las sencillas sábanas blancas alrededor de la niña con un sentimiento de calor en el pecho. Antes de que el Refugio la acogiera, Ahna creía que moriría con tal de que el infierno con su marido acabara. Ahora sabía que sólo valía la pena dar la vida por una cosa: su hija.

Esperaba no tener que hacerlo.

Con cuidado de no hacer ruido, abrió el cajón de la mesita de noche para comprobar -¿cuántas veces lo había hecho?- que las armas seguían allí. Se había marchado del Refugio no sólo con un contrato de trabajo, un apartamento de alquiler, el contacto de una canguro para su hija y el móvil del guerrero Blaylock, sino también con un arma.

Ahna, como la mayoría de civiles vampiro, no tenía ni idea de cómo manejar una pistola. En caso de agresión, no sabría siquiera cómo sacarle el seguro y tampoco atinaría a ponerle un cargador. Pero Marissa quería que las hembras que salieran del Refugio tuvieran un arma de defensa; no porque sus ex parejas pudieran encontrarlas -para eso les daban nuevas identidades- sino, más bien, para que ellas mismas se sintieran más seguras. Tenía que ser algo fácil de manejar y que no fuera letal. No sería la primera vez que una hembra impelida por el miedo acumulado durante años disparaba en la situación equivocada.

Cogió la extraña pistola eléctrica, intentando familiarizarse con su peso. La Taser era tan sencilla que sólo había que extender los brazos hacia el posible agresor y apretar el gatillo. Dos diminutos arpones brotaban del arma, clavándose en el objetivo y transmitiendo una corriente de 50.000 voltios. Le habían explicado que eso era suficiente para paralizar completamente a un humano o a un vampiro durante unos cuantos segundos y dejarle tirado en el suelo, en shock, durante varios minutos más. Suficiente para huir.

Ahna dejó la pistola de nuevo en el cajón y asió un momento la otra arma que guardaba allí: un cuchillo de cocina de hoja ancha de más de doce centímetros. Sólo por precaución.

Sólo por si la sensación que había tenido dos noches atrás de estar siendo vigilada desde el interior de su propio apartamento era cierta y no una pesadilla de su mente traumatizada.

Cerró el cajón con cuidado cuando el bebé gorjeó en sueños, abriendo y cerrando la boca diminuta. No podía ser su ex pareja, era imposible que supiera dónde estaba ella. No tenía contacto con nadie de su vida anterior, había desaparecido durante más de medio año e incluso se había cambiado el nombre. Él no podía haberla encontrado.

Y lo que había sentido vigilándola, acechándola de entre las sombras de su nueva casa era infinitamente peor que su ex. Más malévolo, más cruel y más poderoso.

Hacía dos noches, había acabado acurrucada en una esquina de la habitación, en el suelo, sollozando con su hija en brazos, que lloriqueaba asustada por el comportamiento de su madre. No había visto nada, no había oído nada, así que era estúpido llamar al guerrero Blaylock para pedir ayuda o contarle sus temores a Marissa en la llamada de control que le hacía cada día. A pesar de todo, Ahna no había perdido el sexto sentido desarrollado durante años que le había permitido prever cuándo iba a recibir una paliza.

Algo venía a por ella. Pero jamás se llevaría a su hija.

OOO

Algo estaba mal en él, muy, muy mal.

Qhuinn se apoyó con las dos manos en la pared del túnel subterráneo que enlazaba la mansión con la Guarida, agachando la cabeza cuando le sobrevino la enésima oleada de náuseas. El olor de marcaje llevaba brotando de él en pulsaciones desde que Layla se había desmaterializado de vuelta al Otro Lado, bien saciada a pesar de que seguía virgen, para comunicar a la Directrix Amalya las buenas nuevas, a la espera de que él hablara con el Gran Padre.

-Joder.- apretó los puños contra la pared mientras el aire alrededor de él se inundaba del olor a especias oscuras de un macho vinculado.

El escalofrío que le atacó a traición se unió con las náuseas, con el ahogo que le tenía boqueando y con el dolor en todos los putos huesos. Con un jadeo, se dejó caer en el suelo, incapaz de sostenerse en pie, y rodó hasta que pudo apoyar la espalda contra la pared del túnel. Cruzó los brazos sobre las rodillas y apoyó la cabeza encima. Mierda, era como si todo su cuerpo le estuviera dando una paliza de muerte.

Como si no tuviera bastante ya con sentirse un fracasado impotente.

Había ido a por Layla con desesperación, y no sabía si para autoconfirmarse que acababa de tomar la decisión correcta, por evitar ver los corazoncitos en sus ojos o por qué… pero el deseo por ella no estaba en su lista de motivos. La había complacido con manos y lengua hasta que la hembra prácticamente había brillado. La había ayudado a vestirse, la había despedido con un beso en los labios y ella había estado flotando entre nubes tan altas que ni siquiera había intentado complacerle a él.

Lo cual agradecía como la mismísima mierda, porque Qhuinn no se había puesto duro en ningún momento.

Yeah, toma nota, perra de mi conciencia.

Cuando intentaba concentrarse en sus gemidos, eran otros los que oía. Cuando quería aspirar el olor de la hembra que iba a ser su shellan, era el olor de un macho el que recordaba. Cuando había intentado imaginar su nombre grabado en su espalda, era otro el que le venía a la mente.

Y, cuando Layla había desaparecido, Qhuinn había perdido por completo las riendas de sí mismo. Todo lo que había intentado no ver mientras estaba con ella se unió para conjurar una visión en tres dimensiones de Blay moviéndose sobre él como una bendición.

El olor de marcaje se había desprendido de su piel en una oleada de violencia física, como si le estuviera dando un buen puñetazo en toda la cara por grandísimo gilipollas.

Así que allí estaba ahora. Tirado en el suelo del túnel porque era el único sitio vacío que se le había ocurrido, mientras los espasmos remitían, dejándole empapado en un sudor frío, jadeando. Confuso, dolorido, perdido y malditamente cabreado consigo mismo. Creía haber encontrado el camino en su vida, lo creía de verdad. Pero su jodido cuerpo se negaba a colaborar.

Y, qué cojones, su corazón también se amotinaba.

Recordó la noche fatídica en la que Blaylock decidió entrar en la habitación de Saxton, cuando escogió -muy sabiamente- a su primo, harto de que él le rechazara, harto de las dudas. Esa noche él había ido al cuarto de Blay, sin saber muy bien qué quería decirle, pero con lo más parecido a una certeza que había albergado nunca: no era a Layla a quien quería en su vida, quizás… sólo quizás, era a Blay.

Luego se habían pasado tres meses separados, él había vuelto a sus polvos en masa y a los escarceos con Layla y Blaylock tenía a Saxton… hasta que el mundo les había arrojado el uno a los brazos del otro y todo había vuelto a estallar por los aires. Pero Blay había decidido que no quería nada con el montón de miseria temblorosa que era él, así que probablemente volvería con su primo.

Los colmillos se le alargaron en las encías y retrajo los labios inconscientemente, la cabeza aún apoyada sobre los brazos.

Y él se había encontrado con que Layla le quería como su pareja. Formal, legal. Nada de polvos sucios, nada de contradicciones, nada de debates morales. Un macho, una hembra de valía. Perfecto.

Pero parecía que su corazón estaba incluso menos conforme todavía que la vez anterior que había pensado sobre ello. Tuvo ganas de tirarse del pelo, estrellarse la cabeza contra la pared y emprenderla a patadas hasta romperse las piernas.

¿Era mucho pedir ver las cosas claras por una jodida vez?

El sonido de unas botas pesadas retumbando en la vasta soledad del túnel le hizo levantar la cabeza. Fanjodidobuloso. El Hermano Vishous se acercaba a él desde el extremo que desembocaba en la Guarida, un gigante vestido de cuero con las manos en los bolsillos y ojos de hielo. Qhuinn no dijo nada y V se paró delante de él.

-¿Piensas estar jodiéndome aquí sentado mucho más rato o vas a hacer algo de provecho?

Eso le hizo fruncir las cejas y levantar la cabeza hacia el Hermano.

-No creo que estar sentado en el túnel sea joderte.

-Pues te equivocas ¿Ves eso?- sacó una mano enguantada del bolsillo para señalar las pequeñas luces encastadas en el techo a intervalos regulares-. Son cámaras. Conectadas a mis ordenadores. Llevas una hora sentado aquí y haces que tenga que vigilarte. Tengo cosas mejores de que ocuparme. Y deja de gritar.- se llevó una mano a la sien derecha tatuada.

Eso era lo más, ahora resulta que V estaba escuchando sus pensamientos. No importaba cuánto apreciara al Hermano, eso era más mierda de la que podía soportar en ese momento. Apoyó las manos en la pared para incorporarse.

-Vale. Captado. Me largo.- que te jodan.

El tipo no se movió un milímetro, casi encajonándolo contra la pared. Cruzó los brazos sobre el pecho y sus ojos se estrecharon, dejando dos rendijas blancas.

-Te he hecho una pregunta, chico ¿Vas a hacer algo de utilidad o piensas quedarte aquí revolcándote en la porquería que te has buscado?

Qhuinn no pensó en lo que hacía. Sólo que estaba harto de que todos le tocaran los huevos. Desnudó los colmillos alargados y se arrojó hacia delante, más que dispuesto a embestir a V, a pagar toda la rabia y la confusión con alguien que siempre creía que tenía la maldita razón.

Vishous no llegó a usar su mano resplandeciente.

No le hizo puta falta.

El Hermano se movió más rápido que él, le cogió un brazo, se lo retorció y Qhuinn tuvo que detener el impulso de su carga y contorsionarse para evitar que se lo rompiera. Antes de poder respirar una sola vez estaba volando por los aires y aterrizó de espaldas en el suelo, rebotando sobre sus propias costillas. El golpe que se dio en la cabeza lo dejó atontado el tiempo suficiente para que V le cogiera de la flamante camiseta de Kiss y lo empotrara contra la pared, manteniéndolo inmóvil con el brazo extendido.

-Así no le sirves de nada a nadie, estúpido. Tienes un cerebro aquí dentro.- le dio un golpe en la frente con un dedo, siseando-. Úsalo de una jodida vez y empieza a ver las cosas como son de verdad. O serás un despojo en las calles antes de cumplir los treinta.

Vishous le soltó con una sacudida y un gruñido. Qhuinn habría querido tener energías para ir a por él de nuevo, para borrarle esa expresión de roca gélida. Pero no las tenía. Sólo rabia cansada.

-¿Qué quieres de mí, V?- por la Virgen, que el Hermano le dijera lo que fuera que tenía que decirle y le dejara en paz.

El cabronazo lo miró con esos cuchillos que tenía por ojos, taladrándole hasta el alma, e hizo una seña con la cabeza en dirección a un extremo del túnel.

-Vamos a la fragua.

Qhuinn acabó de incorporarse con cara de dibujo animado ¿Había estado a punto de sacarle el brazo de sitio y ahora quería llevarle a la forja?

-¿Por qué? ¿Para qué?

-Hora de tu primera lección.- Vishous se encogió de hombros y echó a andar hacia la puerta metálica que se divisaba a unas decenas de metros.

-¿Ahora?- el Hermano era bipolar. Fijo.

-¿Tienes algo mejor que hacer?- le retó.

Para ser sinceros, no. Qhuinn se pasó las manos por el pelo y estiró la espalda dolorida. Podía amorrarse a un Herradura, pero la reunión de coordinación de la noche le pillaría borracho y Wrath le cortaría las pelotas. O podía seguir a ese jodido cabronazo que, al menos, quería enseñarle algo. Si no le mataba antes.

La herrería los recibió con su luz tenue y su aspecto tosco de agujero en el tiempo. Qhuinn se quedó plantado un momento sin saber qué se esperaba de él mientras Vishous deambulaba por el espacio. El Hermano le arrojó lo que parecía un delantal de cocina en versión cuero.

-Póntelo. O te dejarás la camiseta como un colador a base de chispas.

Qhuinn obedeció y la sensación del cuero grueso ciñéndose al cuerpo le resultó reconfortante. Era como ponerse una armadura. V hizo lo mismo con su propio mandil y gesticuló con el dedo para que se acercara al enorme horno, mostrándole el mecanismo de encendido.

-En mi época los hornos funcionaban con carbón, lo que iba de puta madre para forjar piezas que necesitan de un alto contenido en carbono. Pero era lento de cojones para alcanzar el calor adecuado.- giró la palanca de la temperatura y las llamas rugieron al segundo-. Éste es de gas. Supera los 1.500 grados centígrados, suficiente si quieres fundir el acero hasta licuarlo.

-¿Y de qué sirve eso?- a pesar de su confusión mental, Qhuinn examinó el horno.

-Va bien si quieres hacer de herrero de pueblo y forjar armas con moldes. Viertes el metal líquido, esperas a que fragüe un poco y luego acabas de darle forma en el yunque. Tendrá tantas impurezas que sólo te servirá para herrar caballos.- Vishous elevó una comisura bajo la perilla y bajó la temperatura del horno.

-¿No usas moldes?

-Nop.- V se colocó unos gruesos guantes de cuero, acolchados en el interior, y le tendió otro par, gastado, a Qhuinn-. Forjo con barras de acero.- dejó que el horno se mantuviera a temperatura constante y condujo a Qhuinn al fondo de la herrería. Había incontables barras de metal en bruto, negruzcas y sin brillo, apiladas en ordenadas estanterías de cemento.

-Parecen todas iguales.- comentó, probando a sacar un par de ellas. Pesaban un huevo.

-No lo son. La composición en carbono varía, igual que la dureza y el temple. Depende para quién forjes el arma, tendrás que escoger el acero o la aleación que mejor vaya con su estilo de lucha.- V apoyó un brazo sobre las barras-. Los hay que prefieren una hoja ligera y otros que necesitan sentir el peso del metal.

Qhuinn recorrió las estanterías, absorto en la ciencia escondida en algo aparentemente tan basto como la herrería. Se detuvo al llegar a la última columna de estanterías de obra. Las barras de acero que V guardaba allí le eran familiares. Sacó una con cuidado, sosteniéndola con ambas manos. Era circular y el metal tenía un dibujo de aguas, como si estuviera hecho de la fusión de varios tipos de acero distinto que hubieran dejado olas al fraguar. Incluso así, en bruto, era hermoso.

-Éste es el metal de nuestras dagas, ¿verdad? John, Blay y yo llevamos hojas con esas aguas.

Vishous torció una mueca y se agachó hasta sacar de su bota una de sus propias dagas de Hermano. La sostuvo cerca de los ojos de Qhuinn, de modo que la luz rojiza del horno iluminara su superficie.

-Fíjate bien.

La daga era negra, pensada para que su brillo no delatara la posición de un Hermano en el combate nocturno. Pero, incluso bajo la superficie mate, Qhuinn distinguió esas peculiares ondulaciones. Sonrió como si acabara de descubrir la ley de la gravedad.

-¡Es el mismo metal! Pero ennegrecido.

Vishous se guardó la daga en la bota y señaló la barra que sostenía Qhuinn.

-Es acero de Damasco. Multilaminado. Para crear cada barra con la que luego se forja un arma se funden distintos tipos de hierro mezclándolos con cristal. El vidrio expulsa las impurezas del metal cuando éste se enfría, así logras un acero duro y flexible. Las barras se consiguen estirando y doblando el metal hasta formar capas, por eso las aguas que ves. El arma forjada con acero de Damasco conserva el filo aunque cortes una piedra con ella. – Vishous sacó su paquete de tabaco y se encendió un liado-. Es el mejor acero que existe en el mundo y tú vas a aprender a trabajarlo.

Mierda, sí. Qhuinn estuvo a punto de saltar como las niñas. Contempló la barra que sostenía con las preguntas atropellándose en su cabeza.

-¿Cómo aprendiste la técnica? ¿Quién más la conoce?- alzó la vista-. La he cagado, ¿no? Nada de preguntas personales.

V ladró una risa antes de darle una calada al cigarro.

-No es secreto de Estado, chico. Los Cruzados importaron la técnica desde Siria a Europa durante la Edad Media, y muchos artesanos abrieron nuevas forjas en Constantinopla, en Italia y en Grecia.- la punta rojiza del cigarro hizo perfecto juego con el entorno de la fragua-. Los humanos perdieron la técnica allá por el siglo XVIII, pero aún quedaron algunos maestros que la conocían. Aprendí esta forja en Venecia. Siempre estuvieron muy influenciados por Oriente. Ahora se usa algo parecido en buenos cuchillos para humanos pero apenas queda un puñado de maestros en todo el mundo que sepa cómo forjar un arma en acero damasquino para combate real.

A Qhuinn le dio vueltas la cabeza. Porque V fuera una momia, porque compartiera conocimientos con él, de entre todas las personas del mundo, y porque el Hermano estuviera dispuesto a enseñarle los secretos de un arte de guerra con siglos de existencia. Le hizo sentir muy honrado, muy humilde y muy dispuesto a hacerse papilla los hombros y los brazos dando golpes en el yunque si era necesario. Dejó la barra en su estante con cuidado reverencial y le pareció que V lo observaba con algo no demasiado distinto de la aprobación.

-¿Dónde compras este acero?

Vishous apuró el cigarro de un par de caladas fuertes y apagó la colilla en su bota.

-No se compra. Lo hago yo. Lo que compro son los distintos tipos de hierro y de acero para fundirlos, crear las barras de acero de Damasco y luego usarlas para forjar dagas.

-¿Y dónde se compra cada tipo de acero?- vale, era consciente de que parecía un crío en pleno ataque de “¿y-por-qué?” pero ocasiones de aprender como ésa no solía tenerlas.

-En una siderurgia de la ciudad.- V sacó varias barras de acero normal, examinándolas antes de decidirse por una y acercarse al horno-. Escojo el material en persona.

-¿No es arriesgado comprarle a un humano? ¿Tienes que borrarle la memoria?- Qhuinn caminó tras el Hermano como un patito detrás de mamá pata.

-Si lo hiciera, lo dejaría vegetal. Compro demasiado a menudo.- V ajustó la temperatura del horno y metió la mitad de la barra directamente en las llamas-. A veces viajo fuera de Caldwell para variar de proveedor, pero no suelo tener muchas vacaciones. Así que es más práctico aprovisionarse en Caldie. Le pago bien.- dio varias vueltas a la barra, asegurándose que empezaba a adquirir un tono uniforme-. Acércate, crío. Ya va siendo hora de que conozcas el color del acero cuando está preparado para ti.

Qhuinn dio el primer paso al frente con firmeza en mucho tiempo.

OOO

En el sótano de la discoteca latina Señor Lobo, Felipe Gutiérrez Calderón, segundo al mando de los AKG, permanecía donde había estado la última hora y media: apoyado contra unas cajas de cerveza, custodiando una pequeña puerta metálica, cerrada, que iba a dar a un despacho. Tras la cual se venían oyendo gritos de agonía desde que el Corona Suprema de los AKG, o sea, Carlos, había empezado su pequeña entrevista con el Omega.

Felipe cambió el peso de una pierna a la otra mientras acariciaba con cuidado lo que guardaba a buen recaudo en el interior de la chaqueta, atento a los murmullos acojonados del resto de los que eran como él de la banda. Más bien, de los que habían sobrevivido a la carnicería en la fábrica de la GM.

Habían pagado un alto precio: del centenar de miembros de pleno derecho de los AKG en Caldwell, veinte habían muerto en una sola noche. Cinco de los que la habían palmado eran humanos y los otros quince… como él. No muertos. Restrictores, como les había llamado aquel chaval de mierda que le había llenado los riñones de plomo. Un vampiro… Mierda si lo que les había hecho aquel Omega no había cobrado toda una nueva dimensión tras esa “conversación” con el chico de los colmillos.

Así que eran una cosa llamada “restrictores”.

Que supuestamente debía estar sacándose los hígados con vampiros de verdad, no de películas, en vez de con otros humanos de bandas rivales.

Tal como, al parecer, le estaba recordando el tal Omega a su jefe, Carlos.

Tras la puerta cerrada se escuchó un último aullido quejumbroso que les puso a todos los pelos de punta antes de hacerse el silencio. Por las miradas de pánico de los otros pandilleros convertidos en no-muertos, Felipe comprendió que todos pensaban igual: ¿cuánto tiempo transcurriría antes de que el Omega extendiera sus atenciones también a ellos en vez de limitarse a su jefe?

Que en ningún momento les había explicado la letra pequeña del contrato.

El muy hijo de satanás de los putos cojones.

Felipe juró entre dientes mientras los demás no muertos de la banda cuchicheaban en voz baja como viejas comadres. Él no se había alistado en los Almighty Kings and Queens para pelearse contra masas de músculos con colmillos en alguna guerra sobrenatural. Él se había alistado porque era un salvadoreño orgulloso de serlo que ya había tenido bastante viendo cómo su padre, un antiguo mando de la guerrilla del FMLN, claudicaba aceptando los acuerdos de paz y de desmovilización de la guerrilla. Felipe tenía diez años cuando su padre se llevó a toda la familia a California y lo odió por ello hasta el día en que otros ex guerrilleros también emigrados a los EE.UU. le partieron la cabeza por traidor a la causa.

Nunca se había adaptado a la vida en los EE.UU. Había acabado uniéndose a los AKG en busca que raíces, de algo que se pareciera a lo que él recordaba de niño en El Salvador. Después de que su viejo se fuera al otro barrio, había rondado por la mitad de los Estados Unidos hasta acabar en Caldwell, el patio trasero de Nueva York, en casa de unos primos. Lo único que había hecho bien su padre había sido enseñarle a disparar y a manejar un cuchillo, cosa que le había garantizado un progreso bastante rápido entre los AKG. Se había arrimado a Carlos en los últimos meses porque Carlos había subido peldaños en el mando de la banda como la espuma. Luego había accedido a “transformarse” para ser invencible, para dar por culo al sistema, al mundo en general y a los putos negros que se creían que ellos eran los herederos de las migajas del sueño americano.

¿Qué tenía eso que ver con vampiros, dioses oscuros que te usaban como su zorra particular durante horas en cuanto se cabreaban y mierdas varias?

Nada.

Si un adjetivo podía definir a Felipe, era “superviviente”. No iba a verse involucrado en las estupideces de Carlos, no pensaba arriesgar su pellejo en una causa que no era la suya y, por supuesto, iba a encontrar la manera de que su polla volviera a levantarse. Y, si tenía que entregar a Carlos, al Omega de los huevos y a todos los demás “restrictores” a esos vampiros, pues que así fuera.

Lo único que tenía que hacer era encontrarlos.

La puerta se abrió lentamente y una mano ensangrentada se aferró a ella, dejando salpicaduras oleosas. Carlos se asomó, chorreando sangre negra por la boca y los oídos, con las ropas destrozadas y con todo el aspecto de haber sido usado como saco de boxeo y agujero para follar al mismo tiempo. Los ojos desorbitados del gran Corona Suprema de los AKG de Caldwell se fijaron en Felipe.

-Hay… que encontrar… a esos… vampiros.- resolló, temblando y apestando a Eau de Maldad concentrada. Del despacho emanaba un helor de tumba antigua-. El Omega… exige… una ofrenda.

Claaaaro… Felipe estuvo a punto de darle una buena patada en los huevos. El Omega quería que le sirvieran un guiso de vampiros en compensación por haber estado perdiendo el tiempo con guerras entre humanos cuando, según el guión que nadie conocía de la historia, tendrían que haber estado persiguiendo colmilludos.

-Somos AKG. No peleamos con… con vampiros.- el tipo que habló, otro de los no muertos de la banda, puso en palabras lo que pensaban todos. La historia de los vampiros había corrido como reguero de pólvora.

Felipe observó el intercambio en un silencio prudente. Carlos hizo lo posible por enderezarse y salió del despacho para que todos pudieran ver cómo le había dejado el Omega. Por los clavos de Cristo… seguía en pie por el simple hecho de que ya estaba muerto.

-Peleamos contra quien… el Omega nos diga. Si queremos… seguir existiendo.- retó Carlos al insumiso-. Y tenemos que encontrar… a su hijo.

Felipe se separó de las cajas, súbitamente atento.

-¿A su qué?

Todos los pares de ojos se fijaron en la patética forma de Carlos.

-El Omega… tiene un hijo… medio vampiro. Ahora es… como él, de sombra.- su jefe chirrió los dientes cuando el cuerpo entero se le sacudió de un espasmo-. El Omega lo desheredó, pero… dice que ha vuelto. Que está haciendo a más como nosotros. Tenemos que encontrarle… cambia… mucho de lugar.

-Nos enfrentamos con otros como nosotros en la GM la otra noche.- resaltó el no muerto de antes-. Bloods que aguantaban los tiros. Sangraban en negro, como nosotros.

-Los convirtió… el hijo del Omega.- Carlos dio una bocanada de aire, más por costumbre que porque lo necesitara, y consiguió enderezarse.

-Tú lo sabías.- el compañero restrictor apretó los puños-. Lo sabías y dejaste que fuéramos ¡Esos negros de mierda han matado a quince de los nuestros! ¡Quince, Carlos! Y tú lo sabías.

-¡No lo sabía!- Carlos apretó la boca en una raja.

Felipe tuvo que morderse la lengua para permanecer quietecito donde estaba. Hijísimo de la gran puta… No sólo les había engañado para convertirlos en no muertos ocultándoles que su auténtico propósito era cazar esos vampiros, sino que ahora resultaba que los había metido en una guerra de trapos sucios familiares.

Más leña al fuego para servir a Carlos y al Omega a los vampiros con una manzana en la boca.

Los ojos de su jefe se desviaron a él.

-Tú te encontraste con dos vampiros hace unas noches. Y hablaste con uno de ellos en la fábrica ¿Sabes algo que nos permita encontrarlos?

Felipe tenía otra gran cualidad, además de cero escrúpulos y una buena mano con las armas de filo: mentía divinamente.

-Ni zorra idea. Los dos chavales pasaron corriendo delante de mí. Y el que me encontré después en la fábrica estaba demasiado ocupado volándome los riñones. Sólo sé que sangran rojo: le metí la navaja por las tripas. Lo mismo ya está muerto.

Carlos se apoyó en unas cajas y sus manos se crisparon en puños.

-¡Pero tienes que haber oído algo! Mierda, ¡tenemos que encontrarles!- se giró hacia el corro de restrictores que le observaba en silencio- ¿Queréis que el Omega os haga lo mismo que a mí?- las piernas le volvieron a temblar cuando vomitó otro esputo negruzco- ¿Queréis saber lo que es sentir esa… esa mierda dentro? –escupió sangre-. Porque eso es lo que nos hará si no le traemos vampiros… o a su hijo ¡A todos!- dio un puñetazo débil sobre la caja contra la que se apoyaba-. Salid a las calles. Me da igual cómo lo hagáis, pero quiero vampiros muertos. Y quiero que encontréis al hijo del Omega ¡YA!

-La pasma controla todas las putas calles, Carlos. Llevamos dos noches escondidos por nuestras familias, ¿cómo cojones crees que vamos a asomar la nariz ahí fuera?- el restrictor Portavoz del Cabreo Comunitario manoteó en el aire.

Carlos caminó hacia el tipo como un borracho y le cogió por la pechera de la camiseta.

-Me da igual cómo coño lo hagáis ¿Queréis seguir viv… existiendo? Pues salid ahí fuera. Buscad vampiros. Buscad al hijo del Omega.

Los “ya, claro” y las miradas de odio acompañaron a los restrictores cuando empezaron a salir del sótano del Señor Lobo en ordenado desfile. Felipe los observó de reojo un momento; el motín se estaba fraguando, sólo era cuestión de tiempo que los nueve restrictores que quedaban se rebelaran contra Carlos y sus mentiras.

Así que él disponía sólo del tiempo que tardara en prender la mecha de la revuelta para encontrar a los vampiros.

Carlos lo llamó cuando ya se había dado la vuelta para largarse.

-¿Estás seguro de que no sabes dónde encontrar a esos vampiros?

-Mierda, Carlos, puedo ser un sádico pero no te mentiría.

Felipe estuvo a punto de poner los ojos en blanco cuando Carlos asintió, aliviado por contar con su confianza.

La imbecilidad acababa de añadirse a la saca de motivos para traicionarlo.

OOO

-Controla ese golpe. Eso es. No aporrees el metal como si fuera un saco de boxeo. Escúchalo. El sonido es distinto si lo fuerzas más allá de su límite. Bien. Descarga en el yunque. Fuerza y control. Necesitas las dos cosas.

La voz baja y tranquila de V se enroscaba alrededor de Qhuinn como algún hechizo antiguo, guiando su brazo inexperto. Clinc-clinc-clanc. Golpe al acero-golpe al acero-golpe al yunque. Clinc-clinc-clanc.

-Está bien. Para. Descarga en el yunque… y para.- Vishous asintió cuando él bajó el brazo con el martillo, haciendo una mueca- ¿Más cansado que hacer pesas? No has acabado, tienes el tiempo justo de enfriar el acero.- señaló un cubo con una mezcla de aceites y agua fría, al pie del yunque.

Qhuinn introdujo la barra con la que había estado practicando y el siseo furioso que se desprendió, acompañado de vapor, le hizo pensar en un dragón cabreado. Sonrió al sacar la barra y depositarla sobre una rejilla metálica para su enfriamiento. No había forjado nada, Vishous sólo le había guiado por la rutina del calentamiento y el estirado, enseñándole a golpear el metal incandescente de la manera adecuada. Habían dejado para otro día el desvastado, el esmerilado y el pulido, así que lo que Qhuinn había depositado tan orgullosamente en la rejilla era poco más que una barra de acero aplanada en un extremo con un intento de filo toscamente trabajado.

-¿Cómo tienes los brazos?

Qhuinn flexionó los dedos de ambas manos, rígidos después de haber estado sosteniendo las tenazas y el martillo. Probó a rotar las muñecas y a mover los brazos, sudorosos, con los músculos resaltados por el hollín, vibrantes después de la rutina de golpeteo.

No se había sentido tan vivo en… ¿cuánto tiempo?

-Estoy bien. Esto es mejor que el gimnasio.

Vishous palpó su muñeca y su brazo, en busca de contracturas, y luego lo miró de reojo.

-Si Wrath quiere hacerte patrullar esta noche, tendrías que dejarlo ahora.

Qhuinn frunció el ceño.

-¿No podemos seguir un rato más?

-¿Por qué?

-Porque… me gusta. Es relajante. Y John está fuera de rotación esta noche, dudo que Wrath me encargue algo a mí solo.

Vishous lo perforó un momento con la mirada antes de dirigirse al armario del fondo de la herrería. Volvió con dos muñequeras de cuero rígido, reforzadas con correas, y se las tiró.

-Póntelas. O cuando acabes de aquí no podrás hacerte pajas con ninguna de las dos manos.

-¿Nos quedamos?- Qhuinn se secó la piel sudorosa de las muñecas antes de ajustarse el cuero.

Te quedas. Yo sí tendré patrulla.- V torció el gesto-. Butch la va a liar en la reunión, así que alguien tiene que estar ahí para parar a los toros cuando mujan. y tengo que acabar unas cosas antes de eso.

Qhuinn se secó el sudor de la frente, parpadeando cuando el mundo real interrumpió en la burbuja de calma con que la forja le había rodeado.

-¿Por qué? ¿Qué piensa hacer Butch?

Vishous cogió un cazo y se echó agua limpia por la cabeza, sacudiendo el pelo como un perro para luego secarse con otro trapo. Resopló.

-Quiere verse con su ex compañero, De la Cruz. El muy cabezota cree que le necesitamos si queremos aclarar este jodido montón de mierda con los restrictores jugando a guerras civiles.

-¿El humano?- joder, Wrath y Tohrment se subirían por las paredes. Espera… -¿Y tú estás de acuerdo?

V entrecerró los ojos.

-Siempre que yo también vaya para poder borrar la memoria al estúpido humano si empieza a chillar cuando nos vea los colmillos.

Por la Virgen, ciertamente la guerra, y el mundo en que se movían los vampiros, había cambiado si Vishous estaba dispuesto a dejar que su Butch arriesgara el culo plantando la cara delante de un humano que le creía muerto. Si su macho decidiera hacer eso… Qhuinn estuvo a punto de darse un cabezazo contra el yunque.

¿Qué mierda le había pasado por la cabeza?

-Quédate aquí un par de horas. Practica.- le dijo, secándose las manos-. Siempre que me lo dejes todo más limpio que tu culo y cojas barras de acero normal. Si te veo tocar una de ésas -señaló las de Damasco- o me encuentro algo fuera de sitio, me tapizo el sofá con tu pellejo, ¿estamos?

-Estamos.- después de lo que V estaba haciendo por él, se ataría un pañuelo de flores a la cabeza y le sacaría brillo a toda la jodida Guarida de rodillas, si era necesario- ¿Qué tengo que intentar forjar? Algo sencillo, ¿no?

V se desató el mandil de cuero y se sacó la camiseta que llevaba, pegada a la piel por el sudor de la fragua. Se apartó el pelo húmedo de los ojos, mirándole un rato en silencio antes de contestar.

-Lo que el acero te pida.- antes de que él pudiera abrir boca, V señaló la barra con la que había estado practicando-. Con eso sólo has dado golpes, no has intentado forjar nada. No has escuchado. En cada barra en bruto hay una forma oculta. El acero sabe lo que quiere ser, tu trabajo es escucharlo, sacar esa forma escondida. A veces puede ser fácil y otras un puto infierno pero, si intentas forzar el acero a ser lo que no es, nunca sacarás de él algo que valga la pena. Y, si empiezas mal, da igual cuántos golpes le des luego, no podrás corregirlo.- elevó un poco una comisura y Qhuinn vio algo de calor en sus ojos. Aunque podrían ser las llamas-. Para forjar no basta con la técnica. Necesitas esto -se dio un golpe en el corazón- para entender lo que hay oculto en el metal y esto -se señaló la sien- para extraerlo con el control necesario. Es lo que me dijeron a mí. Puede que te suene a “Conan el Bárbaro”, pero es cierto como la mierda.

-¿Estás… hablando de forja?

Que le mataran si eso no sonaba como la vida misma.

Vishous le daba la espalda y Qhuinn vio ondular el nombre de “Butch” tatuado a lo ancho de sus enormes hombros. El Hermano le miró de reojo con algo parecido a ironía.

-¿Y de qué si no?

Ya, claro. Tonto él por creer que el Megagenio se preocuparía por hacer de consejero.

-Oye… Siento lo de antes. En el túnel.

La mueca de V se volvió siniestra.

-La próxima vez te romperé el brazo por cuatro sitios.

Qhuinn apretó las manos en puños, haciendo crujir el cuero de las muñequeras, mientras Vishous salía de la fragua. Mantuvo la vista fija en el yunque durante un momento, en la penumbra ardiente, normalizando su respiración después del esfuerzo.

Está bien, de acuerdo. Probaría a hacer algo él solo.

Invirtió su tiempo en escoger una barra de acero, sereno como no se sentía muy a menudo, en el silencio de la fragua. Sólo por eso, ya tendría que darle las gracias a Vishous durante media vida. No sabía si el Hermano le estaba intentando ayudar con su “hola-estoy-para-el-psicólogo” o si realmente sólo pretendía enseñarle herrería; con él, era difícil saber lo que pensaba. Pero daba igual, lo cierto es que le había permitido descubrir lo único que le hacía sentir que controlaba algo.

Escogió una barra de acero normal, cortada, de unos 45 centímetros de largo, por ningún motivo en especial. Contempló con calma cómo adquiría el color que V le había dicho que era blanco anaranjado al sumergirla en las llamas del horno. Aquello les había llevado un tiempo: Qhuinn sólo apreciaba gamas de grises y en herrería era vital acertar con el grado de incandescencia del metal. Para eso, había que sacarlo del fuego cuando tuviera el color preciso. V no se había burlado de él cuando había confesado que sólo veía en grises, se había limitado a variar la temperatura del horno para que la pieza pasara por toda la escala de colores, de manera que Qhuinn pudiera asociarlo con los distintos matices de sombra que apreciaba.

V le había hecho sentir que su defecto no era importante, simplemente adaptando la lección a sus particularidades. De hecho, su daltonismo nunca le había supuesto tampoco un problema en las calles: ¿a quién cojones le importaba de qué color llevaba la ropa un restrictor mientras le acertaras con la daga en el corazón?

Los gruesos guantes le protegieron las manos hasta que tuvo la barra a la temperatura adecuada para después trasladarla al yunque, sosteniéndola con las tenazas en la mano izquierda. El tacto del martillo en su palma derecha le hizo sentir capaz, al mando de la creación.

La herrería le forzaba a detener la espiral frenética de su existencia. No podías obligar al acero a calentarse antes. No podías ir con prisas a la hora de coger una barra al rojo vivo con unas tenazas porque te podías achicharrar. No servía de nada aporrear el acero con furia porque sólo lo rompías. Le obligaba a calmarse y a controlarse, a ser consciente de su cuerpo y a afinar la concentración.

Qhuinn pensaba hacer algo fácil con aquella pieza: quizás sólo seguir practicando el aplanado del metal. Era lo que le parecía más sencillo pero, tras unos cuantos golpes, el acero empezó a deformarse. Frunció el ceño, intentando recordar las lecciones de Vishous. Quizás no estaba usando el ángulo adecuado.

Dos golpes más y Qhuinn tuvo que detenerse. Si continuaba, echaría a perder la pieza. Dejó el martillo a un lado y volvió a calentar el acero, poniendo buen cuidado en descifrar el color que adquirió al fuego.

La maldita barra de acero le recordó a su jodida vida. Cuando por fin se decidía a seguir el camino que parecía más claro, más limpio y más sencillo, se deformaba. Podía seguir golpeándolo, intentando que se adaptara a la forma que él le había adjudicado de antemano, pero Qhuinn empezaba a temer que, al final, se quebraría.

Sostuvo la pieza incandescente con las tenazas, colocándola de nuevo sobre el yunque con sumo cuidado. Se agachó un poco, contemplándola desde todos los ángulos, con sólo el crepitar de las llamas como música ambiental.

A lo mejor… a lo mejor podía intentar hacer algo más con aquel trozo de acero informe que aplanarlo.

Calentó el martillo con unos cuantos golpes secos contra el yunque, tal como le había enseñado V, y luego empezó a intentar extraer aquella nueva forma bastante más difícil que parecía guardar la barra de acero en su interior. Dejó que los distintos sonidos del metal le guiaran para comprobar cómo respondía. Lo que estaba probando iba más allá de las cuatro lecciones que había recibido esa tarde; la forma que veía en su mente requería de la combinación de golpes más difícil de las que le había enseñado V y ya empezaba a notar calambres en el brazo, pero obtuvo una recompensa: el acero no se deformó.

Animado, siguió con golpes decididos, guiados por la intuición.

No tenía mucha idea de lo que hacía, pero decidió arriesgarse al ver que el metal se doblegaba bajo el martillo. Mantuvo la hoja a la temperatura que creyó adecuada, sudando a mares para mantenerla constante, y se las ingenió para inmovilizar la pieza sobre el yunque pinzando el extremo frío con unas tenazas fijas. Encontró algo parecido a un cincel, que apoyó sobre lo que le parecían partes sobrantes de la forma, prescindibles. Simples excrecencias que impedían que la forma oculta en el acero surgiera pura.

Como sus traumas, su falta de confianza, sus “no sé si” y su “tengo que cumplir con mis objetivos”.

Joder si la forja no le recordaba a su vida.

Más golpes secos con el martillo, desprendiéndolas. Vuelta a templar el acero, vuelta a insistir con el martillo. Sólo paró para secarse el sudor cuando amenazó con metérsele en los ojos. La jodida cosa era lo más difícil que había hecho nunca, y se preguntó si no debía haber enviado los consejos de V a la mierda y haberse limitado a aplanar la maldita barra. Juró y maldijo pero se obligó a controlar su frustración para no destrozar con un golpe indebido lo que estaba haciendo surgir con sus manos.

Un par de horas después, Qhuinn apagó el horno y se dejó caer en el suelo, con la espalda apoyada contra la pared de hormigón y los brazos temblando con calambres, agotado hasta la médula. Sobre la rejilla de metal estaba lo que había conseguido forjar, aún humeando después de enfriarlo en agua aceitosa.

Una daga.

Bien, no exactamente.

Vishous se retorcería por el suelo sacando las amígdalas de la risa si Qhuinn tuviera la desfachatez de calificar aquel pedazo de acero como una daga, pero para él era como si hubiera construido el Rockefeller Center con sus manos desnudas.

Alargó la mano protegida con el guante y cogió su obra maestra, examinándola entre temblores de los brazos: el acero no estaba completamente plano y, desde luego, habría que templarlo y pulirlo para que pudiera servir, como mucho, para pelar naranjas. Pero la forma era claramente visible: una hoja en forma de triángulo basto, de más de un palmo de largo, con los dos lados bastante rectos. Incluso había logrado alisar los filos y moldear la espiga de metal que luego se recubriría de madera o hueso para formar la empuñadura de la daga. Pero su orgullo era la punta: afilada, peligrosa. Capaz de traspasar cualquier cosa.

Sonrió con un jadeo y los hombros le enviaron calambres hasta las muñecas magulladas cuando volvió a dejar su primera hoja sobre la rejilla.

No se había creído capaz de extraer semejante forma de un pedazo de barra de acero con sus manos, estaba seguro de que la cagaría. Como mucho, aspiraba a dar unos cuantos golpes fáciles. Pero esa era la belleza de la forja, pensó: te enseñaba a ver el auténtico orden en el caos, a focalizarte, a concentrarte, a eliminar lo accesorio para descubrir lo que en realidad estaba predestinado a ser, por mucho que te costara. Y por doloroso que fuera.

El resultado era más auténtico y valía más la pena que darle cuatro golpes a una pieza para forzarla a convertirse en algo que no era y acabar por romperla.

Qhuinn acababa de descubrir lo que iba camino de convertirse no en una afición, ni siquiera en un posible oficio.

Acababa de descubrir su salvación.

OOO

Layla flotó en la gran piscina del Templo de las Elegidas, en el Otro Lado, dejándose acunar por el perfume de los pétalos de rosas blancas en el agua y por el murmullo de la pequeña cascada.

Ella también se sentía como si flotara por dentro.

Iba a emparejarse con el guerrero Qhuinn. Como pensaba, él era demasiado caballero, demasiado galante, como para tomarla antes de la ceremonia. Qhuinn no quería aprovecharse de su formación como ehros, porque Qhuinn la veía a ella, a Layla.

Qhuinn, Qhuinn, Qhuinn…

Rió, con el pelo extendido a su alrededor en una corona de sol. Tendría que acostumbrarse a llamarlo por su nombre, eso es lo que hacen las shellans con sus hellrens, según había observado en sus visitas a la mansión.

Cuando estuvieran emparejados, ella aprendería a vestirse como las demás hembras, si eso complacía al sir… a Qhuinn. Aprendería qué alimentos eran de su agrado para poder preparárselos con sus manos, como había leído que era signo de amor. Se bañaría con rosas y perfumaría su piel con aceites delicados para que él la encontrara hermosa durante los días.

Con sólo pensarlo, se sentía viva.

-Hermana, vas a llegar tarde a los rezos.

Layla se incorporó de golpe y se sacudió el agua de la cara para ver a Amalya de pie al lado de la piscina.

-¡Directrix! Me he entretenido, disculpa.- caminó con gracia hacia el borde de la piscina, escurriéndose la melena, y agradeció la toalla que le tendió la Elegida morena.

-Sonríes. Hace días que no veía esa expresión en tu rostro.- Amalya se apartó un poco para que el agua no salpicara su túnica- ¿Puedo pedir que compartas tu alegría conmigo?

Layla nunca habría soñado con hacerle confidencias a la antigua Directrix, pero Amalya era dulce y sabia. Rió con un cascabeleo y le dio un abrazo impulsivo.

-¡Ay, Amalya! El sire Qhuinn me lo ha pedido ¡Va a hablar con el Gran Padre!

La Directrix intentó aplacar su entusiasmo apartándola.

-¡Layla, vas a empaparme! ¿Qué te ha pedido el sire Qhuinn?

-¡Que sea su pareja!- Layla se secó el pelo con tanto ímpetu que estuvo a punto de arrancarse un par de mechones-. Desea que sea su shellan, hermana. No quiere… tomarme como hembra hasta que no estemos emparejados.- se sonrojó y bajó la mirada mordiéndose el labio-. Creí que… le había perdido, ¿sabes? Pero no es así.

Amalya, siempre moderada, no reaccionó con su misma alegría; era comprensible, la Directrix siempre debía mantener la calma. Se sentó en un pequeño banco cerca de la piscina. Guardó silencio mientras ella acababa de secarse y volvía a vestirse con su túnica.

-Layla, hermana mía, disculpa por hacerte esta pregunta tan íntima pero, ¿te ha marcado con su olor?

Ella se giró con una sonrisa mientras se anudaba el ceñidor.

-No, no lo ha hecho. Pero es natural. Si quiere respetar mi… inocencia hasta la ceremonia, con toda seguridad reservará el olor de marcaje también para ese momento especial.

Tarareó por lo bajo mientras se cepillaba la melena, una melodía que Bella solía cantarle a su hija.

-¿Por qué dices que estuviste a punto de perderle?

Layla detuvo el cepillo, dudosa sobre lo que resultaba apropiado explicar. Pero eso era una conversación informal con su hermana al borde de la piscina, no en la solemnidad del Templo. Podía hablar con libertad. Si superaba la vergüenza.

-Porque el sire Qhuinn y el guerrero Blaylock estuvieron… juntos. Carnalmente.- casi se clavó el colmillo en el labio-. Pero Qhuinn me dijo que no había nada entre ellos, que no me preocupara.- le ofreció una sonrisa radiante y reanudó el cepillado.

Pronto, no tendría más turnos de rezos. Ni comería comida blanca, ni vestiría de blanco ni dormiría en sábanas blancas. Viviría en un mundo de colores y olores, de sensaciones. De la mano de su guerrero. La Directrix le hizo un gesto, invitándola a sentarse delante de ella. Empezó a trenzarle el cabello húmedo.

-Layla, ¿cuánto conoces al sire Qhuinn?- preguntó Amalya en voz baja.

Ella se encogió de hombros.

-Sé que es un guerrero honorable y capaz, hermana. Es valiente, fuerte y sabe… ser delicado conmigo. Es leal a su protegido, el sire Tehrror.

Las manos de Amalya eran hábiles con su pelo.

-Hermana, comparto tu alegría. Te he visto en los últimos tiempos, marchitándote en este lado como lo hacía nuestra hermana Cormia antes de emparejarse con el sire Phury. Nada me gustaría más que verte tan feliz como ella.- su voz era como una canción; le hizo sonreír-. Pero el mundo material no es como el nuestro. Es caótico, es complicado y las relaciones entre las personas lo son mucho más.

-¿Qué quieres decir?- resistió el impulso de girarse para no torcer la trenza.

-Quiero decir que las personas del Otro Lado son de fuertes pasiones, de emociones complejas, y se rigen por unos cánones diferentes a los nuestros. No quiero…- Amalya suspiró a su espalda-. No quiero desencantarte, hermana, sólo darte elementos de reflexión. Sirvo a dos Hermanos, los sires Vishous y Dhestroyer. Son machos pero el vínculo que les une es tan fuerte como el de shellan y hellren; lo he percibido. No subestimes la… relación entre los sires Qhuinn y Blaylock.- acabó de enrollarle la trenza alrededor de la cabeza, fijándosela con agujas-. Y todos los machos vinculados han marcado con su aroma a sus parejas como expresión de su amor. No es, al parecer, algo que pueda controlarse de manera racional.

Layla se giró a mirarla. Los ojos de Amalya siempre transmitían una serenidad de la que ella carecía.

-Pero Qhuinn me dijo…

La Directrix, le puso dos dedos en los labios, meneando la cabeza.

-No te alteres, Layla. No es mi propósito. Probablemente, el sire Qhuinn estará orgulloso de pedir tu mano al sire Phury y serás tan dichosa como Cormia. Sólo… sólo concédeme la tranquilidad, como tu hermana, de reflexionar lo que te he confiado antes de que el Gran Padre te mande llamar. Por favor.

Layla parpadeó, desconcertada.

-Lo haré. Te lo prometo, hermana.

Aunque, en realidad, todo estaba muy claro. Seguro. El sire Qhuinn se lo había dicho y su guerrero no mentía.

OOO

Blaylock salió de su cuarto debatiéndose entre el conocimiento de que pedir permiso para salir con Saxton esa noche era lo correcto y el impulso de rogar a gritos que alguien le diera un motivo para no hacerlo. Su amante no parecía tener ningunas ganas de pedirle explicaciones por su alejamiento de esos días, ni de escuchar lo que Blay quisiera confesarle, contento simplemente de que hubiera decidido volver a él.

Cosa que le hacía sentir una lagartija inmunda porque lo que había pasado esos días había sacudido a Blay como un jodido terremoto y, muy en el fondo, sabía que la situación no era justa para Saxton. En algún rincón oculto, había deseado que Sax le pidiera explicaciones. Así le habría confesado que se había acostado con Qhuinn y Saxton se habría enfadado. Probablemente le habría dejado y eso habría ahorrado a Blaylock el debate interno que le estaba matando de estar atrapado entre dos fuegos.

Mierda, cambiaba de opinión cada hora. Un momento se decía que ya había perdido bastante el tiempo con sueños imposibles y que Saxton, en realidad, le hacía feliz. Al otro se moría por plantarse delante de Qhuinn y exigirle que se aclarara de una jodida vez por el bien de los dos.

Suspiró de camino al despacho de Wrath. El rey no le había convocado, lo que podía querer decir que no había nada en perspectiva en toda la noche o bien que tenía alguna reunión privada con la Hermandad, a solas.

La puerta de la habitación de Rhage se abrió y de ella salieron Mary y Selena charlando en voz baja. La Elegida sonreía con más excitación de la que Blay le había visto demostrar jamás. Empezó a dirigirse hacia ellas para preguntar por Rhage, extrañado de no ver a Layla saliendo de su cuarto, cuando Mary levantó la vista hacia él. Algo en su expresión le hizo frenar en seco. Selena seguía parloteando, pero se calló al ver que Mary no le respondía. Cuando la Elegida detectó a Blay plantado en mitad del pasillo le dedicó una sonrisa y un asentimiento. Él se acercó a la humana.

-Mary, ¿cómo está Rhage?- ojeó a la Elegida un momento-. Creí que le alimentaba… Layla.

La Elegida rubia no le había hecho nada personal; no tenía la culpa de estar colada por Qhuinn. Pero, aún así, pronunciar su nombre voluntariamente equivalía a hacerse el harakiri.

-Rhage está mucho mejor. Ya se ha levantado y puede hacer más o menos vida normal, siempre que no tenga que pelear. Wrath lo dejará fuera de rotación esta noche y la de mañana.- Mary hablaba con peculiar lentitud, con la mirada muy fija en su rostro.

Una mala noticia. La humana estaba intentando darle una mala noticia.

-Mary, ¿pasa algo? ¿Es el Refugio?

Ella negó con la cabeza y miró a Selena de reojo ¿Algo con las Elegidas?

-¿Le ocurre algo a Layla?- la Virgen sabía que no le deseaba ningún mal a la hembra.

Mary cogió aire para hablar pero Selena se le adelantó. La Elegida prácticamente daba saltos en el sitio.

-¡Layla se va a emparejar con el sire Qhuinn! Él se lo ha pedido hoy y la Directrix Amalya está hablando con mi hermana.- sonreía tanto que las mejillas le tiraban- ¿No es hermoso? El guerrero Qhuinn quiere hablar con el Gran Padre primero, por supuesto, pero seguro que todo irá bien ¡Van a emparejarse!

¿Podía uno morirse y seguir respirando?

Sí, sin duda.

Blaylock no se movió un ápice, ni parpadeó ni respiró hasta que los pulmones le ardieron y no tuvo más remedio que forzarlos a coger aire.

Qhuinn y Layla… Layla y Qhuinn…

Vio la escena como si estuviera allí mismo: el majestuoso recibidor de la mansión, con su alegre colorido, engalanado para la ocasión. La Hermandad en pleno con sus shellans, todos con almibaradas sonrisas de beatífica satisfacción, cogidos de la mano y susurrando “¿recuerdas nuestra ceremonia, cariño?”. Layla bajando de las escaleras con algún vestido largo blanco que realzaría su pureza femenina, destacando todo lo que Blay no era. El hermoso rostro de Qhuinn girado hacia ella, satisfecho por haber conseguido lo que anhelaba, desnudo de cintura para arriba. Susurraría algo a Layla cuando la Elegida llegara a su lado e hincaría rodilla en el suelo. Luego, los Hermanos tomarían el cuchillo ritual, por turnos, para grabar en esa piel dorada el nombre de quién sería su compañera, letra por…

El estómago de Blaylock subió bilis a su garganta en una contracción dolorosa y se dio la vuelta sin pronunciar palabra.

-¿Sire…? ¿Va todo bien?

Ignoró la voz preocupada de Selena a su espalda y caminó a zancadas, sin ver, con las manos sobre el estómago. Aunque, bien pensado, debería tenerlas sobre el pecho, porque notaba el jodido corazón chorreando sangre.

Lo sabías. Sabías que lo haría desde el momento en que le dijiste “Cuídate, Qhuinn”.

¿Pero qué mierda podía haber hecho? ¿Decirle “me quieres, estúpido idiota, deja de refugiarte en tus malditos traumas y ten el valor de afrontarlo”? Qhuinn habría huido espantado porque para la única cosa para la que no tenía cojones era para darle una patada a todos los prejuicios que había mamado y levantar la cabeza. Había escogido el camino fácil, como Blay había sabido que haría.

Y él, como un gilipollas, dudando entre Saxton y Qhuinn hasta el último momento.

Imbécil, grandísimo, rematado imbécil…

Levantó la vista para darse cuenta de que estaba parado justo delante de la puerta del despacho del rey. No recordaba haber caminado hasta allí, pero su cerebro había tomado la única decisión mentalmente sana en esas circunstancias. Reparó que se oían voces altas dentro, como si media Hermandad estuviera discutiendo con la otra media. En otro momento, le habría dado vergüenza interrumpir una reunión a la que no había sido invitado, pero algo bueno tenía haberse transformado en un muñeco de corcho insensible y anestesiado. Picó dos veces.

-¡ADELANTE!

El grito de Wrath le trajo sin cuidado. Abrió la puerta, dispuesto a hacer su petición y a largarse, cuando distinguió una cara en mitad de la multitud: Qhuinn. El tipo estaba recién duchado, con el pelo de punta todavía húmedo, vestido con cuero y una de sus camisetas blancas y negras. Debía haberse acabado de levantar de la cama con Layla. El muy capullo interrumpió lo que estaba diciéndole al rey y se giró a mirarle. Sonrió.

El cabronazo sonrió. Todo “tengo una buena noticia que darte, amigo mío, voy a emparejarme con la chica guapa”.

Blay se clavó las uñas en las palmas de las manos cuando apretó los puños. Necesitó toda su fuerza de voluntad para no retraer los labios y rugir delante de toda la Hermandad. La sangre se le calentó de golpe, como si hubiera estallado en fiebre de un latido al siguiente.

Algo quería brotar de su piel. Algo que le impulsaría a embestir a Qhuinn, a gritarle, a decirle que era un gilipollas cobarde y que no tenía ningún derecho, ninguno, a escoger a Layla en vez de a él cuando Qhuinn era… era…

-Blaylock.- la cabeza del rey se inclinó a un lado al percibirle-. Espera un momento, andamos discutiendo con tu amigo. Qhuinn… -el aludido no contestó, seguía con los ojos dispares fijos en él y Wrath insistió-. Qhuinn, baja de las putas nubes.

El moreno se giró al punto hacia el rey. Debía estar pensando en la vida de caramelo que creía que le esperaba en cuanto tuviera a Layla legalmente metida en su cama.

Blay tembló de la cabeza a los pies. Fue muy consciente de la mirada blanca de Vishous sobre él, e incluso Z le espió de reojo.

-Quiero ir a hablar con Eckle. Ahora.- la voz de Qhuinn tenía un matiz oscuro, cabezota.

-Lo que deberíamos hacer es traer a ese grandísimo hijo de puta con visiones aquí y ver qué mierda tiene en el cerebro.- masculló Zsadist.

-Eso no es inteligente.- Butch tenía el ceño tan fruncido que sus cejas se tocaban-. Si Qhuinn quiere hablar con él, que lo haga. Tiene más probabilidades de sacarle información sobre esa mierda de visiones que nosotros.

-Puedo leerle el jodido pensamiento.- Vishous parecía estar mordiendo cuero-. Si está mintiendo lo sabré.

-Y si está metido en algo, lo alertarás y echarás a perder cualquier posible pista que nos pueda aclarar esto.- Tohrment negó con la cabeza, las manos en las caderas.

-Quiero hablar con él. Es mi hermano.- insistió Qhuinn-. Tengo… cosas que tratar.

-De acuerdo. Basta ya.- el rey levantó las manos con las palmas hacia fuera, acallando los gruñidos-. Qhuinn, ves a hablar con él. Sácale lo que puedas, pero V te dará un micrófono. Quiero que lo pongas en casa de Eckle. Vamos a controlar a ese hijo de perra, quiero saber con quién habla y en qué coño está metido.

-Hecho.- a pesar de la rabia ciega que le recorría, Blay tuvo la capacidad de sorprenderse por la decisión con la que hablaba Qhuinn.

Parecía que estar prometido le sentaba bien, al muy…

-De acuerdo, tema cerrado. Infórmanos de lo que te diga.- Wrath se giró hacia él-. Antes de que los caballeros aquí presentes vuelvan a sacarse los ojos, ¿qué quieres, Blaylock?

Obligó a sus mandíbulas a desencajarse para poder hablar. Sin mirar a Qhuinn.

-Permiso para salir. No me han llamado para las patrullas ¿Tengo la noche libre?

A pesar de no estar mirándole, Blay percibió el cambio en el humor de Qhuinn. Jódete.

-La tienes.- Wrath enlazó las manos sobre el escritorio y asintió-. Sé prudente. La policía humana ha tomado literalmente las calles. Un movimiento en falso y los tendrás mordiéndote el culo. Ellos -señaló a los Hermanos con un gesto de cabeza- saldrán esta noche con discreción. A ver si encontramos a los jodidos restrictores en las bandas de una puta vez, pero prefiero que Qhuinn y tú no andéis de patrulla también.

-Reventamos la puerta del Señor Lobo y rastreamos cada palmo de la puta discoteca. Verás como encontramos restrictores.- Z arrugó el labio.

-¿Qué parte del “está llena de humanos” no has entendido, hermano?- Tohr se inclinó hacia delante.

Parece que no sólo Blay era una olla a presión esa noche.

-Por eso tenemos que hablar con De la Cruz, tozudos de los cojones.- Butch gesticuló, poniendo los ojos en blanco como si llevaran horas discutiendo y todos se empeñaran en ignorar su razonamiento-. Los restrictores están infiltrados entre los humanos y la policía les pisa los talones. Si vamos como si fuéramos Vin Diesel sólo conseguiremos una matanza y tener que escondernos de los maderos, por amor del cielo. Necesitamos un contacto en la poli, necesitamos sus confidentes para encontrar a los cabezas de las bandas sin llamar la atención ¿Es que todo el mundo está ciego, joder?

Wrath gruñó y le enseñó los colmillos al poli. Vishous dio un paso adelante. Tohr otro. El aire se cargó de electricidad durante unos momentos antes de que el rey se girara muy despacio hacia Qhuinn y él.

-Largaos los dos. Qhuinn, coge un micro del cuarto de material. En las clases os enseñaron cómo funcionaban, ¿no? Y Blaylock, nada de meterse en líos.

En absoluto. Bastante tenía con lo que fuera que le estaba convirtiendo el cuerpo en un volcán borboteando. Butch le apuntó con un dedo.

-Ten el móvil conectado, chico. Igual que te llamo.

Blay no respondió. Giró sobre sus talones y salió del despacho con toda la intención de pegar un desacostumbrado portazo pero alguien aguantó la puerta.  Supo que Qhuinn caminaba tras él sin girarse. Siguió andando a zancadas en dirección a la escalera de bajada. Cuanto antes saliera de la mansión, mejor.

-Blay… Tengo que hablar contigo.- la voz de Qhuinn detrás de él hizo que las encías volvieran a cosquillearle. No se detuvo- ¡Blay, maldita sea, para!

Que te jodan.

Bajó los escalones prácticamente al trote, con las New Rocks de Qhuinn pateando los escalones tras él.

-Tengo algo que decirte, coño, Blay…

Él frenó en seco en cuanto pisó el recibidor. Qhuinn se estrelló contra su espalda y Blay se alejó un par de pasos antes de girarse. Levantó las manos, una inútil pantalla para mantener a Qhuinn alejado y luego las bajó, metiéndolas en los bolsillos de los tejanos. Para que nadie viera cómo le temblaban.

-Ya lo sé, ¿vale? No te molestes.- recorrió el recibidor multicolor con una mueca amarga.

Estaba pasando de verdad, Qhuinn se iba a alejar definitivamente de él y eso no tendría que estar destrozándole como lo hacía porque ya había decidido que lo suyo con él no tenía futuro, pero lo hacía. Otro ramalazo febril volvió a correr por debajo de su piel y Blay tembló.

-¡No es eso lo que te quería decir!- Qhuinn se pasó una mano por el pelo y se lamió los labios-. Vale, sí lo es, pero no lo que crees. Joder, Blay, ¿por qué no me lo haces un poco más fácil y…?

-¡¿FÁCIL?!- mierda, no podía creer lo que oía- ¿Qué quieres que te diga? Está bien: felicidades. Quédate con Layla ¿Cuánto más fácil quieres que te lo haga? ¿Que te diga que te grabaré una de sus letras en la espalda?- el calor interno subió hasta el punto de hacerle arder la piel entera. Gruñó y sus colmillos se extendieron al máximo-. No lo haré. No cuentes con eso. No pienso ayudarte a cagarla como no la has cagado nunca en tu puta vida.

Qhuinn se quedó un momento descolocado, casi como si Blay estuviera hablando de algo que no se le había pasado por la cabeza. El cabrón. Blaylock abrió la puerta de salida de la mansión y se desmaterializó ante sus mismísimas narices.

OOO

Felipe acarició una vez más lo que llevaba oculto en el bolsillo interior de la chaqueta mientras asomaba la cabeza para otear desde un callejón. Los jodidos coches patrulla proliferaban como setas: la poli debía haber sacado a todos sus johnnys para asegurar la paz de la calles. Por suerte, antes de dirigirse a donde tenía en mente había tenido la precaución de pasar por la casa de sus primos, donde se había estado refugiando esos días, para dejar la chaqueta con los colores de la banda y coger otra prestada. Lo último que necesitaba era que la pasma le pillara para identificarle.

Esperó a que se perdiera el eco de las sirenas del último coche de la poli para salir de las sombras y cruzar la calle a paso rápido, hacia la cuchillería medio escondida en una esquina. Con el toldo verde roto a trozos y las ventanas polvorientas que casi no dejaban ver las armas de filo expuestas en el escaparate, la tienda no invitaba a muchos clientes, lo cual le iba como anillo al dedo. Felipe compraba sus cuchillos y sus navajas en aquella tienda desde hacía años. Era un sitio discreto, barato y que satisfacía sus necesidades creativas.

El lugar ideal para que le explicaran qué mierda era la daga que llevaba bien escondida en el bolsillo interior de la chaqueta.

Con un último vistazo, empujó la puerta de la cuchillería. Había recogido la daga de al lado de un cubo de la basura en el callejón del barrio latino donde se había topado con aquellos dos chicos vampiros cuando había salido a comprobar que la pasma ya se había ido, hacía unas noches. Estaba claro que un arma como esa no era de ninguno de los vecinos del barrio ni de la poli, a menos que ahora se armaran como mercenarios medievales. Felipe se la había guardado porque era la mejor hoja que había tenido jamás en sus manos, con un doble filo tan pulido que le había abierto un corte profundo con sólo pasar las yemas de los dedos por encima. Ahora estaba claro que la daga se le debía haber caído a alguno de los dos vampiros.

Era la única pista que le podía conducir a ellos.

La puerta de la trastienda se abrió para dar paso a un hombre bajito y gordo, con manchas de sudor en las axilas de la camisa, que se peinaba el pelo a un lado para disimular la calvicie. El tipo le alargó la mano por encima del mostrador mientras el ventilador del techo le levantaba el extremo de los largos mechones de pelo.

-Felipe.

Amigo.- saludó en castellano. El hombre movió la nariz con disimulo y Felipe no pudo evitar cabrearse. Normalmente, el comerciante era quien olía peor de los dos. Ahora parecía que sólo le hubiera abandonado el desodorante a él-. Vengo por algo especial.

El hombre chasqueó la lengua y se metió un tronquito de regaliz en la boca.

-Sabes que te trato bien, ¿qué buscas?

-Sólo información. De esta belleza.- sacó la daga y la colocó sobre la mesa. El tipo se inclinó como si fuera un diamante del tamaño de un melón.

Realmente lo era. Debía medir unos 40 centímetros de largo, de los cuales 25 correspondían a la hoja: el acero hacía unas aguas peculiares, que a Felipe le recordaba a algún cuchillo antiguo que había visto en pelis de caballeros con armadura. La empuñadura era larga, cómoda para alguien de mano grande, y estaba trenzada en cuero para facilitar el agarre. También había reparado en un grabado en la hoja, justo bajo la inserción de la empuñadura, una especie de “V” estilizada enmarcada en un círculo.

-¿Y? ¿Qué puedes decirme?

-Te la compro.- murmuró el hombre, ajustándose un monóculo en el ojo derecho para estudiar el detalle de la daga.

-No está en venta.- comentó con una sonrisa torcida-. Pero te pagaré bien si me dices algo que me sirva para encontrar a su dueño. No parece una daga comprada en una tienda. Sin ofender.- añadió en español- ¿Es una antigüedad?

El tipo se quitó el monóculo y cogió la daga como si fuera un puto bebé, comprobando el filo perfecto a la luz de la lámpara antes de dejarla sobre el mostrador.

-No es una antigüedad porque ha sido forjada hace poco, pero sí que lo es porque han usado un material que sólo había visto en dagas históricas. Espera.- el hombre desapareció un momento en la trastienda para volver con algún catálogo amarillento que ojeó con fervor hasta abrirlo sobre el mostrador y señalar un cuchillo curvo con incrustaciones de perlas en la empuñadura. El acero de la hoja tenía las mismas ondulaciones que el de su hoja-. Esto es una daga del siglo XIII, forjada en Siria. Algunos armeros de esa época, pocos, sabían trabajar un metal especial, muy resistente y que jamás pierde el filo. Le llamaban acero de Damasco.

Felipe parpadeó ¿Siria? ¿Y dónde mierda estaba eso?

-¿Esto es una daga de esa Siria?

El hombre le miró como si fuera gilipollas y eso le cabreó. Vaya por dónde, acababa de toparse con un cuchillero freak.

-Digo que esta daga ha sido forjada recientemente con acero de Damasco.- masticó un par de veces su barrita de regaliz-. Eso es muy raro. La técnica exacta para forjar armas con ese acero se perdió hace unos siglos en Europa, pero parece que todavía hay alguien que sabe cómo trabajarlo.- dio un golpecito sobre la “V” grabada-. Ésta es su marca de herrero. Y quien sea, es un puto genio. Es la mejor hoja que he visto en mi vida y está muy bien cuidada ¿Ves?- le señaló el filo y luego la empuñadura-. La han aceitado con regularidad y el cuero para el agarre es nuevo.

Felipe se lamió los labios mientras pensaba, con los ojos fijos en el cuchillo. Alguien que había forjado una daga con una técnica perdida hacía siglos… cuadraba bastante con un vampiro. Si tenía que hacer caso a las películas, esos bichos vivían pero que mucho tiempo. Quien fuera, podría haber aprendido la técnica en algún siglo pasado. Pero había forjado esa daga hacía poco. Se cruzó de brazos, golpeando rítmicamente el suelo con la punta de un pie.

-El acero ése… ¿dónde se compra? Quiero decir, pongamos que el tipo que forjó la daga vive aquí, en Cadwell ¿Dónde comprarías tú el acero de Damasco?

El hombre suspiró, sacó un pañuelo mugriento y se secó el sudor de la cara.

-El acero de Damasco no se compra, se hace ¿Ves estas ondulaciones en la hoja?- señaló con un dedo amarillento-. Para crear una barra de acero de Damasco que luego te permita forjar un arma has de fundir y mezclar varios tipos de acero distintos, formando capas. A veces, hasta 170 capas de distintos materiales, plegadas una encima de la otra. Por eso es tan resistente.- el tipejo sonrió, mostrando una colección de dientes amarillos que darían envidia a un chacal, feliz como un crío explicando su dibujo bonito-. Quien haya forjado esta daga ha tenido que recorrer distintas empresas que traten con acero para comprar los diversos materiales. O compra en una con mucho surtido. Se pueden hacer pedidos por Internet pero, si es un artesano, querrá ver las barras personalmente para comprobar su calidad.

Muy bien, eso ya lo entendía más. Apoyó los brazos cruzados sobre el mostrador, contemplando la hoja.

-De acuerdo. Supongamos que quien haya hecho este cuchillo vive en Caldwell y compra los distintos aceros en la ciudad o cerca.- levantó la cabeza con una mirada directa al dependiente- ¿Dónde irías tú?

El tipejo se guardó el pañuelo roñoso en el bolsillo y consideró la pregunta un momento.

-Cuando la gran Caldwell Steel se fue a la mierda, hace años, se fragmentó en varias siderurgias más pequeñas.

A Felipe se le encendió la bombilla de golpe.

-¿Alguna de ellas está abierta hasta entrada la noche?- si el forjador era un vampiro, y si el cine tenían razón, no podría salir a comprar a la luz del día.

-Caldwell’s forgery.- el hombre asintió-. Las otras son demasiado pequeñas, sólo sirven a tiendas que venden forja artística, pero ésa trabaja también para fábricas que tienen turno de noche, así que seguro que abre hasta tarde.

-¿Dónde está?

-Cerca del centro comercial, en la orilla sur del Hudson, frente a los grandes astilleros.

Felipe dio un par de palmadas sobre el mostrador como si tocara unos tambores, se metió la daga de vuelta en la chaqueta, ignorando los ojillos codiciosos del hombre, y le largó cuatro billetes.

-Eres un amigo.- le señaló con los dedos mientras salía de la tienda de espaldas.

-Si encuentras al forjador, dile que le compro lo que haga.

-Claro, tío, yo se lo digo.

Fiiiiiiiiiiiiiiiiiiiijo que sí.

OOO

Quizás sí que sería una buena idea pedir cita con la psicóloga de la Policía. Antes de perder el juicio por completo.

De la Cruz se apoyó contra la puerta de su coche, aparcado en el exterior del Hospital Saint Francis, con la vista prendida en las primeras estrellas que alumbraban el cielo ¿Qué mierda estaba pasando en las calles, exactamente? ¿Algún tipo de droga que hacía que todos los delincuentes de bandas dijeran las mismas tonterías?

Porque no era posible, claro.

Llevaba todo el día rebotando de un hospital a otro, interrogando a cada uno de los heridos del tiroteo de la GM a medida que los médicos certificaban su paso de estado “grave” a “leve”. No todos habían hablado, desde luego, pero los que sí habían explicado su versión de lo ocurrido le habían permitido reconstruir un relato absolutamente simple.

Siempre que uno creyera en zombis, dioses o en Dragones y Mazmorras.

Los hispanos Almighty King and Queens tenían un nuevo Corona Suprema, un nuevo líder que recibía su poder de un dios oscuro. Su círculo de confianza había recibido el don de la transformación. Eran inmortales, las cuchilladas no les mataban y sangraban en negro. Ellos eran el corazón de hierro que haría que los AKG aplastaran para siempre a esos gusanos de los Bloods y controlaran la jodida maldita ciudad de Caldwell para honor de la Nación Latina. Jamás traicionarían a su líder, por supuesto, pero si el poli quería hacerse el héroe, que buscara a Felipe Calderón. El segundo al mando le metería la pistola por el culo hasta demostrarle cuál era el auténtico poder de los AKG.

Felipe Calderón Gutiérrez. El tipo que, según Científica, habría extraviado su corazón en un edificio a medio construir frente al río Hudson unas cuantas noches atrás.

Por supuesto.

La versión de los Bloods era escandalosamente parecida. Casi parecía que los muy cabrones se hubieran ido de copas para ponerse de acuerdo en la bazofia que explicarían a la poli.

Los Bloods habían sido bendecidos por la llegada de un nuevo dios de venganza e ira. Los años de opresión de los negros en la puta sociedad blanca se iban a acabar porque los Bloods iban a ser la jodida banda que limpiara las calles de basura hispana y que luego iban a ajustar las cuentas con cualquier pálido anglosajón que no tratara a la Nación Negra de “Vos”. El líder de su cuadrilla había sido ascendido, mucho cuidadito, madero hispano de los cojones. Él y sus hombres de confianza habían evolucionado, eran indestructibles, eran un puto ejército. Tenían las mejores armas, las mejores tácticas y súperpoderes.

Si su hijo pequeño estuviera ahí, reflexionó De la Cruz en el aparcamiento solitario, diría que era una jodida competición de Pokémon.

El relato concreto de lo ocurrido dentro de la antigua General Motors, sin embargo, parecía salido de una convención de freaks de la Tierra Media: al menos dos de los heridos juraban por sus madres haber visto un dragón.

Iba a ser un reto impresionante poner todo eso por escrito en un informe sin que le despidieran.

De la Cruz se desabrochó la americana, ahogado, y bajó la vista hacia la placa que llevaba sujeta en el cinturón. A lo mejor había llegado el momento de retirarse, de cambiar las calles por el papeleo de comisaria. De fichar al entrar, al salir y de pasarse el día rellenando denuncias por robos de bolsos de ancianitas, antes de ir a buscar a sus hijos al instituto y de programar barbacoas con sus vecinos los domingos.

Antes de acabar majara perdido.

Excepto que había algo de lo que estaba rematadamente seguro: Butch O’Neal no estaba muerto, había estado observando el tiroteo y tenía toda la maldita pinta de saber qué estaba pasando de verdad.

Así que, antes de robarle los antidepresivos a su madre, De la Cruz iba a ponerse en contacto con los federales y a sacarles para qué agencia trabajaba ahora su ex compañero.

Eso sí, después de un tequila. O dos.

OOO

Blaylock se concentró en una nueva tanda de inspiraciones profundas antes de atreverse a levantarse del banco en que estaba sentado, en un cuidado parquecillo del centro de Caldwell. Aquel calor antinatural que le había recorrido al enterarse de los felices planes de Qhuinn y al enfrentarse a él se había enfriado por fin, dejando un rastro de resignación agotada.

¿Quién era él para echarle por cara a Qhuinn que hubiera escogido a Layla, qué derechos tenía sobre su amigo?

Toda una vida juntos. Penas y alegrías. Rechazos acumulados durante años sólo para descubrir que Qhuinn siente algo por ti pero está demasiado confuso como para tener los huevos de explorarlo. La seguridad de que Qhuinn sólo se sentirá feliz contigo, la certeza de que su emparejamiento con Layla es un error…

Ninguno. No tenía ningún derecho sobre Qhuinn porque su amigo era mayorcito para tomar sus propias decisiones y, qué demonios, él también había tomado la suya. Se llamaba Saxton y le estaba esperando a dos calles de allí.

¿Y si también te estás equivocando? ¿Y si te estás esforzando por seguir un camino que será injusto para Saxton y también para ti a largo plazo?

Blay se pasó las manos por la cara ¿Alguna vez conseguiría estar a gusto consigo mismo, con sus propias elecciones?

Sí, lo estuviste: con Qhuinn entre tus brazos.

Oh, joder, no sabía ni cuanto rato llevaba así, sentado en el parque intentando serenarse y jugando al tenis con su conciencia. Cada argumento que le disparaba, la muy perra se lo rebotaba a la cara.

Hastiado de sus monólogos interiores, meneó la cabeza para sacudirse las idioteces de príncipes azules, cuentos con final feliz y se encaminó hacia la dirección que le había indicado Saxton. La lluvia reciente había aliviado el ardor de la ciudad en verano, el aire era una caricia tibia y la luna bañaba en plata los rascacielos acristalados. Era un principio de noche sereno y Blaylock decidió interpretarlo como un buen presagio. A pesar de lo que le había advertido Butch, silenció el volumen de la Blackberry; pensaba concentrarse en el rato de compañía de su amante sin interrupciones. Igualmente, podía ir consultando el móvil cada cierto tiempo para asegurarse de que no ocurría nada.

Su vida también era importante y esa noche necesitaba centrarse en él mismo. Para variar.

El Café des Artistes ocupaba los bajos de un edificio de oficinas y su fachada de madera art Nouveau, con sus cálidas luces doradas, destacaba entre la frialdad vanguardista del centro como un susurro de seda. Blay pasó entre los cordones rojos que delimitaban la entrada y preguntó al maître si había alguna mesa reservada con el nombre humano que solía dar Saxton; costaba pensar que el maniático de la planificación que era su amante hubiera dejado eso al azar. En cuanto traspasó las gruesas cortinas de terciopelo del foyeur hacia el café, se quedó plantado como un vulgar turista.

El interior era un pedacito del París bohemio y modernista engastado en Caldwell. Carteles europeos de principio de siglo en francés, hermosos espejos con grabados de ninfas, maderas pulidas y lámparas de forja con coloridos vidriados en cada mesa. Había láminas y dibujos enmarcados en las paredes; Blay sólo tenía nociones básicas de Historia del Arte, pero le pareció reconocer reproducciones de Cézanne y Renoir.

El Café era a Saxton lo que el IronMask era a Qhuinn: una extensión de sí mismos.

Vale. Ya.

Blaylock se obligó a concentrarse en el maître, vestido de negro tal como había visto en películas antiguas de París, y le siguió más allá del gran espacio central que albergaba las mesas donde los humanos degustaban la cuisine de Francia. Más allá de otras elegantes cortinas de terciopelo carmesí, se abrían una serie de reservados, con las mesas redondas separadas unas de otras por biombos pintados.

Saxton levantó la vista de su eterno café negro y del Caldwell’s Journal cuando él se acercó a la mesa, dudoso como siempre. El vampiro tenía el mismo aspecto glamuroso que de costumbre, con el pelo rubio brillando a la luz de las lámparas de cristal y un traje gris que hacía juego con sus ojos. A Blay le pareció que la sonrisa de Sax mezclaba alivio y mal presentimiento a partes iguales. Exacerbó su sentimiento de culpa, que últimamente era como una maldita segunda sombra. Se sentó a su lado en el banco tapizado, sin saber cómo saludarlo. Un “hola” parecía frío y un beso en un lugar público… demasiado, quizás. Saxton le cogió la mano por debajo de la mesa y se la apretó con calor.

-Hola, Blaylock, tenía ganas de verte…

Ahí estaba, haciéndolo de nuevo: siempre sabía como hacerle sentir cómodo ¿Cómo mierda iba a pagárselo? Sonrió bajando la mirada.

-Hey, ¿has llegado hace mucho?

Saxton le acarició un momento el dorso de la mano antes de soltársela y coger un purito que tenía apoyado en un cenicero.

-En absoluto, apenas cinco minutos.- dio una calada aromática y señaló con un dedo largo la portada del periódico, con la fotografía de la nave de la General Motors calcinada y las tareas de desescombro- ¿Te viste envuelto en esto?

Blay asintió, pero la llegada el camarero interrumpió su explicación y pidió un café con leche.

-Sí, fue hace dos noches.- al menos, a Sax podía contárselo, al contrario que a sus padres, y le tranquilizaba empezar su cita hablando de cosas menos potencialmente dañinas que de sentimientos-. Fue malo.

-¿Te hirieron?- Saxton mantuvo el purito en suspenso y no tocó el café.

Blaylock tuvo que sonreír.

-No, ni un rasguño, aunque fue un milagro. Tuvimos… muchos heridos. Hay algunos que aún se están recuperando, pero todo está… controlado ya.- carraspeó. Que no pregunte por él, por la Virgen que no me pregunte…-. No podemos salir abiertamente a patrullar porque la policía ha tomado las calles, así que supongo que tendremos unas noches tranquilas.

-Me alegro. Me preocupé mucho cuando lo vi en las noticias.

Le pareció que Saxton le miraba como si le estuviera leyendo el pensamiento, pero su sonrisa fue de alivio sincero. Su amante sorbió el café con calma, sin dejar de mirarle por encima de la hermosa taza de porcelana, y Blaylock se estrujó el cerebro en busca de temas de conversación. Llevaban tres meses de supuesta relación pero, ¿qué sabían el uno del otro? Apenas nada. Y lo peor es que Blay no sabía qué preguntar ni cómo hacerlo. De algún modo, a pesar de todo lo que habían hecho entre las sábanas, le resultaba más fácil juntar los cuerpos que los corazones. Pero tenía que intentarlo y…

-¿Te gusta este café? ¿Habías venido alguna vez?- la voz de Saxton casi le hizo saltar en el asiento.

-Nunca.- sonrió con nerviosismo-. No suelo venir a sitios tan elegantes, a mis amigos no les gustan demasiado. Pero pega mucho contigo, siempre te rodeas de arte.

-Me gusta la belleza, ¿puedes culparme por ello?- la sonrisa de Saxton estuvo a punto de dejar ver sus colmillos.

-¡No!- rió. El camarero que le trajo su café con leche fue otra ayuda a la hora de rebajar la tensión que sentía Blay-. A veces pienso que te hubiera gustado ser artista en vez de abogado, no sé… pintor.

La sonrisa de su amante se rebajó un tanto y Blay volvió a ponerse en tensión ¿Había dicho algo malo?

-No soy tan hábil como para ganarme la vida con los lápices.- murmuró Saxton, con el ceño ligeramente fruncido mientras apagaba el puro en el cenicero, exhalando la última boqueada de humo-. Pero me habría gustado ser marchante de arte.

Blaylock dudó si debía seguir preguntándole. Tenía la intuición de que pisaba hielo quebradizo pero, si no conocía a Saxton, cómo demonios iba a poder construir nada con él.

-¿Por qué estudiaste Derecho, entonces?- se esforzó en que su voz sonara suave, sin presión- ¿Tus padres no te dejaron matricularte en Arte?

Saxton elevó una comisura, con la vista aún fija en el cenicero.

-Mis padres me dejaron matricularme en Bellas Artes y en Derecho. Pero sólo hice dos cursos de Arte.- añadió con un susurro.

Silencio.

Blay sintió que las mejillas le crepitaban. Maldita falta de habilidades sociales suyas, que hacía que siempre preguntara lo que no debía. Además de su flagrante infidelidad, ahora resulta que le hacía daño a Saxton cuando intentaba conversar.

-Lo siento, no tendría que haber preguntado.- fijó la vista en su cucharilla dando vueltas al café con leche.

Notaba la tensión y el debate interno de Saxton, sentado silenciosamente a su lado, pero no se atrevió a decir nada más. A su alrededor, las conversaciones en murmullos quedos y la atmósfera de discreción aumentaban la situación violenta: en el IM o en el antiguo ZeroSum, cuando no sabías de qué hablar con alguien sólo tenías que dejar que la música ensordeciera el silencio. Allí estabas desprotegido frente a la verdad: Saxton y él eran dos desconocidos unidos por la falsa sensación de cercanía que da el sexo.

Aunque Sax le hubiera dado en esos meses más de lo que nadie le había dado nunca, lo cierto era que, como personas, no sabían más el uno del otro ahora que la noche que se conocieron en Sal’s. Los dos tenían la misma tendencia a no decir más que lo imprescindible de sí mismos.

-No te he hablado nunca de mi primer amante, ¿verdad, Blaylock?

Él se giró despacio, como si se hubiera imaginado aquel murmullo ronco después de largos minutos de silencio. Sax seguía, en un gesto desusado, con los ojos en la mesa ¿Era posible que su amante quisiera contarle su historia, sus preocupaciones? Se giró hacia él, hablando despacio.

-No. Y no tienes que hacerlo, si… no quieres.- porque fijo que en el fondo de todo eso había algo que a Blay no le iba a gustar.

Saxton hizo un gesto de hombros que bien podría ser un “da igual” o un “ahora ya he empezado”. Sus dedos juguetearon con la servilleta bordada. Tardó un poco en hablar y su voz sonaba más ronca de lo habitual.

-Fue antes de mi transición. Por aquel entonces yo quería ser dibujante para plasmar la belleza del mundo y abogado para ayudar a mi raza. Era todavía más flaco que ahora, tenía muchos pájaros en la cabeza y ya empezaba a entender que las hembras no me gustarían ni siquiera cuando llegara a mi madurez. Claro que… -torció el gesto- enamorarte perdidamente de otro macho te aclara bastante las ideas sobre tu propia sexualidad.

El ceño de Blay no se aflojó un momento ¿Antes de la transición? Joder, él no había tenido ni un solo impulso sexual antes de convertirse en un maldito gigante y eso valía para todo vampiro, guerrero, noble o civil. Aunque… sí, los sentimientos por el-que-no-debe-ser-nombrado ya estaban ahí desde tiempos inmemoriales, sólo que menos intensos. Se obligó a alejarse de aquella senda tortuosa.

-¿Quién era él?

Saxton se encogió de hombros y a Blay le pareció, por primera desde que lo conocía, frágil.

-Su nombre no importa. Era noble y su familia aspiraba a liderar el Consejo del Princeps.- le miró un momento de reojo-. Mal augurio, ¿verdad? Nadie en esa posición se arriesgaría a tener un affaire con otro macho, pero yo no lo sabía. Él estudiaba un postgrado nocturno en la Universidad y nos conocimos en la biblioteca.- Saxton no añadió nada más durante un buen rato, sólo dobló la servilleta en pliegues obsesivos hasta que la redujo al tamaño de un dedal, sin levantar nunca la vista-. Él era a lo que yo aspiraba a llegar como macho: inteligente, culto, con clase, seguro de sí mismo. Supongo que… me encandiló.- otro encogimiento de hombros-. En realidad no le conocía, pero lo que él prometía me atraía. Tonteamos durante un tiempo y él me prometió esperar a que yo pasara mi transición para… estar juntos. En todos los sentidos.

-¿Y no lo hizo?- Blay apretó los puños sobre la mesa.

Saxton frunció los labios, ojeando el restaurante con la mirada perdida.

-Llegó el día en que él acabó sus estudios. Tenía que volver a Caldwell y a mí me quedaban años de universidad. Años. En aquel entonces me parecía una eternidad esperar tanto tiempo. Es lo que ocurre con los jóvenes: un día sin mirar a tu amor a la cara te parece una agonía insufrible.

Eres joven, Saxton.- Blay le puso la mano en el muslo disimuladamente, intentando confortarle. Los ojos grises lo miraron directamente sólo unos momentos, y en ellos había un “¿de verdad?” implícito. Luego volvieron a concentrarse en la servilleta doblada- ¿Qué ocurrió?

-Él estaba destrozado, decía que sin tenerme antes de partir no soportaría la espera, pero que no quería presionarme. Yo no quería separarnos así y tenía miedo de que lo nuestro acabara. Así que… nos acostamos.- Saxton entrelazó los dedos y a Blay le pareció que temblaban-. No sentí… deseo en ningún momento. Él se marchó la noche siguiente.

Blaylock mandó su vergüenza a la mierda y cogió las manos de Saxton con la suya, apretándoselas.

-No debería haber hecho eso. Aunque consintieras, estuvo mal, se aprovechó de ti. Eras demasiado joven.

Saxton no dio muestras de haberle oído.

-Cuando volví a Caldwell a pasar las vacaciones de verano, me enteré de que él se había emparejado con una hembra de alta nobleza. Y, cuando nos vimos en la fiesta de verano de la glymera, todos sus amigos me señalaron con el dedo. Todos sabían lo que me había hecho y él me dijo… me dijo delante de todos que yo había sido algo así como su despedida de soltero. Después de mí, estaba seguro de que le gustaban las hembras.

-Hijo de puta.- Blaylock apretó su mano hasta el punto que temió romperle los huesos, pero Sax no se quejó-. Quiero saber quién es. Si alguna vez lo tengo delante me encargaré de hacérselo pagar.

No era una bravata. Si pillaba a ese cabronazo por la Virgen que se iba a encargar de devolverle todo el daño que le había hecho a Saxton. Su amante se giró hacia él y a Blay le pareció que estaba analizando su reacción. Luego sonrió de medio lado, meneando la cabeza.

-Puede que no sea un guerrero, Blaylock, pero tengo mis recursos. Dejé Arte y me concentré en Derecho. Me doctoré cum laude y también estudié la Ley Antigua de nuestra raza.- frunció el ceño y Blay vio por primera vez al tiburón de la leyes que había bajo su fachada suave-. Hice todo lo que tenía que hacer para destrozarle la vida, arruinarle los negocios y acabar con su matrimonio. En mi favor hay que decir que lo conseguí. Después de eso, fue fácil salir del armario.  No tiene mucho mérito hacer público que eres gay y vivir como tal cuando toda la nobleza sabe que te has dejado… que te han… Cuando todo el mundo lo sabe.

Blay no apartó la vista de él durante un largo rato y luego la bajó hacia su café sin terminar. No había que ser un genio iluminado para adivinar las repercusiones que había tenido aquella historia en el joven Saxton. Le había enseñado que el amor de otro macho en su mundo es sólo posible en los cuentos; le había impulsado a no tener jamás una relación, sólo amantes que pudiera coleccionar en su galería de esbozos; le había quitado la ilusión por desarrollar su habilidad con el dibujo, reduciéndola a usarla para recordarse que no debía ir más allá de cuerpos en su cama…

Pero algo del verdadero Saxton seguía en su interior: se rodeaba de arte, de belleza y se había arriesgado a empezar algo con él. Su complejo de culpa amenazó con ahogarlo.

-No tendrías que haberme llamado para seguir viéndonos después de nuestra… primera noche.- murmuró, incapaz de morderse la lengua más tiempo-. Te mereces algo mejor que yo, alguien que…

Saxton levantó una mano elegante y le puso dos dedos sobre los labios, acallándole. Blay vio la tristeza detrás del muro con que se rodeaba.

-Vámonos de aquí, por favor. No digas nada, sólo vamos a mi casa, ¿me harás ese honor?- retiró los dedos.

-¿Honor? Saxton, eres tú quien me honras.- Blay sintió ganas de arrancarse la piel a tiras-. No sabes… no sabes lo que has hecho por mí estos meses. Me has dado aire, me has hecho sentir… que alguien me miraba, que me escuchaba. Querido y…

Saxton negó con la cabeza.

-Vamos, por favor…- insistió.

-Está bien, salgamos de aquí.- Blaylock le dio un último apretón a su mano y se levantó.

Por una vez, Saxton no protestó cuando él pagó la cuenta. Salieron a la calle y la mano de su amante buscó la suya en cuanto estuvieron en una calle oscura. Se desmaterializaron con los dedos enredados y volvieron a tomar forma junto a la casa victoriana de Saxton sin soltarse. Él lo condujo al salón, con sus muebles oscuros, los libros en rústica y los sofás en cuero, titubeante como nunca.

Blay volvió a sentirse como una rata de cloaca. Porque sabía y deseaba consolar a Qhuinn las pocas veces que le dejaba ver lo desollado que estaba por dentro. Pero no sabía qué hacer con un Saxton que, por primera vez, no era esa referencia de macho seguro de sí mismo. Para ayudarle, tendría que acercarse a él con toda el alma… y, en el fondo, no quería hacerlo.

Le hacía sentir que sólo había buscado a Saxton porque le daba una seguridad que Qhuinn jamás le había dado y, ahora que su amante le necesitaba, no quería darse a él.

Porque, en realidad, no le…

Saxton tiró de él hacia el enorme sofá del salón, sentándose y atrayendo a Blay encima de sus piernas. También eso era desusado. Blaylock solía estar debajo. La boca de Saxton buscó la suya, demandante y recelosa al mismo tiempo. Blay suspiró, acomodándose con los muslos a ambos lados de él, y se abandonó al beso. Los ojos de Saxton eran impenetrables cuando se separaron, minutos después, y le enredó los dedos en el pelo rojizo.

-¿Puedo pedirte algo?- murmuró, el pecho delgado agitado.

-Lo que sea.- joder, al menos podría equilibrar algo la balanza.

-Tómame.

La piel de Blay se erizó al instante, anonadado. Parpadeó, intentado descifrar por su expresión si Saxton le estaba gastando una broma de mal gusto y excitado como la mierda al mismo tiempo.

-¿Qué?

Las manos de su amante vagabundearon por su cuerpo, trepando bajo la camisa por su espalda, y Saxton hundió la cara en su cuello, cosquilleándole con su aliento al hablar.

-Me gustaría que tú me tomaras… a mí. Si quieres.

Montado sobre él, Blaylock apretó las manos sobre sus hombros.

-Nunca… nunca he hecho eso con otro macho. No sé… no quiero hacerte daño.

Le pareció que Saxton medio reía, medio bufaba contra su cuello.

-Eres incapaz de hacerle daño a nadie, Blaylock. Antes te lo haces a ti mismo.

Tomó aire, inhalando el perfume oscuro de la piel de Saxton, el aroma limpio de su pelo.

Y empezó a deshacerle la corbata.

OOO

Estaba ahí. Cerca. Ahna podía sentir su presencia.

Decía “quiero hacerte daño”, igual que había dicho el aura de su hellren durante demasiados años.

En su apartamento, estaba ya vestida para acudir a su primera noche de trabajo, sólo le quedaba coger la bolsa con los pañales y los biberones para la canguro que iba a cuidar de su hija mientras ella estuviera en la gasolinera. Y a la pequeña. Tapándose la boca para no gritar, Ahna miró a la criatura regordeta dormida en la cuna, envuelta en una sencilla toquilla blanca que le había tejido otra mahmen del Refugio.

La presencia que venía notando hacía días se hizo más tangible. Más amenazante. Más cercana. Las lágrimas corrieron por sus mejillas, con los ojos fijos en su hija. El apartamento sólo tenía esa habitación que iba a dar al comedor-cocina. Era imposible que consiguiera salir sin que eso las agarrara.

La visión del bebé se le nubló por un momento, ahogada en lágrimas. Sólo podía hacer una cosa. Cogió a la niña en brazos, resistiendo el impulso de besar su pelusilla rubia, de acariciar las mejillas sonrosadas, la boquita entreabierta, tranquila en su sueño. Se mordió el labio hasta hacerse sangrar cuando la escondió en el único lugar que podía, rogando a la Dulce Virgen que no despertara. No hasta más tarde. No hasta que todo hubiera acabado y alguien pudiera rescatarla.

Lo que fuera estaba dentro del piso. No había oído la puerta al abrirse. Pero estaba dentro.

Jadeó y manoteó con el móvil, con las manos sudando. Consiguió pulsar la marcación rápida y el número del soldado Blaylock para luego esconder el teléfono bajo la almohada de la cama, con los tonos de llamada en marcha. No podía arriesgarse a hablar con él para pedirle ayuda porque su acechador la oiría y se abalanzaría sobre ella. La haría gritar. Entonces, su hija despertaría. Y lo que venía a por ellas sabría dónde había escondido al bebé.

La única esperanza para su hija era que eso se conformara con ella. Tenía que salir de la habitación, atraerlo. Abrió el cajón de la mesita de noche con un tirón tan fuerte que casi lo arrancó de las guías. La pistola eléctrica en la mano derecha, el cuchillo de cocina en la izquierda. Sorbió por la nariz, a punto de derrumbarse en el suelo. Un paso hacia la puerta de la habitación. Dos.

No mires atrás. No hagas ruido. Pase lo que pase, no hagas ruido.

Forcejeó con las armas mientras intentaba girar el pomo de la puerta. Se abrió con un crujido. Ahna notó la sangre en las sienes, el latido del corazón ahogando su propia respiración ronca.

El comedor estaba en silencio sepulcral. La luz que se filtraba desde la única habitación que tenía a su espalda iluminaba la mesa barata, los sillones de segunda mano, la pequeña cocina y la puerta de entrada. Todo estaba igual. Pero allí había algo… Las lágrimas resbalaron de sus mejillas, goteando hasta el suelo. Se obligó a separarse unos pasos de la entrada a la habitación. El cuchillo y la pistola le resbalaban en las manos sudadas. Por favor, por favor…

Algo se materializó tras ella.

-No pensarás que puedes hacerme algo con eso… ¿verdad, hembra?

Sollozó. En silencio. Se dio la vuelta poco a poco, descoordinada, suplicando con la mirada un perdón que no iba recibir.

Sombra. Densa oscuridad hecha de maldad con la silueta de un macho.

Dos colmillos muy blancos destacando en la negrura.

Ahna estuvo a punto de chillar. A punto. Pero las siguientes palabras del ser le inyectaron frialdad durante unos segundos. La cosa se giró hacia la habitación, con la cuna vacía en primer plano, al lado de la cama.

-¿Y dónde está ese bebé? Me va a encantar arrancarle el corazón del pecho mientras…

Ahna podría haber intentando acuchillarle primero. Pero no lo hizo. Levantó la pistola eléctrica con tal temblor que jamás le habría acertado de no estar a bocajarro y apretó el gatillo. Dos pequeños hilos rematados con diminutos arpones salieron disparados del arma, rezumando electricidad.

En el segundo en que entraron en contacto con aquella sombra, Ahna vio todo su esqueleto como en una radiografía. Luego, la silueta se volvió material.

Desolladamente material.

Aunque hubiera querido gritar, no habría podido. Tenía delante de sí la espalda de un hombre desnudo, con la piel arrancada a tiras, los músculos palpitantes al descubierto, algo oleoso y negro filtrándose entre la carne. El ser se sacudió, doliéndose, y se giró hacia ella con un rugido.

Oh… Dulce… Virgen…

Ahna no pudo moverse. El horror descarnado chasqueó las mandíbulas, amenazándola con unos colmillos larguísimos antes de abalanzarse sobre ella.

-Pequeña perra

La mano con el cuchillo se le movió sola. Directamente al estómago de aquel ser, clavándose con un sonido borboteante. Cuando lo retiró, sangre negra saltó al suelo, a su cara, a su camisa. La cosa se dobló por la mitad, llevándose las manos cadavéricas a la herida. Ahna siguió su gesto y la mirada fue a lo que el ser tenía entre las piernas, a la monstruosa erección podrida y descarnada. Cuando la cosa alzó la cara, escupió más líquido negruzco por la boca. Las cuencas oculares, con un círculo azul en medio, se clavaron en ella y… sonrió.

-Así que la zorra quiere pelea… Eso me pone cachondo.

El cuerpo despellejado parpadeó un momento y volvió a transformarse en sombra. De alguna manera, a pesar de parecer de humo, el puñetazo que le reventó la nariz y el labio fue muy real. Ahna cayó al suelo, perdiendo la pistola y el cuchillo. Sin soltar un quejido. Tampoco dijo nada cuando el ser la levantó cogiéndole un puñado de pelo y se acercó a su oído, clavándole la erección en el culo.

-Tengo el alojamiento perfecto para ti…

Ahna cerró los ojos, visualizando la sonrisa de su hija, el olor a galleta de su piel, la caricia de sus deditos.

Adiós, mi vida…

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100 comentarios to ““Amantes liberados”, capítulo 4, “En medio”, parte 1”

  1. Marce Says:

    Vane!!!!!!!!!!!!!!!!
    gracias diosa
    un beso
    ahora me lanso a leer

  2. Por fiiiiiinnnnnnnnnnnnnn

    no quise escribir antes para no presionarte pero bueno, aquí estoy para darte las GRACIAS.

    ahora si a leer se dijo

  3. pakea Says:

    Esta!! Esta!!!, y yo ahora no lo puedo leer, snif, snif…
    Tendré que esperar hasta mañana, o quizá peor, hasta el jueves
    Ahora, eso sí, cuando lo pille habras subido todas las partes y lo voy a leer de tirón, aunque tenga que encerrarme para que no me molesten *con los ojos de desquiciada*

  4. VANE!!!!! thank u SO MUCH!!!!!!!
    Me pongo ahora mismito con el capi, llevo todo el día esperando este momento!!!!jajajajajaa
    Dios qué vicio!!!!
    Bueno muchísimas gracias de nuevo!!!!que sepas que me alegras la noche!!
    Un besazo artistaza!!!!

    • You’re so much welcomed! No digas que te alegro la noche hasta que te lo leas, igual me quieres apedrear por que es un peñazo^^; ¡Besotes!!

      • Vane, Vane, Vane… CASI como le dijo Blay a Qhuinn una vez: “ojlalá pudieras LEERTE a través de mis ojos” jajajajaa
        me ha encantado!!!! mañana nos vemos de nuevo eh!!!
        thanks again!!

    • Eso le dijo?? *.* ainss como amo a ese pelirrojo!

      • En realidad le dijo “ojalá pudieras verte a través de mis ojos” 😛 Aquí Mary ha hecho una adaptación^^

  5. grettchen Says:

    YUPIII!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ALEER SE HA DICHO!

  6. elena Says:

    Dios te bendiga con una buena suegra. Si tuviera una foto tuya, te haría un altar. Y otro a Vishious. Y otro a Phury. Y otro a Quinn. Y otro a Rhage. Y otro a…

    • *se cae de la silla* Ay, joder, había leído lo de “Dios te bendiga con muchos hijos” y la variante más apreciada de “o con muchos intentos”, pero lo de la suegra me ha dejado catatónica 😛 Hazle el altar a los Hermanos, que de verdad quedan más bonitos^^

  7. Leído el comentario pre-capítulo y todo guardadito en un documento de texto para poder destriparlo a gusto en cuanto tenga un rato 🙂 De todas maneras… ¿160 páginas? ¿Un capítulo de los tuyos, aunque sea dividido en partes, ocupa tanto como lo catalogado para una novela corta?

    Escritorcillos del mundo que os quejáis porque no sabeis llenar páginas… ¡escondeos bajo la cama porque Vane tiene para rato!

    En fin, nena… ya te haré llegar mis comentarios/reflexiones/pensamientos inconexos via mail. Si te dejara por aquí los comentarios, seguramente me faltarían caracteres XDD

    • ^^; *con la cabeza gacha, las manitas detrás de la espalda y jugando con la punta de los pies* Er… ¿eso es lo que se cataloga como una novela corta? Pues… no lo sabía. Ups.

      De todas formas, cantidad no tiene por qué equivaler a calidad así que ¡¡mejor lo juzgas cuando lo hayas leído todo!! XD

      • grettchen Says:

        VANE! EXCELENTE…ESTUVO BUENISIMO ESTE CAPI..COMO SIEMPRE..ME HA FASCINADO.. 🙂
        CADA VEZ ME ENAMORO MAS DE QUINN Y BLAY
        GRACIAS GRACIAS GRACIAS X TODO TUS ESCRITOS.

  8. Rouge_456 Says:

    Gracias por la actua wapa, y tu dale a la pluma, y así salgan mil hojas, yo me las leo la mar feliz.

    Bess

  9. Argent Says:

    Jajajajaja, ya te valió, jajajajaja
    Me podré enseguidita a ello, YUPI!!!!!!!!!!!!!!!
    Ya puedes empezar a redactar un diccionario particular, e insisto, en que el palabro no es mío, no se donde lo leí.
    Besitos Vane, y un millón de gracias por compartir un capi más.

    • ¡¡Lo justo es justo!!! Bueno, como no conozco al autor del palabro, pues te doy las gracias a ti ;P ¡¡El gusto en compartir es mío, besotes!!!

  10. A leeeeeeeeeeeeeeeerrrrrrrrrr, yupiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

  11. Mayerlin pineda Says:

    ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh me has dejado anonadada..!!! esta uffff dios..! gracias Vane.! un besote y un abrazo.!

  12. Susan Says:

    OH DIOS QUE ALGUIEN ME AYUDE. UNA PREGUNTA:… PARA LEERME “AL” ES NECESARIO QUE ME HAYA LEIDO “LM”?? :___(
    PORQUE ANTES HE VISTO NOMBRES RAROS Y HE PENSADO QUE TAL VEZ SALGAN EN ESE LIBRO… PUEDE SER??
    DIME ARRGO VANE!!

    • Rouge_456 Says:

      Si mal no recuerdo me parece que Vane explicó (en el FF?) que está ubicado luego de Lover Mine… Aunque como aún no lo leo, puede que me esté equivocando… Debo ganarme un premio a la paciencia y tolerancia…

      Te copio lo del FF
      Sino, también podéis seguir este “AL” sabiendo sólo que la acción se sitúa tres meses después de lo ocurrido en el libro “Lover Mine” y que todo es canon a excepción de algunas cosas: V y Butch son pareja, Jane no aparece y Marissa es la directora del Refugio (o Lugar Seguro) pero no está con el poli.
      Algunos comentarios más en cuanto a aquel yonqui que llega a ser Primer Restrictor en “Lover Mine”, en sustitución de Lash. Si no recuerdo mal, no se nos explica ni su nombre ni su historia, así que veréis que le he bautizado como Carlos y le he dado un pasado que le relaciona con algo que tendrá cierta importancia en la trama de este fic: las bandas urbanas.

      • Susan Says:

        aah ok ok gracias Rouge 😉 pues nada, me tendre que leer Love mine antes.
        Un abrazo nena

    • Aquí Rouge se ha explicado la mar de bien, pero te puedo decir que unos cuantos nombres raros que encontrarás en este fic son inventados (no sé si te referirás a esos): Ahna, Martha, Felipe, Carlos y Jay-O. Esos no salen en LM. Pero Saxton, por ejemplo, sí y lo que ocurre en LM con Blay es muy importante para entender esta historia.

      • Sii Vane me referia a esos nombres! y gracias por el apunte, lo recordare para cuando empiece con el libro, por ahora estoy con AR (arrrrr!!!) xD

  13. mamen Says:

    ooohhhh me esta encantando esta primera parte esta genial uummmmm ahora a esperar por mas soy insaciaaaaable jejejje gracias por todo el curro guapa

  14. kalary Says:

    hola nena…
    vaya capitulo mas … insufrible y doloroso…
    se me pone la piel de gallina con los sentimeintos entrecruzados que tienen estos dos…
    em encanta como escribes..
    sigue asi!!!!

    • ¡¡Espero que, al final de las tres partes, se mitigue un poco el sufrimiento!!! pero es que Qhuinn y Blay están hechos para dejarse destrozados de dolor :C ¡¡¡Gracias y un besote!!

  15. Patricia Says:

    Estuve como Blay frente al quirofano esperando noticias de Quinn!!!! frente a la pantalla, pasaba y la miraba para ver si habia actualizacion……Hasta que por fin llego!!!!!!!!!!!!
    YA me lanzo de cabeza a leerlo…………Gracias!!!!! Besitos

    • ¡¡Tardó pero llegó, sí!! Es que eran muchas páginas, muchas escenas, mucha trama y muchas cosas que cuadrar :S ¡¡Espero que te guste y sino no dudes en decírmelo!!

  16. Sandy Says:

    Aah!!Dios!!voy a ser breve porque no dire todo lo que tengo dentro y lo que se que aún me va a llegar hasta que lea la última parte…solo espero que mañana cuando vuelva de la universidad, a la que tengo que ir en pocas horas por cierto, pueda seguir leyendo porque voy a pasar la noche pensando, imaginando y soñando lo que me espera mañana. Un besazo y desde ya te digo que muchísimas gracias por escribir tan maravillosamente como lo haces, siento repetirme pero es la pura verdad!!!TE adoroooo

    • *encogida* ¡¡Me vas a sacar los colores, pero muchas gracias!! Espero que ya te hayas podido pegar la panzada de lectura y hayas disfrutado 😀

  17. Rebeca Says:

    que maravilla, es todo lo que puedo decir, me a encantado como todos, y me muero de ganas de seguir leyendo!!!! eres genial wapa!!! madre mia que estres estos chicos me van a matar a disgustos!!

    bueno parece que la cosa avanza en caos, cuando se arme del todo empezara a arreglarse jajajaja mañana mas spero!!! muchos besos Vane!!!

    • Muahahaha, casi me matan a mí también, por dios… La trama hasta aquí avanza en caos, cierto, pero verás que en el capi 5 los Hermanos ya cogen las riendas de la cosa y hacen sus propios planes… con la colaboración de varias partes.

      ¡¡¡Besotesssss!!!

  18. AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHH!!!!, (no habia tenido el placer de poder escribir pero ahora) por dios!!! como he llorado, como le he gritado a la portatil y apenas es la primera parte, ya espero lo demas!, aii dios!! por dios que qhuinn reaccione!, Dx me muero por saber que mas pasa y a la pobre bebita y a la hembra, HP de Lash!!! Dx

    • ¡¡¡No le grites al portátil, que luego lo notan y te joroban la vida!!! Creo que ahora ya habrás podido leer que más pasa. La madre del bebé y Rhage nos va a partir el corazón, ya te lo avanzo :C Sólo pensar en las escenas que me toca escribir me encojo. Y Qhuinn… bueno, ya habrás visto hasta qué punto reacciona *guiño*

      ¡¡¡Muchas gracias por escribir!!!

  19. Pitufina Says:

    Oh Dios Mio!!!!!! Si no es porque se que mañana publicas el resto del capitulo, y que por los avances se que las cosas mejoran, estaría ahora hecha un guiñapo!!!! Tengo unas ganas de llorar desconsoladamente… bueno se que apenas apague la compu y me meta en la cama lo voy a hacer!!! Esta primera parte es demasiado triste, no solo por los chicos, también por Ahna, con esa despedida a su hija “Adiós mi vida”, lo siento pero esa frase me desgarro el alma.
    Quitando todo mi sentimentalismo, tengo que decir que esta primera parte es preciosa, las imágenes que evocas, sobre todo la de la hoja en el lodo, me parece de una belleza sublime. Tienes un gran talento linda!!!!
    Como dije en un comentario anterior vuelvo a sacar mis pompones para darte porras
    VIVA!!! BRAVO!!! HURRA!!!! VANE, VANE, VANE!!!!

    Besitos de parte de esta loquita…

    • ¡¡¡No llores, no llores, que ya habrás visto que las cosas van a mejor, de verdad!!! Eso sí, la trama de Ahna nos va a partir el alma a todos, eso es cierto. Quedan unas cuantas escenas queeeee…. *se saca los pañuelos en previsión*

      Lo de la comparación con la hoja es que intento que los personajes hablen de aceurdo a como son. Mary nunca pensaría a base de “joder, mierda”, igual que Qhuinn no pensaría jamás en hojas. Procuro buscar comparaciones y líneas de pensamiento que cuadren más o menos con la personalidad.

      ¡¡¡Muchas gracias por las porras!!!

  20. adara Says:

    Que emociónnnnnnnnnnnnnnnnnn !!!!!!!!!! Gracias Vane, acabo de venir a revisar mi correo y apenas vi que había un mensaje tuyo anunciando que ya estaba colgado el capi, me he lanzado acá a la página para buscar el capi y copiarlo a Word para poder leerlo.

    Por lo que dices de que es una mounstruosidad, ni te preocupes mujer que entre más páginas mucho mejor… así que no nos recortes mucho las alas y sigue escribiendo bastante jajaja. Eso nos hace felices a todas tus fans.

    Bueno no me atraso más y me voy a leer…. creo que entre hoy y mañana dejaré a mi novio colgado por venir a leer jaja,, el pobre cada vez que sabe que has subido un capi nuevo, sólo se ríe y me desea una buena lectura,,, creo que no le queda de otra.

    Besos Vane,,,, hasta luego,, ya cuando termine de leer el capi me paso por aquí a escribir nuevamente.

    • Ains, nuestros novios/maridos nos van a denunciar por abandono. Al mío lo tengo matado cuando me pongo en plan “tengo que acabar el capi, tengo que acabarlo, ¿lo entiendes?, tengo que acabarloooooooooooooo” 😛 Qué paciencia, señor.

  21. Okey, quedé aturdida jajaja *ojos sancochados*. Me encanta, esto se pone cada vez más bueno; Blaylock es un bombón…

    Wrath for ever (hasta cuando grita).

  22. vicky_sieira Says:

    hola a todos, tengo q decirte vane que me requete encanta el Fic, es fantastico !!!

  23. mariposa21 Says:

    oooooooo el capitulo ya esta…!!!
    y yo comentando en ves de estar
    leyeendo como una posesa….
    a leer a leer …graxias vane por el capitulo
    de verdad gracias…en cuanto lo lea por completo te dejo mi humilde comentario… saludos !!!

  24. buenísimo, aunque he quedado iniciada, al menos tengo el consuelo de que mañana hay mas para leer, yo todavía no puedo creer que blay vaya a tomar a saxton, casi estrello el portátil mientras le gritaba a blay que se fuera de ahí, como si me escuchara……*suspiro*
    Vane te felicito excelente como siempre besitos

    • :p Lo de Blay tomando a Saxton tiene una explicación, que seguro que no es compartida por todas. Quería que Qhuinn y Blay llegaran a lo suyo, a ser pareja, habiendo pasado por casi las experiencias posibles. Una especie de “llegada a puerto después de muchas travesías”. Y, en esa situación, quería que Qhuinn fuera el más virgen de los dos, en contraposición con la imagen que solemos tener de Blay como el más virginal.

      Es decir, Blay ha sido tomado, ha tomado machos (uno, Sax), ha bebido de machos y han bebido de él. A pesar de eso, sigue manteniendo una especie de inocencia y de pureza.

      Qhuinn, en cambio, es quien tiene el aura de más “sexo guarro”, pero nunca ha sido tomado y nunca ha compartido su vena.

      No sé, era un choque que me atraía explorar, aunque entiendo que os haya dado ganas de comeros el teclado^^;

      ¡¡Besotes!!!

  25. mikomi Says:

    waaaaaaaaaaaaaaaa!!!!!!!!!!! como me dejas asi! que cruel eres vane T_T ahora no podre dormir…
    exelente pedacito de capitulo, pero ahora como arreglas lo de quinn y layla? pobre chika… y yo pensaba que la primera vezz de blay siendo el ejem.. eto… “activo” iba a ser con quinn, digo, por el hecho de ser una primera ves ¿comprendes?
    en fin, me a encantado el cap (pedacito) jaja
    cariños que estes muy bien y levantate temprano!!!!!!!!!!!!!! quiero leer mas =)

    • ^^ Lo de Qhuinn y Layla no tiene arreglo posible, fue un error de Qhuinn desde el principio que se la ido de las manos. Así que la cosa acabará en lágrimas. Y lo de Blay tomando a Saxton, para no repertirme la explicación la he dejado en la respuesta al comentario justo de arriba *señala* ¡¡Por supuesto, es sólo mi punto de vista!! Entiendo que no os haya gustado^^;

      ¡¡¡Me levanté temprano, creo que ya pudiste leer lo que sigue!! 😛 ¡¡Besotesss!!

  26. Kammy (Hunter-Girl) Says:

    OMG…. EN SERIO… HE KEDADO EN SHOCK…. WUAHH…. TE HA KEDADO GENIAL.. Y ESO KE SOLO ES LA PRIMERA PARTE… LAS GANAS ME CONSUMEN POR SABER KE PASARA ENTRE QHUINN Y BLAY… COMO LOS AMO A LOS DOS… INCLUSO A SAXTON… ES KE SON TAN NANAY… KE LOS ADORO… FELICITARTE POR LA MANERA EN QUE HAS DESARROLLADO LA HISTORIA… Y COMO TUS RELATOS SON SEMEJANTES A LOS DE WARD… ES COMO SI LA ESTUVIERA LEYENDO A ELLA… Y SE ME OLVIDA KE LA HISTORIA DE ESTOS CHICOS LLEGOS HASTA KE QHUINN LE DIJO CUIDATE A BLAY… AHY NO SE… ES LA PRIMERA VEZ KE COMENTO TU HISTORIA… Y KIERO DECIRTE KE ME ENCANTA COMO VAS EN ESTO… NO SABES LA AYUDA INMENSA KE ME DAS AL ESCRIBIR DE ELLOS… ES KE LOS NERVIOS ME CONSUMEN CADA VEZ QUE LEO A ESTA PAREJITA JUNTOS…. HE DEVORADO ESTA PRIMERA PARTE DE UNA SOLA PATADA…ESPERO CON ANCIAS LA SIGUIENTES PARTESSSSSSSS…… JAJAJJA…

    BESOS
    kAMMY

    • ¡¡Hola guapa!! Bienvenida por aquí y muchas gracias por haberte animado a escribir^^ A estas alturas ya debes haber podido leer las otras dos partes, así que ya sbes lo que pasa entre los chicos. ¡¡También son una de mis parejas favoritas no sé si se nota!:P Y ese “cuídate” de Qhuinn a Blay en LM me dejó revolcándome de rabia por los suelos, por dios.

      ¡Me alegro de que te haya gustado, besotesss!!

  27. Pauny Says:

    LOSDIFHCAKJSDFAKSJCBNAKSJCBA
    ESTOY SORPRENDIDA, ME HA ENCANTADO.
    GENIAL, genial la parte de Qhuinn en la fragua todas las comparaciones del acero con la vida ❤ y Vishous con sus no-consejos me encanto.

    Hay veces que me dan ganas de golpearlos a los dos y hacerlos reaccionar.

    Escribes genial.

    Saludos!

    • ¡¡Hola, muchas gracias!!! Disfruté como una enana con la parte de la fragua, me encanta la forja antigua^^ Um, Vishous por supuesto NO da consejos. Nunca de la vida, vamos *guiño*

      ¡¡¡Besotesss!!

  28. Al fin! Me estaban matando las ansias.
    GRACIAS!!!

  29. Stiletto Says:

    Holaaaaaaaaaaaaaaa, pfffff mil cosas que contar y poco tiempo para hacerlo, peeeero a lo largo de esta semana me pongo al corriente*stiletto coloca solenmente con una mano sobre su corazon* Vaneeee haber hay algo que parece no has entendido, mujer no importa si solo son 160 o 2000 hojas de igual manera haces que a uno le suceda lo soguiente:

    1.- Ponerse patologicamente feliz
    2.-Mandar al demonio tooodo lo que uno tiene que hacer justo en el momento en que se han dado cuenta de que haz actualizado
    3.-Comerse los dedos ( porque las uñas hace siglos se fueron) esperando a que las ultimas hojas no sean realmente las ultimas( si les ha pasado no? que como van avanzando se dan cuenta de que ya falta poquito y seguimos con el alma en el hilo)
    4.- Agradecier infinitamente a la lo que sea que nos creo por tener la curiosidad de crear a alguien capaz de poner en “tinta” todas las perversiones y decadencia interna con absoluta nitidez y un poquito mas..
    Buuuueno aclarado esto, me voy a leer la primer parte peeero antes, no crean que no vengo preparada…

    *Stiletto saca el mantelito y los hielos y las botellas de herradura, prepara todo, escarcha los vasos con sal y comienza a llenar los vasitos y a colocar palomas en charolas…Chicas aqui esta para la lectura y la espera de las siguientes partes, un placer disfrutenlas!!!!!

    Vaneeee te mando un beso wapaaaa tu y yo necesitamos como una botella para la charla pendiente no se me olvida…. * stiletto llena un par de charolas mas y decide retirarse a leer a gusto , no sin antes tomar su propia botella….

    • ¡¡Gracias por las palomas, nena, creo que voy a coger la costumbre de emborracharme cada vez que cuelgo un capi, por eso de relajar el cerebro! ;P

      ¡¡Me alegro de que te gusten mis rollazos insoportables!!! Pero es que intento pensar en términos de libro y no de fic. En el marco de un libro, no cuela ni de coña llamar “Capítulo” a una cosa de 160 páginas, y menos dividirla en partes. Lo que yo llamo capítulo es más bien una unidad temática. O sea, cada capi que escribo está centrado en un tema, en un suceso o en algo. Lo que tendría que hacer, una vez tuviera cada fic escrito en su totalidad, es releérmelo entero para eliminar, por ejemplo, reflexiones repetidas, repensar cosas que se pueden explicar mejor, cambiar el orden de alguna escena y redistribuir el texto en bruto en capítulos razonables ^^;

      Nena, la charla con botella de por medio cuando quieras!!!!! ¡¡Un besote!!

  30. CaminoalAlba Says:

    Tengo que acumular energías para hacerte un post decente, pero lo haré cuando lea todas las partes. Ésta, ahora, me la reeleré, para tenerla bien cogidita.

    • ¡¡Holaaaaaaaaaaaaaaa!!! Es para matarme por andar contestando con tanto retraso, grrrrr… Me pasé varios días con la baba colgando y el cerebro fundido y ando poniéndome al día. ¡¡Espero que te gustara todo!!!

  31. Sólo puedo decir JODERRRRR….
    Lo cortaste en lo mejor, espero la 2da entrega….
    Gracias guapa.

    • ^^ Lo mejor no sé, porque la verdad es que escribir esa escena con Ahna ME MATÓ. Pensaba en mi hija y se me saltaban las lágrimas, qué patético :S ¡¡¡Espero que las otras entregas te gustaran también!!

  32. Black Says:

    O por el amor de Dios!!!

    Vane no me hagas esto,te quiero, pero te mato como Blay se acueste con Saxton. Me va a dar un yuyu.

    A Lash es un pervedete solo se le empalma cuando le apuñalan. Me da pena la pobre Ahna.

    Estoy deseando leer la continuación. En el siguiente post te comento el capitulo entero.

    Un beso guapa y como siempre una diosa de la escritura.

    • ^^ ¡¡¡Siento el yuyu, pero sí se acostó con Saxton!!! ¿Sabes cuando te esfuerzas a tope para que algo funcione aún sabiendo en el fondo de tu corazón que no deberías? Pues eso mismo.

      Lash es un grandísimo hijo de perra. Sin matices =.=

      ¡¡Besotesssss!!!

  33. No se ni que decirte, hasta que termine de leerlo todo, pk me estas dejando sin palabras! cada vez te superas mas a ti misma. Eres un genio!!!!
    Besos.

  34. karito Says:

    *Agarrando a golpes el computador* ¿Por que me haces esto?, no puede ser que vayas hacer que Blay se acueste con Sax de nuevo.*Haciendo pucheros*.Pero bueno si eso dice la escritora, tendré que seguir leyendo y ver un final feliz entre Qhuinn Y Blay, ojala. Te felicito amiga, eres una genio para crear una historia de esta envergadura. Besos amiga.

    • *peleando para que suelte el ordenador* ¡¡¡Nenaaaaaaaa, déjalo que luego son muy carooooooooooooooooo!!!!! Sí, Blay se acostó con Saxton, efectivamente. Aunque en el fondo de su corazón sabía que no era correcto, en ese momento tenía la determinación de pelear por su relación, además de que a Blay le gusta Saxton y a nadie la amarga un dulce.

      En cuanto a por qué la primera vez de Blay tomando a otro macho ha sido con Saxton y no con Qhuinn (que eso irá en el capi 5), es porque quería jugar con los contrarios. Qhuinn es el que tiene más fama de haberlo hecho todo en el sexo, en cambio llega a la relación con Blay sin haberse dejado tomar por nadie y sin que nadie haya bebido de su vena. Blay parece el más virginal, pero es quien ya ha tomado y recibido, tanto en cuerpo como en vena. Lo que prueba que las apariencias engañan. Es un juego que me gustaba explorar ^^;

      ¡¡Besoooooootes!!!

  35. mluisa Says:

    Superrrrrrrrrrrrrr!!!!!!!!!!!!! deseando continuar,como siempre te superassss y nos enganchas con la historia y por mi no aprendas que asi tengo mas para leer graciasssssssssss,voy a continuar,te adoro besossssssssss.

    • ¡¡¡Tengo que aprender a condensar más conceptos en menos palabras!!! Supongo que lo conseguiría tomándome meses para repasar todo lo que escribo, pero a lo mejor me matábais ;P

      ¡¡Besossssss!!!

  36. adara Says:

    Bueno Vane estoy de vuelta y con el corazón en su sitio después de haber respirado varias veces y calmado.
    La historia de Sax sinceramente me dio mucha pena,, me imaginé que algo así tuvo que haberle ocurrido para que explicara su manera de ser,,, pero igual por mucha pena que sienta por él, no deseo que Blay se acueste con Sax…. ya quiero que esos dos terminen.

    Respecto a Qhuinn, fue demasiado para mi corazón y mi cordura el hecho de que se quiera emparejar con la sosa de Layla. Pero lo peor para mí fue leer la parte donde ella habla con la directrix, por Dios que mujer más estúpida, se gana a Marissa en lo bobaaaaaa. De verdad dime que Qhuinn dejará plantada a Layla, no puedo concebir que ella se quede con él. Es que solita se ha hecho un mundo feliz, por qué no puede ver él no la quiere? Oh Dios mío ya que saquen a Layla de la historia jajajaja antes de que me dé un ataque jajaja.

    En general me ha gustado esta parte del capi, como siempre Vane. Ya sabes que soy fiel a tus escritos y que siempre me gustan. Así que gracias !!!

    En cuanto al Banner no te pude decir nada en el comentario anterior, pero está súper chévere. Así que quien lo hizo se ve que se esmeró mucho.

    Un abrazo súper enorme, me voy inmediatamente a leer el siguiente capi. Si sigo pasando una noche más aquí leyendo hasta tarde me van a pedir el divorcio por abandono jajajajajjaja, así que mejor leo ahora temprano.

    • ¡¡Tranqui, que si a mí aún no me han pedido el divorcio por abandono conyugal, seguro que a ti tampoco!!! A ver, la cosa de Qhuinn y Blay con Sax y Layla se resolverá definitivamente a lo largo del capi 5, aunque ya veis que en éste, después de un mal comienzo, ya se redirigieron.

      La historia de Sax simplemente me vino a la cabeza. Sabemos muy poco del personaje, a excepción de que es listo, culto, expulsado por la glymera pero respaldado por su familia, amante del arte y tiene alergia a repetir amante. No sé qué historia le acabará dando la Ward, pero a mí me parecía extraño esa especie de obsesión por coleccionar amantes y, además, dejar constancia dibujada de ellos. Casi como si quisiera grabarse él mismo una lección aprendida. De ahí salió el tema de su primer amante.

      Y Layla… es que es como un pollito dentro de un cascarón. En realidad la culpa es de la Virgen Escribana, por secuestrar hembras y mutilarlas emocionalmente. Layla es sólo un producto y, además, está en su primer enamoramiento, así que no ve más allá de su nariz.

      ¡¡Espero que las otras partes también te gustaran y que sigas casada a estas alturas!!! ;P

  37. Ante TODO FELIZ DÍA DE LA MUJER A TI VANE!!! Y TODAS EN GRAL DIOSAS!!!! Es cierto que además de celebrar un día como hoy sirve también para seguir apoyando y peleando por los derechos que en muchos países aún no se respetan para nuestras hermanas… Dignidad, libertad, respeto y amor para todas las mujeres del mundo!!! Perdón si alguien piensa que no es el espacio para mencionarlo, pero la fecha lo amerita… y es lo que me sale del alma… UNA VEZ MÁS FELIZ DÍA CHICAS!!!

    En fin, como siempre vane me tenés comiendome los codos, de ansias por esperar como sigue la historia entre estos bellos machos!! Gracias por regalarnos un poco de tu tiempo y tu talento… Como siempre me encanta lo que escribís muñeca!!
    Por ahora sólo gracias, tal vez cuando termine de leerlo todo, veo q opino y t empapo otra vez con mis babas de fan!! ja ja Besos

    • Contestaré a todos los comments sobre el fic por orden, ¿vale?, y después de ponerme al día con las respuestas que os debo sobre coments anteriores, pero no podía dejar pasar esto:

      Por supuesto que no está de más tu reflexión sobre el día de la mujer, éste es un espacio adecuado como tendrían que serlo hasta los muros de todas las ciudades de este maldito mundo donde en demasiadas partes aún se nos trata peor que a camellos.

      Dignidad, libertad, respeto y amor para todas las mujeres. Estoy contigo. ¡Feliz día a quienes disfrutan de todo eso y sigamos intentando que se pueda extender a quienes aún sufren su falta!

      • grettchen Says:

        SABES? A VECES VEO A BLAY TAN PARECIDO AMI..A VECES UNO SE EQUIVOCA Y PRESIONA ALA PAREJA Y EN VEZ Q ACERCARLO MAS A TI CON ESA ACTITUD , SE ALEJAN MAS.

    • ¡¡¡Hola de nuevo!!! Gracias por los piropos, guapa, espero que te gustara cómo siguió el resto de la historia, ando intentado ponerme al día de vuestros comentarios poquito a poco^^

      ¡¡Besotesss!!!

  38. Jolines Vane!!!! sí valió la pena la espera!!! y eso que solo es la primera parte!!!

    Me gusta el rollo que le das, ese sentimiento que los acompaña en cada una es sus reflexiones, es bárbaro…realmente increible…voy a por las otras dos partes que sin duda seran por lo menos iguales…o incluso mejores, realmente sería una compradora de tus libros…^^

    Un besazo wapaaa!!!

    • ^^ ¡¡¡¡Eres la única persona, a parte de mí cuando hablo con mi hija, a la que he oído decir “jolines”!!!!! *risa* Es lo que intento decir en vez de “joder” 😀

      ¡¡Muchas gracias por tus palabras, ya me gustaría que fueras una compradora de mis libros!!! ¡¡Significa que los habría escrito y que los habría publicado!! ;P Espero que el resto del capi también te gustara^^

      ¡¡Besotes!!!

  39. alita Says:

    aaaaaaahhhhh! *gritando como posesa*… dios Vane que en este capi me he vuelto bipolar!!! primero odié a Qhuinn por decirle a la boba de Layla que se iba a emparejar con ella, y luego lo adoré en la fragua y después resumé bilis cuando vi que Blay está a punto de acostarse con Sax… me gusta Sax y me penita, pero no quiero que eso sucedaaaa!!… Vishous amor mío no puede ser que seas tan pero tan perfecto… Vane, nena dices que él no ayuda a nadie pero se nota que lo que hizo con Q, fue encausarlo de nuevo y pornerle la vida en perspectiva… podrá ser un bruto, pero lo amo!!… y para terminar quedé a punto del infarto con Anha!!! nooooooooooo!!! pobre madre, pobre bebe… awww… sigo con la segunda parte y comento de nuevo!!!

    • ¡¡¡Que nooooooo, que Vishous no ayuda a nadieeeeeeee!!! Que es un pedazo de hielo de boca cerradaaaaaaaa…. *guiño* Bueno, ya verás que a lo largo del capi lo de Saxton y Layla se encauza por el buen camino y quedará definitivamente resuelto en el capi 5 ¡¡¡Hay que darles espacio para que metan la pata, que así se dan cuenta de lo que quieren de verdad!! 🙂

      Y lo de Ahna… quedan un par de escenas por escribir de esas que voy a acabar hecha un paño de lágrimas, ya me lo veo :S

  40. 1)
    OHhhh dios mio! que hijo de la gran perra!!!!!! cómo se van a cargar a una puñetera sombra? poderes de dioses o qué? jooooooder santiisima madre
    2)
    Blay no había estado con Qhuin de esa forma? joer o ya se me ha olvidado todo o juraría que había estado de esa forma con Qhuinn no????
    3)
    Emparejamiento? hola? tierra llamando a Qhuinn???? y por favor Layla baja de la nube, Blay es el mejor!!!! jajjaja espero que algo haga entrar en razón a Q, porque la está cagando y mucho. Me gustó la escena de la forja, me gusta el lado padrazo de V jejeje
    4) A ver si hay suerte y encuentran aunque sea los AKG al hijo del omega y se lo entregan al omega y por favor espero que le haga daño!!

    • 1) Hoooolaaaa!!!!! ¿Cómo se van a cargar a una sombra? Bueno, si esto fuera una partida de rol de AD&D te diría: Con un conjuro de “jaula de fuerza” y una “disyunción de Mordenkainen” 😛 Aquí intentaremos explicarlo con las leyes de la física y de la herencia genética^^ ¡¡¡Ya lo verás!!!

      2) No acabo de entender a qué te refieres con la pregunta de si Blay ya ha estado con Qhuinn “de esa forma”. Si te refieres a si Blay ha tomado alguna vez a Qhuinn, la respuesta es no. Ni en los libros ni en el fic. Hasta donde sabemos por los libros, Qhuinn nunca ha sido el receptor en una relación, y en este fic, de momento, tampoco. Veremos a Blay tomando a Qhuinn, con toda probabilidad, en el capi 5^^

      3) ¡¡Ya verás que Qhuinn entra bastante en razón a lo largo del capi!! Con la escena de forja me lo pasé genial, aunque requirió cierta investigación ¡¡Y V NO es un padrazo!!! ¡¡Nunca!!! Le importa un pimiento Qhuinn, sólo quiere un ayudante que pueda afilar cuchillos… ¿Cuela? *guiño*

      4)^^ Oh, los AKG tendrán cierto papel en el destino final de Lash, sí… Ahora voy a hacer de Ward… ¡¡¡¡Siiiiiiiiiiiiiiiigue leyendoooooooooooooo!!!

      😛 ¡¡¡Besotesss!!!!

  41. hola vane el capitulo esta genial y yo si me alegro de que blay haya tomado a saxton como bien dice un dulce no le amarga a nadie y ha hecho muy bien ya esta bien de esperar por qhuinn. el ha sufrido mucho y me alegro por el peluche de blay y como no estoy deseando que se arregle la situacion con qhuinn y lo tome a él tambien y se entere lo que es ser tomado por un autentico macho besos para cuando el capi 5 estoy deseando leerlo chao

    • ^^ ¿El capi 5? ¡Ahora estoy trabajando en el guión, aún no me he puesto a escribirlo! 😀 Esa situación que quieres con Blay tomando a Qhuinn es de lo más posible que esté en el capi 5^^ En realidad, los dos chicos han sufrido mucho, porque al menos Blay ha tenido una vida normal con una familia quele ha cuidado y querido. Qhuinn nunca. El único sufrimiento de Blay ha sido un amor no correspondido lo que, vamos a ver, nos ha pasado a TODAS, ¿no?

      ¡¡Pero es curioso cómo todo el mundo se pone de lado de Blay!! 😛 La situación con Qhuinn quedará definitivamente resuelta en el capi 5, ya lo verás *guiño*

  42. kalary Says:

    solo es la ansiedad de saber que ocurrirá despues ja ja
    tan solo ten paciencia con nosotras que somos unas adictas a tu historia/s ja ja
    besotes

    • Muahahaha, ¡es un honor que os sintáis ansiosas por saber qué ocurrirá!^^ ¡Sólo dejadme un poco de tiempo para traducir el caos de mi cerebro a escenas ordenadas! 😀 ¡¡Besoooooootes!!

  43. Ahora que estoy releyéndome los capitulos para coger el 5 con la historia fresquita (y no es porque esté tan enganchada que no pueda parar de leer tu blog jejeje :P) tengo que decirte que la reflexión de Mary al principio es genial, me encanta!!

    • ¡¡Gracias!! Pretendía que fuera delicada, como Mary. Si hubieran sido los pensamientos de Rhage creo que habrían aparecido coches y comida^^; El capi 5 está cociéndose (junto con mi cerebro) y voy por las 100 páginas…

  44. Qué???
    Cómo???
    Esto da un nuevo significado a la palabra imaginaciónretorcida .
    quinn casado con Layla? no,no,no…
    el pobre De la Cruz jugado a los Pokemon…
    Blay y Saxton, mejor ni hablar del tema
    Como vas a arreglar todo este tinglado?

    • *se frota las sienes doloridas* ¿Cómo voy a arreglarlo? Uh, ¿con litros de alcohol fuerte? 😀 No, en serio, todo cuadra… creo. Si no se me va la olla, claro…. ains qué dolor de tarrooooooo…..^^

  45. wallwally Says:

    Vane
    Las historias que has escrito son..HERMOSAS…!!!
    GRACIAS…!!!
    Wall

    • ¡¡¡Muchas gracias, guapa!!! Me alegro de que te esté gustando. Ya tengo todo el final de este fic escrito, lo estoy editando y en unos días lo colgaré, poniendo el “Fin”^^

      ¡¡¡¡Besotesss!!!

  46. alexandra Says:

    me gusto rosa de sangre y es linda

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