“Amantes liberados”, capítulo 4, “En medio”, parte 2

Pues aquí vamos con la segunda parte del capi 4.  Algunos comentarios: la pistola eléctrica que aparece aquí, una Taser, existe realmente y es legal en los EE.UU. También la utilizan algunos cuerpos policiales del resto del mundo como un sistema no letal para reducir a un sospechoso violento, aunque lo de “no letal” ha sido bastante cuestionado. El hecho de que los restrictores sean vulnerables a la electricidad se desprende de las conclusiones de alcanzaron De la Cruz y el jefe de la Científica en capítulos anteriores y, como veréis en la próxima parte, tendrá su importancia en la trama.

*tacha otra línea de sus notitas* Veamos, quiero agradecer mucho, mucho a Rehvenge Hermandad-Hispana, Alita, Ale Olivo, Angy, Tizi Anahi y Silvia Resendiz por echarme una manita con los platos mexicanos que se mencionan en una escena con De la Cruz ¡¡Nunca he estado en un restaurante mexicano, así que cualquier metida de pata es sólo culpa mía!! (aunque por dios que antes de morirme probaré el cabrito al pastor y las enchiladas :D)

Respecto a la visión de Qhuinn, tiene dos problemas distintos: uno, el hecho de tener un iris de cada color (que no tiene consecuencias médicas, es sólo estético), y el otro, que sólo distingue gamas de grises, no colores (eso sale en los libros). Éste último problema es, en realidad, un tipo muy poco frecuente de daltonismo, por un fallo en los tres tipos de “conos”, unas cositas en nuestros ojos relacionadas con la información del color. Es una alteración genética. ¡¡Muchas gracias a Blaylock Daganegralatina por su investigación médica!! Y gracias también, cómo no, tanto a él como a Qhuinn Daganegralatina por dejarme usar sus fotos^^

Vamos a ver si me tiempo también a colgar esta mañana la tercera y última parte del capítulo, que es donde encontraréis, ummmm… escenas calurosas. Si no me da tiempo, en cualquier caso la tendréis esta noche ;P ¡¡Besotes!!

CAPÍTULO 4. EN MEDIO. PARTE 2

La Caldwell’s forgery era una curiosa mezcla de chatarrería y siderurgia. Felipe aparcó el coche en un extremo de la explanada donde se acumulaban carrocerías oxidadas de coches, planchas metálicas y rollos de cobre y caminó hacia las oficinas. Por suerte, ser el segundo de la banda implicaba ser también el tesorero. Controlar los fondos procedentes de la venta de drogas te facilitaba mucho poder comprar información cuando lo necesitabas.

Curioseó las barras de hierro y acero dispuestas en ordenados estantes mientras esperaba al encargado. El interior de la nave era como un puto infierno, con el agobio del calor de los hornos de fundición acrecentado por la tortura de los clinc-clanc-clinc constantes de los herreros y los chirridos de la maquinaria. El tipo que acudió cuando le avisó un trabajador hacía juego con el lugar: un enorme oso vestido con un mono azul, secándose las manos con un trapo. El hombre debía rondar los sesenta años, pero tenía la complexión de un herrero con el añadido de una barriga cervecera, la cabeza calva, los brazos peludos y unas cejas anchas e hirsutas como un cepillo.

El encargado le hizo un gesto brusco de cabeza hacia un pequeño despacho acristalado y Felipe suspiró cuando cerró la puerta, aislándolos del ruido. El hombretón se dejó caer en una silla llena de polvo detrás de un escritorio desconchado y cruzó las manos de uñas ennegrecidas encima de la madera.

-¿Qué quiere?

Vale. No muy dado a las palabras. Felipe tendría que ir al grano. Sacó la daga misteriosa y la puso encima de la mesa con una sonrisa.

-Mire, colecciono cuchillos desde hace años. Los tengo de todo tipo, mi padre empezó la afición y yo he hecho lo posible por continuarla. Hace un par de días compré esta maravilla, alguien la había vendido a la tienda de armas donde la encontré. Es acero de Damasco, ¿sabe? Es raro y difícil de encontrar.- le disparó una mirada que esperaba que fuera de soy-un-coleccionista-friki-. El caso es que me gustaría contactar con el forjador. Sería la envidia de mis colegas si pudiera comprarle más hojas como ésta, ya me entiende. Usted tiene la siderurgia más grande y mejor surtida de la ciudad.-extendió un poco más la sonrisa de chiflado-. Pensé que podía conocer al artesano que ha forjado esto, a lo mejor compra aquí los diversos tipos de acero.

El encargado cogió la daga y probó su filo para luego pasar los dedos por la hoja, como si el maldito metal le estuviera susurrando. Luego lo miró desde debajo de las cejas pobladas con desconfianza.

-¿Y qué gano yo?

Que tus tripas no acaben desparramadas encima de la mesa, grandísimo gilipollas. Felipe sonrió con estrellas en los ojos mientras llevaba las manos a su cartera y jugueteaba con un fajo de billetes.

-El orgullo de ayudar a engrandecer una colección familiar y… mi gratitud.- puso un fajo de dólares sobre la mesa.

El encargado miró los billetes y meneó la cabeza mientras fruncía los labios, aún repasando la hoja con los dedos. O el muy mamón era duro de roer o creía que el riesgo que implicaba dar a conocer la identidad de su comprador tenía un precio más alto que ése. El vampiro debía ser un buen cliente. Felipe hizo lo posible por congelar la sonrisa en su sitio mientras añadía tres billetes más. El tipo los cogió con los dedos manchados de hollín aceitado y los hizo desaparecer en el bolsillo del pantalón.

-Hay un tipo que compra acero aquí. Distintas clases que soportan bien el carbono y que harían buena combinación para crear un metal como éste.- señaló la hoja de la daga, con sus aguas-. Pero que me jodan si sé cómo consigue forjar esta cosa. Yo sólo le vendo las barras, las escoge personalmente y es muy tocacojones con la calidad.

-¿Cómo se llama, le deja alguna dirección de entrega?- Felipe se obligó a no saltar y agarrarle del pescuezo para que hablara más rápido.

El hombre negó despacio.

-Se lleva las barras él mismo, las carga en su jeep. Y siempre paga en efectivo. Él no me pregunta mi nombre ni yo tampoco el suyo.

Mierda.

-¿Qué aspecto tiene?

-Enorme. Un jodido armario vestido de cuero negro.- tamborileó con los dedos sobre la mesa-. Moreno, con perilla, gafas de sol aunque suele venir de noche y lleva una gorra de béisbol.

No era ninguno de los chicos que él había visto pero cuadraba con el estereotipo de esos vampiros. Al parecer, desayunaban anabolizantes, los muy malnacidos. Aquello le iba a costar más pasta de la que creía. Soltó otros tres billetes sobre la mesa, que fueron a reunirse con sus compañeros en el bolsillo del mono de trabajo del encargado.

-Alguna vez le he oído hablar por el móvil al salir de aquí. Suele mencionar un sitio llamado “el Iron”.

-¿El…?

Plic.

Felipe experimentó una revelación divina. Lo tenía. “El Iron” sólo podía ser el IronMask, un club nocturno al final de la calle Trade. Felipe sabía que los AKG habían intentando que su dueño pagara a la banda cada mes a cambio de “protección” –o sea, de que no les tocaran los huevos-, como muchos otros locales no regentados por hispanos situados en su barrio. Al día siguiente de que los emisarios de la banda hubieran hecho su exigencia, habían aparecido degollados y flotando en el Hudson. Estaba claro que era un sitio peligroso para meter las narices, pero no era menos cierto que entrar solo y sin los emblemas de la banda, disimulado entre los demás clientes, sería más discreto que husmear con toda la tropa.

Felipe se guardó la daga con una sonrisa de lado a lado.

-Muchas gracias.

Ya tenía planes para esa noche.

OOO

De la Cruz comprobó la hora en la pantalla del móvil que apoyaba en la barra del bar, al lado de su tercer chupito de tequila. Urg, tarde. Como “motivo-de-divorcio” tarde. Ya le había enviado un mensaje a su mujer diciéndole que no le esperara despierta esa noche, y el “tú mismo” que había recibido por respuesta no presagiaba nada bueno. Anunciaba silencios, labios apretados y “hazte tú la cena de ahora en adelante”.

Tampoco es que hubiera sacado nada en claro durante el rato que llevaba ahogando su autodiagnosticado principio de esquizofrenia en alcohol de alta graduación. La cosa seguía sin tener sentido, pero ahora estaba más cansado y corría el peligro de que sus propios agentes le detuvieran si le pillaban en un control de alcoholemia de camino a casa. Además, tenía hambre.

El móvil empezó a saltar encima de la barra del bar con el tono de un corrido de los Tigres del Norte que arrancó una sonrisilla de hurón del camarero que limpiaba vasos perezosamente. Aquel era el bar al que solía ir cuando no quería acabar en la cantina al lado de la comisaría ni demasiado cerca de casa. Alargó la mano y vio un número desconocido en pantalla. Total, no se sabía la mitad de las extensiones de comisaría. Descolgó, preparado a otra ráfaga de “tantos detenidos, tantos mensajes urgentes”.

-De la Cruz.

-José… Me alegro de que no te hayas cambiado el número.

Al detective estuvieron a punto de salirse los ojos de las órbitas. Habría reconocido esa voz rasgada de acento irlandés aún con tapones en los oídos.

Butch O’Neal.

OOO

En el comedor de casa de Saxton, Blay se removió inquieto en el gran sofá, con el peso de su amante contra su cuerpo, parcialmente tapados por un batín de seda. Saxton tenía la cara contra su pecho y, tal como estaba, sólo podía ver su pelo claro. No sabía si estaba dormido, amodorrado o despierto pero en silencio.

Lo que sí sabía es que él necesitaba salir de allí.

Apretó los ojos, combatiendo la pena, el asco por sí mismo, la frustración, la incomodidad y la felicidad mal encaminada.

Virgen santa… No podía acabar de creerse lo que había hecho ni que Saxton le hubiera pedido que lo hiciera. Blaylock se había sentido humilde y honrado más allá de las palabras de que Saxton confiara lo suficiente en él, de que le amara lo bastante como para dejarse tomar. No sabía quién había estado más nervioso de los dos, sobre todo teniendo en cuenta lo que su amante le había explicado en el café. Al final, Saxton lo había disfrutado, él no le había lastimado y habían caído ambos en silencio en el sofá. Blay tendría que llevar pintada una sonrisa de felicidad de lado a lado de la cara pero, en vez de eso, sentía ganas de llorar.

La propuesta de Saxton le había emocionado, le había subido la temperatura, había sido una experiencia increíble… pero no había sido correcta. Porque mientras Blay estaba dentro de él la imagen que tenía en la cabeza era Qhuinn ¿Cómo se habría sentido si hubiera sido Qhuinn quien le hubiera pedido que le tomara? Joder, sólo pensarlo le daba vahídos, sudores y le ponía duro.

¿Cómo habría reaccionado si hubiera sido Qhuinn quien le hubiera explicado esa desgraciada historia con su amante? Habría revuelto cielo y tierra hasta encontrar al hijo de puta y le habría rajado la garganta con sus propios colmillos para exponer sus restos al sol.

Saxton era un macho increíble, le gustaba en todos los sentidos, podrían ser los mejores amigos del mundo y se merecía alguien que le amara sin reservas, sin dudas y sin infidelidades.

Blay no era esa persona. Porque no le amaba. Ojalá pudiera… pero no lo hacía.

Durante los años en los que Qhuinn le había dado la espalda, Blay se había repetido como un mantra que no se puede obligar a otra persona a amarte. Nunca había creído que la frase se le giraría en contra: no puedes obligarte a amar a alguien, por mucho que lo merezca, porque el amor no ha de ser un esfuerzo. Simplemente… es.

Pero Saxton sí le quería. Puede que no se lo hubiera dicho con todas las palabras, pero ni falta que hacía.

Levantó el brazo, retirándose el pelo de la cara con la vista fija en el artesonado del techo ¿Qué alternativa tenía? ¿Hacerse un cólico de estómago viendo a Qhuinn emparejarse con Layla mientras él estaba solo?

Es más, ¿tendría la valentía de decirle a Saxton que estaba enamorado de su primo, que prefería estar solo que vivir –y hacerle vivir- una mentira?

No lo sabía. Y descubrir que era un mísero cobarde era otro garrazo en su alma. Sobre todo porque Saxton era de los machos de mayor valía que conocía. Lo había pasado mal pero había levantado la cabeza, era el tipo más necesitado por la glymera que antes le despreciaba, estaba en proceso de superar sus traumas y apostar por una relación estable con él.

Blaylock era un imbécil desagradecido.

Saxton empezó a removerse bajo él y a Blay le falló el valor. Ahora no podía enfrentarse a él, pero tampoco tenía las fuerzas para sonreír y decir “ha sido increíble, cariño”. Tenía que poner distancia entre los dos. Darse un tiempo. Su amante levantó la cabeza de su pecho y él consiguió insinuar una sonrisa.

-¿Ya te levantas?- murmuró con los ojos entrecerrados.

Saxton siempre era quien lo preguntaba. Y él siempre se iba de su cama, o de su sofá, porque no había conseguido sentirse nunca relajado. Blay forcejeó para salir de debajo de su cuerpo sin molestarlo demasiado.

-Tengo que ver si me han llamado. Le quité el volumen al móvil para… ah, cuando llegué al café.

-Me alegra ver que soy tan importante como para eso.- ronroneó Saxton mientras él rebuscaba el móvil en el bolsillo de la americana tirada sobre una butaca, muy consciente de los ojos grises fijos en su desnudez.

-Bueno, la noche iba a ser tranquila y… Mierda.- Blay frunció el ceño, olvidándose por un momento de que estaba desnudo y de sus terremotos mentales. El móvil casi gritaba en silencio con llamadas perdidas. Volvió a conectar el volumen y empezó a consultar la lista. El primer número le puso los pelos de punta: Ahna. La hembra que había dejado el Refugio hacía unas noches. Podía ser que le llamara sólo para oír una voz amiga pero también podía significar dificultades. La segunda llamada era de Marissa. Y la tercera de Butch-. Esto son problemas.

Saxton se cubrió con el batín y le dejó espacio en el sofá para que se sentara.

-¿Malas noticias?

-Ojalá no, pero me da mala espina.

Blay marcó el número de Ahna. Los tonos se agotaron y nadie respondió. Volvió a probar. De nuevo, nadie contestó. Eso empezaba a ponerle nervioso ¿Y si a la hembra le había ocurrido algo por culpa de que él había estado perdido en su mundo y no había oído su llamada? Era imposible que su ex hellren la hubiera encontrado, tenía otra identidad, nueva dirección y ninguna familia cercana que supiera de su paradero. Pero… Marcó el número de Marissa. Al contrario que con Ahna, la noble contestó al punto.

-¿Blaylock? Oh, Virgen, por fin respondes.- la hembra, siempre tan controlada, respiraba preocupación.

-Marissa, lo siento, tenía el móvil silenciado.- y algo le decía que se iba a dar de cabezazos en la pared por eso durante mucho tiempo- ¿Qué ocurre? Tengo una llamada perdida de Ahna, pero no me contesta.

-A mí tampoco. Me ha llamado la canguro que se iba a ocupar de su hija, era su primera noche de trabajo. Ahna no le ha llevado a la niña, tampoco se ha presentado en la gasolinera, lo he comprobado.- Marissa suspiró-. En la llamada de control de esta tarde me dijo que todo iba bien pero, no sé…

-¿Alguien ha comprobado su apartamento?- mierda, se estaba poniendo nervioso por momentos.

-No tengo a nadie, Blaylock. Siempre vamos escasos de personal. Mary se ha ofrecido pero no puedo prescindir de ella. Desde que Martha desapareció, es la única que puede dar clases a los niños.

-Está bien. Mira, tengo una llamada perdida de Butch. Veré qué quiere: si no me necesita para nada urgente iré yo mismo a casa de Ahna y, si no, llamaré a Wrath para que envíe a alguien.

-Te lo agradezco, Blaylock. Dime algo en cuanto lo sepas, por favor.

-Descuida, te llamo.- colgó y se giró hacia Sax-. Lo siento, de verdad. Tenemos algún problema.

-Me gusta verte como el campeón de las causas nobles, no te disculpes.- el rubio estaba recostado en los cojines, una mano en el estómago y otra bajo la cabeza, indolente, pero su mirada tenía esa expresión peculiar indescifrable que Blay le había observado desde el comienzo de la noche.

Ofreció una sonrisa de disculpa antes de llamar a Butch. El poli le cogió la llamada al momento.

-¿Butch? Hola, ¿ha pasado algo?

Sonaba música de fondo, rap seguramente, y se oía el ruido de un motor. Butch debía estar en el Escalade.

-¿Blay? Coño, por fin, chaval. Necesito que te reúnas conmigo, tenemos una charla con alguien en perspectiva ¿Estás haciendo algo importante?

-Marissa me ha pedido que me pase por el apartamento de una hembra salida del Refugio. No ha sabido nada de ella hoy.

-Mierda, ¿no puede ir nadie más? ¿Rhage o John?- el poli bajó el volumen de la música para hacerse oír-. Hollywood se estaba comiendo las uñas hasta dejarse muñones. No puede pelear, pero está bien para conducir, igual que John.

Blay empezó a reunir toda su ropa dispersa por el salón mientras aguantaba el móvil con un hombro. Seguramente Ahna se habría perdido de camino al nuevo trabajo, su niña se habría puesto enferma o cualquier otra explicación razonable. Y parecía que Butch le necesitaba de verdad.

-Está bien, aunque John no es la mejor opción. Ahna no habla lengua de signos. Llamaré a Wrath para que se lo pida a Rhage. Dime dónde nos encontramos y dame cinco minutos ¿Con quién tenemos que hablar?

-Con José de la Cruz.

A Blay se le desencajó la mandíbula ¿El policía humano?

-¿Wrath ha dado permiso para pedirle ayuda? –qué fuerte era aquello. De pronto se le ocurrió una idea- ¿No… se enfadará Vishous si te acompaño yo?- tampoco sabía por qué O’Neal había pensado en él, un simple soldado.

-Créeme, V ya está hecho una furia.- Butch resopló al otro lado del móvil-. Necesito que me acompañe alguien que pueda borrar la memoria a mi ex compañero si la cosa se tuerce demasiado. Tiene que ser alguien que no parezca un puto asesino en serie y que no salte si De la Cruz se cabrea conmigo.

OK. Claro. Vishous no encajaba con el perfil. Si ese humano le decía a Butch una palabra más alta que la otra, V haría una escabechina con él. Y todo el mundo en la Hermandad parecía salido de “American Psycho”.

-Vale, ¿dónde nos vemos?

Blay colgó en cuanto Butch le cantó la dirección y llamó a Wrath para pasarle todos los datos del caso de Ahna. Oyó el grito de alegría de Rhage por tener algo con que ocuparse incluso a través del móvil. Cuando al fin se giró hacia Saxton, el rubio seguía con los ojos fijos en él.

-Tengo que irme. Un Hermano necesita que le eche una mano.- murmuró, sin atreverse a mirarle directamente- ¿Puedo darme una ducha rápida?

-Mi casa es tu casa.- hizo una breve pausa-. Siempre.

Blay se quedó parado un momento más, con la ropa amontonada en las manos tapando su entrepierna desnuda, sin saber qué decir, ni qué hacer. O qué no decir, para el caso. Saxton, para variar, acudió al rescate. Se incorporó, anudándose el cinturón, y le dio un beso casto en los labios, que a Blay le pareció que prolongaba más de lo habitual.

-Ve a ducharte, luego entraré yo.- Saxton le dio la espalda mientras se dirigía al carro con las bebidas en costosas botellas de cristal de Bohemia-. Tengo que ir a ver esa casa que he apalabrado para Eckle, de cualquier forma.

Abrió la boca, luego la cerró, se dio media vuelta y caminó hasta el baño. La ducha que siguió fue una de las más rápidas de su vida, y de las que le dejó un sabor más amargo. Cuando salió, iba completamente vestido y armado, con una daga en la pernera, bajo los tejanos, y la pistola en su funda bajo la axila. Saxton seguía donde estaba, sorbiendo con calma un whisky o un bourbon, con la mirada perdida en sus cuadros. Al oírle, se giró y sonrió un poco.

Blay se acercó con las manos en los bolsillos.

-Hey, por cierto, ¿te ha llamado mi madre? ¿Para la cena?

-Sí.- otro sorbito, con la mirada fija en él- ¿Seguro que quieres que vaya?

-¿Cómo? ¡Claro! ¿Por qué no iba a querer?- debería acercarse y abrazarle, besarle. Alguno de esos gestos que se suponen que hacen los amantes que acaban de compartir un momento cumbre. Pero no pudo.

Saxton lo miró por encima del borde del vaso.

-Por si te pongo en un apuro con tus padres.

-El apuro me lo pongo yo solo por no explicarles la verdad, Saxton, no es culpa tuya.- Blay jugueteó con la punta de los zapatos.

-Siempre puedes aprovechar la ocasión para contárselo. Que eres gay y que yo soy tu… pareja.

El tono de Saxton había sido de puro satén, como siempre, pero a Blay le pareció un empalamiento. Todo su cuerpo reaccionó con un rechazo visceral. No por la parte de admitir que era gay. Por la de asociar a Saxton con el concepto “pareja”.

Siempre, desde que había sabido que le gustaban los machos y no las hembras, había fantaseado con la misma idea. La de Qhuinn y él, cogidos de la mano, diciéndole a sus padres que eran pareja.

Qhuinn. Nadie más.

Blaylock carraspeó sin atreverse a levantar la mirada de la alfombra.

-Tengo… tengo que irme. Butch me está esperando.- probablemente, Saxton ni siquiera podía oírle, de lo bajito que hablaba-. Te… llamaré.

-Blaylock, ten cuidado.

Asintió sin añadir palabra. Cualquier cosa que saliera de su boca sería una mentira.

Una vez en la calle se desmaterializó con los ojos cerrados y los puños apretados.

OOO

Qhuinn estudió la fachada de la mansión victoriana que tenía delante desde las sombras de un enorme olmo. Había luz en el comedor de la casa y también en una de las ventanas superiores, la habitación de Eckle, así que su hermano aún no había salido esa noche. Estrechó los ojos y, a pesar de la distancia, vislumbró su sombra alta moviéndose tras las cortinas.

Puede que sólo viera en gama de grises, pero tenía la agudeza visual de un águila.

Resopló por lo bajo ante la comparación involuntaria. Tuvo la fortuna de resucitar un recuerdo infantil que no le había venido a la memoria en años.

Qhuinn se había portado bien durante todo el trayecto en coche hacia la clínica oftalmológica. Se había sentado muy recto en el asiento trasero del BMW conducido por el doggen -excepcionalmente sin su uniforme-, callado y sin ensuciar la tapicería de cuero de los asientos de delante con sus pequeños pies. También se había portado la mar de bien mientras aguardaba junto al criado a que le tomaran los datos falsos en el consultorio.

Sabía como debía comportarse cada vez que le llevaban de paseo a esos sitios humanos. Había ido muchas, muchas veces en su corta vida.

Qhuinn se subió de un salto a la silla de la sala de espera, estudiando a los demás pacientes. Los humanos le parecían todos tan distintos… en cambio, todas las amigas de su mahmen vestían y se comportaban igual. Y todas las visitas de su padre. También los niños a los que se les permitía jugar con sus hermanos parecían muñequitos idénticos. Soltó una risita por lo bajo que le ganó una mirada de reprobación de reojo del doggen, sentado en la silla todo envarado, como si le pinchara una chincheta.

Su risa atrajo la atención de una niña humana, más o menos de su edad. Cuando se giró para mirarle, Qhuinn vio que tenía un ojo desviado hacia dentro, así que parecía que se estuviera observando la punta de la nariz. Al momento, bajó la vista hacia sus manos en el regazo, horrorizado de que la madre de la cría se hubiera dado cuenta de se había fijado en el defecto de su hija. Pero no oyó ninguna regañina, sólo unas risitas. Arriesgándose, entreabrió las pestañas para poder espiarlas de reojo.

La madre tenía a la niña en su regazo, con la barbilla apoyada sobre la cabeza de la cría, y le estaba leyendo un cuento en voz baja. Qhuinn se preguntó cómo podía entender los dibujos si cada ojo le miraba hacia un sitio y pensó que su mahmen debía sentirse muy desgraciada al tener una hija así. Al menos, sus ojos miraban hacia el mismo sitio. No quería ni pensar en cómo debían castigar sus padres a esa cría. Excepto que, entonces, la madre empezó a poner voz de pirata mientras le contaba el cuento, y la niña hizo ver que tenía un catalejo, se echó a reír y la mujer le dio dos sonoros besos en las mejillas.

Luego la pequeña humana saltó de las faldas de su madre para cambiar el cuento por otro y la mujer se giró hacia él. A Qhuinn no le dio tiempo de agachar la cabeza y la mujer le sonrió, enarcando las cejas de una forma muy expresiva que él nunca había visto en los vampiros que conocía.

-¿Quieres sentarte con nosotras a escuchar un cuento mientras esperas?- ofreció la humana. Tenía la voz extraña. Dulce.

Qhuinn abrió la boca pero no le dio tiempo a responder.

-El niño no habla con desconocidos.- cortó la voz seca, de papiro viejo, del doggen.

-Oh. Está bien…

Qhuinn bajó la cabeza y la mantuvo así cuando una enfermera llamó a la madre con su hija.

-Los humanos no se rigen por nuestra escala de valores.- susurró el doggen a su oído-. No entienden el orgullo de la nobleza.

Un rato después fue su turno. Aún no sabía si esas visitas le gustaban o no. Los médicos eran muy amables con él, más que nadie que conociera, y siempre alababan su buena vista. Qhuinn era capaz de distinguir con claridad todos los dibujitos de las filas de abajo del panel de graduación, incluso desde muy lejos. Aquel oftalmólogo le llamó “pequeña águila”, le regaló una piruleta  y Qhuinn sonrió.

No entendía las palabras de los mayores, pero supo que el médico le decía al doggen que su vista era muy buena. A lo mejor, esa vez sus padres estaban contentos. Pero luego el viejo criado dijo una palabra complicada que él había aprendido -daltonismo- y el médico meneó la cabeza, encogiéndose de hombros.

-Eso no podrá cambiarlo, señor. Su nieto ha nacido así, pero no es una complicación de salud. No le supondrá ningún problema para la vida diaria siempre que se le ayude a entender las convenciones de colores, como los semáforos.- ¡él ya sabía cruzar la calle mirando esas luces!-. Por lo demás, no tiene ninguna importancia.

El doggen no parecía pensar lo mismo. Salió de la consulta sin decirle ni una palabra y le tiró la piruleta a una papelera. Mientras el criado cumplía con el papeleo de la clínica, la madre y la niña salían de otra consulta. La pequeña llevaba tapado el ojo malo con una especie de parche, saltaba gritando “¡soy una pirata!” y la madre sonreía. Qhuinn supo que aquello era “no tiene ninguna importancia”. Lo que le esperaba a él cuando llegara a casa sería otra cosa.

Tal como temía. Un silencio helado, decepcionado. Como si Qhuinn no hubiera superado algún tipo de prueba en el oftalmólogo.

Protestó, levantando la barbilla con orgullo y explicando que el médico le había llamado “pequeña águila”. Su padre sólo le miró desde dos metros de distancia y señaló las escaleras hacia su cuarto, mientras su madre apretaba los labios para después mirar con alivio a sus hermanos sin defectos.

Cuando pasó al lado de Eckle, su larguirucho hermano mayor sonrió. A pesar de sus sólo cinco años, Qhuinn entendió que Eckle estaba contento por que el médico no hubiera podido curarle; así podría seguir burlándose de él.

Más tarde, en su cama, Qhuinn pensó que le caían mejor los humanos que los vampiros. Que aquella madre era mil veces mejor que la suya y que, si esa niña tenía un hermano, seguro que él esperaba que ella se curara.

También pensó que, cuando fuera mayor, la escala de valores de la nobleza le importaría un pimiento.

Sólo que no era así.

Cruzó la calle hacia la casa mientras le daba vueltas a aquel episodio. Había crecido cargando con el juicio de un grupo social concreto dentro de una raza específica que se regía por unos valores determinados: para los vampiros de la glymera, ser daltónico con, además, un ojo de cada color era una aberración que le condenaba al aislamiento. Él tenía su propio rosario de traumas y de aspiraciones en su vida como consecuencia de ese juicio. Creía que era un despojo sin utilidad alguna pero que podía redimirse, personal y socialmente, si se emparejaba con una hembra de valía, como una Elegida.

Pero su corazón le decía otra cosa y, milagro de milagros, gracias a unas cuantas horas de paz lejos de su frenesí interior en la herrería, su mente empezaba a colaborar en la reflexión.

A Qhuinn todavía le importaba lo que los demás pensaran de él, aunque empezaba a tener serias dudas a cerca de la opinión de quién le parecía importante. Y eso era lo que pensaba averiguar con esa visita a Eckle, más allá de dejarle colocado el diminuto micrófono que llevaba en el bolsillo de los pantalones para que la Hermandad pudiera espiar sus conversaciones.

Inspiró con fuerza delante de la puerta, con sus maderas nobles y su “aléjate-plebeyo”. La persona que tenía más respuestas a toooooooda esa enorme comida de olla que llevaba Qhuinn en las últimas horas estaba justo al otro lado.

La expresión de Eckle al abrirle, después de haber llamado al timbre cinco veces, pasó al momento de sorpresa fastidiada a puro odio y eso, al calor de los recuerdos de cuando era niño, despertó una ira que no solía manifestar con su hermano.

-¿Qué haces aquí? Esta no es tu casa.- Eckle tenía la corbata floja y el cuello de la camisa levantado. Debía estar arreglándose para salir a algún sitio. Qhuinn frunció el ceño y, esa vez, no bajó la mirada. Apoyó una mano en la puerta, impidiendo que Eckle se la pudiera cerrar y su hermano apretó los labios, siseando- ¿Cómo te atreves a mirarme directamente?

-Igual que ésta no es mi casa, os asegurasteis de que te pudiera mirar como me salga de las pelotas cuando me desheredasteis.- joder, hasta él mismo se sorprendió. Tanto por que hubiera sido capaz de esa contundencia como de lo bien que se sintió al decirlo.

-Entonces, ¿con qué derecho picas a mi puerta?- Eckle levantó tanto la barbilla que Qhuinn pensó que se iba a desnucar.

-Con el que me da trabajar para la Hermandad ¿Me vas a dejar pasar o prefieres entenderte con ellos?- presionó. Después de la experiencia con Vishous, dudaba mucho que su hermano estuviera dispuesto a arriesgarse a una segunda ronda.

Eckle chirrió los dientes y Qhuinn pensó cuánto se parecía a su padre. Tenía la misma cara estrecha de comadreja, idénticos ojillos escrutadores y el mismo rictus de soberbia cuando torció la boca como si, de repente, le importara un comino lo que hiciera Qhuinn porque no era más que una hormiga bajo sus pies.

-Haz lo que te dé la gana.- Eckle se dio la vuelta y regresó al interior de la casa, ajustándose la corbata de seda.

Qhuinn cerró la puerta con fuerza y le siguió al salón. Una doggen desconocida, joven y diminuta en su vestido negro con cofia blanca, prácticamente se escurrió cuando Eckle le ladró que su invitado no iba a tomar absolutamente nada y que desapareciera de su presencia. Qhuinn siguió a la chica con la mirada. Nunca se había parado a analizar cómo trataba su familia a los sirvientes, pero en ese momento pensó en el complaciente Fritz y en su pequeño ejército de doggens en la mansión. Si alguien les hablara en el tono que Eckle había usado con la joven criada, la Hermandad entera se habría jugado a la pajita más corta quién le rebanaba el gaznate. Él incluido.

-Di lo que tengas que decir y lárgate.- Eckle se acomodó el cuello de la camisa con dos secos tirones, de pie al lado de una mesita en el salón. Encima había una elegante cartera de piel.

-¿De dónde vienen tus visiones?- si Eckle quería ir al grano, él también. Se apoyó contra la gran mesa de caoba, con las manos en los bolsillos.

Disimuladamente, apretó el botoncito para activar el pequeño micrófono que llevaba en uno de ellos. La cosa tenía una autonomía de 200 horas y llevaba una tarjeta SIM. V sólo tendría que llamar a ese número desde su ordenador y tendría controlado el salón de Eckle.

Su hermano le dedicó una mirada como un latigazo.

-No tengo ni idea. Sólo sé lo que os he contado, que tengo esos sueños desde que desperté después del asesinato de mi familia ¿No habéis sido capaces de averiguar nada más? ¿Para eso os sirven todos los recursos que manejáis?

Qhuinn se obligó a escuchar la voz fría de Vishous dándole consejos en la herrería. “Fuerza y control, necesitas las dos cosas”. Sacó las manos de los bolsillos, ocultando el micro en la derecha, y las llevó hacia atrás, apoyándose en el borde de la mesa.

-La única persona que sé que puede prever el futuro es Vishous, ya lo conociste… de cerca.- tuvo la satisfacción de ver que Eckle vacilaba un poco ante la mención del Hermano al alargar la mano para coger la americana del respaldo de una silla-. Y no me explico en qué te puedes parecer a él. Ah, y lee el pensamiento. No lo hizo contigo la primera vez que te vio porque estabas histérico y no le habría servido de mucho, pero está deseando ponerte las manos encima. Las dos.- precisó- ¿Qué tal si me explicas a mí de dónde mierda te vienen esos sueños?

Eckle se había quedado con la americana en la mano y Qhuinn vio una expresión poco frecuente en él: ¿miedo? Su hermano se pasó la lengua por los labios y él olió su nerviosismo. De acuerdo, V era capaz de hacer que a cualquiera se le cortara la meada pero a Qhuinn le pareció que en esa reacción había algo más.

-Eres tan lento de entendederas como siempre.- escupió Eckle, a la defensiva- ¿Qué parte del “no lo sé” no entiendes? Os estoy haciendo un favor, ¿no? Avisándoos de lo que veo. Tendríais que estarme agradecido, la próxima vez puede que no os llame. A lo mejor los restrictores os pillan desprevenidos y alguien acaba muerto. Y no tengo por qué darte explicaciones, a ti menos que a nadie.

Eckle se giró para ponerse la americana y Qhuinn aprovechó para alargar la mano derecha y enganchar el pequeño micrófono bajo la mesa antes de dar dos pasos hacia él. El muy gilipollas creía que por ser el único heredero de una familia de la más rancia glymera era intocable, que podía hacer lo que le saliera de las pelotas sin consecuencias, igual que le habían hecho la vida imposible a él y nadie les había ni tosido.

Lo que acabó de hacerle saltar fue el conocimiento de que Eckle tenía razón. Siempre saldría impune.

Las manos empezaron a temblarle y las apretó en puños.

-¿Por qué? ¿Por qué me odias tanto?

Su hermano se volvió hacia él con las cejas oscuras muy enarcadas, la viva imagen de Lohstrong.

-¿Te miras todos los días al espejo y aún tienes que preguntarlo?- el tono sugería que Qhuinn era un jodido retrasado mental.

-Yo no tengo la culpa de haber nacido como soy. Nadie escoge ser daltónico.- Qhuinn estuvo a punto de hacerse sangre en las palmas de la fuerza con que se apretó las uñas en la carne al vomitar lo que llevaba más de un cuarto de siglo tragándose-. A los únicos a los que mis ojos le parecen una aberración es a vosotros. A la glymera.

-Lo cual prueba por qué el resto de la raza pertenece a la plebe o son masas de músculos escasas de cerebro.- Eckle abrió el maletín con dos “clics” suaves en los cierres de oro antes de mirarle con rencor helado-. Los demás miembros de esta familia tampoco teníamos la culpa de que nacieras pero tuvimos que cargar con las consecuencias igual. El único culpable fue papá.

Qhuinn empezó a respirar por la nariz como un bisonte a punto de una carga. No entendió la segunda parte de la frase, pero la primera se le quedó grabada a fuego. “Plebe”, como ratas de cloaca, o “masas de músculos”, como gorilas imbéciles. Su hermano se atrevía a insultar a los únicos que habían sido siempre amables con él: los civiles y la Hermandad. El impulso de hacer que se comiera sus palabras pudo más que su sabiduría.

-A las Elegidas tampoco les importa que tenga los ojos distintos, y ellas están por encima hasta de ti.- masculló-. Voy a emparejarme con una.

Jódete. Trágate tus malditas palabras, tu odio. Admite que soy igual que tú, que no soy más la peste que hay que mantener lejos.

Si esperaba que Eckle se desmayara de la impresión por su gran logro de conseguir una hembra de la más alta estirpe de la raza, Qhuinn quedó totalmente decepcionado.

Su hermano lo miró un momento con los ojos abiertos, luego enarcó las cejas, torció una media sonrisa que le dio escalofríos y al final se echó a reír. A carcajadas.

Qhuinn aflojó los puños y dejó caer los brazos a los lados, flácidos de pura sorpresa.

-¿De qué mierda te ríes?

Eckle se dejó caer en el sillón orejero que había sido de su padre, con los hombros sacudiéndose al ritmo de sus carcajadas. Aplaudió un par de veces y luego cruzó una pierna sobre la otra, contemplándole con una sonrisa y la cabeza apoyada sobre los dedos largos, inclinada a un lado. Era una jodida copia en joven de su padre y Qhuinn sintió tentaciones de estrellarle la cabeza contra la mesita de centro sólo por eso.

-Vaya, vaya, vaya….- canturreó-. Quién iba a decir que al final la oveja negra se parecería tanto a papá. Toda esa rebeldía, todo ese “soy diferente” para acabar igual que él. Es justicia poética, sin duda.

Qhuinn dejó de respirar. Absolutamente.

-¿Qué…?- graznó con un hilo de voz.

Eckle deshizo su pose y alargó la mano para servirse cognac del juego de botellas de la mesita. El líquido cayó en el vaso ancho en el absoluto silencio del salón. Luego alzó el brazo hacia arriba en un remedo de brindis.

-A la salud de papá. Donde quiera que esté debe estar revolviéndose al ver que su proyecto fallido de hijo al final ha salido a su semejanza.- tomó un largo trago de licor sin dejar de mirarle por encima del borde, los ojos dos agujas crueles.

-¿Qué coño quieres decir?- Qhuinn empezó a notar el corazón en las sienes. Y no de alegría. Siempre había creído que debía parecerse a su padre. Pero si eso significaba tener remotamente algo que ver con aquella serpiente que estaba resultando ser Eckle… mierda, se haría un trasplante de genes para evitarlo.

-Dime una cosa, ¿quieres a esa Elegida?- Eckle sonrió, haciendo oscilar el cognac en la copa con suaves movimientos-. Eres todo un guerrero, así que se supone que tus glándulas funcionan a plena potencia, ¿la has marcado como tuya?

Las imágenes de Blaylock desnudo en la cama con él, besándole, abrazándole, de su olor de marcaje hacia Blay brotando en oleadas violentas en la soledad del túnel le dieron un mazazo a la conciencia ¿Marcar a Layla? ¿Cómo iba a hacerlo, cuando todos sus instintos le pedían que atravesara a Blay con sus colmillos, con su polla y que dejara su olor recubriendo su piel pecosa?

-¿Y eso qué mierda te importa?

-Personalmente, nada.- la jodida sonrisa de Eckle empezaba a adquirir una sombra macabra- Pero dime, ¿recuerdas haber olido el marcaje de papá en mahmen alguna vez? Por supuesto que no, porque nunca la amó.- su hermano dio un trago largo y dejó ir un suspiro satisfecho mientras examinaba el cognac a la luz-. Excelente botella, ¿por dónde íbamos? Ah, sí ¿Crees que si te emparejas con esa Elegida te dejarán entrar en el club VIP? ¿Crees que la glymera te aceptará? Qué curioso: lo mismo que pensó papá al escoger a mahmen.

Qhuinn dio un par de pasos atrás, volviéndose a apoyar en la gran mesa. Mierda, jamás había pensado en la relación de sus padres. Pero era cierto: aunque su madre siempre iba tan cargada de perfume que parecía un maldito ambientador andante, nunca había olido el aroma a especias de un macho vinculado en ella. Quizás usaba tanto perfume precisamente para disimular esa falta…

-Padre ya formaba parte de la glymera, nues… vuestra familia fue una de las fundadoras del Consejo del Princeps. Era su derecho. Daba igual con quién se emparejara mientras fuera con una hembra noble.

Eckle se cruzó de nuevo de piernas y balanceó una de ellas. Alguien le había pegado esa jodida mueca con grapas, era demasiado siniestra.

-Ciertamente. Pero mahmen era de la más alta cuna disponible para papá. Por eso presionó hasta que se acordó el emparejamiento.- Eckle se acabó el cognac-. Padre quería progresar en la glymera, quería afianzarse sin discusión posible en su núcleo duro, quería ser el leahdyre. Y escogió a la hembra que llevaba la VISA oro bajo el brazo. Justo como… tú.- le apuntó con un índice largo antes de que se le borrara la sonrisa con rapidez de lunático-. Espero que estés dispuesto a pagar el precio de ser idéntico a papá. Todo un noble.

Las manos de Qhuinn aferraban el borde de la mesa con tanta fuerza que se le durmieron.

-¿Qué quieres decir?

-Oh, vamos ¿Cuánto tiempo crees que dura la novedad? ¿Cuánto tiempo crees que podrás acostarte con tu Elegida, pasearla en sociedad y hacer ver que sois felices sólo porque crees que ella es perfecta para que subas de status? Algunos años, quizás. A lo mejor os llega hasta que tengáis vuestro primer hijo. Es lo que le pasó a padre y a mahmen.- Eckle contempló los restos de cognac en el fondo del vaso-. Para cuando padre quiso probar a concebir otro hijo macho, algún guerrero que recogiera los genes de soldados de la familia, mahmen sólo se acercaba a él cuando se lo ordenaba. Lo sé, yo los oía desde mi habitación. Me bajaba de la cama y abría la puerta para escucharles. Entonces nació una niña.- soltó una risita-. Qué golpe debió ser para padre… ¿Te imaginas yacer con tu Elegida durante su necesidad sin desearla si quiera? Todos esos días sin salir de la habitación, vaciándote de semen y de sangre, con ella mordiéndote… ¿Te imaginas con un niño suyo en brazos, Qhuinn? ¿?

Los nudillos de Qhuinn crujieron. Intentó imaginarse a Layla en su necesidad. Días acostándose con ella, dejando su semilla en su interior, los colmillos de ella en su cuello una y otra vez –cuando Qhuinn jamás había alimentado a nadie-, quizás luego haciéndose cargo del hijo que naciera de esa unión… y rompió a sudar.

Sintió tales ganas de salir huyendo de esa posibilidad -de esa posibilidad muy real en cuanto se emparejaran- que estuvo a punto de marearse. No podría. Sería incapaz de darse a sí mismo a Layla de esa forma porque… porque… joder, porque todo él, todas las hebras que formaban a Qhuinn, gritaban que sólo sería capaz de darse incondicionalmente a una persona en el mundo.

Y no era Layla.

No dijo nada porque no tenía nada que le sirviera para replicar a Eckle y borrarle la estúpida sonrisa de satisfacción de la cara.

-Bueno, imagínate…- prosiguió su hermano. El jodido estaba disfrutando de la fiesta de Qhuinn, el Gilipollas del Milenio-. Con los siglos que vivimos, intenta calcular durante cuánto tiempo podréis sonreír como la pareja perfecta delante de las visitas. A lo mejor bates el récord de nuestros padres. Oh, claro, siempre que no te des cuenta de que, en realidad, nada te satisface y quieras subir más escalones concibiendo a un hijo guerrero…

El tono de malevolencia espirada de Eckle le revolvió las tripas ¿Cuántos años llevaba su hermano guardándose toda esa mierda, queriendo tirársela a la cara? Y él le acababa de servir la ocasión en bandeja.

-Suéltalo. Lo estás deseando, maldito cabronazo.- los colmillos se le alargaron-. Di lo que tengas que decir.

-¿Sabes por qué naciste, Qhuinn?- Eckle se puso en pie, caminando despacio hacia él-. Porque papá ya no tenía suficiente con mahmen para sentirse elevado. Ni conmigo ni con nuestra hermana ni con su posición en la glymera. En realidad, no tenía bastante con nada porque era un amargado. Así que quería otro hijo: un macho, un guerrero. Ya tenía al noble heredero, a la niña a quien emparejar bien y ahora anhelaba un soldado.- los ojos grises del noble le recorrieron de pies a cabeza-. Mahmen no quería tener más hijos, pero padre la obligó a someterse.- soltó una carcajada, con las manos en los bolsillos de los pantalones del traje-. Imagina la cara de padre cuando te vio al nacer. Su proyecto de gran guerrero… un tarado. Mahmen no quiso ni cogerte, por supuesto. Te amamantó una doggen. Y madre prohibió a padre que la volviera a tocar nunca más. Dime, Qhuinn, ¿cuánto tiempo y cuántos partos crees que tu querida Elegida te aguantará sabiendo que sólo la estás usando para creerte un noble de verdad? Y, por cierto, ¿crees que ella te convertirá en un aristócrata?

Qhuinn no retrocedió porque no podía. Estaba entre Eckle y la maldita mesa. Tampoco se habría podido mover. En ese momento, sólo quería gritar. Huir. Escapar del veneno de esa casa, de Eckle.

Del jodido molde en el que iba a meterse y que sólo iba a perpetuar la forma de hacer de la glymera, exactamente los valores que le habían jodido la vida.

-¿Por qué me odias?- tragó saliva, la garganta seca- ¿Qué te hice a ti para eso?

La sonrisita engreída de Eckle se rompió en pedazos y reapareció la máscara de furia.

-¿Que qué me hiciste? Anulaste mi vida. Me obligaste a dejar de lado todo lo que yo quería para ser el mejor heredero, para mantener el nombre de esta familia a pesar de tu fallo.- Eckle se acercó tanto a él que Qhuinn pudo ver los poros de su piel-. Por culpa tuya nunca tuve un segundo libre. Nunca pude leer lo que quería, ni viajar a donde deseaba, ni estudiar lo que me apetecía. No, claro, alguien tenía que demostrar a la glymera que esta familia seguía siendo de valía. , que no tenías derecho a vivir, arruinaste mi vida. Ojalá te hubiera matado cuando tuve ocasión.

Eso consiguió que Qhuinn se despegara de la mesa y su cara quedó a palmos de la de su hermano. Le sacaba más de una cabeza de alto por dos cuerpos de ancho y, en ese momento, a Qhuinn le pareció, por primera vez desde que tenía uso de razón, que la ventaja no era sólo física. También moral.

-Yo no tengo la culpa de que la glymera sea un montón de mierda apestosa.- retrajo los labios, enseñando los caninos-. No tuve la culpa de nacer ni de ser daltónico. Joder, Eckle, ¿te estás escuchando? ¡Es ridículo!- se pasó las manos por el pelo, gruñendo. Lo que salió de su boca fue la mayor revelación de sus 26 años de vida-. La glymera se equivoca. Veo mejor que tú, peleo como cualquier guerrero y los únicos que decís que soy un tarado sois vosotros. Sois un montón de nobles estirados hijos de perra que disfrutáis jodiéndoos la vida.- gruñó desde el fondo del estómago-. No se te ocurra… joder, no se te ocurra echarme las culpas, maldita sea.

Eckle gruñó, toda su compostura aristocrática yéndose al infierno cuando se le acercó, clavándole el dedo en el pecho con cada palabra envenenada.

-Tú tendrías que haber besado el suelo que pisamos cada día que te permitimos vivir. Padre tendría que haberte descartado en el mismo segundo en que naciste. ¡Debería haberte ahogado! Así al menos podríamos haber vivido libres, ¿me oyes? ¡Libres!- le cogió por la camiseta, retorciéndosela- ¿Y qué has hecho en vez de eso? Enlodar el honor de la familia matando a nuestro primo, nuestro primo, estúpido tullido sin cerebro. El único guerrero de valía que hemos tenido. No estabas aquí cuando los restrictores nos masacraron ¿Dónde estabas?- le sacudió, con la fuerza de una niña- ¡¿DÓNDE ESTABAS, QHUINN?! ¿Follando a putas humanas en esos bares a los que vas con los Hermanos? Sé lo que haces Qhuinn, sé que fornicas también con hombres. No eres más que escoria ¿Te has tirado ya a tu amiguito, a ese pelirrojo con cara de cordero degollado?- algo de saliva brotó de los labios imparables de Eckle-. Siempre he visto cómo te miraba, ¿por qué crees que iba detrás tuyo? ¿Te has follado ya a esa puta de Blayl…?

Eckle no tuvo ocasión de acabar de pronunciar su nombre.

El puñetazo de Qhuinn le dislocó la mandíbula, le fracturó la nariz, le estrelló contra la mesita con toda la maldita colección de botellas de licor y lo mandó rodando sobre la alfombra persa.

Eckle gimió mientras rodaba por el suelo, llevándose las manos a la cara entre añicos de cristal.

Qhuinn estuvo sobre él en una respiración.

Lo levantó del suelo con una sola mano en la nuca, lo arrojó contra la pared forrada de paneles de madera y, cuando rebotó, lo enderezó retorciéndole un brazo detrás de la espalda. Le mantuvo la cara apretada contra la pared con una mano en la cabeza. Siseó tan cerca de su oído que los colmillos de asesino rozaron la oreja de Eckle.

-Vuelve a insultar a Blay y juro por la Virgen que te arranco las pelotas y te las hago tragar, hijo de la gran puta.- le sacudió, golpeándole contra la madera-. Blay tiene más honor del que tú y toda tu jodida glymera tendrá nunca, ¿me oyes? Me importa un huevo quién seas, si vuelves a hablar de él sin el respeto que merece juro que te mato como maté al gusano de mierda de Lash. Ve a llorarle al Consejo como una niña, me la suda. Pero si te atreves a decir su nombre, sólo a decirlo, te mato.

Qhuinn envió a Eckle rodando al suelo de un empujón salvaje. Quedó plantado de pie, jadeando mientras el noble se sentaba con dificultad, con la cara convertida en una retorcida máscara de sangre, el traje arrugado y manchado. Eckle escupió sangre y siseó como una cobra que tragara su propio veneno.

-Te mataré.- le amenazó-. De alguna manera, esta vez lo conseguiré…

El rugido de Qhuinn retumbó en su pecho cuando se inclinó sobre Eckle, levantándole de la corbata hasta que tuvo la cara contra la suya.

-Si lo intentas, asegúrate de hacerlo mejor, porque esta vez pelearé.- sus colmillos doblaban en longitud los de Eckle cuando se los mostró-. Jode a Blay, a un amigo mío, a la Hermandad, a un civil, aunque sea a esa doggen que tienes, y te meteré mis dagas por la garganta. Y no me hará falta ver en colores. Puedo oler la basura.

La tenía delante.

Soltó a Eckle con una sacudida, temblando de pies a cabeza con un torbellino de emociones mezcladas de entre las que sobresalía una muy clara: paradójicamente, al escupirle toda esa ponzoña, Eckle había girado la llave de las argollas que le ataban a todos los prejuicios que le ahogaban.

No se había sentido tan libre en la vida.

OOO

Jay-O, antes Jason Ormond, líder de los Bloods de Caldwell y recientemente convertido en muerto en vida con capacidad para sentir dolor, se puso en cuclillas agarrándose de una caja de madera. El esfuerzo le hizo toser y vomitó sangre negra.

Parecía mentira que, después de toda la que le había sacado Lash, aún le quedara mierda en el cuerpo.

Alargó la otra mano, cogiéndose a la misma caja, y obligó a sus piernas a sostenerle de pie. Las cabronas temblaron como perras cobardes. Jadeó mientras  su cuerpo se acostumbraba a la verticalidad y luego echó una ojeada a su torso desnudo y a lo poco que quedaba de sus tejanos. Lash había incinerado su ropa con algo parecido a una bola de fuego. Y a él. Justo después de arrancarle los intestinos con una sola mano y de partirle la mitad de los huesos.

Le había llevado casi dos días sanar las heridas. Se había tenido que meter él mismo las tripas en su sitio y colocarse los huesos más o menos como tenían que estar. No había podido hacer más que quedarse tirado en el rincón del taller ilegal que ocupaban como base, esperando a que su cuerpo maldito regenerara.

Mientras, Lash no había estado quieto. Jay-O había escuchado gritos al otro lado de la puerta durante horas. Así que más de sus chicos habían sido transformado, sin que él pudiera evitarlo, en restrictores, según el Diccionario Vampírico.

Vampiros.

No muertos.

Dioses oscuros.

Guerras antiguas.

Mentiras. Muchas, muchas mentiras.

Falsedades que le habían costado trece vidas. De los noventa Bloods de pleno derecho, después del tiroteo en la antigua General Motors quedaban ochenta y siete, según el recuento rápido que había podido hacer. De la docena de no muertos, habían perdido a tres, pero sólo Dios sabía cuántos más había hecho Lash para preservar su número. Tenía que salir para comprobarlo. Puso a prueba la fortaleza de su nuevo cuerpo caminando por el estrecho cuartucho hasta la puerta. Al menos, la mierda de sus venas tenía ese aspecto positivo.

Cuando salió al pequeño almacén del taller, el panorama le recordó tanto a las prisiones ilegales que había visto en Oriente Medio que se detuvo, con un pie en el ahora y otro en el ayer. Sangre. Sangre seca en las paredes, en el suelo, en las cajas. Mezclada con sangre negra, putrefacta. Cuerpos apelotonados en el suelo. Un montón de cajitas variopintas dispuestas en fila sobre el alféizar de una ventana mugrosa.

Veinte.

Lash había transformado en restrictores a once más de sus chicos sin que

él hubiera podido mover un dedo para impedirlo. Veinte pares de ojos se giraron a mirarlo y cualquiera había temblado al ver lo que transmitían: furia asesina, traición, engaño, odio.

Nadie quería lo que les habían hecho. Lo que había parecido un buen trato en una situación desesperada ahora era el infierno. Un hijo de puta les estaba usando para su propia guerra personal, dejando que ellos cargaran con la mierda mientras él movía sus piezas.

A Jay-O eso le resultaba familiar. Demasiado. Fue la gota que colmó el vaso. Si algo tenían los Bloods era orgullo. Nadie dijo una palabra porque todos esperaban las que salieran de su boca. Una sola equivocada y esos hombres que se sentían traicionados lo reducirían a cenizas. Le matara o no.

-Vamos a por él.- masculló, sosteniéndose en el umbral de la puerta, con el sabor de la sangre negra podrida aún en su boca-. No vamos a descansar hasta que ese hijo de la gran puta esté muerto o de vuelta al infierno.

De nuevo, nadie habló porque había traiciones que superaban las palabras. Pero Jay-O vio que los labios se fruncían y los ojos se estrechaban. En apoyo a su mensaje.

El cauce de acción estaba tan claro como un puto juego de niños. Todos los Bloods querían a Lash muerto. Los tipos con colmillos les querían a ellos y a su jefe muerto.

Bien. Jay-O iba a entregarles a Lash. Si los supuestos vampiros llevaban tiempo peleándose contra tipos como ellos, debían saber cómo matar a Lash. Y eso era algo en lo que él estaba más que dispuesto a colaborar. Por un precio. El único problema es que nadie tenía ni zorra idea de dónde encontrar a los vampiros, para empezar porque nadie sabía que esas cosas existían hasta que uno pelirrojo le sacó las tripas a uno de sus chicos en la fábrica y una zorra loca con dagas mató a dos.

Pero esos vampiros iban armados, tenían pinta de delincuentes y peleaban. Así que sólo había alguien que pudiera tener alguna pista: la poli. Un detective de Homicidios había visitado su barrio, un tal De la Cruz, al parecer bastante informado sobre sus peleas entre bandas.

La única posibilidad de encontrar a los vampiros es que ese detective tuviera información al respecto. Jay-O estaba más que dispuesto a ofrecer paz en las calles a cambio de información de su paradero. Ya se encargaría luego de que la paz se construyera sobre las tumbas de los AKG.

Ojeó a los nuevos restrictores hasta encontrar justo al que menos quería ver allí: su primo.

-Habla con el abogado.- todas las bandas tenían sus letrados y los Bloods no eran menos. Todos los detenidos en comisaría tenían el mismo defensor, lo que también abarataba los costes-. Dile que le pida a alguno de los que están en chirona que le dé un mensaje de mi parte a un poli, De la Cruz.

-¿Qué mensaje?- el chico se puso en pie, descoordinado.

-Que estoy dispuesto a verme con él. En el barrio. Que venga solo.

Hora de que los Bloods recuperaran su libertad.

OOO

-Cagüenmismuertos…

Rhage juró con los dientes apretados cuando se agachó para sentarse al volante de su GTO. Tal como le había dicho muy bien el cabronazo de Manello, podía caminar y moverse por la casa. Lo demás haría que las quemaduras que le abrasaban todo el costado vendado dolieran como perras en celo. El doc tenía razón, pero no podía quedarse toda la noche con el culo plantado en la mansión mientras todos sus Hermanos batían las calles en busca de restrictores e incluso su Mary era de utilidad a la sociedad trabajando en el Refugio. Le hacía sentir una marujilla mantenida. Sólo le faltaba ponerse a barrer la habitación y ordenar las películas.

Además, ahora que las cosas entre Mary y él habían iniciado su recuperación –lenta y difícil, Rhage no era tan burro como para pensar que todo serían confetis después de la depresión que arrastraba su shellan-, se sentía lleno de energía. Con la sangre en los ojos, como las sardinas. Listo para hacer algo, aunque sólo fuera comprobar que una civil seguramente se había dejado el móvil en su casa y se había ido de compras. Pero si así tranquilizaba a Mary y a Marissa, pues no le costaba nada echar un ojo. Conduciendo, eso sí, que no tenía cuerpo para desmaterializarse.

Hollywood se enderezó todo lo que pudo en el asiento del deportivo, como si llevara una escoba en el culo, para evitar que la piel quemaduras se contrajera. Los huesos casi no le dolían en comparación con el achicharramiento. Condujo hacia la dirección que le habían dado de esa Ahna con tal prudencia que casi podía oír las carcajadas de sus Hermanos. Incluso respetó los semáforos. Para más INRI de su reputación, aparcó correctamente a una calle de distancia y pagó el estacionamiento. No estaba para salir corriendo si a un poli se le ocurría ponerle una multa por plantar el deportivo encima de una acera.

El edificio era un sencillo bloque de apartamentos en un barrio obrero al sur de la calle Trade, rodeado de pequeños colmados de pakistaníes, abiertos 24 horas, y tiendecitas modestas con las persianas bajadas. Rhage picó al timbre del piso de Ahna, esperó un rato, volvió a picar y decidió que ya había esperado bastante de pie con la piel en carne viva, muchas gracias. Mirando a ambos lados de la calle desierta, sacó el juego de ganzúas, forcejeó con la cerradura –suerte que Butch no le estaba viendo- y acabó de abrir la puerta de una patada.

La escalera era tan humilde como la fachada, con un pequeño ascensor oxidado en el que Rhage tenía que mantener los brazos pegados al cuerpo para caber. Bajó en el sexto piso, maldiciendo la estrechez, y frunció el ceño cuando la bombilla que colgaba del techo del rellano no se encendió. Ahna vivía en la segunda puerta. Examinó la madera deslucida y la cerradura sin apreciar que alguien la hubiera forzado. Estaba a punto de valorar el caso como pérdida de tiempo cuando dos cosas le erizaron el vello de la nuca.

Un tenue olor a podrido que se filtraba desde detrás de la puerta.

Y un sonido casi inaudible, parecido al gimoteo de un gato, imperceptible para un oído humano.

Rhage no perdió el tiempo con las ganzúas ni en lamentarse por sus heridas. Desenvainó las dagas en el mismo momento que reventó la puerta de una patada, casi arrancándola de sus goznes. Le recibió un comedor-cocina diminuto, con varias lamparitas encendidas, totalmente desierto. Arrugó la nariz cuando el olor a rata muerta se hizo más penetrante y la fuente, evidente: una gran mancha de sangre negra en el suelo con salpicaduras alrededor. Un cuchillo de cocina manchado a poca distancia y, algo más allá, lo que parecía una de las pistolas eléctricas que Butch había mandado comprar para las hembras que salieran del Refugio.

Nada de lo cual le importó una mierda.

Los lloros desesperados sonaban más cerca ahora pero seguían pareciendo ahogados. La hembra tenía un bebé, le había dicho Blaylock, y estaba en algún lugar de ese apartamento.

-Joder.

Una rápida inspección del comedor-cocina no dio resultados. El pequeño cuarto de baño tampoco. Con cuidado de no pisar la sangre en el suelo, entró en la única habitación. Una cuna. Vacía. Mierda, mierda, mierda, ¿dónde estás? Se quedó de pie, con las dagas en las manos y los ojos cerrados, intentando seguir el sonido. Parecía proceder de…

Rodeó la cama a velocidad de rayo, prácticamente patinando, hasta el armario de dos puertas y las abrió de un tirón sin soltar las dagas.

-Mierda… santa…

Un bebé de meses, envuelta en una toquilla blanca, lloraba hasta sacar los pulmones por la boca en uno de los estantes del armario, sobre unas toallas dobladas, con los pequeños puños apretados y las piernas encogidas.

Rhage estuvo a punto de cortarse con las dagas en sus prisas por enfundarlas. Alargó las manos, sacando a la niña del armario con el corazón rebotando a mil por hora, y la sostuvo delante de él como si fuera una bomba de nitroglicerina a punto de estallar. La cría abrió los ojos por un momento al notar el contacto y Rhage supo que no olvidaría aquella mirada húmeda, aterrorizada y totalmente indefensa en los siglos que viviera. Luego la criatura volvió a cerrarlos, todo el cuerpecillo tembló y se echó a llorar de nuevo arrugando la carita enrojecida.

-Vale… Vale, nena. Shssss, ya está, nena, ya…- Rhage siguió con la niña sujeta delante de él, mirando a todas partes como si pudiera invocar a Supernanny por arte de magia.

¿Dónde estaba la madre? Estaba claro que no la había encontrado su ex hellren sino un restrictor. O algo parecido. Porque la puerta no había sido forzada y no tenía ningún sentido que una vampira hubiera dejado pasar voluntariamente a un no muerto. Incluso un civil tenía el olfato lo bastante desarrollado como para oler a uno de esos cabrones a través de la puerta. Estaban en un sexto piso así que escalar la fachada y entrar por la ventana también quedaba descartado. Rhage empezó a mecer inconscientemente a la niña mientras pensaba.

Además, la hembra debía presentir alguna amenaza, sino no hubiera ocultado a su hija en el armario. Fuera lo que fuera, el atacante había recibido una buena puñalada y, a juzgar por el olor a chamusquina, la hembra había disparado la pistola eléctrica. El bebé empezó a gimotear. Un restrictor se había llevado a la madre. Pero no había rastro de sangre de vampiro.

Lo cual le dejaba a él, momentáneamente, con una criatura muy… Rhage volvió la vista al bebé que sostenía ¿Muy… sudada? Mierda, la niña estaba roja como un tomate y con la pelusa que cubría su cabeza mojada. La Virgen sabía cuánto tiempo llevaba encerrada en un jodido armario en pleno mes de julio envuelta en una toquilla y entre toallas. Debía estar a punto de hervir. Antes que encontrar a la madre, tenía que auxiliar a la hija.

-Ok. Muy bien, nena. Aguanta conmigo. Vamos a ver, ¿dónde coño está el…? Ahí.

Manoteó con la niña hasta que fue capaz de aguantarla sólo con su brazo izquierdo, la pequeña desapareciendo entre sus músculos, y rogó a todos los jodidos dioses que no se le cayera. Murmuró tonterías en la Lengua Antigua mientras abría el grifo, cogía agua fría y la pasaba por la carita del bebé. Su mano era casi tan grande como toda la cabeza de la cría. Los gimoteos bajaron de volumen y Rhage estuvo a punto de autoconcederse el premio al Canguro del Año.

Examinó a la niña, tranquilizándose al ver que no tenía heridas, sólo la sencilla camiseta blanca de manga corta pegada al cuerpo regordete, chorreando en sudor. Quitarle la ropa sin que se le resbalara de los brazos estaba más allá de su actual nivel, decidió. Aún así, le refrescó los bracitos, los pies y sonrió como un gilipollas cuando la cría dejó de llorar, mirándolo con los enormes ojazos azules. Animado, le refrescó otra vez la cara. La niña abrió la boca cuando le pasó la mano mojada por encima y volvió a hacer pucheros.

-Oh, no. No, no, no. Vamos, nena, échame una mano, ¿vale? No hablo bebé. A ver, ¿qué te pasa?- además de haber estado encerrada en un armario a punto de morir asfixiada, sin su madre y ser rescatada por una torre de músculos desconocida, claro. Volvió a mojarse la mano y se la pasó por la cara. La niña sacó la lengua y tragó las gotitas que cayeron en ella- ¡Sed! Eso es, nena, tienes sed. Vale, bien, somos un jodido buen equipo.

Claro, obvio. Cuando a uno le encierran en un armario en verano, casi se ahoga y suda como un cochino, tiene sed. Rhage cogió el vaso de plástico que había sobre la repisa del lavabo, lo llenó de agua y se lo acercó a la niña. La cría no dio muestras de entender el gesto. Volvió a gimotear.

-¿Qué? ¿No tienes…? Mierda, vale, no sabes beber en vaso ¡Oh, jodeeeeeeer!

Era la última vez en su vida que se reía con “Tres hombres y un bebé”.

Salió del baño con la niña en brazos y volvió a la única habitación. En una casa con bebés tenía que haber algún cachivache que sirviera para alimentarlos, ¿no? Dio dos vueltas, sintiéndose un patán enorme y estúpido. Si Mary estuviera ahí, cogería a la niña, la cuidaría y sabría qué hacer con sus cosas…

-¡Bingo!

Vio el cielo abierto al distinguir una bolsa de color rosa con muñequitos en otro de los estantes del armario abierto de par en par. Forcejeó para dejarla encima de la cama y abrirla sin soltar a la pequeña. Biberones. Pañales. Cremas como para montar un puto salón de belleza. Un montonazo de cosas que ni conocía. Uno de los biberones llevaba agua. Le sacó la tapa con los dientes y se lo encasquetó en la boca. La niña empezó a beber con avidez y Rhage suspiró como si hubiera evitado, él solo, el ataque a Pearl Harbor. Cuando acabó, la dejó en la cuna, manoteando y mirándole como si él fuera la respuesta a los enigmas del mundo. Tuvo la virtud de hacerle sentir a la vez el macho más importante del universo y el tío en mayores apuros de toda la jodida ciudad de Caldwell.

911. Código Rojo. Alerta Nuclear.

Rhage necesitaba ayuda ya.

Sacó el móvil con manos temblorosas y llamó a Mary, caminando arriba y abajo sin dejar de controlar a la niña en la cuna. Contesta, por la Virgen, contesta.

-¿Sí?

-¡Gracias al cielo! ¡Mary, tengo una emergencia!- su voz debió sobresaltar al bebé, que empezó a llorar otra vez. Rhage se giró hacia la cuna casi dislocándose las costillas-. No, no, nena estoy hablando con La Ayuda, ¿vale? Con la mismísima Mamá Scout. Sólo aguanta.

-¡Rhage! ¿Qué está pasando?- bien, ahora le había contagiado el histerismo a Mary- ¿Quién está llorando?

-El bebé. La niña. La hija de Ahna.- la aludida subió el volumen de los lloros y Rhage se apoyó el teléfono entre la oreja y el hombro para poder sacarla de la cuna. La sostuvo en el aire cogida por debajo de las axilas como un fardo. La cría siguió llorando-. Mierda, Mary, estoy en su apartamento. Algo le ha pasado a la hembra, algo malo, ¿vale? Hay sangre de restrictor pero nadie ha forzado la puerta, no sé cómo cojones ha entrado. Ni rastro de Ahna pero… ¡sssh, ssh!- meneó a la cría, pero el llanto aún subió más de tono-. Coño, había metido a la niña en un armario.

-¡¿Qué?! ¿Por qué iba a hacer algo así?

-No tengo ni idea… ¡Sssh, sshh! Pero creo que sabía que algo iba a por ella. Mary, ¿quién más conocía la dirección de esta hembra?

-Fuera del Refugio, a parte de Blaylock y Fritz, nadie más. Rhage, ¿qué le pasa a la niña? ¿Cuánto tiempo ha estado en ese armario?

-No tengo ni idea, pero varias horas seguro. Estaba sudada, y roja y lloraba. Llora. Mucho. La he refrescado un poco y le he dado agua, pero sigue berreando.

-Está asustada. Mira, lo primero cálmate, cuanto más nervioso te pongas tú más la pondrás a ella.- la voz de Mary se filtró en su cerebro, como siempre hacía-. Sácale la ropa sudada y los pañales para que se sienta limpia, envuélvela en una toalla y cógela en brazos. En brazos, Rhage, no a dos metros de distancia. Y tráela al Refugio, le daremos el biberón. Tenemos que encontrar a Ahna.

Rhage dejó a la niña en la cama, peleando por encontrar el maldito mecanismo para sacarle los pañales mientras fruncía el ceño.

-Mary, no quiero ser alarmista, pero en cuanto llegue tengo que hablar con Marissa. Dile que piense quién puede conocer la localización del Refugio. No puede ser casualidad que hayan atacado a esa hembra en su nueva dirección y con una nueva identidad. Si nadie sabía dónde vivía significa que la han seguido desde el Refugio. Estáis en peligro.

-¿Eso crees? Oh, Rhage, yo no entiendo de esto, pero si tenemos que sacar a todas las hembras y a los niños de aquí, ¿dónde los llevamos?

¡Ras! Los pañales se rasgaron por la mitad. Joder, ¿había que ser ingeniero para saber cómo sacarlos o qué? A la mierda. Rhage forcejeó para acabar de quitárselos y la niña gorjeó, intrigada. Hollywood le dedicó el signo de la victoria con los dedos y le guiñó un ojo, como si el bebé le entendiera.

-Vale, pañales fuera. Mira, Mary, no sé. Sólo habla con Marissa. Intenta no alarmar a las hembras. Voy para allí con la niña.

-De acuerdo, te espero. Ah, si encuentras una bolsa con biberones y ropa, tráetela.

-La tengo. Controlado.- y una mierda-. Ahora vamos. Te quiero, leelan.- colgó y se giró hacia la pequeña que pateaba en la cama-. Vale, nena, tú y yo tenemos un desafío. Voy a intentar quitarte la camiseta sin sacudirte como a una batidora.

Virgen, era lo más difícil que había hecho nunca. Rhage no había tenido jamás entre manos algo tan pequeño, frágil y precioso como aquella niña. En cuanto pillara al hijo de perra que se había llevado a su madre y la había hecho sufrir como consecuencia iba a arrancarle la columna con sus manos desnudas. Levantó los bracitos de la niña con sólo dos dedos y sudó tinta para sacarle la camiseta aguantándole la cabeza. Cuando la cría, por fin, estuvo desnuda, empezó a manotear, a gorjear y Rhage no pudo resistirse a hacerle cosquillas en la barriga.

Rió. Un trino alegre mientras se llevaba los puños a la boca y le miraba con la inocencia en los ojos, moviendo las piernas libres.

Algo subió desde las entrañas de Rhage. Una ola ardiente de fiera protección que sólo había experimentado hacia Mary.

Nadie iba a tocar a ese bebé. Por encima de su cadáver.

Extrañado de su propia reacción, se tomó un par de minutos más mientras la pequeña se llevaba los pies a la boca, rodando en la cama como una pelotita carnosa. Carraspeó.

-Vale. Venga. En marcha.- se puso en pie, tragándose el dolor de su piel achicharrada y de sus costillas a medio soldar. Miró a la cría con los brazos en jarras-. Voy a recoger unas cosas, ¿eh? Intenta no rodar hasta el otro lado de la cama y… tengo una idea.- cogió las almohadas para hacer dos barreras que impidieran al bebé caerse. Debajo de una de ellas encontró un móvil-. Mira qué hay aquí…

Buscó la última llamada realizada. El número de Blaylock. La hembra había puesto a llamar el teléfono pero lo había ocultado bajo la almohada. No esperaba poder hablar con Blay. Probablemente… mierda, seguramente sólo quería hacer saber que algo iba a ocurrirle dejándole una llamada perdida ¿Pero por qué no había hablado ella…? La niña soltó una risita triunfal cuando por fin logró chuparse el dedo gordo del pie. Su hija. La hembra debía creer, por alguna razón, que actuando así protegía al bebé.

Rhage entendió sus motivos al momento.

Juró en silencio y salió un momento de la habitación para buscar una bolsa en la pequeña cocina. Conteniendo las arcadas por el olor a sangre de restrictor, metió el cuchillo y la pistola Taser, gruñendo al agacharse. Alguna de las quemaduras empezó a sangrar por el gesto. La niña gimoteó al encontrarse sola y Rhage volvió al cuarto. Sonrió de forma instintiva, metiendo la bolsa de basura dentro de la rosa de la cría y luego buscó una toalla en el armario.

-Bueno, bueno. Ahora nos vamos de viaje tú y yo.- extendió la toalla en la cama, colocó al bebé encima y la envolvió lo mejor que supo. Después de colgarse la bolsa rosa al hombro, sin dedicar ni un pensamiento a las pintas que tendría, cogió a la niña en brazos-. Que sepas que eres la primera hembra de menos de  dieciocho años que se sube a mi GTO, nena. Esto se lo contarás a tus nietos.

El bebé emitió un gorgorito y Rhage se la acomodó contra un hombro, como había visto a Z con Nalla. El respeto hacia su Hermano subió hasta el infinito ¿Cómo había conseguido pasar de asesino sádico misógino a padre de una criatura tan frágil como la que él sostenía?

La niña apoyó la cabecita contra su cuello, haciéndole cosquillas con la pelusilla mojada, y bostezó con dulzura.

En ese momento, Rhage entendió a Mary. Cien por cien.

Salió del apartamento con el ceño fruncido, borrándole la memoria al casero que se acercaba en pijama por el pasillo. En el GTO, acomodó a la niña, dormida, en el asiento delantero, pegada al respaldo y con su bolsa por delante, presionada por el cinturón de seguridad.

Cada vez que frenó en un semáforo, sus ojos comprobaron que la criatura se encontraba bien. Mientras conducía hacia el Refugio, empezó a temer el momento en que depositara al bebé en brazos de Mary para que la atendiera como era preciso.

Por que el corazón le decía que desearía que la niña se quedara allí.

OOO

De acuerdo. Muy bien. Ellos lo habían querido.

Lash salió dando tumbos de la cabaña ruinosa que Eckle le había comprado, donde había almacenado a esa zorra rubita en el sótano después de convertirla en su siguiente reserva de sangre. Y de darle buen uso a lo que tenía entre las piernas. La muy perra por fin había gritado, oh, sí. Cuando se la había llevado de su apartamento no había dicho una puta palabra y eso le había cabreado casi tanto como la puñalada que le había clavado en las tripas. Pero luego Lash le había arrancado unos cuantos gritos. Ahora iba a dejar que se pudriera en el sótano polvoriento detrás de otro de sus escudos ilusorios.

Qué pena que no hubiera encontrado al bebé, joder, habría sido genial convertirlo en no muerto y encerrarlo en otra esfera para que la madre sólo pudiera oír sus lloros sin alcanzarla.

Lash estaba de un mal humor vicioso, absolutamente fuera de sus putas casillas.

Primero, sus estúpidos restrictores se habían dado a conocer en un tiroteo con la banda a la que les había dicho que no atacaran. Por su culpa, ahora la Hermandad sabía que había dos grupos de restrictores por lo que, incluso con sus limitados cerebros, se estarían preguntando si el Omega había transformado a ambos o había algún que otro ente sombrío suelto por ahí.

Le había dado tal paliza a Jay-O que casi lo había matado. Casi. Porque en el fondo aquel malnacido tenía razón: no había muchos más ejércitos disponibles rápidamente para Lash. Estaba seguro que el negro de mierda había aprendido la lección. Ver tus tripas desparramadas por el suelo normalmente es un argumento muy persuasivo en favor de la obediencia.

Pero no iba a ningún sitio con sólo nueve restrictores, así que había tenido que remangarse para crear once más ¡Sorpresa! La cosa le había dejado agotado. Él podía ser el Hijísimo del Mal, pero no era el Omega, sus fuerzas eran limitadas. Se había alimentado de Martha, en el sótano de casa de Eckle, hasta casi dejarla seca. Lo que había puesto de manifiesto que necesitaba perentoriamente otra fuente de alimento para poder recuperarse de esfuerzos como el que acababa de hacer.

Ahna había sido una buena elección. Sola y desprotegida, con tierno bebé incluido -¿quién decía que la comida y la diversión no podían ir juntas?-. Pero la maldita rata le había conseguido meter un cuchillo por las tripas. A él. Al hijo de un dios.

Si Lash fuera una granada, eso había sido el equivalente a quitarle el seguro.

¿La Hermandad quería proteger zorras apaleadas que luego mordían? Pues iba a darles donde más les dolía. Veamos qué cara se les ponía cuando encontraran a esas ratas civiles y a sus críos descuartizados en el Refugio. Marissa no. A esa perra noble pensaba convertirla, igual que a Mary. Iba a ser un buen regalito para la Hermandad, ver a sus queridas shellans y ex-casi-shellans apestando a restrictor.

Invisible, se detuvo junto al cartel de “Se vende” que aún lucía clavado en la hierba reseca que rodeaba la cabaña, al sur de Caldwell, que en algún momento había sido rehabilitada como vivienda y que ahora se caía a pedazos. Al menos, Eckle se la había comprado rápido.

-Hija de la gran puta.- se llevó la mano al abdomen en un acto reflejo.

La cuchillada de la hembra había sanado al momento, pero había tenido el efecto de una picadura de avispa en un monstruo dormido: le había cabreado como la jodida puta mierda.

Sobre todo porque la miserable hembra le había dado con un guante en la cara con su peor temor: Lash no era inmortal.

¿Con qué cojones le había disparado esa guarra? Había sentido como si le ataran a una puta silla eléctrica, mierda. Sus moléculas se habían juntado y solidificado sin que él pudiera evitarlo y, en el segundo en que había tenido de nuevo un cuerpo material, la hembra le había metido el cuchillo en los intestinos. Cierto, en cuanto los restos de la corriente eléctrica habían dejado de chispear, Lash había vuelto a su Yo Señor de las Sombras habitual y la cuchillada había dejado de preocuparle.

Pero el conocimiento de que había algo en el mundo capaz de herirle le jodía. Terriblemente. Porque en malas manos –como en las de la Hermandad, por ejemplo-, aquel conocimiento podía volver a enviarlo al limbo donde se había pasado tres meses. O destruirle definitivamente.

Y toda esa apestosa caja de gusanos de posibilidades a cual peor la había abierto una maldita hembra apaleada salida del Refugio con un arma que Lash no tenía controlada.

El Refugio.

Siseó, fuera de sí. Hasta ahora había jugado al autocontrol. A actuar desde las sombras. A pensar sus movimientos.

Pero todo macho necesita ser él mismo de vez en cuando. Demostrar que puede golpear a su enemigo en la frente cuando le salga de las pelotas. El Refugio era el lugar ideal. No tenían guerreros, sólo el maricón de Blaylock pasándose de vez en cuando. Lash casi rogó que el pelirrojo estuviera por allí esa noche. Lo que disfrutaría rajándole la garganta. Pero, incluso si no se lo encontraba, una buena masacre siempre le aliviaría el orgullo escocido. La Hermandad no sabría quién coño habría destrozado a sus civiles y él se llevaría a Marissa y a Mary para mostrarlas como nuevas restrictoras en el momento en que considerara oportuno.

Era un jodido buen plan para la noche.

En cuanto se repusiera un poco del agotamiento de crear nuevos restrictores y de mantener dos hechizos de aislamiento a la vez.

OOO

Blaylock tomó forma a un par de calles de distancia de la dirección que le había dado Butch para encontrarse con él y con el humano De la Cruz. Estaba en pleno barrio universitario de Caldwell, donde abundaban las residencias, los pisos compartidos y los restaurantes de todo tipo. El típico lugar de los humanos para ligar y donde podías hacer un viaje gastronómico desde Texas a China sin moverte de tres esquinas. A esas horas, los locales de copas bullían de gente.

Caminó hasta la dirección acordada y asintió para sí al distinguir el Escalade aparcado con Butch dentro. El Hermano salió en cuanto le vio acercarse y cerró el jeep con el mando. Blay escondió una sonrisa al ver a Butch impecablemente trajeado de pies a cabeza, corbata incluida, y lamentó llevar sólo americana, camisa y tejanos.

-¿Tenemos que causar buena impresión?- alargó la mano para saludar a Butch con un apretón de muñecas.

El poli gruñó.

-Tenemos que intentar no parecer asesinos. O sea, lo que somos.- el irlandés echó a andar por la acera como si arara un campo.

-¿Has hablado con De la Cruz? ¿Cómo ha reaccionado?- Blay peleó con el nombre en español.

-No demasiado contento, lo cual era de esperar. A fin de cuentas, creía que estoy muerto y debe haber visto suficientes cosas raras estos días como para chutarse con ansiolíticos.- frunció el ceño-. Espero que razone, necesitamos su ayuda.

-¿Y Wrath? ¿Cómo se ha tomado lo de hablar con un humano?

Butch bufó.

-Wrath ha sido quien me ha apoyado. Es un cabronazo, pero tiene visión de futuro. Y no es ironía.- apuntó, torciendo el gesto-. Lo difícil ha sido convencer a los demás. Sobre todo a Tohr, a Z y a V, cada uno por sus motivos.

Ya. Ninguno de ellos confiaba un pelo en los humanos y Vishous, además, tenía motivos añadidos, como no querer que su pareja se pusiera en peligro delatándose ante una raza que consideraba hostil.

-¿Dónde hemos quedado?- estaban recorriendo las aceras bien iluminadas salpicadas con pequeños restaurantes internacionales mezclados con librerías cerradas y tiendas de ropa.

-En la puerta del Tijuana.- O’Neal pronunció el nombre en un español bastante decente-. Es un restaurante mexicano, tienen cocina casi las 24 horas.

Blay enarcó las cejas. Un restaurante. Bonito sitio para un reencuentro “hey-hola-vivo-y-soy-un-vampiro”. Caminaron un par de minutos en silencio, esquivando parejas que salían de cenar, hasta que distinguieron un restaurante con la fachada pintada en colores vivos y un pedestal de madera, donde se exponía el menú, decorado con un poncho.

Un hombre de mediana edad, piel tostada, pelo ralo moreno, bigote y barriga, enfundado en un traje marrón, esperaba en la puerta con las manos en los bolsillos del pantalón. Blay reconoció al policía que había visto brevemente al huir del sótano donde habían encontrado corazones de restrictores. El hombre se giró hacia ellos y los estudió con el ceño fruncido. Muy fruncido. Blaylock se puso en tensión al momento; a fin de cuentas, su trato con humanos se limitaba al “ponme una Coca-Cola” cuando iba al IM. Puede que tuvieran dos piernas, dos brazos y hablaran el mismo idioma, pero para él eran como alienígenas.

-De la Cruz…- Butch se detuvo a dos metros de su ex compañero, cauteloso.

El hombre inspiró fuerte y su barriga se dilató. Dedicó a Blaylock una ojeada fugaz antes de analizar a Butch como si le estuviera tomando medidas y no le cuadrara el resultado. Dios, el ex humano había crecido al menos veinte centímetros durante su transición, más unos cuantos kilos de músculo. A De la Cruz debía parecerle como si un doppelganger hubiera tomado la forma de su antiguo compañero, nuevo y mejorado. El humano sacó las manos de los bolsillos y se acercó a Butch.

El puñetazo que le dio en toda la mandíbula fue tan rápido que Blay no tuvo tiempo de reaccionar.

Butch giró la cabeza hacia un lado pero no se movió un milímetro.

-Ouch.- se llevó la mano a la mandíbula, frotándosela, sin dar la impresión de que le hubiera hecho más que cosquillas-. Sigues teniendo puños de boxeador, so cabrón.

Ahora entendía por qué Butch no había querido que le acompañara Vishous.

Estaba a punto de saltar encima de De la Cruz cuando el detective sacudió la mano con que había atizado a Butch, doliéndose.

-¿Qué mierda te has inyectado en el cráneo? ¿Titanio? ¿O es tu puta cabezonería? Joder.- De la Cruz se giró hacia los transeúntes que les miraban como si se hubieran escapado de un manicomio- ¿Qué pasa? ¿Nunca habéis visto un reencuentro?

Blay respiró. Parecía que las cosas estaban yendo razonablemente bien.

Hasta que O’Neal soltó una carcajada. Tan amplia como para dejar al descubierto el nuevo conjunto de cuchillos Ginsu que lucía en las encías. José abrió unos ojos como platos y empezó a retroceder unos pasos, todavía aguantándose la muñeca herida.

-Oh, mierda. Mierda, mierda, mierda…

-José… -a Butch se le borró la sonrisa de la cara de golpe. Avanzó hacia De la Cruz con las palmas hacia fuera, en son de paz-. Deja que te explique.

Blaylock los observó a ambos sin atreverse a intervenir. A fin de cuentas, eso era una conversación entre supuestos amigos, él sólo estaba allí como seguro de borrado de memoria si las cosas se salían de madre. Ahora bien, ¿cuándo se consideraba que habían llegado a ese punto? De la Cruz apuntó a O’Neal con un dedo de advertencia.

-No te acerques a mí. No sé qué mierda te ha pasado y Dios sabe que ya estoy harto de cosas raras.- siguió retrocediendo hacia una esquina mientras Butch avanzaba hacia él. Blay vio que el humano se llevaba la mano al interior de la americana-. He dicho que no…

Butch se abalanzó sobre el detective en el segundo en que De la Cruz retrocedió hacia una calle estrecha. Hubo un forcejeo que no duró ni tres segundos y O’Neal tenía a su ex compañero de cara a la pared de ladrillos, con los brazos inmovilizados a la espalda.

-¡El arma!- le gritó el Hermano.

Blay se movió como un rayo, metiendo la mano en la chaqueta de De la Cruz para quitarle la reglamentaria mientras el humano le maldecía. Se aseguró de que tuviera el seguro puesto antes de guardársela en la cintura de los tejanos.

-¡Suéltame, hijo de perra!- masculló el hispano.

-¡Te soltaré cuando prometas que dejarás de hacer el imbécil y escucharás!- Butch no era rival en fuerza bruta para el humano-. Siempre fuiste un puto sabueso ¿Quieres saber lo que está pasando ahí afuera? ¿De verdad? ¡Pues cálmate y escucha! No vamos a hacerte daño, joder. Soy tu amigo.- el tono de Butch tenía un punto de decepción.

El silencio se hizo tenso mientras Blay vigilaba que nadie metiera las narices en su pequeño drama. Al final, De la Cruz asintió y Butch le soltó despacio. El humano se giró, recolocándose la americana. Se pasó las manos por el poco pelo que le quedaba y les dedicó una mirada funesta bajo las cejas espesas.

-Quiero mi arma, chico.

-Me llamo Blaylock, señor. Y, si me permite el atrevimiento, creo que no sería prudente. No hasta que se convenza de que no queremos hacerle daño, por extraños que le parezcamos.- recurrió a su mejor tono conciliador.

-Al menos es educado, el chaval.- De la Cruz no estaba para muchas historias, pero parecía algo más aplacado. Se lo quedó mirando anotando todos sus detalles-. Tú apareciste a mi lado en ese edificio en construcción. De la nada ¿Y Blaylock? ¿Eso es un nombre?- volvió a disparar una mala mirada a O’Neal- ¿Quiénes sois, Batman y Robin con colmillos? Ya puedes estar largando, irlandés de los cojones.

Butch se reajustó la camisa por dentro del cinturón y suspiró, cansado.

-Mira, lo primero es que siento haber desaparecido y que creyeras que estaba muerto. Yo…

-Tuve que dar la noticia a tu hermana. Vas a necesitar algo mejor que “lo siento”.- apoyó las manos en las caderas.

-¿A mi…? Mierda, José. Lo siento de verdad, pero en realidad no tuve opción. Y ahora seguirías creyendo que estaba muerto si no fuera porque tenemos una emergencia.

-Claro, déjame recopilar datos. Desapareces sin dejar rastro. Se te da por muerto. Le llevo tu placa a tu familia y luego reapareces un año después con tres tallas más como si te hubieras caído en una olla de esteroides porque “tenéis” una emergencia.- el tono de acento hispano del humano se iba haciendo grave por segundos- ¿Es que la sección de experimentos genéticos del FBI para la que trabajas no tiene el puto número de teléfono de mi despacho para dignarse a llamar?

A Blay se le abrió la boca sola. Butch casi bizqueó.

-¿El… FBI?- preguntaron los dos a la vez.

-¿Para quién trabajas, o trabajáis, si no?- suerte que le habían quitado el arma, porque De la Cruz parecía a punto de coserles a balazos.

Blay y Butch se miraron. O le hacían entender las cosas al detective esa noche o la crisis podía pasar a niveles estratosféricos. O’Neal meneó la cabeza.

-No trabajamos para ninguna agencia… humana. Míranos, José, ya has visto lo que tenemos en la boca. Blay aparece y desaparece ¿Qué crees que somos?- se aclaró la garganta y bajó la voz-. Vampiros.

En las pelis, esa confesión siempre iba acompañada de un escalofrío de miedo delicioso por parte de la chica del vampiro, o de un revoloteo de hojarasca, un batir de alas o cualquier otra gilipollez de cine. En la vida real, sólo dejó a De la Cruz plantado como un monigote al que se le han fundido los plomos. Butch volvió a suspirar y se giró hacia él.

-Blay, ¿le puedes hacer una demostración?

-Claro.- se aseguró de que nadie espiara el callejón en el que estaban, se desmaterializó y volvió a tomar forma cinco metros más hacia dentro de la bocacalle, al otro lado de Butch.

Si hubiera podido hacerle una foto a De la Cruz, lo habría hecho. El humano se llevó una mano al corazón y se apoyó a la pared.

-Mierda… Creo que me va a dar un infarto.

-Si le sirve de consuelo, su corazón se oye perfectamente sano. Sólo acelerado.- Blay pretendía que fuera un comentario tranquilizador, pero De la Cruz le miró como si estuviera a punto de saltarle a la yugular-. No nos alimentamos de humanos, señor.

-Perdona si eso no me tranquiliza mucho.- De la Cruz seguía con los ojos como platos cuando se volvió hacia Butch-. Veo que lo que cuentan los libros es verdad, y los… los… eso –señaló con el pulgar a Blay- pueden convertir a humanos en… – abrió las manos, abarcando a Butch.

El Hermano negó con la cabeza.

-No pueden, José. No están… no estamos, muertos. Somos una raza distinta, eso es todo. Nacemos, crecemos, nos reproducimos y morimos. Si tienes genes de vampiro, puedes transformarte en uno, como era mi caso. Si no los tienes, seguirás siendo humano hasta que te vayas a la tumba.- torció una sonrisa-. Y Blay tiene razón, nos alimentamos de miembros del otro sexo de nuestra propia raza, no de humanos. No tienes nada que temer.

-¿ tenías genes de…? Cristo bendito, esto es una locura.- al menos, el hombre se había separado de la pared. Ahora se mesaba el pelo ralo y caminaba de un lado a otro-. Muy bien, pongamos que aún creo en mis ojos y en mi propia salud mental y lo acepto. Sólo como hipótesis ¿Por qué hay tipos con… con sangre negra en las venas que no pueden estar vivos pero se mueven y apestan? ¿Por qué hay gente en una banda que tendría que estar muerta pero que todo el mundo jura que está viva cuando yo tengo su corazón en mi sala de autopsias?- cuando Butch iba a decir algo, levantó un dedo-. Espera, que no he acabado, ¿por qué tengo un montón de testigos sin más droga en el cuerpo que la habitual que juran por su madre haber visto un dragón en esa fábrica?

Butch había tenido razón: De la Cruz era un buen poli. Demasiado bueno. O’Neal intercambió miradas pensativas con Blay antes de volver a su ex compañero.

-Tenemos respuestas para todo eso y estamos aquí para dártelas. Pero no van a gustarte. Tendrás que asumir que las cosas raras son reales. Que nosotros somos de verdad.

-Llevo más cosas raras en tres días que en treinta años en homicidios, O’Neal, no me jodas.- el inglés sonaba más duro de lo habitual con el acento hispano de José. El tipo echó a andar de vuelta a la calle principal.

-¿A dónde vas?- Butch lo miró con las cejas enarcadas.

-Tengo hambre. Si vamos entrar en la dimensión desconocida, quiero hacerlo con comida en el estómago. Tú pagas. Por cierto- De la Cruz se giró hacia Blaylock con la mano tendida-, quiero mi arma de vuelta.

Blay intercambió una mirada con Butch, en busca de su veredicto y el Hermano asintió. Blay entregó la pistola a De la Cruz y el hispano dobló la esquina hacia el restaurante, con Butch pisándole los talones. Él dudó en seguirles. El encuentro podía torcerse, pero, de momento, De la Cruz había encajado el paquete de novedades sobre su universo alternativo con bastante presencia de ánimo. Lo más probable era que no necesitaran borrarle la memoria, así que no estaba seguro de querer inmiscuirse en una conversación entre viejos amigos.

-¿Vienes?- Butch le miró desde la esquina.

-¿Quieres que vaya?

-No has comido, así que, al menos, te llevarás unas enchiladas.- Butch torció una sonrisa-. Necesito de tu don para explicar las cosas más bestias de la manera más educada. Y quiero que le conozcas. Cuando tengas un cuerpo de vigilancia civil que dirigir, necesitarás tener contactos en la poli humana para cuando los dos mundos choquen.

Butch, como siempre, pensaba en todo. Pero Blay odiaba la comida mexicana.

OOO

Tras la verja de entrada al Refugio, Mary se retorció las manos, más nerviosa de lo que aparentaba exteriormente. Marissa estaba dentro, hablando con las hembras por si alguna de ellas había tenido contacto con alguien del mundo exterior a quien pudiera haber revelado la dirección de Ahna involuntariamente. Era un esfuerzo en vano y las dos lo sabían, porque las vampiras acogidas allí no hablaban con nadie que no perteneciera a un círculo muy cerrado que no admitía conexiones con restrictores.

Así que Rhage tenía razón, por supuesto. Sea quien fuere, debía haber seguido a Ahna desde el Refugio y todas estaban en peligro.

Empezando por Ahna y por su bebé. Sólo pensar en que algo le hubiera podido ocurrir a aquella criatura le ponía el estómago del revés. Mary la había abrazado tantas veces, como a todos los niños del Refugio… Dios bendito, ¿quién querría hacerle daño a un bebé?

El familiar ruido sordo del motor del GTO la sacó de sus pensamientos y abrió la verja justo cuando el deportivo morado paraba frente a la acera. Rhage salió del lado del conductor con visible esfuerzo y a Mary le sudaron las manos. Su hellren estaba aún muy malherido y se había agotado ¿Qué pasaría si les atacaban o si tenían que evacuar el Refugio?

-Rhage…

Él se llevó un dedo a los labios mientras rodeaba el coche. Abrió la puerta del copiloto, inclinándose con rigidez, y Mary perdió el poco aire que le quedaba. En los enormes brazos de su guerrero, la niña era como un pajarito. Un pequeño ángel sonrojado envuelto en una toalla, la boquita entreabierta en su sueño. Y Rhage la cogía como si el bebé hubiera estado allí toda la vida. Simplemente, encajaba. Depositó a la niña en sus brazos con un cuidado extremo, inaudito en él, y a Mary se le llenaron los ojos de lágrimas. Besó la frente de la niña y le ciñó la toalla con mimo.

Rhage la sorprendió con un beso fiero en los labios.

-Ve adentro, Mary, no os quiero en la calle. Estáis demasiado expuestas. Yo llevaré su bolsa.

Ella asintió y caminó lo más rápido que se atrevió por el jardincito sin despertar a la criatura. Sólo cuando Rhage le abrió la puerta del Refugio se dio cuenta de que su hellren había hablado en plural. “Estáis”.

Marissa corrió hacia ellos con los ojos muy abiertos fijos en la niña.

-¿Está bien?

-Dormida. Creo que se cansó de llorar.- Rhage hablaba en voz baja-. Seguro que tiene hambre, no tengo ni idea de cómo se prepara un biberón, sólo le di agua.

-Mary, ¿te importa hacerte cargo temporalmente de ella?- Marissa le puso una mano en el hombro-. Al menos, hasta que sepamos si tenemos que evacuar el Refugio y a dónde.

Ciñó los brazos en torno al bebé sin darse cuenta y asintió.

-Tenemos que encontrar a Ahna.

-Necesito ver las grabaciones de las cámaras de seguridad de la noche que Ahna salió de aquí.- a pesar de la decisión con que hablaba, Rhage sonaba cansado-. A lo mejor se nos ha pasado algo por alto.

-Venid a mi despacho.

Marissa les condujo al despachito elegante cerca de la salida posterior de la casa. Mientras la hembra tecleaba en su ordenador, Rhage sacó una bolsa de basura de la canastilla de la niña.

-¿Qué hay ahí?- murmuró Mary, acunando al bebé sentada en un sillón.

-Cosas que no quiero que veáis.- Rhage frunció el ceño, y su mirada fue a ella y al bebé, no a Marissa. Dejó la bolsa sobre el escritorio.

-Lo tengo.- Marissa asintió con los ojos en la pantalla-. Ésta es la grabación de la cámara que hay en la parte superior del porche de la noche en que Ahna se fue. Abarca hasta la acera. Espera, buscaré cuando salimos todas a despedirla… Aquí empieza, ¿ves? Estamos Mary, Blaylock, yo…

-¿Quién es ésta?- Rhage señaló un punto de la pantalla.

-¿Ésta? No sé.- las cejas rubias de Marissa se fruncieron-. No recuerdo a nadie en la verja, ninguna de las hembras salió más allá del jardín. A ver si sé hacer un zoom, Butch me enseñó. Sí… ¿Pero qué es… eso?

Marissa se llevó una mano a la boca y los ojos de Rhage se estrecharon. Ninguno dijo nada. Mary se levantó, acomodando a la niña en sus brazos, y se acercó a ellos. La pantalla mostraba una imagen en blanco y negro tomada desde las alturas del jardincito delantero, con la verja de entrada y el Mercedes de Fritz esperando. Blaylock ayudaba a Ahna a meter sus pertenencias en el maletero y todo el mundo estaba donde Mary recordaba… excepto una densa sombra negra de pie en la acera, con la espalda apoyada contra la verja. La silueta humanoide estaba de espaldas a la cámara de seguridad, con la cabeza sin rasgos apreciables inclinada hacia un lado. Como si se burlara.

-Esa noche… -murmuró Mary- no vi a nadie en la acera.

-Yo tampoco.- Marissa alejó la cara de la pantalla, intercambió una mirada de “¿estamos locas?” con ella y ambas se giraron a Rhage.

Su hellren tenía los puños apoyados sobre la mesa, con los músculos de los brazos de granito puro. Cuando se giró, sus pupilas fueron blancas durante dos largos segundos al mirar a Mary y a la niña en sus brazos. Después se crujió los músculos del cuello, inspiró y sacó el móvil del bolsillo de la chaqueta.

-¿Rhage…?

-Os vais de aquí. Todas.- empezó a teclear como loco-. Marissa, dile a tus hembras que cojan cuatro cosas, lo imprescindible. Voy a llamar a Blaylock para que traiga su puto culo aquí a la de ya. Él fue quien más cerca estuvo de esa cosa, tuvo que percibir algo. Y llamaré a Wrath. Quiero a toda la Hermandad aquí protegiéndoos y ayudando en la evacuación.- juró entre dientes en la Lengua Antigua un momento, llevándose una mano al costado-. Mierda divina… tenía que pasar esto cuando estoy jodido.

-Rhage, espera, ¿dónde vamos a ir?- Marissa hacía valientes esfuerzos por mantener la calma- ¿Sabes cuántas hembras y niños tenemos aquí? No es que podamos alojarnos en un hotel.

-Beth es dueña de varias mansiones, siempre hace broma con eso. Seguro que cabéis en alguna. Y ahora empezad a moveros.- sus dedos no dejaron el teclado del móvil en ningún momento.

Mary tragó saliva. Había visto a la Hermandad en acción muchas veces, pero nunca a Rhage tomándose las cosas de forma tan personal… y tan apresurada.

-¿Qué es? Esa sombra, ¿qué crees que es?

La mirada de su hellren la dejó helada y estrechó a la niña contra su pecho.

-El Omega.

OOO

El “hola, los monstruos del armario existen” estaba yendo bastante bien, pensó Butch mientras veía a José de la Cruz devorar su cabrito al pastor. Después de una generosa ración de enchiladas. Todo bien remojado con cerveza. Bien, todo menos el colesterol de su ex compañero. Aunque, después de la breve clase sobre biología vampírica, descripción de sus enemigos ancestrales -arrancamientos de corazón incluido- y análisis de lo -muy poco- que sabían sobre lo que se estaba cociendo en las bandas, no podía reprochar a José que se estuviera atracando de calorías.

Él se habría empapado en Lags hasta que hubiera escurrido su hígado y sólo hubiera salido whisky.

El Tijuana era un pequeño restaurante familiar escondido en Caldwell, lejos de los circuitos de moda. Uno de esos sitios donde la madre de la familia todavía cocinaba exquisiteces, el padre cobraba y las hijas servían las mesas. Había un comedor común con una docena de mesas y luego, al otro lado de un estrecho pasillo, varios reservados como el que ocupaban ellos. Las paredes pintadas de amarillo, los marcos de las puertas en verde y rojo, fotos en blanco y negro de paisajes mexicanos y alguna canción nostálgica de Julieta Venegas creaban el ambiente. El padre había saludado a José en español,  por el nombre, y estaba claro que las hijas le tenían aprecio, porque los platos que les habían servido eran al menos el doble que a los demás clientes.

Aunque no parecía que Blaylock estuviera disfrutando. El chico estaba sentado a su lado y removía el pozole como si buscara algún trozo comestible. Llevaba bebidas dos botellas de agua. Butch echó mano de su cerveza y apuró la mitad de un trago largo. De la Cruz les miraba la boca de vez en cuando. Él había hecho lo mismo durante sus primeros días de estancia con la Hermandad, hasta que se había acostumbrado a los colmillos.

-¿Y bien? ¿Qué piensas, José?- hasta ahora, su amigo se había limitado a escuchar su clase magistral y a hacer las preguntas adecuadas para completar el informe. Igual que en un interrogatorio.

-Que estamos de mierda hasta el cuello. Vosotros y yo.- masculló mientras se limpiaba el bigote con una colorida servilleta de hilo.

-Buen análisis.- murmuró Blay a su lado.

-¿Qué sabe la poli?- Butch atacó sus tacos como si fuera el fin de los días.

-La poli sabe que tenemos una guerra entre bandas. Que los Bloods usan armamento militar sacado de Dios sabe dónde, aunque Balística aún está procesando los casquillos.- José se llevó un trozo de cordero a la boca y tragó a medio masticar-. De momento, he conseguido que el FBI no meta las narices, pero eso cambiará cuando Balística haya completado su informe. Las granadas y los lanzacohetes no es algo que se pueda ocultar a los federales.

-Eso no tendría por qué preocuparnos por sí solo. Si el FBI se mete y consigue desmontar la red de tráfico de armas de los Bloods todos tendremos unas calles más tranquilas, vosotros y nosotros.- Butch señaló con el tenedor a José, a Blay y a él mismo-. El problema es que la guerra entre bandas tiene que ver con algún tipo de guerra civil entre restrictores, y ahí es cuando la cosa entra en nuestra jurisdicción ¿Quién ha visto alguna prueba que apunte a los no muertos?

De la Cruz dio tragos a su cerveza y untó el jugo del cordero en un trozo de pan.

-Por ahora, el jefe de la Policía Científica y yo. Analizó muestras de esa sangre negra que tienen vuestros malos. Aún cree que está loco por los resultados que le salieron, hemos acordado ocultarlo hasta que podamos o sepamos qué hacer ¿Sabéis que vuestros restric-lo-que-sea son vulnerables a la electricidad?

Butch intercambió miradas con Blay. El chico meneó la cabeza.

-Que yo sepa, nunca hemos analizado la sangre de restrictor. No es… prudente para nosotros.

A él se lo iban a explicar. Aún tenía pesadillas con Vishous herido por dos ballestazos untados en sangre negra. Como para andar manipulando esa cosa. Pero el dato era cuanto menos interesante para la guerra. Abría todo un campo de nuevas posibilidades.

-No puedes dejar que nadie más sepa de esto, José.- frunció el ceño-. No sólo porque pondría nuestro mundo al descubierto, también por tu propia reputación. Cualquiera a quien se lo expliques te tomará por loco, no puedes ponerlo en un informe.

-¿No? ¿De verdad? No había caído en el detalle.- De la Cruz llamó a la camarera con un dedo y pidió la carta de postres-. Vale, ya me habéis explicado de qué va este grandísimo lío. Ahora suelta, ¿qué quieres de mí, O’Neal? Porque no has salido de tu supuesta tumba sólo para decirme que no estoy majara.

Blay sonrió a su lado, con la vista fija en su plato a medio comer. Él rió por lo bajo.

-Siempre tan agudo. Nos necesitamos mutuamente, José. Tú necesitas que te saquemos a los restrictores de los focos de atención. Y nosotros también. Estos no muertos no siguen las antiguas leyes. Les importa una mierda que los humanos sepan de su existencia y parece que no tienen ni zorra idea de la nuestra. Nos ponen en peligro a todos.

-¿Y?- José sonrió cuando la camarera le trajo galletas de amaranto.

Butch esperó a que la chica se retirara para seguir hablando.

-Mira, estos restrictores no se mueven por los lugares normales donde nosotros podemos meter las narices. Se camuflan entre estructuras humanas, familias, discotecas, negocios. Nosotros no tenemos contactos para encontrarlos, ni confidentes ni soplones.

Blay le miraba, entendiendo por fin qué quería Butch de su ex compañero.

-Si la Hermandad se mete por medio, será una masacre.- comentó el chico, tanto para informar a José como para él mismo-. Pero la policía humana nos podría ayudar a encontrar a los jefes y al resto de restrictores sin tener que chocar demasiado con los miembros humanos de las bandas.

-Exacto.- Butch apuntó a De la Cruz con un dedo-. Averiguaste que uno de los jefes de los AKG es ese tal Felipe Gutiérrez. Olvídate de que le falta el corazón; el tipo sigue caminando por las calles, te lo aseguro ¿Crees que podrías encontrar a su familia por si se refugia entre ellos? ¿O que podrías conseguir que la poli hiciera una batida de drogas en esa discoteca, el Señor Lobo? Nos serviría para hacer salir a los restrictores, podríamos cazarlos en las calles sin tocar a los humanos.

-Probablemente.- De la Cruz asintió muy despacio, siguiendo su razonamiento-. Ya veo ¿Y qué pasa con los Bloods? No sabemos quién les manda.

-Tiene que tener entrenamiento.- apuntó Blay-. Vimos cómo se movían sus hombres en el interior de la fábrica. Puede que sea un ex militar o alguien relacionado con alguna banda paramilitar.

-Para averiguar eso habría que cruzar las bases de datos de la policía con las de Defensa.- De la Cruz meneó la cabeza-. Nosotros podemos tener archivados a delincuentes de los que sospechamos que están relacionados con los Bloods, pero muchos de ellos no han sido condenados, no tenemos su expediente completo. En cambio, Defensa tiene archivados los nombres de todos sus chicos y también controla los grupos paramilitares. Habría que cotejar datos y yo no tengo las claves de acceso a las bases de Defensa.

-Pero V podría hacerlo.- Butch tamborileó con los dedos sobre la mesa-. Si nos pasas la información policial y nos dices al menos cómo se llaman las bases de datos donde Defensa guarda esa información mi m… ah, mi pareja podría cruzarlas. Sabe mucho de informática.

Eso llamó la atención de José al segundo. Enarcó una ceja. Butch notó también que Blay se encogía en el asiento.

-¿Tu pareja? ¿Te has liado con alguna vampira informática?- De la Cruz cogió una galleta.

Yup. Butch no había contado con que la conversación tomara ese derrotero, pero ahora no podía esquivar la pregunta. Y, qué demonios, quizás su respuesta fuera una ayuda para Blay.

-Me he liado con un vampiro informático.

Oh, joder, ojalá Vishous estuviera ahí para ver la cara de José. El tipo se quedó congelado con la galleta a medio camino de la boca y la apretó tan fuerte que empezaron a caer migas. Butch empujó el plato para recogerlas. Blaylock carraspeó, jugando con la servilleta. De la Cruz boqueó un par de veces, con los ojos como dos pelotas.

-¿Con un tío? ¿T-tú?- más migas-. ¿Eres… gay?

Butch cambió de posición en el asiento. Si alguien sabía con qué clase de mujeres se había acostado a lo largo de su vida de poli, era De la Cruz. Le había recogido de más burdeles de los que podía recordar, borracho como una cuba.

-No. Pero me topé con la persona adecuada y me quedé con él. No le di mucha importancia a lo que tiene entre las piernas. Estamos em…. casados. Algo así.

A De la Cruz se le cayeron las últimas migajas cuando la mano se le quedó sin fuerza.

Blaylock dejó ir una educada tosecilla e hizo ademán de levantarse para dejarles intimidad.

-Creo que voy a ir a lavarme las ma…

Butch le cogió de la muñeca, le dio un tirón y lo volvió a sentar en la silla sin mirarle.

-¿Cambia en algo la opinión que tienes de mí?- preguntó a José con la voz bien tranquila.

-Joder, Butch, no sé qué opinión tengo de ti. Sabía la que tenía cuando te conocía, y era que te estabas matando a ti mismo intentando encajar en un mundo que te iba pequeño.- José se frotó las manos para limpiarlas de migas y se pasó la mano por la calva incipiente-. Mírate ahora. Estás… enorme. Y tranquilo ¿Tiene algo que ver ese… ese informático tuyo con el cambio?

-Mucho. Casi todo.- sonrió de medio lado.

-Entonces, cuando le veas dale las gracias de mi parte.- De la Cruz habló de corrido, en un suspiro-. Pero si alguna vez le conozco no esperes que sepa cómo coño tratarle. O hacia dónde mirar.

-No te preocupes demasiado, es intratable.- la sonrisa se le hizo un poco más ancha hasta que los ojos de José se desviaron a sus colmillos.

El pip-pip de un móvil les sacó del silencio algo incómodo y todos se giraron hacia Blay.

-Disculpadme.- el chico se sacó el teléfono de la americana y se levantó para atender la llamada sin molestarles.

Butch iba a seguir con su conversación táctica con De la Cruz cuando vio la expresión de Blay.

-Mierda.

-¿Qué pasa?- José se espabiló de golpe, con el instinto policial dando campanadas.

-Algo va muy mal.

Blaylock colgó el móvil y se acercó a la mesa un minuto después, con la boca apretada y más pálido de lo habitual. Echó una ojeada a José y pareció decidir que lo que fuera era más urgente que esperar a que el humano les dejara solos para hablarlo.

-Era Rhage desde el Refugio. La hembra que te dije, Ahna, ha sido secuestrada. Ha rescatado a su hija y ha pedido a Wrath que evacúe el Refugio. Tenemos que ir para allí.

Butch empezó a ponerse en pie al segundo y De la Cruz hizo lo propio, con el ceño fruncido ante la cascada de nombres extraños.

-¿Quién mierda cree que va atacar? ¿Restrictores?

Blay tragó saliva.

-No. El Omega.

-¿El…? La madre que me parió, a Rhage se le ha ido la olla.- Butch se giró hacia De la Cruz-. Tenemos que irnos. Una emergencia. Te llamaré mañana. Si necesitas algo, me puedes encontrar en el número que te he dado, pero no te esfuerces en intentar localizar la llamada, no podrás.

-Vale, largaos. Yo pago. Me debes una cena más tranquila.

-Hecho.

Ni Blay ni él se entretuvieron a despedirse del humano, salieron del Tijuana lo más rápido que les dieron las piernas. Caminaron hacia el Escalade al mismo ritmo, con Blay mirándose los zapatos.

-Suéltalo o te harás una hernia de estómago.- le disparó Butch, intentando no pensar en el riesgo que podía estar corriendo Marissa. Puede que no fuera su shellan, pero fijo como la mierda que destriparía a quien la amenazara.

-Nada. Es… me has sorprendido. Hace falta valor para decirle a un antiguo amigo que tienes un… una pareja del mismo sexo.

Justo el comentario que esperaba.

-¿Y eso por qué?- Butch casi levitaba, con las llaves del Escalade en la mano. Jodidos genes humanos que le impedían desmaterializarse.

-Porque… bueno, él te conocía de antes y creía… -Blay casi se liaba con su propia lengua-. No sabías si lo aceptaría.

-¿Qué más me da si lo acepta o no? A mi pareja la tengo que aceptar yo y punto. Pero en cuanto se le haya pasado el shock, se alegrará por mí.- Butch le miró de reojo-. Si no eres capaz de presentar a tu pareja con orgullo a tus amigos o a tu familia, entonces es que a lo mejor no es la pareja adecuada. Y, si los demás no lo aceptan, entonces quizás no te quieren tanto como creías. La sinceridad hace que descubras quién es tu verdadera familia.

Blay aflojó el paso como si se hubiera estampado contra una barrera invisible. Touché. Cuando llegaron al Escalade, Butch se giró hacia él mientras pulsaba el mando.

-Largo, hijo. Ve a ver qué demonios pasa en el Refugio. Yo llegaré lo antes que pueda.

El pelirrojo se desmaterializó en el aire con una expresión atónita en la cara y Butch se subió en el asiento del conductor con una sonrisa, a pesar de las prisas.

Ya sabía que era una buena idea que Blaylock le acompañara en su reencuentro con José.

OOO

Cuatro vasos largos de Herradura y un buen rato atronándose el cerebro en el IronMask no habían hecho nada para amortiguar el frenesí interior que Qhuinn arrastraba desde que había salido en tromba de casade Eckle.

Echó la cabeza hacia atrás apurando lo que le quedaba en el vaso y volvió a hacerle una seña a Gina para que se lo rellenara. La prostituta no se quejó –un billete en su escote era pago suficiente-, pero seguía mirándole con un mohín. Debía estar preguntándose por qué mierda no la había arrastrado ya a un lavabo y se la había follado veinte veces.

Como si pudiera pensar en eso, maldita sea.

Su pierna derecha volvió con el repiqueteo convulsivo que llevaba desde que se había sentado en la mesa de la Hermandad, mientras se abrasaba la garganta con otro trago de tequila. Ya no notaba el sabor, pero le importaba una mierda. Se trataba de conseguir que los nervios dejaran de agujerearle la piel para poder tomar la decisión más importante de su vida. Qhuinn deseó estar en el silencio de la herrería en vez de en el agujero gótico del Iron, pero era el primer lugar que le había venido a la cabeza al desmaterializarse desde la parte trasera de la casa de Eckle. Era un milagro que hubiera conseguido concentrarse para volver a tomar forma en el estado de histeria que le había dejado la charla.

Histeria iluminada y confusa al mismo tiempo. Su cerebro parecía los rápidos del Gran Cañón en aquel momento, lleno de remolinos, saltos y cataratas, pero la corriente salvaje que había puesto en marcha la charla con Eckle había arrastrado de su psique mucha, mucha porquería incrustada de años.

Aquella escoria de Eckle no era su hermano. John Matthew lo era.

Esa no era su casa. La mansión, sí.

Lohstrong, su hembra y sus hijos no eran su familia. La Hermandad, sus shellans, la pequeña Nalla, los doggens de la mansión lo eran.

La glymera ya no tenía por qué mandar sobre él. El Rey Wrath, sí.

Los códigos de supuesto honor que habían esclavizado su vida eran lo menos honorable que había sobre la jodida faz del planeta.

Los humanos no querían menos a sus hijos porque éstos tuvieran deficiencias visuales. Al resto de los vampiros civiles que había conocido le importaba un huevo de pato si tenía un ojo de cada color o si veía a rayas azules. A la Hermandad y al Rey le traía al pedo que sólo apreciara grises siempre y cuando distinguiera perfectamente a los restrictores y les rebanara el cuello. Cosa que él hacía con notable eficiencia, según le habían dicho. Mierda, V, que se había convertido en algo así como su señor Miyagi particular, no había dedicado ni un encogimiento de hombros al tema durante su clase de forja. A John, que era mudo, no podía importarle menos sus ojos y a Blay…

Joder, Blaylock le había dicho muchas veces que sus ojos eran hermosos y jamás le había importado un carajo cómo viera.

A lo mejor, sólo quizás, había vivido toda la vida cargando con la mierda de una minoría cuando la mayoría tenía razón y no había nada de malo en él.

Dando un doble salto mortal sin red, a lo mejor también era hora de que lo que pensara esa minoría de él le importara un carajo.

Y puede que hubiera llegado el momento de considerar que la hoja de ruta que Qhuinn se había preparado para su vida era injusta para él, para Layla y también para Blaylock.

Toma ya.

Porque otra de las cosas que ahora sabía visceral, salvaje y animalmente seguro es que no quería parecerse a su padre. Y que emparejarse con una Elegida no le iba a conseguir el perdón social ni familiar por haber nacido como era.

Porque, sencillamente, Qhuinn no tenía una sola, jodida cosa que hacerse perdonar por haber nacido daltónico.

Los que tenían algo mal en su podrido cerebro por haberle hecho creer que era un fracasado, por haberle apartado de la vida y del cariño que cualquier crío merece, eran ellos, no él.

Layla no era su pasaporte al Club del Macho de Valía. Su propio honor, su conducta en la batalla, lo era. Pedirle que se emparejara con él era una maldad en toda regla, porque Qhuinn no sentía nada por ella más que cierta amistad y la lujuria normal en un macho sano cuando tenía delante una hembra hermosa bien dispuesta. Haciéndole creer que la quería sólo la condenaba a estar unida a un macho que nunca podría darle lo que ella merecía encontrar de verdad algún día.

Y Blay…

Las manos le temblaron cuando alzó el vaso y lo acabó de golpe. Esta vez, el tequila bajando por su garganta despellejada le provocó un ataque de tos que le dejó doblado sobre la mesa de metacrilato negro, golpeándose el pecho con un puño. Cuando acabó, notó su corazón golpeando contra la palma de su mano como si intentara hacerle llegar el mensaje más importante de su vida.

Por la Virgen, la vista se le había puesto en negro con sólo oír su nombre de boca de esa alimaña de Eckle. Apretó los puños hasta que le crujió la piel de los nudillos. Rajaría a cualquiera que se atreviera si quisiera a hablar mal de Blay. A cualquiera. Quizás tenía que ver con el impulso de posesión que venía con el hecho de que Blay hubiera despertado su olor de marcaje…

Qhuinn dejó de respirar, con las manos apretadas en tensos puños sobre la mesa, los ojos fijos en el vaso vacío ¿Qué había dicho Eckle?

“¿Recuerdas haber olido el marcaje de papá en mahmen alguna vez? Por supuesto que no, porque nunca la amó”.

La… amó.

¿Eso quería decir que un macho sólo marcaba a una hembra… o a otro macho… si lo amaba?

¿Eso –remierda santa– significaba que su propio olor de marcaje estallaba como una bomba cada vez que pensaba en Blay porque… le amaba?

La música atronadora del IronMask ahogó el jadeo acorralado de Qhuinn. Tuvo que cerrar los ojos y obligarse a respirar en cortas bocanadas mientras rompía a sudar bajo sus ropas de cuero.

Cabía la posibilidad de que el cabrón de Eckle mintiera. Qhuinn creía que era la posesión, las ansias de proteger a Blay lo que había detonado su marcaje, la… amistad especial que… Joder, Qhuinn no tenía ni zorra idea de lo que era amar a nadie, cómo mierda iba a saber lo que sentía por Blay.

Pero empezaba a sospechar que lo que había intentado expresar cuando habían hecho el amor la noche anterior estaba muy cerca de la verdad.

“Quiero que me marques… sólo tú. Sólo contigo”.

OOO

Blay habría deseado tener algo de tiempo para reflexionar sobre lo que Butch le acababa de decir. Porque tenía la impresión de que había algo muy, muy importante para su vida en esas palabras. Pero apenas tomó forma en la puerta trasera del Refugio y ésta se abrió, Rhage le arrojó una especie de pistola amarilla salida de una peli de ciencia ficción y le apuntó con un dedo.

-Cuida eso como a tu vida, chico. Puede que sea lo único que nos dé una oportunidad.

Blaylock enarcó las cejas, examinó un momento la Taser y luego entró en el Refugio detrás de Hollywood, casi enredándose con sus propios pies.

-¿Qué pasa? He recibido el mensaje.- trotó tras el Hermano hasta el despacho de  Marissa- ¿Qué ha sido de… Ahna?

Mary estaba sentada en el sofá del despacho, con la hija de Ahna en sus brazos, dándole un biberón. La humana tenía el rostro grave.

-Ahna ha sido secuestrada. Creí que había sido un restrictor, pero no tenía sentido. Su apartamento no había sido forzado.- Rhage casi le arrastró del cuello de la camisa hasta pegarle los morros a la pantalla del ordenador encendido de Marissa- ¿Viste eso la noche que Ahna salió de aquí?

-¿El qué? Por la Virgen…- la sombra. Una sombra negra, congelada en la pantalla con la cabeza inclinada a un lado. A Blay se le aflojaron las piernas-. Dios, sabía que había algo ahí.

-¿Lo sabías?- Rhage plantó la palma de la mano en la mesa, haciendo saltar el teclado.

-Percibí algo esa noche pero… no sé… No tenía ni idea de qué era. Más bien como un… presentimiento.- los ojos volaron a Mary con la bebé de Ahna- ¿Crees que esa sombra es… el Omega?

El caso es que la pose de esa cosa le resultaba irracionalmente familiar. Rhage gruñó.

-Es de sombra. Negra. Estaba ahí pero nadie lo vio, sólo las cámaras de seguridad, lo que significa que debió usar algún…. yo qué sé, alguna mierda de hechizo o de truco que engaña a la vista. Joder, ya podía estar Vishous aquí con su Google andante.- señaló la pistola que le había dado a Blay-. Si el Omega se llevó a Ahna, la hembra le hirió. Lo nunca visto. Había sangre negra en su cuchillo, pero una hoja normal no creo que pueda herir a un jodido dios. Juégate algo a que la pistola eléctrica tuvo algo que ver así que, si esa cosa nos ataca antes de que saquemos a todas las Hembras de aquí, eso puede ser lo único que nos haga ganar tiempo.- el Hermano jadeó y Blay vio que disimulaba la postura encogida. Había olvidado que Rhage estaba gravemente herido. Pero el gigante se enderezó igualmente-. Tú la pistola, yo el Dragón.

-De la Cruz, el ex compañero de Butch, dice que han analizado sangre de restrictor. Son vulnerables a la electricidad.- Blay le dio vueltas a la pistola en las manos-. Pero una cosa son los restrictores y otra… el Omega.- el solo pensamiento le revolvió las tripas.

-Reza por no tener que averiguarlo.

Un pensamiento le acabó de poner enfermo.

-¿Crees que el Omega también se llevó a Martha? Enseñaba aquí, en el Refugio, y desapareció sin dejar rastro.

Hollywood lo estudió un momento.

-No tengo ni puta idea, pero tiene sentido. Ahora en marcha.- Rhage se alejó del ordenador con una zancada, sólo para doblarse por la mitad con la mano en el costado.

Mieeeeerda. El Hermano podía ser capaz de caminar y de conducir, pero no de pelear con quemaduras de cuarto grado todavía tiernas y las costillas a medio soldar. Sólo de pensar lo que podía sufrir su cuerpo si se transformaba en Dragón, se encogía. Blay hizo el gesto de sostenerlo pero se contuvo. Nunca insinúes que un Hermano es débil y menos delante de su shellan. Mary meneó la cabeza, con el bebé en brazos.

-No puedes transformarte en ese estado, Rhage, no lo soportarás. Tienes que controlarte. Blay puede vigilar un momento el porche, la Hermandad estará aquí enseguida. Y hay una puerta trasera que controlar, también.

-Una mierda si me voy a quedar…

-Rhage, voy al jardín, ¿de acuerdo? Mary tiene razón, tenemos dos entradas por custodiar y somos dos. No podemos dejar la puerta de atrás abierta. Y, si pasa algo, gritaré tan fuerte que despertaré a todo el vecindario, prometido.- Blay se las compuso para ofrecer una sonrisa de confianza.

El Hermano retiró la mano de su costado y, antes de que se la frotara en el pantalón, Blay vio que estaba manchada de sangre.

-Reza para que la caballería llegue rápido, chico.

Lo hizo. Blay rezó.

OOO

La Directrix Amalya siempre había rezado por la prosperidad de la raza y por la gloria de la Virgen Escribana, pero esa vez se permitió añadir un motivo más a su oración, en la confianza de que la Sagrada Madre comprendería sus motivos.

Rezó por Layla y por que su corazón inocente no se desgarrara.

Oró por que su hermana, que había vivido aislada del mundo real y de la complejidad de las personas cuyas emociones no habían sido castradas, como les ocurría a las Elegidas, no hubiera malinterpretado su relación con el sire Qhuinn.

Ella había sido como Layla, también. Como todas las Elegidas. Hasta que el sire Phury había abierto su estrecho mundo para enseñarles uno infinitamente más poliédrico. Amalya seguía sin ser una persona completa. Nunca podría compensar la diferencia con congéneres que habían experimentado todas las facetas de la vida. Pero había aprendido algunas cosas, observando y escuchando.

El sexo era una cosa. El amor era otra. Los machos tendían a separar los conceptos más que las hembras. Para los machos, la pasión sexual no tenía por qué llegar al corazón. Para las hembras, pocas veces se daba un cosa sin la otra. El contacto íntimo entre los cuerpos otorgaba una impresión de cercanía que bien podía ser ilusoria.

Layla podía estar confundiendo el sexo con el amor.

La Directrix también había aprendido algo más, sobre todo desde que era la donante de los sires Vishous y Dhestroyer. El amor entre dos machos existía y era tan fuerte como entre macho y hembra, aunque su relación a menudo era más complicada.

El olor de marcaje nunca mentía. Cuando aparecía, significaba que un macho amaba a otra persona. Si no aparecía, es que no lo hacía, o no en la intensidad suficiente como para sustentar una relación de por vida.

Por eso, Amalya tenía miedo por Layla, aunque se suponía que las Elegidas nunca debían caer presas de la desazón. Pero una cosa era la teoría y otra la realidad.

OOO

En el IronMask, Qhuinn se levantó de golpe del banco, golpeándose las rodillas contra la mesa, cuando las culebras que anidaban en sus tripas se dispersaron a la carrera por todo su sistema nervioso, amenazando con un cortocircuito masivo.

Aire. Necesitaba aire. O una pelea. O las dos jodidas cosas. Pero quedarse más tiempo allí sentado ya no le iba a ayudar en nada.

Entonces lo vio.

Una cara estrecha mirándole a través de la multitud. Un tipo con pinta de hispano, flaco y nervioso, que se pasaba la lengua por los labios justo al lado de las cortinas negras de la entrada. Llevaba una cazadora tejana en vez de la chaqueta negra y dorada con que lo había visto la última vez, pero lo reconoció igualmente.

El restrictor hijo de puta que le había metido la navaja por las tripas en la fábrica de la General Motors. Allí, en el IronMask, delante de sus narices.

El trozo de carne putrefacta que se las iba a pagar todas juntas.

Qhuinn apartó a cuatro humanos de dos empujones violentos y fijó mentalmente el blanco en aquel pandillero como si fuera a disparar un misil. Avanzó entre la marea de cuerpos pisando, empujando e ignorando los insultos que recibía en el proceso. El tipo le vio, parpadeó enloquecido y alzó las manos, gesticulando como si quisiera calmar a un perro rabioso. Pero no se movió de dónde estaba.

¿Qué pasa? ¿Quería… hablar? Qhuinn soltó una risa macabra y aceleró la marcha, atravesando la mitad del IM. Metió las manos dentro de la chaqueta de cuero, quitándole el seguro a su S&W y palpando la empuñadura de la daga. El tipo siguió sus gestos con las manos, abrió mucho los ojos, se dio media vuelta y echó a correr hacia la salida.

Cabrón hijo de puta…

Qhuinn gruñó con todas sus fuerzas y embistió al público gótico sin contemplaciones. Salió por la puerta en tromba, chocando con los dos seguratas, a tiempo de ver al restrictor hispano al otro lado de la gente que hacía cola para entrar.

No tenía tiempo de llamar para pedir refuerzos. A Trez y iAm no se les veía por ningún sitio y, por desgracia, Xhex ya no era la jefa de seguridad del local. Si aquel cabronazo estaba atrayéndole hacia un montón de restrictores preparados para asaltar el IM, Qhuinn se iba a encontrar él solo con todos ellos.

¿Quién dijo miedo?

Apartó la gente a codazos sin perder de vista al hispano. El muy miserable se detuvo a diez metros, mostrando las manos con las palmas hacia afuera y lo que gritó estuvo a punto de conseguir que Qhuinn se doblara cagándose de risa.

-¡Sólo quiero hablar! Joder, bro, sólo hablar, ¿vale?- empezó a retroceder al ver que él seguía avanzando a zancadas- ¡No sabía que existíais, cojones! ¡Os puedo entregar a Carlos!

Ni Qhuinn sabía quién era Carlos ni le importaba un huevo. En cuanto consiguió dejar atrás al último humano perfumado que esperaba para entrar en el IM arrancó a correr como si le hubieran quitado el freno de mano. Al tipo se le acabó la palabrería de golpe: se dio la vuelta y voló sobre el asfalto, con el correr grácil de un delincuente callejero.

Qhuinn dio la bienvenida a la carrera como la válvula de escape que estaba necesitando. Martilleó la acera con las New Rocks, apretando las mandíbulas mientras cruzaban la calle Trade saltando sobre los capós de los coches que se detenían para no arrollarlos y se internaban en el laberinto de callejuelas.

Era una mala idea. Si el restrictor lo atraía al corazón del barrio latino, Qhuinn estaba jodido.

Redobló sus energías, maldiciendo el despliegue policial que le impedía llenar de plomo al cabronazo para que dejara de correr: el sonido de un solo tiro y tendrían a todos los maderos saltándoles encima. Arrojarle la daga quedaba descartado, el hispano sabía correr en zig zag, agachando la cabeza, usando los obstáculos de la calle para evitar presentar un blanco fácil. Qhuinn tampoco podía desmaterializarse por delante de él porque no tenía ni zorra idea de qué dirección pensaba seguir el restrictor.

La respuesta le llegó cuando el tipo se internó en una calleja al principio de la cual había un antro de heavies al que Qhuinn había ido alguna vez. El callejón no tenía salía, desembocaba en un rincón oscuro con una tapia de cemento que Qhuinn conocía al dedillo. Había follado allí más veces de las que podía recordar. Dos minutos más corriendo y aquel pedazo de basura era suyo si conseguía evitar que cogiera la única callejuela que torcía a la izquierda y que le libraría de la trampa…

La Blackberry empezó a pitar en el interior de su chaqueta.

Con el tono que todos, Hermanos y soldados, tenían reservado para cuando Wrath llamaba directamente.

Para las emergencias.

Apretó las mandíbulas. Siguió corriendo. El hispano iba de cabeza al final sin salida de la calle. El móvil pitó dos veces más y paró. Era un mensaje. No una llamada directa, un mensaje para toda la Hermandad.

Algo que no podía ignorar.

Qhuinn paró de correr en seco y le dio una patada a un dispensador de periódicos. Con las manos en el pelo, sudando y resollando como un cerdo, vio al hispano mirar por encima del hombro, verle detenido, y perderse por la calleja que torcía a mano izquierda. Apretó los ojos, notando el sudor bajando por sus sienes, y sacó el móvil, cagándose en Wrath hasta su primer ancestro. Por la Virgen que ya podía ser importante. Leyó el sms entre jadeos y la respiración se le quedó atascada.

“Evacuad Refugio. Ataque Omega. Qhuinn, Blay, V, Z, Phury: desmaterializaos. Tohrment, Butch: vehículos para evacuación”. Más la dirección ultrasecreta del Refugio.

Pero qué cojones

¿El Omega en persona atacando el Refugio de Marissa? Qhuinn se enderezó, intentando recuperar el ritmo de su respiración, con la vista prendida en la pantalla del móvil. Envió un “OK”. La dirección correspondía al límite del barrio victoriano, al parecer. Él nunca había estado en el Refugio, era una localización secreta que sólo conocían unos pocos machos…

Como Blay.

Joder.

Blaylock ayudaba en el Refugio. Si algo había ocurrido, él lo habría sabido antes que nadie, así que habría salido disparado a defender a las hembras… del Omega.

Qhuinn se quedó frío de golpe y el estómago se le cerró en un nudo prieto. BlayBlayBlay… Blay solo delante de un dios. Metió el móvil en la chaqueta, sacó la pistola con la mano derecha, la daga con la izquierda y se clavó los colmillos en los labios, en un intento de que el dolor le serenara lo bastante como para poder desmaterializarse.

Dios o no, el Omega no se las iba a ver solo con Blaylock.

OOO

En el apacible barrio victoriano de Caldwell, en una de sus calles empinadas jalonadas por hermosas mansiones históricas, Blaylock se mantuvo agazapado tras la caseta de jardinería del Refugio, espiando la noche tranquila.

Demasiado tranquila en contraste con el retumbar de su corazón.

La mansión que acogía a hembras maltratadas se situaba en lo alto de una pequeña loma, con un jardincito delantero que bajaba suavemente hasta la calle, donde las farolas bañaban la acera en charcos anaranjados. La caseta del jardín estaba a medio camino entre la verja de la acera y el porche de entrada principal al Refugio, una mansión de tres pisos pensada para resultar acogedora para hembras y niños, no para ser defendible.

La localización secreta y las cámaras de vigilancia conectadas a los ordenadores de Vishous eran las únicas defensas.

Pero las cámaras no habían dado señal de alarma alguna porque no habían detectado ningún intruso con forma material. Y V no se podía partir en miles de trozos para tener los ojos pegados a las pantallas de sus Cuatro Juguetes supervisando todas las grabaciones de todos los sistemas de seguridad que controlaba.

Así que esa sombra densa, oscura, que las cámaras habían captado apoyada contra la verja de entrada la noche en que Ahna había salido del Refugio había pasado totalmente desapercibida… menos para él. Blaylock se insultó mentalmente por millonésima vez, mientras la humedad de la hierba empezaba a calar en sus tejanos. Él había percibido algo extraño en el aire esa noche, pero no había sido capaz de situarlo.

Había tenido aquella sombra a pocos metros y ni siquiera se había dado cuenta.

Si sus sentidos de combate hubieran sido los de un Hermano, o los de Qhuinn, habría podido localizar la fuente de su inquietud. Habría salvado a Ahna de lo que fuera que le hubiera ocurrido y ahora el bebé que lloraba en brazos de Mary tendría a su madre con ella.

Apretó con fuerza la pistola eléctrica que le había dado Rhage, la que había encontrado en el apartamento de Ahna. No sabían si la sombra misteriosa era de verdad el Omega, ni la misma cosa que había atacado a la hembra. Pero parecía que Ahna había conseguido herirlo, fuera lo que fuera, y Blay tenía bien presente lo que había averiguado José De la Cruz: los restrictores eran especialmente sensibles a la electricidad.

Sólo esperaba que su dios, o esa sombra, también lo fuera.

Lo curioso del caso es que tenía la inquietante sensación que la sombra que había visto en la grabación le era familiar. Había algo en su pose, algo en la forma en que apoyaba su cuerpo insustancial en la valla, que hacía sonar campanas. Desprendía prepotencia y chulería a partes iguales mezcladas con maldad. Blay nunca había tenido frente a frente al Omega, gracias a la Virgen, pero no acababa de imaginarse a un dios con esa postura de…

El vello de la nuca se le erizó de golpe y le recorrió una oleada de sudor frío.

Algo se acercaba en la noche.

Blaylock murmuró una oración rápida para sus adentros antes de asomar la cabeza desde detrás de la caseta, afianzando el agarre de la pistola eléctrica y de su daga. El jardincillo estaba a oscuras y en silencio. A su derecha, la acera se veía vacía, con las farolas encendidas. A su izquierda, había luz en casi todas las ventanas del Refugio, con las hembras seguramente embolsando cuatro pertenencias a la espera de que los Hermanos llegaran para escoltarlas a otro lugar seguro.

Pero había algo ahí afuera.

Blay cerró los ojos, obligándose a concentrarse en el entorno, en sus impresiones, en ese rechazo visceral que provocaba la presencia desconocida en todo su ser. Su misma sangre gritaba “anatema”.

Ahí. Al pie de la verja de entrada. Algo invisible, silencioso y maligno.

Tragó saliva y creyó que todo el vecindario había escuchado el sonido. Blay era de los que pensaba que una buena táctica y el juego en equipo eran más útiles en la guerra que las individualidades heroicas, pero no tenía opción. Dentro del Refugio sólo había un puñado de hembras con niños, Mary incluida, y un guerrero herido. La Hermandad podía tardar unos minutos vitales en aparecer.

El único que podía ganar tiempo era él. A riesgo de su vida.

Apretó los ojos con fuerza mientras las frases de sabiduría O’Neal resonaron en su cabeza una vez más: nunca dejes nada por decir, porque puede que tú, o aquellos a los que quieres, os vayáis al Fade la noche siguiente.

Blaylock se juró que, si por algún milagro salía de ésa con vida, iba a decirle la verdad a Qhuinn. Pudiera o no aceptarla.

Abrió los ojos frunciendo el ceño y se incorporó, la daga bien visible en su mano izquierda y la derecha hacia atrás, ocultando la pistola eléctrica tras la espalda. Dejó la cobertura de la caseta y caminó con paso firme hasta plantarse en mitad del caminito que subía desde la acera hasta el porche del Refugio.

-Seas quien seas, muéstrate.- retó a la noche solitaria, con más convicción de la que sentía.

La respuesta fue una risotada que empezó grave, retumbante, y subió hasta un tono agudo de ecos metálicos. A Blay le dio escalofríos de pies a cabeza, pero sirvió para localizar la fuente del sonido: lo que fuera, subía por el caminito directo hacia él.

Daos prisa, maldita sea, daos prisa.

-Mira a quién tenemos aquí… -la voz, incorpórea, flotó en la noche, con aquel eco ominoso que la distorsionaba-. Pero si es el mariquita de Blaaaaay…- la voz alargó su nombre, dándole un rintintín afeminado. Mierda, lo conocía, Blay conocía a esa cosa igual que la cosa lo conocía a él, pero no podía situarla. En un segundo, la voz dejó de sonar delante de él y la oyó detrás- ¿Pero qué ocultas aquí?

Blay no pudo reaccionar a tiempo ante el cambio de posición del ser. La sorpresa porque la cosa le conociera y la concentración para situar su voz le hicieron reaccionar demasiado lento cuando habló a su espalda… viendo perfectamente la pistola eléctrica que Blay intentaba esconder.

Unas manos, hechas de algo helado con una fuerza inhumana, se cerraron sobre el brazo derecho que sostenía el arma, le retorcieron la muñeca con un “crac” que resonó en la noche y le sacaron el hombro de sitio como si él no fuera más que un pajarito. Blay gritó tan fuerte que la noche le devolvió el eco, antes de caer de bruces en las losas del camino, con la pistola eléctrica rebotando hasta la hierba, fuera de su alcance, y el brazo entero retorcido en un ángulo imposible, doliendo como la jodida puta mierda.

A pesar del dolor, rodó para ponerse boca arriba, con la daga aún sujeta en la mano izquierda, a tiempo de ver una sombra hecha de tinta justo delante de él. La forma era humanoide, de su misma estatura, con la cabeza inclinada a un lado en una pose que él conocía, joder, pero no situaba… cuando sonrió, unos colmillos largos y blancos brillaron entre las sombras de su cara.

¿Qué mierda…?

Blay no se molestó en terminar el pensamiento. Si ahora podía verlo, a lo mejor podía matarlo. Forzó sus abdominales a tensarse para poder ponerse en cuclillas, con la daga bien sujeta en la mano izquierda, el brazo derecho colgando inútil, y aprovechó la postura para darse impulso hacia delante…

Sólo para atravesar aquella mierda densa con la sensación de que acababa de traspasar una cortina hecha de tortura, de asesinatos, de violaciones, de gritos de horror y de toda la mierda que impregnaba el mundo para frenar dos metros más allá, tropezando, con todos sus miembros presa de temblores gélidos.

Una mano le cogió del pelo, tirando de él hacia atrás, y notó la cosa pegada a él como agua helada putrefacta. Aquella voz de ultratumba sonó al lado de su oído, revolviéndole el estómago.

-¿Crees que puedes matarme con tu daga, Blay? Tu querido mudito y esa perra de Xhex no lo consiguieron cuando tenía cuerpo, ¿crees que podrás conmigo ahora, maricón de mierda?- la mano helada del ser se cerró entorno a su izquierda, la que sujetaba la daga, obligándole a alzarla, a moverla, en un pulso que estuvo a punto de quebrarle los huesos. Blay tensó todos sus músculos, luchando contra la fuerza sobrenatural que estaba acercando su propia daga a su garganta, odiando no poder atacar a una jodida sombra- ¿Quieres saber lo que se siente cuando te abren la garganta, hijo de puta? ¿Quieres saber lo que me hizo tu Qhuinn?- la punta de la hoja de la daga de Damasco se apoyó contra la garganta de Blay-. Es una lástima que mi primo no esté aquí para ver cómo te desangras…

Pasaron varias cosas al mismo tiempo.

Blay, completamente inmovilizado por algo que no podía siquiera tocar, le puso nombre al jodido engendro de sombra que estaba a punto de matarle.

Lash. No el Omega… Lash.

Flaqueó en su pulso contra la fuerza descomunal de aquel cabrón.

Cuando la hoja afilada se hundió en su cuello, Blay se maldijo por no haber podido dar la alarma, por no poder avisar a nadie de que Lash había vuelto y se odió por no poder proteger a Qhuinn del daño que Lash iba a hacerle.

El disparo de una 45 milímetros rompió la quietud nocturna como un trueno y la bala se hundió con un crujido en el porche de madera después de atravesar a Lash, totalmente inocua.

Los perros del barrio empezaron a ladrar. Se oyeron gritos de pánico desde el interior del Refugio.

Blaylock cayó al suelo chorreando sangre del cuello cuando Lash se giró hacia su nuevo atacante sin haber podido acabar de degollarle.

El olor del perfume de marcaje de Qhuinn, especiado, denso y potente como una jodida bomba, llenó sus fosas nasales y Blay jadeó mientras vomitaba sangre, maldiciéndose por no poder gritarle que huyera, por…

La voz de Qhuinn, un rugido frío y letal que Blay no conocía, sonó a su espalda, entre él y Lash.

-Tú… montón de mierda. Tú… no tocas lo que es mío. Nunca.

Anuncios

50 comentarios to ““Amantes liberados”, capítulo 4, “En medio”, parte 2”

  1. OOHH que bien!!! haya voy!! Cada vez esta mas interesante.
    Besos.
    (No hace falta cnt. luego hablammos!!jejejejeje…..)

  2. Solo lo he visto por encima y me estoy mordiendo los nudillos, ya mismo lo leo completo aunque me desvele…..

  3. esminge0521 Says:

    auuuuuuuuhhh…..!!!!

    Leer.. leerrrr….*********aullos y maullidos de loca*****….GRACIAS.. Y UN BESAZO..

  4. Laska Says:

    Dios Mio!!!!!!!!!!!! Vane eres LA DIOSA DE LA TECLAAAAAAAAAAAAAA!!!!!!!! Este capi me está matando y reviviendo, me quita el oxigeno y me lo vuelve a dar. Me voy a a volver loca, en serio, me van a tener que ingresar por padecer QHAUYHISTERIA AGUDA, jejeje.
    Muakissssssssssss

  5. Ohhhhhhhhh, más! qué bien qué bien qué bien!!!!!

  6. mamen Says:

    aaahhh me encanta la segunda parte te a quedado muy bien umm…..y dices que en la segunda parte hay carnaza jejejj ya quiero veeeeerla…me da muxa penita saxton que va a pasar conel?ufff cuantas preguntas tengo en el tinterooooo un besazo guapa

  7. aishleen Says:

    Genial como siempre, ya stoy ansiosa por leer la 3ª parte, un besazo.

  8. Sandy Says:

    Sigue la espera…Dios no se si podre aguantar con todo lo que ya he leído y lo que queda creo que van a tener que ingresarme en un loqueroo!!Pero bendita locura si es por esta razón. Gracias y nos leemos más tarde con el pedazo de comentario que tengo que escribir *apunta en su lista de cosas que decir algo más*Buff te vas a cansar de leer me da a mi. BEsazoooo

    • 😛 ¡Espero que no te ingresen en un loquero, pero si lo hacen, seguro que nos encontramos porque también acabé chalada de escribir esto! ¡¡Besotesssss!!

  9. Gemma Says:

    XD… XD…. no tengo palabras!!! la ultima frase…. “Tu… no tocas lo que es mio” VAAAAAAAAAAAAAANEEEEEEEEEEEE!!!!! tengo los pelos de punta!!!!
    Eres la leche!!!
    Besotes

  10. Después de haber leído las pares 1 y 2; me encuentro pegada a la pc esperando la tercera parte; y sip ya me comí todas las uñas ojala supiera Yoga para morderme las de los pies
    ya no aguanto la esperaaaaaa Vane piedadddddddddddd

    • ¡¡Me imagino que ya te pudiste leer la tercera parte!! No me dio tiempo a colgarlas todas el mismo día, eran larguíiiiiiiisimas de repasar^^;

  11. Black Says:

    Mierda al final Blay se a follado a Saxton. Dios!!! Yo no queria que lo hicieran!!!! Porque me haces esto Vane. Entiendo que Qhuinn no es una blanca paloma pero mierda quería que fuera el primero al que se follara el pelirrojo.

    Jose de la Cruz cada vez me cae mejor la verdad, Lash cada vez peor y V y B siempre me van a encantar la verdad.

    Pero Dios! Ese Rhage con su nena en brazos, por que es su nena. No me hagas mirarte mal Vane porque esa bebe es de Rhage desde ahora mismo. Maldita sea ya tenia ganas de ver al gigante rubio con baba escurriendo de su boca por su bebe.

    A ti Saxton entiendo tu mierda con tu primer amante y todo el rollo de que quieres a Blay, pero chato vete a tomar por culo bien lejos maldita sea y cuanto antes mejor.

    Los padres de Blay van a ser una putada la verdad, pero Blay CON Qhuinn lo van a afrontar JUNTOS como PAREJA a que sí¿? e¿?

    Un beso guapa estoy que me como los dedos, porque uñas ya no me quedan ni si quiera la de los pies.

    Como siempre Vane escribes de puta madre, mejor que algún que se ganan pastones por mediocridades en comparación contigo.

    • ^^; *encogiéndose* ¿Me matarás si te digo que no quería que Blay fuera el más virgen en esta relación, a pesar de que siempre lo parece, y que por eso se acostó con Saxton, además de porque el macho en sí le gusta y le apetecía y se estaba esforzando por borrar a Qhuinn de su cabeza? *esquiva un trozo de cristal afilado* Vale, sip, creo que me matarás^^; Lo de Saxton se resolverá en el capi 5, ¡traaaaaaaaaaaaaaaaaaanqui!!

      ¡¡Aaaah, no me mires mal por lo de Rhage y la nenaaaaaaaa!!! Van a tener más escenas, algunas muy tiernas y otras muy duras. Durísimas. pero verás a Rhage babeando a litros con el bebé 🙂

      Lo de los padres de Blay va a ser una putada, tú misma lo has dicho. ¿Juntos como pareja? Mmmm… bueno, digamos que Qhuinn demostrará que también sabe hacer las cosas “a la vieja usanza”…

      ¡¡Me alegro de que te gustara y espero que ya te hayan vuelto a crecer las uñas, mujer!!

  12. Andrea Says:

    Hola Vane, es la primera vez que me animo a dejarte un comentario, por lo ajetreada que se te ve subiendo capítulos, así que no le he hecho nunca, pero es que me has matado….Rhage haciendo de papá es un amor, pero es que eso no es lo que me ha hecho partirme de risa en el suelo de mi casa…¿A quién se le ocurre decir que es la primera mujer menor de dieciocho años que sube a su coche? A Él, eso seguro…*Se ríe como una descosida* Es q de verdad, todavía no he terminado esta parte y quiero que cuelgues la siguiente yaaa . Pero escucha, no te sientas presionada *guiño,guiño*
    Besos guapa, y quiero decirte que eres una escritora genial.

    • ¡¡Hola Andrea!! perdona que esté tardando tanto en responder, entre que tengo muchos comentarios (por lo que doy gracias todos los días), poco tiempo y ando en mil frentes, las cosas se me eternizan. Sobre todo, ¡¡¡muchas gracias por haberte animado a escribir!!!

      Muahahahaa, me lo pasé EN GRANDE escribiendo la parte de Rhage y el bebé. En realidad, la situación es bastante trágica pero como el capi ya tenía tensión por todas partes, intenté que esas escenas fueran divertidas (porque lo que va a seguir en la trama de Ahna, bebé, Rhage y Mary va a ser cualquier cosa menos divertido).

      ¡Imagino que ya habrás podido leer la tercera parte!! ¡Muchas gracias por tus palabras, guapa!!

  13. Mayerlin Says:

    Ahhhh..! Vanee esto esta espectacular..! El desarrollo de la trama me atrapo y no pude dejar de leer hasta que llego al final..!! “Tu no tocas lo que es MIO..!” Uff me mato..! Te he dicho ya que escribes como diosa?? XD.. Espero ansiosa la tercera parte.! Un abrazo desde venezuela

    • ¡¡MAyeeeeeeeeer, estoy tardando un huevo en contestar, lo séeeeeee, perdóoooooon!!!

      Aaah, esa frasecita de Qhuinn me dejó la mar de descansada. ¡Estoy deseando oírle decir algo así en los libros, de una puñetera vez! Espero que la tercera parte también te gustara^^ ¡¡¡Nos hablamos!!

  14. Fantásticoooooooooooooo.

    A pesar del dramón y la violencia in crescendo,con esta parte me he reído muchísimo en algunos diálogos, excelente sentido del humor de nuestra Vaneeeeeeeeeeeeeee. Mi escena favorita es el rescate de la bebé. Bien por Rhage.

    Wrath for ever.

    • ^^ ¡¡Lo sé!! Es un drama y a veces hay más violencia psicológica que física, por eso intento saltearlo con partes divertidas y Rhage me viene al pelo. El capi 5 va a tener muuuuuucha violencia psicológica, mucha. Pero también mucha calma al final, ya verás 😀

      ¡¡Besotess!!

  15. pitufina Says:

    ahhhh!!!!!! Demasiado genial.
    Luego te escribo como Dios manda cuando termine de dar gritos de alegria
    Besitos

  16. Rebeca Says:

    diosssssssss!!!! DIOS!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! ME ENCANTA!!!!!!!!!!!!!!!!! MADRE MIA QUE GENIAL EN SERIO QUIERO LA ULTIMA PARTE!!!! per tu sin prisas eh jajajaj
    o me a encantado Raghe “no hablo bebe” jajajajajaa es genial todo un beso wapisima!!!

    • Muahahaha, lo de “no hablo bebé” lo he pensado yo -y seguro que cualquier madre- millones de veces cuando mi hija era pequeña, junto con lo de “¡¡¡¿Por qué los bebés no vienen con manual de instruccioneeeeeeeees?!!” 😀 ¡Me alegro de que te gustara!!

  17. Argent Says:

    Por dios, Vane, que las arritmias están ahí, es algo serio y no hay que tomárselas a broma, provocan infartos ¿Lo sabía? Sube la tercera parte, ¿Sí? Por favor…. por favor… por favor…
    ¿Alguien se cabrea si digo que me daría mucha pena que te cargaras a Lash? Es que al final hasta me cae simpático y todo, vale, un poco sádico, pero simpaticón…
    Por favor… por favor…. por favor….
    Puedo estar así toda la noche hasta que cuelgues la tercera parte, acabaré poniéndome azul por falta de aire, pero lo haré
    Por favor… por favor… por favor…

    • ¡La tercera parte YA está subida, mujer!! *envía aspirina para los infartos*

    • ¡¡eh, eh, eh, ya leíste la tercera parte, supongo, así que ya no estás morada por la falta de aire, ¿verdad?!!

      ¿Te daría pena que me cargara a LAsh? Ups, pues espera… *envía paquete de pañuelos de papel para las lágrimas* 😛 ¡¡Besotesssssss!!!

  18. ultrawoman8 Says:

    Ohhhh Diooosss Miiioooooooo! te has salido (otra vez) dime que el resto está a punto de llegar ya, no se si voy a poder aguantar sin leer lo siguiente…

    Porfiiiiiiiiiii

    Porfiiiiiiiiiii

    Porfiiiiiiiiiii

    Ahhh, tendré que ponerme todavía más zen que de costumbre para aguantar.

    Me ha encantado TODO. Así que me armaré de paciencia y actualizaré como loca para ver cuando cuelgas algo. Cuando se me pase el subidón puede que sea capaz de hacer un comentario algo más serio, mientras tanto un besote enorme y que sepas que tu trabajo cada vez es mejor.

  19. mluisa Says:

    XDDDDDDDDDDD,Es lo masssssss me ha encantado que capitulazo voy por el proximo,te he dicho que te adoro????????????pues si,besos.

  20. Aiii, aii aii ai dios!!!! quiero saber que mas pasa quiero saber Dx, esta super genial Vane, me encanta, me encanta! *-*

  21. adara Says:

    Wao Vane este capi me ha dejado frita jajaja,, está genial. Necesito seguir leyendo el siguiente para ver que ocurre entre Q y B.

    Me mataste de la risa cuando Rhage estaba con la bebe…. fue divertido esa escena. Imagino que él y mary se quedarán con la bebe, ya que su madre no está.

    Sabrás que la parte donde estaban comiendo Butch con De la Cruz me dio hambre, el que mencionaras las comidas causó antojos de comida mejicana jajaja.

    Por cierto Vane, por casualidad sabrás el nombre del modelo que usa en las fotos Qhuinn daga negra latina??? Es que está buenísimo el hombre ajaja.

    Besos Vane, cuando termine de leer el otro capi sigo comentando. Graciassssssss =)

    • ^^ El nombre del modelo es Ryan Lebar. AFortunadamente para el chaval, es canadiense residente en EEUU porque, si viviera a menos de 700km de distancia de mí, ¡¡¡me tendría pegada a su culo acosándole todo el día!! 😛 Encontrarás un montón de imágenes suyas buscando por Google y tiene página propia: http://www.ryanlebar.com

      En cuanto a la madre del bebé, AÚN está sobre el mundo. Lo cual es muy, muy cruel y va a ser una situación durísima =.= Sólo pensarlo me encojo.

      Uy, en cuanto a la escena en el restaurante mexicano, ¡¡ya se nota que nunca he estado en uno!! Ya me han dicho que lo de comer enchiladas para cenar es como para irte directo a urgencias con el estómago agujereado. Ains, qué vergüenza…

  22. ¡¡¡¡joder!!!! ¡¡¡joder!!!! ¡¡¡¡joder!!!!!
    Tia, esto que has escrito sobrepasa la genialidad, eres una persona con muchooooooooooo talento . Estamos todas como locas enganchadas a la puta pantalla. Me voy a leer la tercera parte. Para la proxima falla tienen que hacer un ninot con tu imagen que yo voy a Valencia para ver la crema.
    Nos dejas sin palabras xiqueta.

    • Quita, que me acabo de imaginar en versión chibi con un cabezón enorme y un cuerpo pequeñito en mitad de las fallas… 😀 ¡¡Me alegro de que te gustaraaaaaaaaa, fue un infierno escribirlo!!^^

  23. Madre mía Vane….. *.*

    Rhage con la niña….por dios!!! que imagenes mas bonitas!!!

    Ese Buch, que tio mas increible!!

    Que final!!! me quedo sin palabrasssssssssssssssssssss…voy por la 3, y si hubiera 4, 5 6 7 8 …seguiria leyendo….

    muchos bessissss!!

    • ¡¡Nooooooooooooo, más partes noooooo, que 3 casi me mataron!! Habrá más imágenes tiernas de Rhage con la niña, y también muy duras^^ Y Butch… bueno, es el Duro, ¿no? *guiño* ¡¡Besotesss!!!

  24. oh joder Vane que esta parte ha estado de lo mejor!!!
    1.- Rhage y la nena, fueron tan pero tan tiernooooos!! me ha matado ese institnto paternal en el dragoncito… aww que me lo quiero comer a besos!!!
    2.- El maldito Eckle jodido que odio recibiendo su merecido de Qhuinn partiendole los dientes!!! eso fue genial… viva Q!!!
    3.- El hecho de que Blay se acostara de nuevo con Sax… buu, me ha puesto algo inquieta… me va a doler el corazón cuando Blay le diga que al que ama es a Qhuinn… en fin… me da penita!!!
    4.- La conversación de Butch con de la Cruz me ha dejado O.O… que pantalones tiene ese poli para haberse tragado todo el cuento que le soltaron sobre los colmilludos, no muertos, dioses oscuros y demás cosas sin pestañear siquiera… De la Cruz eres un genio!!… y cuando le dijo que estaba emparejado con un machooooo!!! dios amé esa escena!!!… viva Butch y su amor por V!!!…
    5.- Por último y no menos importante… la escena con lash y la cuchillada a Blay… el olor de marcaje de Qhuinn y el hecho de que se diera cuenta de que tal vez si ame a Blay… dios eso fue… uff nena… apoteósico!!… me has matado!!! todo ha sido jodidamente genial!!

    Muchas gracias nena!!! eres la onda!!! te quiero y te mando 1000 besos!!!

    • ¡¡Holaaaaaaaaaaaaaaaa!!!
      1- Ya verás al “dragoncito” de verdad en pleno ataque protector en la parte 3 ¡¡Es de todo menos tierno, a menos que te gusten los lagartos escupefuegos!! *guiño*

      2- Ya era hora de que Qhuinn se “independizara” de su hermano y empezara a ver la alimaña que es, ¿no? Pero aún le quedan unas cuantas escenas duras con Eckle.

      3- Saxton también me da penita a mí, más que Layla :C Aunque sabía desde el principio que Blay estaba enamorado de Qhuinn, así que las culpas van repartidas.

      4- *Carcajada* ¿Sabes cuando llevas tiempo temiendo que te estás volviendo loco de remate y, por fin, alguien te da una explicación, por rara que sea, que te permite volver a creer que estás cuerdo? ¡Pues eso le pasó a De la Cruz! Además de que ha tenido las pruebas delante de las narices, es difícil autoconvencerse de que todo era un truco. Y Butch…. si algo tiene, son cojones^^ Aún estoy sopesando si puedo incluir una escena de encuentro cara a cara entre V y De la Cruz. Lo que me reiría…

      5- Ups, pues esa escena con Lash tuvo más acción de que la esperaba en un principio^^; Fue el detonante para que Qhuinn dejara de hacerse pajas mentales y diera rienda suelta a su marcaje 😀

      ¡¡Muchas gracias por tus palabras y por los 1.000 besos, me he quedado atontada!! 😀

      • pitufina Says:

        Siiii!!!!!!!! por favor, por favor, por favor, por favor, que se encuentren cara a cara V y De la Cruz!!!!! *me pongo de rodillas frente a ti, entrecruzando los dedos y haciendo pucheros* anda linda di que si, si????

  25. si por favor de encuentro de V y de la CRUZ seria la monda y ver la cara de bucth seria total por no contar la de v que segun butch es intratable jajajaja

    • Ajajaja, lo estoy meditando, me encantáría escribir esa escena pero aún no sé si me encajará en el guión. A la mínima que quede bien la escribo 😛 Por cierto, he recibido al mail tu solicitud de amistad por FAcebook pero ¡¡¡no me deja acceder a ella para confirmarte!!! De hecho, ¡¡ni siquiera te encuentro buscándote por el buscador!!! *se tira de los pelos* Maldita cosa…

  26. ya te tengo en facebook y a blay y v que eran el fallo gracias por la ayuda besitos guapa

  27. Me morí y estoy en el Fade viendo angelitos musculosos con colmillos.
    Ese Raghe con el bebé en brazos…
    Ese Quinn que por fin tiene las ideas claras, mas o menos,…
    Y ahora que por fin le cantó las 40 en bastos al hermano, no me digas que Lash se carga a Blay, nuestro caballero de brillante armadura.
    Esto es un sinvivir

    • Un sinvivir, sí, señora *asiente asiente* Escribir de estos dos es un jodido sinvivir. Cuando no la caga uno, la caga el otro 😀 Peeeeeeeeero empezamos a encarrilarlos^^

      Nop, no te voy a decir qué pasa con Lash y Blay, ¡lo puedes leer en la siguiente parte! ;D

      ¡¡Muchas gracias y un besoteeeeeeeeeeeeee!!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: