“Amantes liberados”, parte 1 del capítulo 6, “Al final”

Poooooooooooor fin^^; Millones de gracias por vuestra infinita paciencia durante estos largos meses sin actualizar “Amantes liberados”. Como sabéis, la larga pausa se debió a una mezcla de otros fics por medio (“Hogar, dulce hogar”), vacaciones escolares, cursos de escritura, vacaciones familiares que acabaron en el hospital y caos horario. Muchísimas gracias también por los mensajes de ánimo y de “sigue, coñoooooo”. Fueron una magnífica patada en el trasero para seguir rascando ratitos para teclear. De hecho, no pude seguir escribiendo AL propiamente hasta mediados de septiembre. Entonces, la perra esclavista de mi musa me condenó a retomar la escritura con el Epílogo. Hay que joderse, la casa por el tejado. Tardé un mes y salieron 100 páginas, así que el Epílogo se ha transformado en un capítulo entero de dos partes que ya están escritas.

Entonces me puse con este capi 6. En principio, tenía pensado que incluyera la macroescena de combate contra Lash y las dos bandas, así como una serie de temas más. La macroescena ha quedado TAN larga al final que este capi 6 tendrá dos partes, que superan las cien páginas. Por tanto, habrá un capi 7 y el Epílogo será un capi 8.

Esta primera parte cubre desde las escenas que ligan con la parte anterior (despertar de los chicos…), la preparación del asalto,  Mary lidiando con su reciente (e imprevista) maternidad y las primeras escenas de combate propiamente dicho. Por tanto, es un lío ^^;

Pensad que hay muchas partes involucradas en la trampa: el mismo Lash, Saxton, Jay-O y sus restrictores Bloods, los Bloods humanos, Fernando (el traidor de los latinos Almighty Kings and Queens), Qhuinn-Blay-John-Xhex (ya veréis por qué los junto), Butch y De la Cruz, Wrath y V-Rhage-Z-Phury-Tohrment. En cuanto a los “malos”, cada uno de ellos CREE que va a pasar una cosa en la trampa y reacciona en función de esa creencia. Que puede ser correcta o no.

Por eso, en este capi 6 hay muchos puntos de vista distintos, así como descripción del armamento y estrategia que piensa poner en práctica cada facción. Mi propósito con esta parte 1 era mostrar cómo los Hermanos pueden ser una banda capaz de elaborar planes complejos en vez de sólo gritar “¡Unga Unga!” y arrojarse en línea recta a por restrictores^^; También que usaran algo más en una pelea que una maldita pistola y una daga porque, a ver, la técnica existe para minimizar bajas, digo yo. Igualmente, pretendía transmitir la tensión de todas las partes antes de un combate; si los personajes son guerreros que viven siempre con la posibilidad real de morir cada noche, creo que hay que mostrar cómo son esas noches suyas. ¡Al menos en un capítulo! Este capi 6 es el último que contiene escenas de combate en el fic así que, ¡paciencia porfi! La pelea sangrienta (mucho) y despiadada de verdad estalla en la parte 2, donde confluyen todas las estratagemas.

Dudo mucho que haya conseguido todos estos objetivos que decía, después de semanas dándole a la tecla y revisando, para mí esto ya sólo es un montón de palabras sin sentido, totalmente aburridas¬¬ Sé que tiene que haber una manera mejor de resumir la estrategia y de poner de manifiesto los nervios y las dudas de todos los participantes que sea más corta y más concisa. LO SÉ. Pero aún no escribo lo bastante bien como para haberla encontrado ^^;

Tenéis imágenes de armas y mapas de los movimientos tácticos y de los escenarios para complementar el texto. En ningún caso he pretendido hacer algo bonito o artístico con el dichoso Photoshop y el Google Maps (no sabría), sólo ofrecer material de apoyo en un intento de que os perdáis menos.

La canción que da título al capi es “In the End”, the Linkin Park, y las fotos vienen como cortesía de los chicos de Hermandad-Hispana del juego de rol en Facebook *cruzando los dedos hasta partirse los huesos* Ya diréis qué tal ha salido esto…

CAPÍTULO 6. AL FINAL.  PARTE 1

-Dime otra vez por qué no voy a matarlos, poli.

Sentado ante sus Cuatro Juguetes, Vishous encendió un liado con el Zippo y luego tiró el encendedor sobre la mesa de malas maneras. La imagen de la cámara de seguridad en el monitor del PC mostraba a Qhuinn y a Blaylock durmiendo como dos bebés hormonados. En SU fragua. En SU sofá. En SU espacio. Si los desollaba se consideraría defensa propia, ¿no?

Butch se giró un momento hacia él con expresión ausente. El irlandés estaba sentado en el sillón de cuero dela Guarida, vestido con los pantalones de cuero y poco más, sorbiendo despacio un Lag de un vaso que luego sostenía entre las manos sin moverse.

-Porque no vas a arruinar una de las pocas cosas felices que han pasado en esta casa últimamente, además de que tu gemela haya empezado a caminar. Y porque ya les has dejado un recordatorio en la puerta.- contestó en tono monótono antes de dar otro pequeño sorbo al whisky-. Deja a los chicos en paz, ya tenemos bastante mierda real que afrontar esta noche.

Vishous exhaló hacia el techo para luego espiar el perfil del poli, con el pelo castaño sobre la frente, la nariz algo torcida, la mirada perdida y el rictus inexpresivo. No necesitaba usar la telepatía para saber qué le había dejado en aquel estado. Matar a una hembra civil inocente que ha sido torturada mirándola a los ojos sería un mal trago para la mayoría de los Hermanos; en el caso de Butch, lo de “trago” era literal.

Su macho había aspirado a Ahna como si fuera un restrictor cualquiera. V pudo sentir la maldad impregnada en el cuerpo del poli, y su angustia, al limpiarlo. Siendo el tipo racional que era, esperaba que a Butch se le pasara el disgusto cuando asimilara que hizo lo único posible: la hembra no podía ser salvada y aspirarla era la única forma de evitarle volver a las venas de Lash. Butch le había dado paz pero, obviamente, su macho no veía las cosas igual que él.

-Butch, sabes que hiciste lo mejor, ¿sí?- murmuró sin preliminares.

Los ojos castaños se volvieron un segundo hacia él con expresión dolida. El poli asintió en lo que le pareció un gesto de compromiso y luego tomó otro sorbito de Lagavulin antes de levantarse.

-Voy a acabar de vestirme. Son las cinco de la tarde, dentro de poco tendremos que ir a preparar el armamento.

V siguió todo el recorrido hasta que Butch cerró la puerta de su habitación. Inhaló su liado con calma mientras volvía la vista a la pantalla del ordenador y a su apacible imagen.

Está bien. No los mataría para no darle otro disgusto al poli. Butch más o menos tenía jurisdicción moral sobre Blaylock, así que dejaría al pelirrojo en paz; si el chico era la mitad de niña vergonzosa de lo que parecía, en cuanto se diera cuenta de que les había pillado ya tendría bastante castigo. Pero Qhuinn era otra historia. Pensaba tenerlo afilando dagas de aquí a la eternidad, por todos los demonios. Presionó el “Esc” con más fuerza de la necesaria y la imagen de la cámara se apagó ¿El chico era idiota o exhibicionista? Porque, vamos, todo el mundo sabía que él tenía la puta casa plagada de cámaras, excepto en las habitaciones dela PrimeraFamilia.Por eso, sus Hermanos las desconectaban cuando estaban con sus hembras, para ahorrarle los vídeos porno caseros ¿Qhuinn pensaba que no tendría cámaras en su propia fragua? ¿Para qué mierda estaban sino las pequeñas luces empotradas en la pared de cemento?

Vishous meneó la cabeza. Y ya podían buscarse pronto alguien que les tatuara sus nombres en la espalda antes de que Wrath o alguna Elegida viera sus grabados e informara a Su Brillante Ilustrísima. Aunque… se permitió una sonrisa secreta aprovechando que estaba a solas.

Sip, los niños tenían un par de huevos a la hora de hacer las cosas.

Acarició con un dedo el filo de la daga de acero sin ennegrecer que Zsadist le había traído de vuelta. Era una de las que Blaylock había perdido hacía algunas noches para luego, hay que joderse, acabar en las manos de uno de los restrictores latinos, el tal Fernando. Vishous tenía claro cómo Fernando había dado con el IronMask en su búsqueda de vampiros: a través de la daga. Era la única pista que tenía el muy imbécil y eso implicaba que el one and only humano relacionado con aquel acero que le conocía y que podía haberle escuchado mencionar alguna vez el Iron había cantado.

Apoyó la punta de la daga en el escritorio y la hizo girar como una peonza. Cuando acabaran con el asunto de Lash iba a tener que hacer una larga visita al dueño de Caldwell’s forgery.

OOO

Blaylock tuvo que admitir la realidad: o cambiaba de postura o acabaría enyesado de pies a cabeza con contracturas múltiples. Suspiró y frotó la nariz contra algo suave que olía de maravilla… que se movió y el eco de una risita resonó contra su oído.

-Mmm, ¿ahora tienes cosquillas?- preguntó aún con los ojos cerrados.

El enorme cuerpo de Qhuinn se removió bajo él y las manos de su macho le recorrieron la espalda.

-Sólo al despertarme.

Blay abrió los ojos, probó a desperezarse y ambos estuvieron a punto de abrirse el cráneo cuando Qhuinn se desestabilizó. El moreno acabó con una mano en el suelo y otra aferrándose al sofá.

-Ouch.- de mala gana, se desenredó de su pareja para sentarse en el estrecho sofá y permitir que Qhuinn hiciera lo propio. Los dos estaban totalmente desnudos, pringados, olorosos y se crujieron el cuello a la vez para intentar aliviar los dolores después de haber dormido encogidos en un sofá viejo. Rieron a la vez-. Creo que si repetimos esto necesitaremos que Manello nos haga fisioterapia para poder movernos.

-Ni se te ocurra, el maldito humano nos rompería los huesos y los volvería a colocar sólo para comprobar si son distintos a los suyos.- Qhuinn levantó los brazos por encima de la cabeza y se estiró, marcando todos los músculos. Debió sentir que Blay lo estaba examinando con toda la desvergüenza del mundo porque inclinó la cabeza a un lado- ¿Te gustan las vistas?

-Mucho.- por algún milagro, Blay no se sonrojó. A lo mejor tenía que ver con que por fin había entrado en su dura cabezota que acababa de emparejarse con Qhuinn. Sonrió como un maldito estúpido-. Lo hicimos realmente…

La ceja negra con piercing se enarcó, acompañada de una sonrisa maliciosa.

-¿Te refieres a la parte de grabarnos los nombres o a la de darnos por culo hasta ver las jodidas estrellas?

Si hubiera tenido algo a mano que no fuera una basta daga ensangrentada envuelta en un paño manchado en el suelo, Blay se lo habría arrojado a la cabeza.

-No te oí quejarte demasiado.- estallido de llanto a parte.

-Yo a ti tampoco.- Qhuinn se levantó del sofá luciendo erección de recién despertado en toda su gloriosa desnudez. Le dio la espalda, mostrándole su nombre grabado, y le miró por encima del hombro- ¿Se ve bien?

Increíble, alucinante, orgásmicamente bien. Blay rió.

-Tan bien que Wrath nos colgará por las pelotas si lo averigua.- se pasó la mano por el pelo, mirando en derredor. Toda su ropa estaba desperdigada por la fragua, por no hablar de las manchas de sangre y otros fluidos en el sofá o del olor a sexo y a ración doble de marcaje de macho-. Eso si Vishous no se le adelanta por haberle dejado la fragua como un sex shop.

Qhuinn soltó una carcajada de adolescente de trece años antes de inclinarse hacia él y robarle el aire con un beso largo.

-Recogeremos la ropa y nunca se enterará. Vamos a tener unas cuantas noches movidas así que no va a poder venir aquí a forjar. Para cuando vuelva a usar la fragua el olor ya habrá desaparecido.- inspiró con fuerza y luego le guiñó un ojo-. Aunque más vale que nos demos una buena ducha en el gimnasio antes de que nos encontremos con alguien por los pasillos.

-Buena idea.- su estómago apuntó a una segunda necesidad con un rugido que les arrancó otra carcajada. Parecía que sus reservas de ganas de reír no se acababan esa tarde. Blay se encogió de hombros antes de empezar a recuperar las partes de su traje-. Y luego asaltaremos la cocina.

Qhuinn ya estaba enfundándose los tejanos.

-Yup, vamos a tener que darnos prisa. Wrath convocará reunión en breve, hoy es la noche.

¡Chof! Ducha de agua fría instantánea. La noche de la caza de Lash, la de darlo el todo por el todo en una trampa doble para desmantelar no una sino dos bandas con miembros humanos y restrictores. Las piezas estaban preparadas, los teléfonos móviles para comunicar las instrucciones habían sido entregados a Jay-O y a Fernando. Saxton sabía cuál era su papel y esperaba su llamada para representarlo.

Esa noche, muchos perderían la vida y otros muchos darían con sus huesos en un quirófano. Sólo cabía rezar por que los primeros sólo fueran los malos.

Pero Qhuinn y él, así como John y Xhex, estaban condenados a ver el partido desde el banquillo, por así decirlo. Los chicos grandes iban a ocuparse de mandar al cabronazo de su ex compañero al infierno y ellos, los becarios, se limitarían a barrer el patio de restrictores. Blay se sorprendió pensando que no era justo.

Una mano se movió delante de su cara y pestañeó para encontrarse a Qhuinn ya vestido mirándole con una ceja enarcada.

-Tierra a estación interestelar, ¿hay alguien ahí?

Él frunció el ceño y se enfundó en su ropa, admitiendo la necesidad de una ducha ya. Qhuinn seguía mirándole.

-Pensaba en lo de esta noche. En que no seremos nosotros los que acabemos con Lash y eso es…

-…injusto.- Qhuinn acabó la frase por él. Su chico tenía esa expresión concentrada que le había visto pocas veces, las que se había comportado como un adulto decidido.

Asintió. No es que Blaylock fuera de natural vengativo, pero lo de Lash ya no tenía nada que ver con la venganza y mucho con acabar un ciclo. Se colgó la chaqueta arrugada de un brazo y alzó los ojos hacia su hellren.

-Quiero estar ahí. Lash es asunto nuestro, no de los Hermanos.

Qhuinn lo taladró un instante con los ojos antes de pasarle el brazo por la nuca y casi romperle los labios de un beso seco y duro.

-Ese es mi macho. Yo digo que hablemos con Wrath. Y con John y Xhex. Ellos tienen tanto derecho como nosotros.

-Eso suena como un plan… después de que nos duchemos, comamos algo y… -Blay abrió el pestillo de puerta y empujó la plancha de metal para salir de la fragua- Oh, jo-der….

En el pasillo, justo ante el umbral de la forja, alguien había dejado dos cubos llenos de agua que desprendía olor a detergente, con dos fregonas metidas dentro. De los palos colgaban varios trapos listos para usar. En el suelo había una botella de un spray especial para la limpieza de tapicerías de cuero.

Pillados.

La sangre de Blay inició un curioso circuito alternativo, agolpándose primero en su cara para luego huir como una manada de lemmings hacia sus pies, dejándole entre mareado y jodidamente muerto de vergüenza. Sólo había una persona en el maldito mundo que hubiera podido averiguar lo que Qhuinn y él habían hecho allá dentro.

-Vishous.- murmuraron los dos a la vez. Su mirada pasó de Qhuinn a los cacharros de limpieza y vuelta a su amante- ¿Cómo…? Quiero decir, ¿tiene rayos-X en los ojos o…?

-Tiene cámaras por todas partes.- Qhuinn apoyó las manos en las caderas y parecía genuinamente preocupado por su integridad de cintura hacia abajo-. Joder, tendría que haberlo imaginado pero no pensé…. Maldita sea, debe tener cámaras hasta dentro del puto horno.

Lo que significaba…

-¿Crees que denunciará a Wrath que nos hemos grabado los nombres?- Blay no tenía ni idea de qué castigo implicaba pasarse la ley divina por el forro pero descubrió que tenía mucha imaginación para prever torturas.

-NPI ¿Quién mierda sabe lo que piensa V?- Qhuinn agachó la cabeza con un suspiro. Luego se colgó un par de trapos del hombro, cogió el spray y el cubo-. Pero creo que la ducha y el desayuno van a tener que esperar. Ojalá no se niegue a seguir enseñándome forja. Para una cosa buena que aprendo…

Blaylock le acompañó en el suspiro resignado mientras se equipaba para la limpieza.

Porque no pensaba tener nietos, sino algún día podría explicarles que había pasado su primera tarde como macho emparejado limpiando una maldita fragua y un sofá roñoso vestido con traje después de haber disfrutado del jodido mejor sexo imaginable.

OOO

Los mayores logros de la vida –o de la no vida, en este caso- a veces se consiguen por la vía más simple: astucia y planificación.

Jay-O, líder de la cuadrilla de los Bloods en Caldwell, espió el cielo al volante de su vieja Wolksvagen con motor de gasolina. La hora que marcara el reloj era lo de menos, esa tarde se guiaba por el sol porque, hasta que no se pusiera del todo tras las fábricas y los rascacielos, los vampiros no darían el toque de inicio a la fiesta.

Él tenía aún, calculó con la vista en las nubes, media hora de semiclaridad para acabar de acondicionar el túnel de maniobras que discurría bajo los antiguos talleres de reparación de trenes de mercancías. Aquel era el lugar escogido de la primera fase de la trampa para cazar a Lash.

La enorme nave de los talleres estaba situada al final y a mano derecha de la calle Vespucius. Lo de “calle” era un decir. Actualmente sólo era un camino a medio asfaltar que se adentraba desde los densos bloques de pisos del barrio hasta morir en la playa de vías que recorría todo el frente fluvial. Por el camino cruzaba la breve tierra de nadie de rastrojos y solares sembrados de basura, jeringuillas, contenedores volcados y pasos a nivel del ferrocarril, así como las instalaciones de reciclaje de Caldwell. En aquel purgatorio había pocas farolas y muchos sitios donde esconder sus vehículos.

Dejó la calle Vespucius y se adentró, entre traqueteos, por el solar hacia la nave de reparación de trenes. Con el paso del tiempo y la expansión de la ciudad, la compañía ferroviaria había clausurado aquellos talleres para construir otros nuevos, más grandes y modernos, a decenas de kilómetros, al sur del área metropolitana de Caldwell. Los antiguos nunca llegaron a ser derruidos cuando al Ayuntamiento se le acabó la pasta para la renovación urbana justo cuando la ola de transformación llegaba al barrio industrial. Qué curioso. Ahora, la enorme nave y la maraña de túneles que corrían por debajo languidecían y se oxidaban como la mitad de las viejas fábricas, testigos de un paso incompleto desde un pasado industrial a una ciudad de servicios que iba dejando huellas arqueológicas sin resolver, aisladas de los lugares más poblados.

Que aquella noche iba a tener un gran uso.

Jay-O condujo la furgoneta más allá del punto de reciclaje. La suspensión de la Wolksvagen ni se quejó al pasar por encima de viejos raíles oxidados. La furgoneta podía parecer chatarra por fuera, pero de mecánica estaba como nueva. Por algo la utilizaba siempre para trasladar las armas con las que comerciaba: pasaba desapercibida pero era de fiar. Eso sí, chupaba más gasolina que alcohol un borracho, unos60 litroscada100 kilómetros.

De lo cual estaba contentísimo.

Echó un vistazo por el retrovisor interior a su gente, todos no muertos como él, vestidos para pelear: negros silenciosos con los pañuelos rojos al cuello, anudados a la cabeza o en las muñecas, cada uno armado hasta los putos dientes, custodiando las cajas con munición y las granadas aturdidoras M84 que iban a ser las estrellas de la noche, junto con los bidones de gasolina que llevaban bien asegurados. Por el retrovisor exterior vio las otras tres furgonetas, todas tan destartaladas como la suya, que le seguían.

Los orgullosos Bloods de Caldwell constaban ahora de setenta y seis miembros vivos –de los que seis estaban detenidos- y de veintiún no muertos, convertidos a la fuerza. Aquella noche, todos los restrictores estarían en los antiguos talleres ferroviarios. A los setenta humanos los había repartido entre una decena como avistadotes de los accesos al barrio, y sesenta que estaban punto para acudir a los viejos astilleros fluviales a rematar los latinos que se presentaran. Si el plan de los vampiros funcionaba en ese aspecto.

Jay-O rodeó la nave de los talleres con la Wolksvagen, hasta la parte más próxima al río, oculta de la vista de quienes se acercaban por la calle Vespucius. Maniobró hasta aparcar la furgoneta con la parte trasera pegada a un respiradero de rejilla en la parte inferior de la pared, sin apagar el contacto. Mantener el motor en marcha formaba parte de la estrategia.

Saltó de la furgoneta junto con sus hombres y saludó con dos golpes de nudillos a su primo, que salió del interior de la nave por una portezuela oxidada para recibirles.

-¿La puerta metálica antiincendios funciona? ¿Lo has comprobado?- disparó, directo al grano.

-Dos veces. La hemos engrasado y el mecanismo es de palanca sencilla, así que aún está de buen uso. Cierra herméticamente.

-Bien. Tú te encargarás.- gesticuló hacia los otros Bloods no muertos-. Empezad a preparar la furgoneta.

Jay-O entró por la pequeña puerta al interior del taller de reparaciones. Como todos, era una gigantesca nave de más de  cien metros de largo, de hormigón con techo de uralita. El sol se filtraba todavía  por las ventanas rotas o polvorientas situadas a ambos lados de la nave. El taller, cuando estuvo en funcionamiento, debió tener maquinaria de reparación bastante avanzada porque estaba diseñado para funcionar a dos niveles: el de calle, donde los trenes que circulaban por superficie eran desviados por vías secundarias hasta entrar en la nave para su arreglo, y el subterráneo. Cualquier tren, de mercancías o de pasajeros, que circulara por las vías soterradas y tuviera una avería, también podía desviarse justo hasta debajo del taller. El convoy se aparcaba en un túnel sin salida, llamado cola de maniobras, y los mecánicos podían bajar hasta allí por unas escaleras para repararlo.

Ese era el túnel que utilizarían los vampiros para atraer a Lash a la primera parte de su trampa.

Jay encendió su linterna y bajó por las escaleras que comunicaban el nivel de calle de la nave con el túnel. Las escaleras iban a dar a un andén, como una estación fantasma, que por un extremo se internaba en la oscuridad, uniéndose a la red de vías subterráneas, y por otro proseguía, en las mismas tinieblas, durante unos ciento veinte metros hasta morir en una pared. Esa era la cola de maniobras.

La estrategia de los vampiros era sencilla y se basaba, sobretodo, en hacer que Lash recibiera alarmas creíbles que le llevaran de un lugar a otro sin tiempo de pensar demasiado. También en jugar con la oscuridad, la distancia y la percepción.

La parte que tocaba poner en práctica en aquel túnel era el primer cebo. Alguien –eso era cosa de los vampiros- atraería a Lash allí, advirtiéndole de que los Bloods iban a sufrir un ataque letal por parte de la Hermandad de la Daga Negra. Menudo nombrecito. Jay ya había comentado a aquel montón de mierda endiosada que tenía por jefe involuntario que esa noche cerraba la compraventa de la última remesa de armas en el túnel de la antigua nave de reparación de trenes. Así que, cuando Lash recibiera el soplo del supuesto ataque, lo creería.

A partir de entonces, todo era cuestión de moverse rápido. Lash, como el cabrón egoísta que era, seguramente aparecería en el túnel para evitar que los vampiros despedazaran a su único ejército. En cuanto tomara forma, los Bloods debían hacerle creer que en realidad habían sido emboscados por parte de los no muertos de los AKG, a quienes estaban combatiendo en el túnel.

Ahí entraban en acción las bengalas de magnesio: cuando se encendían, emitían un fogonazo blanco de alta potencia, idéntico al de un restrictor cuando se iba al otro barrio. La oscuridad completa del túnel, las prisas y el hecho de que Lash no pudiera percibir la muerte de los restrictores generados por su padre tendrían que hacer que el engaño funcionara.

Allí estaría Jay-O para explicar entre gritos al idiota que los AKG les habían tendido una trampa. Que ellos tenían el túnel controlado pero que el grueso de los no muertos rivales estaba atacando a los Bloods en los antiguos astilleros… el supuesto nuevo cuartel general al que Lash sabía que iban a mudarse.

Si el cabronazo oscuro quería salvar a sus Bloods, no tendría más huevos que aparecerse en los astilleros para, supuestamente, salvarles el culo de los AKG. Donde los vampiros le tendrían preparada la trampa definitiva para mandarlo a cenar con Dios. O con su padre, fuera quien fuese.

Y ahí terminaba la participación de los Bloods. Oficialmente.

Porque, como reza el dicho, sabe más el diablo por viejo que por diablo y Jay-O acumulaba bastantes años de experiencia en traiciones y trampas militares. Si los vampiros habían planificado una trampa en dos pasos era por un motivo obvio: porque querían sacarse de encima a los restrictores de las dos bandas, además de capturar a Lash.

Qué te juegas, pensó, que los “observadores” que acudieran esa noche al túnel, para comprobar que la primera fase del cepo funcionaba, vendrían armados hasta los colmillos. Esos vampiros no sólo observarían; en cuanto Lash pirara, les matarían. Por eso habían pensado también en las bengalas de magnesio para imitar la muerte de un restrictor: no podían activarse por un detonador a distancia, así que sus chicos tendrían que estar en ese túnel para detonarlas personalmente. Entonces, los vampiros les caerían encima.

Bueno, mala suerte para ellos que Jay-O hubiera podido escoger el escenario.

Aquel túnel de maniobras estaba equipado, como muchos otros, con un sistema antiincendios. Si el tren que llegara averiado por los túneles subterráneos se incendiaba, los operarios necesitaban poder aislar el fuego para que no subiera a la nave. Por eso, el túnel tenía una gruesa puerta corredera metálica en un extremo. Cuyo funcionamiento ya habían comprobado: ¡Plam! Bajabas la palanca y la cola de maniobras quedaba sellada herméticamente. Por un lado: pared. Por otro: plancha de metal. Los vampiros quedarían atrapados como ratas.

Claro, sus hombres y él también pero la tecnología estaba para ayudarles a equilibrar las diferencias, ¿no? Ahí entraban sus granadas aturdidoras M84.

Aquel tipo de granadas se utilizaba en asaltos militares o policiales a casas de narcotraficantes o de terroristas. Estaban pensadas para aturdir a los objetivos durante unos cuantos segundos preciosos gracias al estallido de magnesio blanco… y a una explosión sónica de 180 decibelios. Lo bueno de las jodidas granadas era que podías suprimir ese estallido sónico o modificar su umbral sonoro. Sip. Jay-O no era un experto en vampiros, pero estaba claro que los capullos eran más rápidos, más fuertes, más resistentes y tenían mejor olfato que un humano. Por tanto, seguramente también tendrían mejor oído. Como un jodido perro.

Era muy fácil modificar las M84 para que emitieran una explosión de ultrasonidos, además del fogonazo de luz. Así que Jay se había dejado unas cuantas preparadas especialmente para los vampiros. Ya estaba deseando ver a esos jodidos armarios con colmillos revolcándose en el suelo con los tímpanos sangrando.

Eso sólo les incapacitaría durante un tiempo, por supuesto. Lo justo para que sus chicos empezaran a dejarles como un maldito colador en el túnel cerrado.

Y, si no les mataban, para eso estaba su plan B: la furgoneta Wolksvagen chupadora de gasolina. Que emitía monóxido de carbono suficiente como para convertir el túnel sellado al vacío en una cámara de gas.

De hecho, las primeras cámaras de exterminio de los jodidos nazis habían sido exactamente eso: una pequeña habitación cerrada a la que se bombeaba monóxido de carbono procedente de un motor de gasolina. Sólo necesitabas un tubo, unos cuantos bidones de gasolina para mantener el motor alimentado y más o menos tiempo según la potencia del vehículo y las dimensiones del recinto.

Las víctimas ni siquiera se daban cuenta de que la estaban palmando, por eso al gas se le conocía como la Muerte Dulce. La respiración de la víctima llevaba el gas al torrente sanguíneo, éste se unía con la hemoglobina y formaba un compuesto que impedía la llegada de oxígeno a los órganos. Empezaba como una migraña, mareos y adormecimiento. Algunos vomitaban y se desmayaban. Otros sólo se desplomaban directamente, pasando del coma a la muerte sin enterarse de qué les había matado.

Joder, la de veces que Jay-O y su comando habían usado la intoxicación por monóxido de carbono para eliminar cubiles enteros de terroristas en Irak. O de civiles, según se terciara.

Pateó el suelo del túnel, asintiendo satisfecho, antes de subir de nuevo hacia el taller por las escaleras y accionar la palanca que cerraba la puerta antiincendios para comprobar que funcionaba. El estrépito que oyó bajo sus pies le dijo que el mecanismo respondía a la perfección. Palmeó el hombro a su primo.

-Buen trabajo.

Luego se acercó a echar una mano a los Bloods que estaban conectando un sencillo conducto de PVC flexible al tubo de escape de la Wolksvagen y, de allí, a la rejilla metálica de la pared exterior de la nave: el hueco de ventilación del túnel subterráneo. Por donde empezó a bombear monóxido de carbono –inodoro e incoloro- al túnel sellado.

La cola de maniobras era grande, pero ellos disponían de varias horas para ir llenándola de gas, no de unos minutos. Tendrían que dejar la puerta antiincendios abierta durante el poco rato que escenificaran la trampa para Lash antes de volver a cerrarla con los vampiros dentro, pero para entonces el túnel ya sería una cámara de exterminio.

Algo de bueno debía tener ser convertido en no muerto a la fuerza.

No necesitabas respirar.

OOO

John Matthew llevaba un buen rato sentado en el banco de pesas del gimnasio de la mansión sin hacer nada más que observar a su shellan tumbada en el banco contiguo levantando barras con pesas. Dios, Xhex era un auténtico espectáculo. Levantaba pesas como conducía el resto de su vida: con control absoluto. Cada movimiento era seco, calculando las energías, preciso. Ni tembloroso ni demasiado rápido. La respiración en perfecta sincronía con el ejercicio.

Igual que había reaccionado con toda la mierda de Lash-oh-hola-he-vuelto. Xhex había atado sus ganas de justa venganza bien en corto, sin descontrolarse. Su shellan tenía el propósito de convertirse algún día en miembro de pleno derecho de la Hermandad –a la mierda con el pequeño detalle de que no admitían hembras- y eso implicaba saber pelear en equipo. A veces en primera fila, otras de suplente. Era una asesina acostumbrada a actuar como le saliera de la entrepierna, pero había aprendido la lección de los riesgos que eso implicaba cuando tenías otras personas alrededor que dependían de que la estrategia común funcionara con precisión de reloj suizo. Y ni Lash ni nadie la apartarían de su decisión.

-Si sigues mirándome sin moverte yo acabaré cachonda y tú con los músculos atrofiados.- Xhex gruñó mientras dejaba caer la barra en los soportes y luego se sentaba en el banco con una media sonrisa.

John salió de su contemplación con un sobresalto.

“Lo siento, pensaba en lo de esta noche”, señaló con un encogimiento de hombros.

Ella le miró bajo las cejas mientras se agachaba a recoger una toalla húmeda. Se secó la cara, la nuca y las manos antes de hablar.

-¿Aún quieres ir tú a por Lash?

John rió en silencio con amargura antes de menear la cabeza.

“Joder, leelan, siempre querré ir a por Lash ¿Qué mierda de macho sería si no? Pero… hay muchas formas de ir a por él. No necesariamente dentro de la trampa… ni fuera del todo”.

-No te sigo.- Xhex le dio un buen trago a la botella de agua.

Él meditó un instante las palabras antes de formarlas con las manos.

“Supongo que a veces demostrar que eres un adulto no pasa únicamente por ser quien cace la pieza. Quizás… bueno, a lo mejor también consiste en saber dar un paso atrás y apoyar a quienes tienen el turno en ese momento”.

La mirada de Xhex se volvió carmesí por una fracción de nanosegundo, lo que le indicó que su hembra estaba leyendo el patrón de su aura. Rodó la botella de agua entre las manos, sentada en el banco, y al cabo frunció los labios como si reprimiera una sonrisa de oreja a oreja.

-Eso te honra, John. Pero creo que no estás pensando en los Hermanos como los que deberían acabar con ese hijo de puta.

Yup, sí, había leído su aura.

“Creo que eso deberían hacerlo Qhuinn y Blay. Verás…” John se quedó con las manos en el aire a media frase cuando se abrieron las puertas del gimnasio para dejar paso a sus dos mejores amigos… con todo el aspecto de haber pasado la Jodida Noche de Sus Sueños ¿Ese era Blay con un traje arrugado y los faldones de la camisa sacados del pantalón, con el pelo como un nido de monas? ¿Y Qhuinn con una sonrisa imbécil de oreja a oreja y el brazo sobre los hombros del pelirrojo?

Oliendo a marcaje. Ambos. Con un ligero efluvio de sangre. Y a sexo. Corrección: a mucho sexo.

¿Y a detergente?

-Las duchas están al fondo a la derecha.- comentó Xhex con una mueca sardónica.

Previsiblemente, Blaylock enrojeció como crío pillado en travesura. Qhuinn se desperezó, crujiéndose los huesos, mientras se acercaba a ellos con la misma sonrisa de haber ganado el Gran Osito de Peluche en la tómbola.

“¿Ahora ya puedo felicitaros?”, John se levantó para estrechar las manos de sus colegas. Los dos intercambiaron miradas a cual más ñoña.

-Creo que ahora puedes felicitarnos.- Qhuinn se encogió de hombros, con la misma sonrisa de dibujo animado en la cara.

“Mierda, ya era hora. Me teníais hasta los huevos”.

Los tres se destrozaron los hombros en un abrazo de equipo de rugby, risas de gallitos incluidas, pero joder si John no se alegró tanto como los dos tortolitos mismos. Casi se había hecho una úlcera asistiendo al sufrimiento de Blay noche tras noche y a la acelerada autodestrucción de Qhuinn, negando algo que estaba destinado a ser desde… en fin, desde siempre, al parecer. Se separaron en un embrollo avergonzado y sus colegas extendieron los brazos para aceptar el apretón de muñecas de Xhex.

-Felicidades. Ahora a ver cómo explicáis lo de vuestros nombres.

Uh, ¿nombres? John se giró a mirarles y sus expresiones le confirmaron la bomba.

“Os habéis… ¿emparejado? ¿Con grabados? ¿Y sin invitarnos?”

Blaylock meneó la cabeza.

-Era privado, John, tenía que ser así. Tampoco sabíamos que… ah, no lo planificamos.

“Dejadme verlos, venga”, John manoteó furioso, indicando que se giraran. “Madre de Dios, lo habéis hecho”, señaló despacio cuando sus amigos se levantaron la ropa y se giraron para que pudiera ver las heridas recién cicatrizadas en sus hombros. “Estáis juntos… en serio”.

-Tanto como es posible estarlo.- Qhuinn acabó por quitarse la camiseta arrugada.

“¿Y cómo…? Quiero decir, ¿es posible entre dos machos?”, John todavía no dominaba los mil aspectos de justicia medievaloide que regían sus vidas.

-No, tendremos que esconderlos con tatuajes, pero era importante que… lo hiciéramos.- Blay seguía como una amapola. Y sin poder sacarle los ojos de encima a Qhuinn. A John se le hinchó el pecho de puro orgullo.

-Vishous podrá hacerlo.- Xhex se adelantó a lo que él iba a decir-. Dudo que lo denuncie ante la Virgen. Apuesto mis cuchillos a que no acudiría a su mamá para hacer de chivato.

Buen punto.

-Um, no sé si V estará de buen humor para eso.- Qhuinn rebulló en sus propios pies.

A saber qué había pasado entre su ahstrux nostrum y Vishous. Pero quedaba otro tema.

“Blay, ¿y tus padres?”. Un día tendría que atarse las manos. A Blaylock se le demudó la cara al segundo. “Joder, vale, olvida que he preguntado”.

-No, no. Prefiero… prefiero que os enteréis por mí.

Y ahí estaba. La puta cruel historia del mundo real. Hijo sale del armario. Padre rechaza al nuevo hijo sin darse cuenta de que sigue siendo el mismo. Heredero abandona familia para ingresar en la de su macho.

“Lo siento”. Que le jodieran si él no entendía lo de sentirse rechazado por su familia. Su madre le había parido en una estación de tren y le había entregado a un orfanato. Blay meneó la cabeza.

-No lo hagas, tenía que llegar el momento. No podía seguir viviendo en una mentira, yo no encajo en el molde de mi familia. Debía marcharme para no hacerles daño.

Para sorpresa de John, Xhex asintió, inexpresiva.

-Hiciste lo único que podías en bien de todos.

Blay la miró tan alucinado como él mismo.

-Sí… supongo.

“¿Y cómo estás?”. El pelirrojo podía aceptar lógicamente las cosas, pero John sabía lo emocional que era Blay. Su amigo hinchó el pecho tomando aire antes de responder.

-Aún no lo sé. Lo que sé es que mi sitio está aquí.- se giró para dedicar otra de esas miradas con estrellitas a su macho-. Con Qhuinn, en su familia, con vosotros. Pero lo de mis padres… escuece.- añadió en voz muy bajita.

El brazo de Qhuinn voló de nuevo a los hombros de Blay, atrayéndole contra él.

-Lo superarán. Al final se darán cuenta de que no sólo eres su niño. También eres un macho, coño, tienes derecho a vivir como un adulto lo que te salga de las bolas.

Hablando de lo cual….

“Hey, ya sé que las cosas están decididas, pero… no me gusta lo de esta noche. Los puestos que nos han asignado”. John lo soltó a bocajarro, rodeado de las únicas personas con las que podía dejar salir todo lo que sentía sin temor a reproches.

Para su sorpresa, sus amigos intercambiaron una larga de mirada. Y no del tipo “eres mi sol, eres mi luna, floto entre nubes rosas”. Más bien un “te lo dije”. Blaylock se volvió hacia Xhex y él con el ceño fruncido.

-De hecho, ya nos va bien haberos encontrado aquí. Teníamos una propuesta que haceros.

John sintió los primeros calambres de adrenalina por su espalda en ese preciso momento.

OOO

Felipe Gutiérrez, segundo al mando de los latinos AKG y restrictor a su pesar, se tomó su tiempo para componer la adecuada expresión de concentración sádica antes de entrar en el antiguo almacén donde habían instalado su más reciente cuartel general.

Sólo hacía dos noches que los AKG habían dejado caer sus culos allí, después de que la redada policial en el Señor Lobo les obligara a cambiar de refugio. Desde entonces, habían mantenido un perfil bajo: los nueve restrictores que quedaban pateaban calles –inútilmente- en busca de vampiros o del hijo del tal Omega. Y los setenta miembros todavía humanos que aún no habían sido detenidos por la poli se habían dispersado, ocultándose entre sus familias. Quedaban otros diez miembros de la banda, pero estaban disfrutando de las comodidades de los calabozos centrales del cuerpo de policía de Caldwell.

Tal como se adentró en el almacén, Felipe arrugó el gesto. Carlos, Corona Suprema de la banda, traficante de medio pelo y perra particular del Omega, daba chillidos de cerdo en plena matanza.

-¡Me importa una puta mierda si los jodidos maderos están peinando el barrio, la ciudad o el maldito mundo! ¡Buscadles!- Carlos dio un puñetazo sobre un cajón de madera que usaban de mesa, ante un corrillo de restrictores con los labios apretados- ¿Queréis que os saquen las tripas? ¿Queréis que os la metan hasta que os reviente el culo? ¿No? ¡Pues encontrad a los jodidos vampiros! ¡Y a ese… ese Lash o como mierda se llame! ¡YA!

A Felipe le costó seriamente esconder la sonrisa.

-Creo que puedo ayudar en eso, hermano.

Carlos se giró a mirarle con los ojos desorbitados y saliva en las comisuras de la boca. Joder, ¿qué mierda debía haberle hecho el Omega en su última visita para dejarle en aquel estado de pánico crónico? Aunque Carlos nunca había tenido muchas agallas, sólo ganas de montarse en el dólar.

-¿Qué mierda quieres decir?- el tipo se pasó el dorso de la mano por la boca, nerviosamente.

Felipe se acercó a sus compañeros y al cajón, sobre el que se desplegaba un mapa de Caldwell. Jugueteó con los anillos de sus dedos, manteniendo el rictus de seriedad.

-¿Recuerdas lo que te dije la otra noche, que estaba pendiente de un soplo sobre los Bloods? Pues lo tengo.- ahora sí elevó un poco la comisura, dejando ver un diente de oro-. Esos negros de mierda se van a trasladar de cuartel general, como hemos hecho nosotros. Esta noche, bien entrada de madrugada, irán a los antiguos astilleros.- se inclinó sobre el mapa y dio unos golpecitos sobre un punto justo al sur del barrio industrial, en la orilla contraria del Hudson-. Aquí.

-El Omega nos ha pedido vampiros y a su hijo, bro, no Bloods.- objetó uno de los restrictores.

-No seas gilipollas.- Carlos asentía como un muñeco con un muelle en el cuello-. Si todos los Bloods se trasladan es posible que ese Lash esté con ellos. Y, sino, además de enviarles a tomar por el culo, podemos ponerles las manos encima a algunos no muertos. Los traemos aquí y les hacemos cantar hasta que nos digan cómo encontrar a su jefe. O, mucho mejor, le digo al Omega que los tenemos para que él les saque la mierda.- los ojillos hundidos le brillaron con la idea de no tener que ser él quien se encargara de la tortura y de servir a sus enemigos al Omega como un buen filete.

-Eso es lo que pienso.- Felipe se cruzó de brazos, haciendo tintinear las cadenas, y asintió-. Sea como sea, ganamos nosotros.

-¿Cómo mierda te has enterado?- otro de los restrictores hizo la pregunta que no debía, envuelta en un tono de recelo.

Si Carlos sencillamente se había tragado lo del soplo por pura desesperación y porque confiaba en él, lo último que Felipe necesitaba era que otro subnormal plantara la semilla de la duda. Así que aplicó lo único que funcionaría: la mejor defensa siempre era un buen ataque.

Sacó su cuchillo de caza, cogió al restrictor de la camiseta y le puso la hoja contra el cuello antes de que nadie pudiera reaccionar.

-¿Estás dudando de ? ¿De un hermano?- apretó con el cuchillo hasta que brotó sangre negra-. Maldita sea, ¿cuándo cojones os he traicionado, eh? ¿O es que no encontré este puto almacén? ¿Y el maldito Señor Lobo?- acercó la cara a la apestosa de su compañero, enseñándole los dientes- ¡¿Y ahora estás dudando de mí, puerco hijo de satanás?! ¿Quieres ver si mueres cuando te rebane el gaznate?

-¡Ya vale, joder! Nadie duda de ti, maldita sea. Suéltalo.

Carlos asestó un puñetazo sobre el cajón y Felipe dio una última sacudida al tipo antes de liberarle y clavar el cuchillo en la madera de la mesa improvisada. El agredido murmuró por lo bajo, llevándose una mano al cuello mientras le miraba con resentimiento, pero nadie volvió a objetar.

-Es lo mejor que tenemos y lo vamos a aprovechar.- Carlos volvió a concentrarse en el mapa con mirada febril-. El sitio es grande, una nave enorme con salida al río, pero tenemos cerca la huida por el puente Glenwood hacia el sur para salir de la ciudad o por East Carson Street de vuelta aquí. Si las cosas pintan mal, podremos escaquearnos.- les miró, parpadeando rápido-. Avisad a todos. Que saquen las armas de los escondites. Esta noche vamos con todo, aprovecharemos que les pillaremos en bragas, no como en la GM. Felipe, ¿a qué hora crees que estarán en los astilleros?

Él se encogió de hombros, todavía mirando de refilón al bocazas, por si se le ocurría “ofenderle” de nuevo.

-Sobre la una de la madrugada, más o menos. A esas horas no hay ni dios por las calles y se podrán mover sin que les vean.

-Bien. Pues nosotros estaremos allí a medianoche. Citad a todo el mundo en el basurero, al sur de Caldie. Desde allí subiremos juntos por East Carson Street.- examinó el mapa con los ojos entrecerrados-. Hay una mierda de bosquecillo cerca de los astilleros, podremos esconder los coches allí. Quiero cócteles molotov, aseguraos de que los hacen con queroseno, ¿estamos? Moved el puto culo.

Los demás gruñeron, unos más contentos que otros, pero nadie puso reparos al plan. Felipe tuvo que admitir que los vampiros lo habían diseñado bien: no había como sacar a relucir el nombre de los rivales para que unos pandilleros escocidos en su orgullo dijeran “dónde hay que firmar” y se embarcaran en el plan sin darle demasiadas vueltas. Restrictores o no, los AKG estaban deseando meter una bala por el culo a los Bloods desde la carnicería de la General Motors. Si a eso le añadías el aliciente de avanzar en la misión que les exigía el hijoputa del Omega, los tenías a todos armados y dispuestos.

Menos a él, que no andaba nada entusiasmado con la posibilidad de darse de morros con el hijo del Omega. Si se parecía en algo al padre, Felipe podía prescindir del “Hola, ¿cómo estás?”. Pero su nivel de riesgo personal era bajo en aquella misión. Sólo tenía que conducir a su banda a los astilleros y ponerse a cubierto una vez que empezaran los fuegos artificiales, ya fuera a cargo del tal Lash, de los vampiros o de los Bloods.

Daba igual quién iniciara el ataque, el caso es que los Bloods y los AKG iban a desaparecer del mapa esa noche y él no tenía ninguna intención de ser incluido en el lote. Se escurriría del lugar en cuanto tuviera oportunidad, correría hasta el bosquecillo, pillaría su coche y adiós muy buenas. Fue un gusto conoceros, blablabla. Volvería a este almacén, esperaría un día y luego acudiría a su cita con los vampiros en la misma esquina donde aquel chico le había pillado. Le devolverían su corazón, practicarían su yu-yu y él volvería a ser humano. O, si el tal Lash mataba a los vampiros, que también era posible, él sería un pichafloja por toda la eternidad pero no tendría jefes que le tocaran los huevos. Se mirara por donde se mirara, Felipe salía ganando.

-Una cosa más.- añadió Carlos, cuando los demás restrictores estaban a punto de salir perdiendo el culo en busca del resto de la banda-. Al próximo que ponga en duda la fidelidad de mi hermano –le miró de reojo-, lo enviaré directo con el Omega ¿Está claro?

Ops, vaya. Se aseguró de mantener la expresión solemne en su sitio cuando estrechó la muñeca del Corona Suprema.

-Gracias, bro.

-Fuiste el primero que me juró lealtad como Corona. Si te joden, me joden a mí.- Carlos soltó el discursito de corrido, sintiéndolo de verdad.

Pequeño cambio de planes, pensó Felipe. Antes de salir por patas de los astilleros podría en práctica las lecciones de los vampiros y le hundiría el cuchillo de caza en el corazón a Carlos, hasta la empuñadura.

Si algo le daba asco era la lealtad ciega.

OOO

Wrath tenía ciertas dotes de previsión, desarrolladas durante siglos al frente de la guerra, primero en las calles y después en el despacho, también conocido como Jodido Puente de Mando.

Pero no había previsto eso.

Gruñó y se quitó las gafas, tirándolas sobre su escritorio para frotarse los ojos ciegos con las palmas mientras intentaba hacer oídos sordos al gallinero en que se había convertido su despacho y así poder pensar.

Hasta ahora, todo había seguido el cauce previsto para la noche D. El plan para eliminar a Lash y a los restrictores de las dos bandas estaba trazado. El material, preparado. El terreno, estudiado. Los contactos, asegurados con las debidas mentiras inevitables. Todos a la espera del disparo de salida.

Fase de planificación y preparación del operativo: completada.

José de la Cruz, el detective humano, estaba también preparado, con la oreja pegada al móvil, en espera de recibir la señal para apostarse junto a los astilleros, acompañado de Butch. Si acababa por aparecer la banda humana latina al completo, necesitaba que alguien llamara a la poli para detenerles. Sus chicos sólo debían concentrarse en los restrictores. Era la primera vez que la Hermandad contaría con ayuda humana, pero también era la puta primera ocasión que se metían en mitad de una guerra civil de restrictores con bandas humanas aliñando la ensalada y un semidiós como la oliva de adorno. Toda ayuda experta y organizada era poca.

Elemento móvil de apoyo externo: avisado y alerta.

Por otra parte, la ventaja de ir con un plan predeterminado era que también podías preparar el “post”. No te cogía en pelotas cuando tus Hermanos llegaban a casa sosteniéndose las tripas y faltaban manos para cosérselas. Esta vez, Wrath se había asegurado de contactar con la directrix Amalya: quince Elegidas estaban ya en la mansión, recibiendo instrucciones de Manny Manello sobre cómo ejercer de perfectas bolsas de sangre andantes sin estorbar. Si no eran suficientes, la directrix traería a todas las Elegidas.

El doc humano había sido nombrado jefe absoluto de la vertiente médica de la operación. Manello sólo había preguntado: “¿Qué puedo esperar encontrarme?”. Cuando Wrath le había respondido: “De todo. Heridas de bala. Cuchilladas. Quemaduras. Fracturas. Electrocuciones”, el cirujano había exigido más pares de manos. Ningún problema. Fritz estaba ya de camino a la nueva clínica de Havers para traer al médico vampiro, junto con tres enfermeras de refuerzo, a la mansión. Con los ojos vendados. Havers se pondría a las órdenes de Manello por muy humano que éste fuera o Wrath se aseguraría de convertir la vida del maldito matasanos en un infierno ¿Captado? “Por supuesto, señor”.

Manello estaba en el centro médico de la mansión junto con Ehlena, disponiendo los boxes con toda la parafernalia necesaria como para atender un atentado terrorista junto con un terremoto mezclado con un incendio, a la espera de que llegaran Havers y las demás.

Atención médica posterior al operativo: preparada.

Su Beth seguía en la mansión donde habían acogido a las hembras y niños evacuados del Refugio, ayudando a Marissa a instalarles. La localización era algo alejada de Caldwell y aislada lo que, ahora mismo, constituía su mejor seguro de tranquilidad.

Civiles indefensos: protegidos.

Wrath tenía todos los posibles frentes cubiertos, incluidos los divinos. Todos los Hermanos y soldados de la casa conocían su papel. Las cartas estaban repartidas y sólo quedaba ver quién sacaba la mano más alta.

Hasta que los chicos y Xhex habían decidido enviar el castillo de naipes a tomar por el culo con su maldita ocurrencia.

-¡NO PUEDES PERMITIRLO! ¡No son Hermanos!

El grito cabreado de Rhage, acompañado de un puñetazo sobre su mesa, le sacó de sus cavilaciones de golpe. Aún sin ver al rubio, levantó la cabeza, enfocándole con sus ojos ciegos, guiado del olor a azufre que despedía Hollywood en todo su soberano mosqueo. Se notaba que el maldito hijoputa estaba recuperado al cien por cien de sus heridas y deseoso por entrar en acción con un billete de primera fila.

-Retírate.- ordenó en voz baja, acompañado de un gruñido y un destello de colmillos.

-¡Wrath, joder, no…!

El rey se levantó del butacón con un gesto de serpiente, aferrando instintivamente la camiseta de Rhage para pegar la cara a la del rubio.

-He dicho retírate de mi mesa.- el rugido que salió de su pecho silenció a todo el despacho de golpe, a excepción de un gimoteo procedente de George.

Rhage se tragó la rabia y dio dos pasos atrás. Wrath le soltó con un suspiro exasperado. A veces tenía la sensación de ser el macho búfalo en una competición por ver a quién de la manada le arrastraban más los cojones por el suelo. Apoyó los nudillos sobre su escritorio y los crujió, esperando hasta estar seguro de que nadie más abriría la maldita bocaza hasta que él lo hiciera. Satisfecho, inclinó la cabeza en dirección a los chicos y a la medio sympath.

-Volved a explicarme, de forma muy clara, qué mierda proponéis.- les gruñó.

Hubo bufidos y carraspeos en la sala, pero nadie interrumpió a Qhuinn.

-Blaylock y yo queremos ocupar el lugar de Vishous y Rhage contra Lash. Xhex y John nos ayudarían, en vez de Zsadist y Phury.

Más murmullos, arrastrar de pies y maldiciones entre dientes. Wrath paseó la mirada, sin ver, por todo el despacho abarrotado hasta lograr de nuevo un silencio aceptable.

-Como Rhage ha señalado, aunque a destiempo, no sois Hermanos sino soldados. Lash no es un restrictor meapilas, es el condenado hijo de un dios. Vishous y Rhage, junto con la trampa que le hemos preparado, son nuestras mejores opciones para enviarle de vuelta con su padre.- recuperó sus gafas y se las colocó con un suspiro- ¿Por qué creéis que tenéis alguna oportunidad?

Esta vez fue Blay quien habló, en voz baja pero igual de segura que su colega.

-Porque le conocemos bien, señor, y podemos conseguir descentrarle lo suficiente como para atacarle. Los hermanos Vishous y Rhage son más poderosos que nosotros- al menos, el chaval era realista-, pero para Lash no son personales. Contra ellos luchará concentrado y frío, con todo lo que tiene. Nosotros… los cuatro, somos una venganza personal para él. Podemos conseguir que cometa fallos.

-Maldita sea, chico, lo mismo se aplica al revés.- Wrath se pellizcó el puente de la nariz-. No tengo que recordar lo que os ha hecho ese hijo de perra a los cuatro ¿Os creéis capaces de no perder vosotros la puta cabeza cuando empiece a vomitar mierda por la boca?

-Sí. Somos capaces.- la voz de Xhex era fría y seca, igual que una pedrada-. Además, con todos los respetos, soy una sympath. Puedo leer sus emociones y anticipar sus movimientos mejor que un dragón y un lanzallamas.

-Cuidado, hembra…- Vishous era como un soplo de aire gélido.

Wrath levantó una mano para hacerle callar. No tenía tiempo para otra agarrada de pelos entre V y la sympath.

-¿John?- no era difícil imaginar lo que Lash ventilaría a los cuatro vientos en cuanto viera a Xhex. Tampoco costaba ponerse en el pellejo de su hellren en cuanto lo oyera. Ni siquiera Wrath podría refrenarse de entrar en berserk si tuviera delante al cabronazo que violó a su shellan.

Percibió los movimientos de las manos de John en el aire y, poco después, Qhuinn tradujo en voz alta.

-Dice que el deber de un hellren es respetar a su shellan y que eso puede implicar saber pasar página, si ése es su deseo.- el chico no pudo esconder la sonrisa de orgullo en su tono-. También dice que a veces un guerrero tiene que aceptar estar en segunda fila para que el equipo funcione. Ellos, Xhex y él, tuvieron su ocasión.

-¿Y ahora es la tuya y la de Blaylock?- Wrath siguió el hilo deductivo, asombrado por la madurez de John. Digno hijo de su padre, pensó, tanto del biológico y como del adoptivo. Siempre pensando en el equipo.

Oyó a Qhuinn removerse en el sitio, haciendo crujir el cuero de sus ropas.

-Con permiso, señor, pero… Lash es asunto nuestro.- los murmullos amenazaron con subir de volumen y el chico siguió hablando de prisa.- Entró en esta casa, jodiendo a todo el mundo, al mismo tiempo que nosotros. Puede que al final se haya convertido en un… mierda, en un aprendiz de brujo o algo. Pero para Blay, para mí y para John sólo es el hijoputa de Lash. Igual que para Xhex. Déjenos acabar lo que empezó con nosotros.

Y cerrar un ciclo. Muy a su pesar, Wrath le vio la lógica. Sintió un cosquilleo que recorrió sus huesos, el que acostumbraba cuando su intuición le guiaba por el sendero correcto, como si alguna diosa del destino le estuviera acariciando. La justicia poética del asunto estaba clara como el cristal, pero los chicos seguían siendo reclutas. Ni siquiera un Hermano normal, como Phury o Tohrment, podía medirse mano a mano con Lash, por eso V y Rhage estaban llamados a ser quienes llegaran a corta distancia del hijoputa.

-Entiendo vuestras razones. Pero seguís sin tener ni un jodido poder adicional que os dé alguna posibilidad contra Lash.

Gruñidos de asentimiento entre los Hermanos.

-Disculpe, señor, pero ya le herimos una vez, ¿recuerda? A las puertas del Refugio.- Blaylock siempre tan educado, maldita sea-. Sabemos cuál es su punto débil y la idea de las armas electrificadas fue nuestra.

Así que os jodan a todos, porque, en el fondo, cualquiera de vosotros tiene las mismas posibilidades que nosotros.

Eso no lo dijo, por supuesto, pero Wrath lo captó de perlas. A las mil maravillas. De hecho, no tenían ninguna garantía de que la mano de V pudiera freír a Lash ni de que el dragón el Rhage aguantara más de un par de asaltos… eso si no acababa por comerse al mismo Vishous en el fragor del combate. Por eso, por el “y si”, tenían preparadas las armas electrificadas. Que tanto podían usar los Hermanos como los chicos. Además, él continuaba con esa estúpida corazonada, la que le decía que sí. Que adelante. Que dejar que los cuatro se las pelaran contra un semidiós era lo que tocaba en ese momento, por suicida que pareciera.

La última vez que Wrath había sentido un tirón tan fuerte de su instinto había sido al decidir que Elizabeth Randall, una periodista medio humana, iba a ser su shellan le pesara a quien le pesara.

Enlazó las manos sobre el escritorio, dejó caer la cabeza y suspiró.

-Vishous, ármalos de pies a cabeza…

-Mierda divina.- Zsadist juró entre dientes.

-… tú y Rhage pasáis al escenario del túnel.- siguió diciendo.

-Wrath, no es prudente, son chicos.- a Phury se le notaba el “pero qué coño” en el tono.

-John se ocupará de activar el mecanismo y luego Xhex y él cogerán las ballestas con los virotes electrificados.- prosiguió.

-¡Esto es la polla! ¡La polla, joder!- Rhage se levantó, atronando con sus botas mientras araba el despacho arriba y abajo.

-¡¡¡SILENCIO!!!- Wrath dio tal grito que el sonido desapareció. Por arte de magia. Hasta George prescindió de su habitual gemido asustado-. Al próximo que me lleve la contraria lo dejo aparcado en casa. Es una orden.- añadió con la voz grave-. Los grupos quedan reestructurados. Qhuinn, te llevas el Hummer a los astilleros, será vuestro vehículo de evacuación.- luego se giró hacia los cuatro conspiradores silenciosos-. Quiera la Virgen, Dios o quien nos oiga que salgáis enteros de ésta o sino yo mismo os crucificaré. Largo de aquí. Id a armaros todos de una puta vez.

-Eh, ¿no os olvidáis de alguien? ¿De un sexy, poderoso y aburrido ángel con un par de manos extra?

Wrath se quedó con todos los músculos rígidos. Lassiter tenía el estúpido, jodido don de abrir la bocaza cuando menos querían escucharle. Pero también acostumbraba a dar en el clavo. Esa noche, todo par de manos afín a la causa podía ayudar, así que, si significaba tener a la puta lombriz con alas revoloteando aunque sólo fuera para poner vendajes, bienvenido fuera. Estaba a punto de decirlo en voz alta cuando Tohrment zanjó la cuestión con voz lapidaria.

-Antes muerto que tenerte pegado a mi culo en una misión.

-Tohr… -lo intentó, que no quedara.

-He dicho no, Wrath. No tienes ni idea de lo que es aguantarle las veinticuatro horas todos los malditos días como si yo fuera un crío incapaz…

-Es que eres un crío incapaz.- el tono de Lassiter sugería un cabreo muy real debajo de la apariencia de estar hablando del tiempo.

-… y no pienso aguantarlo cuando estoy trabajando. Si algo sé hacer es pelear. Lassiter no viene.

-Te arrepentirás de esoooooo, Culo Caídooooo.- canturreó el ángel-. Recuerda mis palabras cuando tengas que llamarme como a tu hada madrina.

-Basta. Los dos. Tohrment, te necesito centrado así que, si dices que Lassiter no va, fin de la discusión. Pero, por esta vez, creo que el pollo tiene razón.

Pudo oler la indignación del Hermano tanto como oyó las maldiciones de los demás. ¿Por qué coño él parecía ser el único, de entre todos los vampiros del mundo, que había pillado a la perfección lo de “Los tiempos están cambiando”?

Los pasos fuertes e indignados saliendo del despacho no se hicieron esperar, junto con el sonido de voces airadas discutiendo a gritos a medida que se alejaban. Wrath apoyó un codo en el escritorio y se masajeó la frente dolorida mientras con la otra mano rascaba la oreja de George, acurrucado a los pies de su sillón. Sólo quedó una presencia en el despacho, una que olía a cuero y a tabaco. Wrath oyó el sonido rasposo de un Zippo al encender un liado y luego una suave exhalación.

-¿Por qué no me has llevado la contraria?- tuvo que preguntar.

-¿Para qué? Eres el puto rey. Harás lo que te salga de los huevos.- Vishous inhaló el tabaco con la misma respiración serena.

-Vete a tocarle las bolas a otro, te conozco. Acabo de quitarte la presa de las garras y no has rechistado. Si no estuvieras de acuerdo con el cambio ahora mismo nos estaríamos sacando la mierda a golpes en la puñetera alfombra.- gruñó con cada palabra-. Has visto algo.

Tras un par de segundos de silencio exasperante, V volvió a soltar humo aromático.

-Puede.

Un día estrangularía a ese hijo de perra sólo por darse el gustazo.

-Escúpelo de una jodida vez.

-Nop.- los pasos de Vishous sonaron amortiguados sobre la alfombra, dirigiéndose a la puerta-. No hay que interferir en la rueda del destino, blablabla. Has aceptado el cambio, ahora no me busques para que te tranquilice asegurándote que has hecho lo correcto. Apechuga.

Decidido. Estrangular a Vishous acababa de colarse en su agenda como cita ineludible. Wrath se quedó solo en el silencio de su despacho después de que V cerrara la puerta, meditando mientras acariciaba al Golden Retriever.

Enviar a los chicos y a Xhex contra Lash era una maniobra a todas luces suicida, pero la intuición de que la raza se estaba jugando algo más que eliminar al malo era como una pulga insidiosa que no lograba sacudirse de encima.

Wrath tenía la sensación de que aquella noche los ojos de todos los antiguos guerreros de la Hermandad estarían fijos en los cuatro soldados.

Examinándoles.

OOO

-Otra vez con la mierda ésta.- Qhuinn gruñó mientras se ajustaba las cinchas del chaleco antibalas en la armería.

Por suerte, los que llevarían esa noche pesaban mucho menos que los que habían usado hacía casi un año atrás. Claro que eso tenía una pega: les protegerían menos. De hecho, los llevaban por si acaso volaba alguna bala perdida de algún tiroteo, no porque fueran a salvarles el culo en la pelea contra Lash. A aquel mamón no le paraba un chaleco.

-No te quejes, nosotros nos lo hemos buscado.

A su lado, Blay se metía una de sus Berettas del 40 en una de las sobaqueras y una Taser en la otra. Qhuinn hizo lo mismo con una de sus S&W favoritas del 45 y otra de aquellas pistolas eléctricas. Igual que John y Xhex. La hembra daba puto miedo, decidió, tan fría. Xhex taconeó un momento con las botas de trabajo, acuclillándose un par de veces para acostumbrarse a ellas. Eran de suela recia y aislante, pensadas para resguardar a un obrero de la construcción de electrocuciones por accidente. La Virgen quisiera que les protegiera a ellos cuando caminaran por un suelo de metal electrificado.

Qhuinn comprobó los gruesos guantes que usarían esa noche con un surco entre las cejas fruncidas. Llevaban malla de acero en la palma, ideal para sujetar las dagas sin que les resbalaran, y estaban acolchados con aislante por dentro. Lo necesario para esgrimir cuchillos electrificados sin carbonizarse hasta las pestañas. Hablando de lo cual…

-Aquí tenéis.- Vishous cogió una caja de su banco particular de McGuiver y la dejó sobre la mesa de la armería. La abrió con un gesto brusco y le entregó una daga a cada uno.

Qhuinn contempló la suya a la luz de los fluorescentes. El cuchillo no tenía nada de particular –aparte de haber sido forjado por V con buen acero-. Era idéntico a las dagas de recluta que manejaban ellos, pero el Hermano le había quitado las tiras de cuero trenzado en la empuñadura que facilitaban el agarre. En su lugar, llevaba un muelle de acero flexible enrollado, con algo parecido a una pequeña pila redonda pegada a la empuñadura.

-Es un condensador.- explicó el Hermano, señalando con la cabeza-. Cada vez que apretéis la pila, disparará una carga eléctrica que se transmitirá al muelle y, de allí, a la cruz metálica de la daga y a la hoja. Los guantes tendrían que protegeros a vosotros de la descarga.- apoyó las manos en las caderas, luciendo todo un jodido arsenal a través de la gabardina de cuero abierta-. Cuidado con los gestos inútiles. Tenéis cinco descargas cada uno. Más os vale haber liquidado a Lash antes de agotarlas.

-Lo haremos.- Qhuinn enfundó la suya con cuidado en el arnés del pecho, junto con la daga normal.

Meditaba si era la ocasión de pedirle disculpas a V por el episodio de la fragua cuando un “fiiiish” les hizo girarse hacia Xhex. La hembra comprobaba la tensión de la cuerda de una ballesta de mano.

-Ojo con eso.- Vishous le dedicó una de sus mejores miradas del hombre de las nieves que ella devolvió con una ceja alzada, desafiante-. El percutor de la ballesta lleva otro condensador para electrificar los venablos. Si aprietas el gatillo sin querer perderás una carga. Igual que las dagas, sólo tienen cinco cada una.- señaló la otra ballesta, que John sacaba del armario con cuidado.

-Será suficiente.- Xhex apoyó el trasto con la punta en el suelo.

-Si tú lo dices.- V se encogió de hombros, como si le importara tres mierdas que la hembra decidiera despeñarse. Aquel par se respetaba, pero Qhuinn sospechaba que jamás podrían intercambiar más de tres frases sin que el fantasma de las navidades pasadas, en la forma de Butch, se agitara entre ellos. Lástima- ¿Cargadores?

Todos negaron con la cabeza. Llevaban munición normal encima como para volar el puto Empire State a balazos pero Qhuinn seguía sintiéndose desnudo. Y nervioso como si estuviera a punto de salir a un patíbulo que, más o menos, era lo que les esperaba.

A través de la distancia que les daba estar en el sótano escucharon, de lejos, el rumor del gigantesco extractor de la cocina poniéndose en marcha sobre sus cabezas. Normalmente, era el sonido que anunciaba el inicio de las conversaciones, las risas y la Primera Comida. Esa noche, a Qhuinn le pareció el disparo de un pelotón de fusilamiento.

Empezó a sudar bajo el chaleco y, para distraerse, se ajustó en el oído el intercomunicador que les mantendría conectados con Butch. El poli no podía meterse en el lío desde el primer momento porque no podría resistir el “tirón” de su don para aspirar restrictores. Les sería más útil a todos si se mantenía fuera, junto con De la Cruz, como elemento móvil. Muy a su pesar.

-¿Lo tenéis todo? Largaos a vuestro puesto.- Vishous se volvió sobre su hombro cuando ya estaba saliendo del cuarto-. Y hacedlo bien.

Los cuatro permanecieron un momento en el silencio de la armería, mirándose unos a otros. Ahora parecía una buena ocasión para el clásico discursito de Aragorn a la puertas de Mordor, del tipo “Pudiera llegar el día en que el valor de los hombres decayera, pero hoy no es ese día”.

Por desgracia, la vida real no era épica y Qhuinn tenía la boca tan seca como la suela de las botas.

Los cuatro podían morir, esa podía ser la última vez que se vieran con vida, juntos, y no se le ocurría qué mierda decir. Sólo que se moría por abrazar a Blaylock, por besarle y hacerle el amor ahí mismo, sobre la mesa de la armería, por si era la jodida última vez.

Xhex alargó la mano hacia él y, por acto reflejo, Qhuinn le ofreció la muñeca. La hembra le dio un apretón seco y fuerte, profesional.

-Suerte para todos.- le soltó para estrechar la muñeca de Blay y luego se colocó la ballesta sobre el hombro, indicando a John la puerta de salida- ¿Vamos? Os esperamos fuera.

Como si hubieran quedado para unas copas en vez de para una matanza. John sonrió y meneó la cabeza, siguiendo a su shellan. Joder qué afortunado era su amigo con una hembra así.

Qhuinn se giró hacia Blay, pero no llegó a enfocarle con claridad. Su chico le cogió la cara con las manos y le comió la boca. Sin preámbulos. Con la misma necesidad nacida de la desesperación que él venía sintiendo. Con idéntico anhelo de pegarse un poco más de calor a la piel antes de arrojarse de cabeza a una posible muerte. Es lo que debía ocurrir en los campos de batalla, pensó Qhuinn, por eso había burdeles. Adrenalina y necesidad de consuelo, falso o real. Por suerte, el suyo era de los últimos.

Cerró la puerta de la armería con la mente, levantando ecos metálicos, aferró la gabardina de Blay por los hombros y le empujó hasta estrellarle contra una rejilla de donde colgaban armas. Besándole o mordiéndole, no lo distinguía. A pesar del cuero, percibió que Blay la tenía tan dura como él y mandó la prudencia al carajo cuando su chico gimoteó en su boca al sentirle.

No dejaron de besarse mientras se bajaban las cremalleras de los pantalones. Tampoco cuando se liberaron el uno al otro, jadeando como animales en celo. Siguieron con las bocas juntas mientras se masturbaban con violencia, tirándose del pelo. No fue dulce ni sensual, sólo desesperado, a tirones. Cuando se corrieron, Blay echó la cabeza hacia atrás, contra la rejilla de armas, y Qhuinn la dejó caer en su hombro.

-Cuídate, joder.- jadeó, restregando la cara contra el cuero de la gabardina de Blay mientras le recolocaba en los pantalones-. No te hagas matar… por demostrar… ninguna mierda.

No ahora.

-Tú tampoco.- la mano de Blay en su nuca le acarició al tiempo que le arreglaba de cintura para abajo-. Ni se te ocurra… creer… cualquier idiotez que suelte Lash.

-No lo haré.

Pero dolerá, Qhuinn lo sabía. Se miraron a los ojos un momento robado más, sin “te quieros” ni estupideces que, a esas alturas, estaban de más. Luego Blay se separó, empujándole, y le pasó un brazo por los hombros.

Así salieron de la armería. En silencio.

OOO

-Nos vemos en un rato, leelan.

Rhage se agachó para depositarle un largo beso en los labios, cargado de sentimiento a pesar de la frase casual de despedida. Siempre le decía lo mismo, como si ir a jugarse la vida en las calles fuera tan normal como despachar de cajero de supermercado.

-Ten mucho cuidado afuera… por favor.

Mary apretó los labios cuando Rhage se separó para inclinarse sobre la cuna para besar la pelusilla de Ahna. La pequeña estaba de pie en el colchoncito, rodeada de peluches, y ya había aprendido a aferrarse a los barrotes para poder observar por encima de la baranda de la cuna.

-Sé buena, enana, ¿sí?- Rhage le dio dos golpecitos con el dedo en la punta de la nariz, guiñándole un ojo, y la niña dejó ir una cascada de gorgoritos, levantando los brazos para que él la cogiera-. Ah, eres muy pilla, ¿eh? Ya queriendo que llegue tarde al trabajo, parece que nacéis enseñadas. Cuando vuelva jugaremos con la pelota, ¿vale?

Mary no se movió de donde estaba, de pie con las manos enlazadas nerviosamente. Sin coger a la pequeña, que les miró decepcionada por no estar ya en unos brazos cálidos a pesar de su despliegue de encantos. Rhage se alejó de la cuna y la miró un momento en silencio, como a punto de decir algo. Después se inclinó para un beso rápido y salió de la habitación sin añadir nada. Sólo los gorgojos de Ahna intentando atraer su atención.

Entonces vino el pánico.

Rhage había encajado con Ahna desde el mismo segundo que volvió a casa sabiendo que la niña ahora dependía de ellos. En los dos días transcurridos desde entonces, Mary asistió al increíble espectáculo de ver cómo un guerrero gigantesco que podía partir cuellos con las manos desnudas se transformaba en padre. Cogía a la niña en brazos, la lanzaba por los aires, la ponía boca abajo, se tiraba en el suelo y fingía la voz de pito de su osito de peluche. La tumbaba desnuda en la cama y le hacía cosquillas en la tripa hasta que Ahna parecía una bombilla al rojo de tanto reír. La acunaba para dormirla y se despertaba durante el día si la criatura lloraba.

Incluso la había ayudado a bañar a la niña, una vez que se dio cuenta de que no le iba a romper todos los huesos por frotarle la cabecita con una toalla. Insistió en aprender a darle el biberón y Mary les había hecho una foto con la niña durmiendo encogida como una pelotita en el hueco de su brazo, con la barriga bien llena y suspirando de gusto. Ahna idolatraba a su padre. Rhage adoraba a su hija y a su shellan.

Mary era incapaz de ser madre, ni siquiera adoptiva.

Siempre había dado por sentado de que sus instintos maternales saltarían en cuanto tuviera a su bebé en brazos, como le ocurría con cualquier criatura que trataba. Desde luego, antes del cáncer creyó que sería un niño de su carne y de su sangre. Después, al casarse con Rhage sabiendo que no tendría hijos biológicos, fantaseó millones de veces con la adopción. Mary había cuidado niños, atendía a los del Refugio y se deshacía cada vez que veía una madre con un bebé. Creyó que albergaba la generosidad y el amor suficiente en su interior como para sentir como propio a cualquier niño que adoptara, fuera guapo, feo, tranquilo o llorón.

La peor decepción del mundo llega cuando no estás a la altura de la imagen que tienes de ti misma.

Porque lo cierto es que, pasados los primeros instantes en que Ahna era un bebé bajo su cuidado temporal, cada vez que la miraba sabiendo que ahora era su hija, veía a una desconocida. No acababa de acertar con la temperatura del biberón y siempre tenía que calentarlo de nuevo mientras la niña se quejaba de hambre. Cuando lloraba, la mayoría de las veces Mary no sabía por qué. Cuando Ahna la miraba con esos enormes ojazos llenos de inocente confianza, como si le dijera “sé que tú me vas a dar lo que necesito”, ella no tenía ni idea de qué le pedía. El paso de “bebé desprotegido a cuidar unos días” a “hija” era demasiado absoluto.

Esa noche era la primera vez, desde que Ahna llegó a la mansión, que se quedaba a solas con ella. Y estaba aterrorizada ante su propia incapacidad para sentir aquella punzada, mezcla de ternura, fiereza y devoción, que todas las mujeres con hijos aseguraban que era la base del amor más grande y universal: el de una madre por su hijo.

Ahna dio un pequeño chillido, saltando en la cuna sobre sus piernas regordetas para que ella la cogiera. El nudo en el estómago de Mary se apretó más.

¿Y si Rhage no volvía? ¿Si, después de su insistencia en ser madre, Mary perdía al único ser con el que sí sentía ese vínculo total para quedarse con un bebé a quien no entendía? ¿Y si esa incapacidad para amar a Ahna era su castigo por haber deseado la maternidad hasta el punto de que una hembra inocente muriera para dejar a un bebé huérfano?

El chillido de Ahna se convirtió en un gimoteo lloroso y Mary se pasó las manos por la cara, acongojada.

-¿Mary? ¿Podemos pasar?

La voz de Bella al otro lado de la puerta de la habitación le arrancó un suspiro de alivio. Acudió a abrir prácticamente de un salto. Su amiga tenía la preocupación por Zsadist escrita en el rostro pálido, pero sostenía a Nalla contra su pecho, frotándole la espalda regordeta. Mary se hundió un poco más en su propia desesperación al comprobar que la simple visión de Nalla le arrancaba más fácilmente una sonrisa que su hija extiendo los bracitos en la cuna.

-Como la noche va a ser larga para nosotras, pensé que a lo mejor podíamos hacernos compañía.- Bella besó la cabecita multicolor de Nalla mientras hablaba-. Las niñas están más tranquilas juntas.

Y yo también. Mary asintió, sorbiendo por la nariz mientras le abría la puerta. Ahna cambió los gimoteos por chillidos entusiasmados en cuanto vio a Nalla.

-Claro, pasa, Bella.

-Eh, ¿estás bien?- su amiga dejó a Nalla en el suelo para apoyarle las manos en los hombros, mirándole con el ceño fruncido. A Dios gracias, malinterpretó en parte su estado nervioso-. Rhage volverá. Y Zsadist también. Serán prudentes.

Mary sólo asintió mientras se sonaba la nariz en un pañuelo. Dejó que Bella sacara a Ahna de la cuna, murmurándole mimos, para que gateara con Nalla.

Soy una cobarde egoísta.

OOO

Solo en su despacho, Wrath se mantuvo en una completa inmovilidad tensa, con las manos cruzadas sobre la mesa, a la espera de la señal. Ya no le quedaban más teclas que pudiera tocar para inclinar la balanza de las posibilidades a favor de su gente. Havers y las enfermeras habían llegado y el centro médico de la mansión esperaba. Las Elegidas esperaban. Los Hermanos y los soldados le habían ido enviando un “en posición” cada vez que ocupaban los puestos designados.

La voz metálica del reloj parlante de sobremesa anunció las “once y media de la noche” y Wrath asintió para sí. Hora de empezar. Pulsó el número 1 del teclado, llamando al número que V le había dejado memorizado.

-Saxton.- contestó la voz del abogado.

-Entra.

No había necesidad de más órdenes.

Sólo cabía esperar. Y Wrath lo odiaba.

OOO

En su mansión, Eckle contempló de reojo el caro reloj de porcelana de encima de la chimenea, infinitamente fastidiado por la visita que le esperaba. No podía importarle menos firmar la maldita escritura de la cabaña que había comprado para Lash, pero era una formalidad inevitable. Sobretodo cuando su primo, el chupatintas de Saxton, había mediado en la compra.

Además de gay y una vergüenza familiar, el abogado era un auténtico quisquilloso del papeleo.

Chasqueó la lengua y se sirvió dos dedos de Glenfiddich en un vaso ancho, con un cubito de hielo. Los puristas del whisky escocés le asesinarían por ello pero el calor de julio era difícil de soportar, se dijo. Meneó el vaso, haciendo sonar el cubito, tremendamente agradecido por la calma de la que había disfrutado esos últimos días.

Lash parecía haber encontrado alguna ocupación que le distrajera de su perenne estado de hastío vital. Quizás alguna otra hembra a la que arrancar el corazón. Eckle sorbió un poco de whisky con un escalofrío. Fuera lo que fuere, verse libre de su maligna presencia le ayudaba a centrarse en sus tareas presentes. La recuperación de su herencia tras los tres meses en el limbo era cosa hecha, así como la asunción del puesto de su padre en el Consejo del Princeps, cuando éste se celebrara.

Y, hablando del Consejo, también tenía lista su denuncia contra Qhuinn por ataque injustificado a un heredero de la glymera. Si el malnacido de su hermano creía que se libraría después de haberle partido la nariz unas noches atrás, estaba muy equivocado. La herida ya había sanado, por supuesto, pero Eckle se aseguró de hacer llamar a una enfermera para que le atendiera y rellenara un informe con la descripción de su lesión. También obligó a su joven doggen a firmar una declaración según la cual había presenciado la injustificada y brutal agresión del tal Qhuinn a su amo. Su querido hermanito no le había atacado en cumplimiento de su labor como ahstrux nostrum, así que Eckle pensaba reclamar justicia.

No la pena de muerte, claro está, no había causa suficiente. Pero sí un periodo de servidumbre a sus órdenes como compensación, durante el cual Eckle se aseguraría de que Lash pusiera las manos encima a su hermanito y le hiciera desaparecer sin testigos.

Fácil. Legal. Incontestable.

¿Acaso los gorilas involucionados de la Hermandad pensaban que sólo se podía luchar con dagas? Eckle no podía esperar a que el maldito rey convocara el atrasado Consejo del Princeps.

Ding-dong.

Puso los ojos en blanco y suspiró. Por fin el tarado de su primo se dignaba a aparecer. Ni siquiera se movió de cómo estaba, de pie ante el mueble bar del salón con el vaso en la mano, ofreciendo la espalda mientras la doggen abría la puerta. Muchos “buenas noches”, “por favor” y “gracias” educados con esa voz insoportablemente melosa de Saxton. Aunque creyó percibir un deje de premura.

-Buenas noches, Eckle. Disculpa mi retraso.- se giró por encima del hombro al escuchar a Saxton en el salón-. Mi primo me ha trastocado los horarios.

Eso sí consiguió que se diera la vuelta. El abogado lucía uno de sus trajes grises hechos a medida, como si fuera un auténtico miembro de la glymera en vez de un infame sodomita… como Qhuinn, a juzgar por los rumores que corrían como la pólvora. Ya era lo único que le faltaba a aquel maldito deficiente.

Eckle asintió hacia la mesa de caoba cuando Saxton hizo un gesto con su cartera de piel. El abogado la abrió con dos clics apresurados y sacó varios legajos de papel cuidadosamente sujetos por clips.

-¿Y qué le ocurre a mi… hermano?- hizo el doble esfuerzo de pronunciar la palabra maldita sin atragantarse con bilis y de aparentar que la respuesta le traía sin cuidado.

Saxton hizo un gesto con la mano, restándole importancia al asunto, mientras ordenaba las copias de la escritura.

-Nada en absoluto, trabajo de la Hermandad. Debía verle hoy para arreglar cierto… asunto. La pertenencia del soldado Blaylock, hijo de Rocke, a su propia nueva familia.- le miró un instante, inclinado sobre la mesa-. Confío en tu discreción al respecto, primo.

-Por supuesto.- asintió con magnanimidad, tragándose el enojo por la cháchara de Saxton mientras calculaba el rédito social que podía extraer de esa información. Así que Qhuinn adoptaba a la oveja descarriada de su amiguito del alma. Que te apuestas a que ahora eran algo más que amigos.

Disimuló una mueca de asco ante la imagen mental bebiendo otro sorbo de escocés aguado y extrajo su propia pluma del bolsillo de la americana cuando Saxton le señaló los documentos a firmar.

-¿Y?- inquirió con disimulo.

-¿Discúlpame?- el otro enlazó las manos con su acostumbrado aire suave.

Apretó los labios, impaciente.

-¿No decías que Qhuinn te había alterado los horarios? He tenido que esperarte como consecuencia de ello, merezco una explicación.- Eckle se cuidó de hablar con el adecuado hartazgo mientras estampaba su firma en los papeles.

-Tienes razón.- concedió el otro con una sonrisa de excusa-. Al parecer, la Hermandad en pleno tiene trabajo de gran calibre esta noche. Qhuinn estaba muy satisfecho de que le hubieran incluido en la operación, no tenía tiempo para atenderme.

Eckle estuvo a punto de levantar la cabeza con la rapidez de una comadreja al escuchar aquello, pero su educación de décadas le ayudó a mantener la fachada de indiferencia, revisando que todas las hojas estuvieran firmadas. Cuadró los papeles y se los devolvió al abogado, procurando mantener una expresión de agradable compadreo.

-Entiendo. Tengo previsto desplazarme esta noche por la ciudad y no resultaría grato encontrarme en mitad de un incidente violento ¿Sabes qué zona he de evitar?

Saxton no le respondió al instante, concentrado en revisar escrupulosamente las malditas firmas hasta que Eckle estuvo tentado de abofetearle.

-Sí, está todo correcto. Con esto hemos acabado la compra de la pequeña propiedad.- levantó la vista y pareció darse cuenta de que él seguía esperando una contestación-. Ah, sí. No debes preocuparte, primo, dudo que tus quehaceres te lleven al barrio industrial. Tengo entendido que es un vecindario humano poco recomendable.

Eckle sonrió como un depredador, meditando si podía echar a Saxton de su casa a patadas de una maldita vez.

-Ciertamente. Pero me aseguraré de dar un rodeo.- extendió la mano, obligado por la educación, y soportó el apretón profesional de su primo-. Lamento no poder ofrecerte nada de beber, pero me espera una noche ajetreada.

Saxton ya estaba cerrando de nuevo su cartera y meneaba la cabeza. Eckle jamás había podido soportar esa espesa cabellera rubia. Era un insulto a la masculinidad, al menos a la suya.

-No te lamentes, mi agenda también es apretada. Si estás interesado en adquirir alguna otra propiedad, sabes dónde puedes encontrarme.

-Lo recordaré.

Eckle casi aulló, triunfal, cuando la doggen despidió a Saxton en la puerta. Pagó su impaciencia con la joven hembra, gritándole que se encerrara en la cocina y dejara de ofenderle los sentidos con su presencia. Luego cerró las puertas del salón y se paseó de un lado a otro, frotándose las manos.

Sabía dónde estaríala Hermandaddela Daga Negraen pleno, junto con el maldito de Qhuinn, esa noche.

El secreto mejor guardado del mundo, dónde encontrar a aquellos inútiles hormonados, depositado en sus manos. El barrio industrial… Si no recordaba mal el mapa de Caldwell, porque jamás había puesto un pie en aquel estercolero, era bastante grande. Pero no para Lash, suponía. Podía servirle a sus odiados Hermanos y a Qhuinn en bandeja de plata y acabar esa misma noche con su venganza. Eckle sería libre de la rémora de su hermano tarado y de la urticante presencia de Lash.

Sólo tenía que convocarle.

¿Qué le había dicho? Que le oiría si le llamaba. Eckle era lego en los trucos mágicos de Lash, y pensaba seguir así, pero suponía que su conexión tendría algo que ver con los meses pasados bajo el hechizo de su primo.

Cerró los ojos y se obligó a tomar unas cuantas respiraciones profundas hasta que su corazón se calmó, sintiéndose un profundo imbécil por verse abocado a aquel ejercicio parapsicológico. Visualizó la tétrica figura de espectro humeante de su primo, concentrándose en los espeluznantes colmillos materiales y en la negrura de sus ojos.

Entonces lo sintió. El mismo helor de ultratumba que despedía Lash se enroscó a su alrededor, arrancándole temblores.

-Tengo información para ti… Si me oyes, sé dónde está la Hermandad. Y Qhuinn.- murmuró entre el castañeteo de sus dientes.

Permaneció un momento más con los ojos cerrados y estaba a punto de decidir que la línea directa estaba fuera de cobertura cuando la temperatura del salón se desplomó. Abrió los ojos pero sólo vio negrura, un denso manto de oscuridad que sofocaba la luz de las lámparas. Un jirón negro y maloliente a moho dulce se desprendió de las tinieblas, una pesadilla que parecía salida del mismo Dhund.

-Habla. Y más vale que sean verdades o te despedazaré el corazón y me lo beberé mientras late.

Lash estaba de peor humor de lo habitual. Y eso era malo. Muy malo.

OOO

Saxton no empezó a temblar hasta que tomó forma en su refugio secreto, al percibir el contraste entre lo apacible de sus queridas estatuas y dibujos y el peligro que podría haber corrido.

Él no era un guerrero de aceros, sólo de pluma e ingenio. Pero había cosas que cualquiera debía hacer por la raza.

Mandar a Lash definitivamente al infierno, borrar la maldita sonrisa de superioridad de la cara de Eckle y asegurar un futuro para Qhuinn y Blaylock eran algunas de ellas.

Sacó el móvil con manos temblorosas y marcó el número de teléfono que le habían proporcionado.

-Hecho.

-¿Ha picado?- la voz del Rey era un gruñido.

-Sí, diría que sí.

Wrath colgó. Ni “bien” ni “gracias”. Paso directo a la siguiente fase. Esa noche se jugaban demasiadas vidas a la ruleta rusa como para andarse con gentilezas.

Saxton se dejó caer en su cama con un suspiro y se quedó con la vista fija en el techo, intentando imaginar a Blaylock y su primo en el fragor del combate.

Protégeles, dulce Virgen en el Fade. No siegues sus vidas, no ahora. Deja que vuelva a ver a Blaylock con vida, aunque sea desde lejos.

Cuando llegaba la hora de las balas y los cuchillos, a los machos como él sólo les quedaba rezar.

OOO

Lash estuvo a un mísero pensamiento de destripar a Eckle y reducir su casa a cenizas.

Sólo porque estaba insana, bestial y descerebralmente cabreado. Del tipo de pasearse por la puta Caldwell Avenue y hacer estallar a todo maldito homo sapiens con que se cruzara hasta hartarse para luego romperles los cuellos a los siguientes, arrancarles los pulmones y seguir avanzando hasta dejar un rastro de sangre y desolación.

El único punto positivo de esos días pasados era que sus Bloods por fin habían entrado en vereda y hacían lo que se esperaba de ellos: estarse quietecitos y vender armas para cobrar pasta. Lash sabía que esa noche cerraban la última operación, en los talleres de reparación de trenes del barrio industrial.

A parte de eso, lo demás era un puto rosario de desgracias: era incapaz de sentir a los restrictores generados por su padre a menos que el Omega estuviera practicando una inducción en masa, lo cual no era el caso. Y buscarlos pateando calles tampoco daba resultado; la presión policial habría empujado a los no muertos que quedaban entre los AKG a sus madrigueras.

Tampoco localizaba a ninguno de esos jodidos hijos de perra de la Hermandad. La clínica de Havers había sido trasladada a algún lugar secreto, el Refugio también, el IronMask estaba cerrado y desconocía las nuevas direcciones de la nobleza, así que no podía perpetrar ninguna matanza de civiles para hacer salir a la Hermandad del cubil.

Lo que, además, le dejaba sin ninguna granja de recolección de hembras vampiro que, una vez convertidas en no muerto, eran su nuevo sustento.

Un alimento que necesitaba como ya para reponerse de la merma de energía que le había supuesto crear a la última hornada de restrictores que había elevado hasta veintiuno el número de no muertos entre los Bloods. Lash pensaba que el agotamiento se le pasaría en unas horas pero, ah, sorpresa. Él no era papaíto. Necesitaba sangre para volver a estar listo para el Rock&Roll.

Y ese punto le devolvía a la razón de sus ansias febriles de cometer una cadena interminable de homicidios.

Ahna no estaba.

La única hembra restrictora de la que disponía –una vez que ya se había papeado a Martha-, no le esperaba amorosamente en la cabaña que Eckle le compró. Lash se había quedado plantado en el sótano de aquella choza como un auténtico subnormal, intentando entender por qué una diminuta hembra civil no estaba en el hechizo de aislamiento donde la había confinado porque el tres veces maldito hechizo también había desaparecido.

Además de sentir que alguien le había tomado el pelo, la mierda le recordó demasiado a lo de Xhex. Esa herida aún escocía. Joder, había tenido grandes planes para esa zorra pero, de algún modo, ella había roto su prisión para ir a ofrecer su coñito a John Matthew. Figúrate. Pero Xhex era una guerrera y por entonces él había estado débil, a medio transformar. Ahna era una mierda civil e igualmente no estaba. Sólo quedaba una explicación posible: alguien la había liberado. Entendiendo “alguien”, seguramente, como la puta Hermandad y sus jodidos soldaditos. De hecho, no sentía la presencia de Ahna por ninguna parte, así que la habrían exterminado. Del todo, O’Neal mediante.

Lash se acababa de quedar sin comida, sin coño y con cara de idiota mientras los cretinos de la Hermandad, su primito, su agujero pelirrojo, la puta de Xhex y el mudo bien follado por el culo de John se partían la caja a su costa.

La cabaña de madera había ardido por los cuatro costados esa misma noche, sin que Lash fuera consciente de haberla quemado. Se convirtió en una pira que crepitaba contra el cielo del anochecer, quebrándose y hundiéndose demasiado pronto.

A Lash le quedaba mucha mala hostia que desfogar cuando Eckle le llamó.

A esas alturas, con la imagen de los cuatro hijos de puta bien sonrientes fresca en su cerebro, le importaba dos huevos si pulverizaba a Eckle como psicoterapia, pero el estúpido pronunció las únicas palabras que podían salvar su miserable existencia: Hermandad y Qhuinn.

Escuchó sus balbuceos mientras casi se meaba encima, sobre la alfombra de seda, explicándole lo que Saxton le había revelado como confidencia. Una supuesta operación de la Hermandad en el barrio industrial, a lo grande.

Barrio fabril. Bloods. Su tropa. La única que tenía. Que estaban vendiendo armas en un taller de trenes.

Genial. Justo lo que necesitaba para rematar la puta noche. Esos cabrones de los Hermanos no sólo habían liberado a Ahna sino que ahora iban a borrar del mapa a sus restrictores. A Lash no le quedaría ni el consuelo de que su fuerza vital volviera a sus venas, porque la Hermandad tenía a Butch O’Neal, alias el Exterminador de Verdad de la Buena.

Odiaba ir al rescate. En serio. Eso lo hacían los héroes y él era el jodido malo de la película. Pero salir a proteger el negro culo de sus restrictores tendría un punto positivo: pensaba despedazar a la Hermandad entera. Luego inmovilizaría a John y le obligaría a ver cómo se follaba a Xhex antes de arrancarle el corazón. Y le metería una barra por el culo a Blay para que Qhuinn viera cómo moría empalado, como buen maricón, antes arrancarle las tripas a su primo.

Cuando acabara, disfrutaría del postre. Cogió a Eckle de la pechera de la camisa y lo levantó del suelo con una sola mano, acercándoselo a la cara.

-Si descubro que es una trampa o que estás colaborando con la Hermandad, volveré aquí y te arrancaré la garganta.

Le mordió el cuello como un latigazo, asegurándose de desgarrar carne, y dejó a Eckle tirado contra la mesa del salón, chillando como un puerco desangrándose mientras su sensor interno localizaba a su Primer Restrictor, Jay-O, al sur del barrio industrial.

OOO

-No me gusta, O’Neal.- José de la Cruz observaba la enorme mole de los antiguos astilleros fluviales con los prismáticos y el ceño fruncido.

-Ya somos dos.

Butch juró entre dientes, bajando sus propios prismáticos, y echó una ojeada al entorno. José y él estaban apostados junto al Escalade y el coche del mexicano. A su espalda se alzaba la mole de acero del Glenwood Bridge, que conectaba con la orilla norte del río y el barrio industrial. En la oscuridad absoluta bajo el puente, Butch distinguió el Hummer negro de Qhuinn aparcado.

A su derecha tenían la masa grisácea del Hudson y, a la izquierda, un bosquecillo de mierda que ocultaba los coches. Enfrente podían ver, de perfil, la gran nave central de los antiguos astilleros. Tenía dos puertas gigantescas, una trasera –el acceso por tierra- y otra delantera –la salida directa al río de los barcos que antaño se construyeron allí, mediante raíles que se internaban en el agua-.

Alrededor, el abandono de las atarazanas había dejado un paisaje de grúas enormes oxidadas que semejaban las patas retorcidas de algún insecto, junto con contenedores portuarios inmensos, ahora vacíos. Todo un menú de lugares tras los que podía ocultarse una banda entera armada hasta las trancas.

El escenario quedaba rematado, en la parte más cercana a la ciudad, por unas vías del tren –en uso- fáciles de cruzar y porla East CarsonStreet, la prolongación natural de Trade Street.

Butch se habría dejado torturar antes de escoger semejante coladero como lugar para una batalla, pero ninguno había tenido elección. Para atrapar a Lash necesitaban un lugar solitario que tuviera el suelo de metal, con el objetivo de evitar que se desmaterializara por ahí. El único disponible, si no querían perder días enteros construyendo uno a propósito, era el astillero.

-Mierda.- juró entre dientes, volviendo a ajustarse los prismáticos.

Por ahora no se apreciaba movimiento, pero saber que dentro de aquella nave estaban los chicos y Xhex, solos, le ponía los pelos de punta. Más cuando él estaba obligado a plantar su culo lejos de los escenarios de combate porque sino en cuanto percibiera un restrictor sería todo “grrrrr-brrrrrrr-a-por-él” y adiós a la sorpresa. Su don-maldición era una soberana putada cuando tocaba reprimirlo. Sólo podía servir de enlace y esperar a que se desatara el infierno para ver cómo podía ayudar.

Él y De la Cruz.

Su ex compañero tenía el mismo aspecto que cuando preparaban un asalto con los SWAT: el ceño oscuro fruncido, el mostacho moviéndose mientras masticaba un chicle, una mano en la cadera y otra en los prismáticos, con el chaleco antibalas y la placa colgando del cuello, en mangas de camisa remangadas. Había cambiado su mierda de reglamentaria de nueve milímetros por su arma personal, una Walther P99 del 40 y, por si acaso, de su cinturón colgaba un cuchillo de caza.

El papel de José en aquello era, a priori, el más sencillo: observar y decidir a dónde enviaba a los antidisturbios, las lanchas deSalvamento Marítimo y a todo poli de servicio esa noche. Aprovecharían para desmantelar por completo las bandas humanas, no fuera a ser que al Omega se le volviera a ocurrir buscar candidatos a restrictor entre ellas.

-¿El comisario picó en lo del soplo?- le preguntó en voz baja. José había asegurado a su jefe que tenía un confidente que podía guiarles a donde estarían las bandas esa noche, para descabezarlas.

-A medias. El muy cabrón enviará a los hombres a donde yo les diga, pero según lo que ocurra no me libraré de un tercer grado.- torció el bigote-. Como todo, dependerá del éxito. Si envía a los chicos y no hay nada, o es una trampa, acabaré picando piedra en trabajos forzados. Si llenamos los furgones con pandilleros detenidos para mayor gloria del comisario y del alcalde, nadie se acordará de preguntarme de dónde saqué la información.

Política, claro. Butch había olvidado esa parte de su antiguo trabajo.

-¿No preferirías estar apostado cerca de los talleres ferroviarios? Allí está tu informático.

Butch frunció el ceño. Desde que habían llegado a su posición, hacía cinco minutos, no podía evitar la sensación de que algo andaba mal con V. Y eso que el de las premoniciones era su macho, no él. Quizás era cosa de los nervios.

-En el túnel sólo esperamos que haya restrictores de los Bloods. Vishous y los demás podrán darles pasaporte bastante fácilmente. Pero aquí vendrán Lash y los latinos, tanto humanos como restrictores. Si Lash no se cepilla a los humanos, habrá que llamar a la poli para que venga a detenerles. Los chicos no pueden estar preocupándose de pandilleros humanos, ya tendrán bastante con Lash. Necesitarán que les echemos una mano para mantener a los humanos lejos de su zona de combate.

-Ya.- José se volvió hacia él- ¿Y has pensado dónde estarán los Bloods que aún son humanos, los pandilleros normales que no participarán en la parte de la trampa del túnel?

-¿Qué quieres decir?- Butch frunció el ceño, girándose muy despacio hacia su antiguo compañero.

-Quiero decir que los Bloods saben que todos los latinos vendrán a estos astilleros. Y su jefe, muerto o no, es un pandillero. Su aspiración sigue siendo machacar a los rivales.- los ojos de José eran pozos de astucia de años- ¿Quién te dice que no enviará a todos sus miembros humanos aquí para acabar con los latinos por si vuestro Lash no hace el trabajo?

Mierda. Dos veces mierda. Butch parpadeó, deseando darse de cabezazos contra el Escalade. Tanto planificar, tanto construir armas especiales para acabar olvidándose de la forma de pensar de un simple humano.

-Si se nos juntan aquí los latinos y los Bloods humanos será una masacre. Tendremos que llamar a la poli para que intervenga o pillarán a los chicos en fuego cruzado.- concluyó.

-Eso pienso.- De la Cruz volvió a su posición, controlando el entorno con los prismáticos a la escasa luz que les llegaba de las farolas del puente.

Butch empezó a calibrar posibles opciones, que no llegó a desarrollar. Su móvil vibró en el bolsillo trasero del pantalón y lo sacó de un manotazo. Mensaje de voz de Wrath, convertido en SMS: “Eckle ha picado. Veremos si Lash aparece”.

Aún estaba leyendo cuando De la Cruz le dio un puñetazo en el brazo. Sin separarse de los prismáticos, señaló hacia más allá de los astilleros.

Una docena de coches, muchos de ellos tuneados con luces en los bajos, bajaban por East Carson Street, a poca velocidad y en fila compacta, llamativos en la calle desierta en esa zona de la ciudad. Rodando despacio, abandonaron la calle para cruzar por los pasos a nivel de la vía férrea. Butch siguió las luces de sus faros hasta un bosquecillo ribereño, justo al otro lado de los astilleros.

-Los latinos han llegado.- resumió José-. A unos cinco por coche me salen setenta.

-Mierda puta.- Butch juró entre dientes cuando los AKG debieron empezar a salir de los coches.

Su radar de restrictores comenzó a pitar como un auténtico condenado, lo que equivalía a retortijones en las tripas, una migraña capaz de reventarle el cráneo y unas ganas locas de sacar sus dagas y sencillamente ir a por ellos. Estaban demasiado lejos todavía para saber con cuántos no muertos contaban los latinos, pero lo bastante cerca como para hacerle sudar bajo el cuero.

Alargó la mano al asiento del conductor del Escalade y cogió su transmisor de radio.

-Los latinos han llegado al escenario. Son unos setenta. Hay restrictores entre ellos, pero no sé cuántos. Eckle ya ha saltado. Manteneos en vuestros puestos.- susurró entre dientes.

Ninguno de los chicos podía responderles, porque sólo llevaban receptores, pero Butch supuso que agradecerían saber lo que ocurría fuera.

Mientras los latinos salían del bosquecillo donde habían aparcado los coches, meneando las linternas, Butch dio una ojeada alrededor. Quizás fuera el instinto de poli o no, pero algo captó su atención en la orilla norte del Glenwood Bridge. Faros de coches. Muchos y uno detrás del otro, circulando en su dirección cuando el resto del puente estaba prácticamente vacío de tráfico.

Se le heló la sangre en las venas.

-José…

-¿Mmmm?- su ex compañero seguía controlando la aproximación de los latinos a los astilleros.

-Pintan bastos.

Cumpliendo las predicciones de José, los miembros humanos de los Bloods llegaban para unirse a la fiesta.

OOO

En el interior de la cola de maniobras, bajo el taller de reparación de trenes, Vishous se obligó a estar mortalmente quieto en su oscuro escondite: un nicho del túnel donde antiguamente debió haber un extintor o un teléfono de emergencia. Desde su posición no veía ni a los gemelos –agazapados entre los raíles, bien pegados al suelo del túnel- ni a Rhage, acuclillado tras una antigua vagoneta.

La única luz procedía de dos fluorescentes anaranjados de emergencia en la parte del túnel más cercana a la red ferroviaria subterránea, que apenas iluminaba unos pasos. La práctica totalidad de la cola de maniobras era tan oscura como la tripa de una serpiente, lo cual formaba parte del plan pero acrecentaba la sensación de estar sentado sobre un cepo para osos.

En cambio, a los diecisiete restrictores que les rodeaban los olía a la perfección. Sin contar con los tres o cuatro que sabía que estaban dispuestos arriba, en el nivel de calle, que serían faena de Tohrment.

Sólo llevaban diez minutos allí, los justos para gruñir su acuerdo con los malditos no muertos, repasar el plan y tomar posiciones en las sombras. Los justos para decidir que, no importaba los giros que diera el destino, nunca jamás en toda su existencia volvería a colaborar con sus enemigos, aunque fuera un engaño temporal por necesidad. Los Hermanos mataban restrictores, no se compinchaban con ellos. Le dejaba un regusto sucio en la boca que esperaba que Lash pagara con su vida.

Hablando de Lash… Bajo tierra no tenían cobertura, así que nadie podía informarles de si el cabrón había mordido el anzuelo o no. Sólo quedaba esperar que apareciera.

La Glock estuvo a punto de escurrírsele de la mano derecha y V frunció el ceño. Joder, ¿qué mierda le pasaba? Iba lento de reflejos de la puta hostia y eso le puso un nudo de aprensión en el estómago. Lo único que tenía para salir de allí con vida eran sus reflejos y la sangre fría. No podía perderlos.

Parpadeó y sacudió la cabeza, obligándose a ejercitarse localizando a los restrictores distribuidos por el túnel para cuando pudiera ir a por ellos. De allí no saldría ni uno con (no) vida.

A pesar de su determinación, el primer disparo que sonó en el nivel de calle de los talleres le tomó por completa sorpresa. Joder, ¿estaba medio dormido? El tiro era la advertencia acordada cuando los restrictores situados arriba percibieran la llegada de Lash. Y él se había quedado apoyado contra la pared, en el estrecho nicho que ocupaba, atontado del todo. El ruido del disparo, aunque amortiguado por la distancia, se le clavó en la sien en forma de migraña espantosa.

Vishous empezó a tener miedo. Lo que siempre le había salvado el pellejo había sido su frialdad y la confianza en la máquina de precisión que era su cuerpo. El latido de su corazón de seis cámaras se aceleró, llevado de la aprensión y del ansia por la acción inminente.

Y con aquel mayor bombeo de sangre llegó el mareo.

OOO

Lash tomó forma cerca de donde sus sentidos le indicaban la presencia de su Primer Restrictor, Jay-O. Parecía algún tipo de taller enorme de trenes, abandonado.

Sonó un tiro cerca. Luego otros más amortiguados, en el subsuelo, y Lash masculló entre dientes. Percibía a diecisiete de sus chicos abajo y otros cuatro arriba, al final de la enorme nave. Les debían haber atacado desde la red subterránea de túneles, malditos imbéciles.

Se materializó al final de la nave y un restrictor Blood que subía por una escalera desde el subterráneo, con dos pistolas en las manos, estuvo a punto de pasar a través de él en sus prisas. Lash alargó una mano sólida y lo agarró de cuello.

-¿Qué mierda pasa?

-La-tinos.- pronunció el otro, medio ahogado, señalando con las pistolas hacia abajo-. Nos pillaron en plena operación… Jay… abajo.

Joder. Le iba tocar hacer de puto superhéroe de verdad. Aunque, bien pensado, destriparía a unos restrictores de su papi. Soltó al desdichado mientras el cruce de disparos y de gritos procedente del túnel subía de volumen. Lash se deslizó escaleras abajo tan rápido como le daban sus células fantasmales. Si los latinos mataban a sus restrictores tendría que hacer más y no tenía tantas energías, maldita sea.

En cuanto puso pie en el andén subterráneo le recibió la completa oscuridad, tiros de armas semiautomáticas, gritos roncos y dos fogonazos de luz blanca muy al fondo, en las tinieblas. Yeah… No notó una merma de su poder, así que eso eran dos restrictores de su padre que se habían ido a comer mierda.

Estaba a punto de desmaterializarse hacia el fondo de aquel túnel y empezar a repartir leña cuando Jay-O llegó corriendo hacia él desde la oscuridad, sudando y con un MP5 en las manos.

-¡Lash! ¡Los astilleros!

Otro fogonazo de luz desde el fondo del túnel iluminó la cara de su Primer Restrictor.

-¿Qué coño ocurre?

-¡Los latinos sabían que nos trasladamos! ¡Tengo a todos mis Bloods allí, joder! ¡Esto está controlado pero no llegaremos a tiempo a los astilleros!

Las débiles luces anaranjadas iluminaron a dos Bloods más que se acercaban corriendo por el andén, mirando hacia atrás. Uno de ellos plantó rodilla al suelo y disparó hacia la oscuridad, con el otro cubriéndole por encima del hombro. Más gritos. Otro fogonazo blanco, otro restrictor de papi al infierno. Vaya, sus restrictores eran decentes en el combate. Pero si los latinos asesinaban a los humanos de la banda, él se quedaría sin futuras tropas.

Y aún no sabía dónde mierda estaban los Hermanos.

Tiempo, tiempo, tiempo… Necesitaba pensar.

-¡LASH!- Jay-O se atrevió a gritarle en plena cara- ¡NO HAY TIEMPO!

La coz de mula que le dio de un golpe de energía mandó al negro contra la pared más cercana.

-No vuelves a atreverte a gritarme, basura.

Desapareció en un revoloteo de jirones negros, maldiciendo el momento en que decidió meterse en líos de bandas humanas. Lo que al principio le pareció un supermercado de tropas asequible ahora le requería que hiciera de maldito canguro. Me cago en la puta.

Tomó forma de nuevo en otra nave, que sólo conocía por haberla visto en el mapa de la ciudad porque jamás se habría ensuciado los zapatos acudiendo a semejante pocilga.

Gigantesca. Llena de maquinaria oxidada colgando del techo. Dos esqueletos de barcazas fluviales a medio construir. Desechos en el suelo. Oscuridad total. Muchos sonidos de pasos y voces a su espalda.

Lash tuvo dos segundos para asumir todo aquello antes de volverse hacia las voces y encontrarse de morros con setenta pandilleros armados hasta los dientes con las cazadoras amarillas y negras de los Almighty Kings and Queens, que iluminaban su progreso a través de la nave con linternas. Todos se detuvieron como por ensalmo al verle plantado a pocos metros de ellos.

Su olfato le dijo que los siete de delante eran restrictores. De papi. Sonrió como un auténtico demente.

-Apuesto a que no me esperabais.

Oh, esto iba a ser divertido. Justo la clase de desfogue que necesitaba para sentirse mejor después de una noche de mierda. Se desmaterializó para volver a aparecer en los hocicos de uno de los no muertos, ante el silencio de meada en los pantalones de los pandilleros humanos. Alargó la mano y lo levantó por el cuello hasta que sus pies dejaron de tocar suelo.

-Dile adiós al mundo.

Era la primera vez que ponía en práctica aquel truquito, pero el resultado valió la pena. Ejerció un poco de su poder y el restrictor se convulsionó, intentando aferrarse a la mano espectral que le ahogaba… hasta que su sangre negra empezó a brotar de todos sus poros, como una nube de polvo ceniciento. El rostro del no muerto se desecó hasta parecer el de una momia y dejó de forcejear. En unos segundos, Lash tenía la mano cerrada en el vacío y a sus pies se depositaba un montón de ceniza negra. Sonrió a los otros seis que tenía delante y al resto de la banda.

-¿Quién quiere ser el siguiente?

Entonces fue cuando empezaron los tiros.

OOO

Lo que unos llaman cobardía, para otros es prudencia, y la prudencia te permite existir más años. Ataca al débil y escóndete del fuerte para que otros se ocupen de él.

Felipe había adoptado aquel lema años atrás y hasta ahora le había ido muy bien.

La mayor parte de los AKG, restrictores y humanos por igual, entraron en los astilleros por la gran puerta trasera, pero Carlos y él lo habían hecho por una portezuela de mercancías lateral para poder tener otra panorámica de la enorme nave a donde, supuestamente, los Bloods iban a mudarse en poco rato. Vaya patraña.

El fantasma negro apareció justo cuando el pelotón de la banda había explorado un tercio de los astilleros. Carlos y él recorrían un flanco de la nave, en busca de escondrijos para asegurarse de que los negros aún no habían llegado y poder esperarles en el lugar adecuado.

-¿Qué es eso? Dios, ¿qué es eso?

Carlos y él se agazaparon tras el armazón podrido de una barcaza cuando el restrictor que el fantasma tenía aferrado por el cuello se evaporó en el aire, convertido en polvillo negro. La cara de Carlos era una máscara de terror, con los ojos blancos como un caballo desbocado. El silencio de los astilleros en penumbra se quebró con los truenos de las balas, los gritos de los AKG y ellos sólo pudieron taparse los oídos hasta que el estruendo amainara. Cuando lo hizo, con los gritos de rabia de sus compañeros desvaneciéndose lentamente, ambos asomaron la cabeza con cuidado.

El demonio de humo seguía donde estaba, desprendiendo vapor negro. Abrió los brazos para que los AKG vieran que aún estaba de una pieza y rió. Una diabólica carcajada seca que rebotó en la oscuridad.

-¿Por dónde íbamos?

Carlos no siguió mirando para asistir a la masacre de restrictores. Se volvió hacia él y a Felipe no le gustó nada la comprensión que asomó a su mirada. Le creía demasiado imbécil como para darse cuenta de la trampa y odiaba equivocarse.

-Nos has vendido… Hijo de puta, ¡NOS HAS V…!

Ah, no, gritos no. Felipe no pensaba correr el riesgo de que aquel engendro les descubriera. Sin un maldito pestañeo, alargó la mano izquierda como una víbora, cogió a su Corona Suprema del cuello, tiró de él para acercarle y con la derecha le hundió su buen cuchillo por debajo de las costillas, con la punta hacia arriba. La hoja entró profundamente y él la hizo girar un poco para asegurarse de que traspasaba el hueco donde en otro tiempo estuvo el corazón de Carlos.

Gol.

En un segundo, su antiguo amigo le estaba mirando con la traición en los ojillos de camello de papelinas y al siguiente, ¡puf!, luz blanca. Sólo quedaron sus ropas en el suelo.

Mierda, los vampiros no le habían explicado que explotaban en putos fuegos artificiales.

Felipe frunció el ceño, fastidiado hasta el infinito, y decidió que llegaba la hora de poner pies en polvorosa antes de que el hijísimo del Omega le localizara gracias al puto fogonazo de Carlos al morir. La puerta principal quedaba descartada porque Lash andaba haciendo de carnicero justo delante. La lateral por la que habían entrado Carlos y él tampoco era una opción: por lo que vio al asomarse de nuevo desde detrás de la barcaza, los miembros humanos de los AKG en desbandada corrían hacia allí mientras el fantasma hacía escabechina de no muertos.

En ese momento se abrieron las puertas principales. Dejando entrar una riada de negratas hijos de perra armados con cualquier cosa menos tirachinas.

Mierda. Eso no estaba previsto. El plan de los vampiros era que él atrajera a los AKG hasta allí, donde estaría Lash, para que el engendro los eliminara. Él podría huir y los vampiros se ocuparían del puto fantasma. Los Bloods en ningún momento entraban en el trato.

Felipe decidió que no había peor sentimiento en el mundo que saber que te estaban dando por culo después de que hubieras enculado a alguien.

Juró por lo bajo y corrió, agazapado, hacia la única otra salida posible: la gran compuerta que iba a dar al río, por donde se botaban los barcos una vez construidos. Aunque el gigantesco portalón estuviera cerrado, seguro que encontraría una puerta o un hueco por donde escabullirse.

Corrió como una comadreja, con el cuchillo en una mano y la pipa en la otra, por las sombras más densas de los astilleros, hasta que el suelo bajo sus pies se volvió metálico. Estaba entre los enormes rieles sobre los que se armaban las barcazas.

Entonces vio la trampa de los vampiros para Lash.

Por la puta madre…

Paró de correr en seco. Delante tenía a un tío pelirrojo vestido de cuero negro plantado, desafiante, mirando hacia el otro extremo de la nave. Siguió su mirada: el fantasma acababa de darse cuenta de la presencia del zanahoria y se volvió hacia allí.

Felipe acababa de quedar atrapado en fuego cruzado.

OOO

-¡Voy a avisar a Central!

De la Cruz casi se tiró en plancha al interior de su coche, en busca de la emisora. Butch le escuchó vociferar órdenes para que los SWAT, las lanchas fluviales, el helicóptero y todo hijoputa con placa y pistola en los alrededores trajera su culo a los antiguos astilleros ya. Y las ambulancias. Y los Bomberos.

No llamó a los Navy Seal y a Top Gun seguramente porque no tenía el número de teléfono.

Butch no le culpaba. Lo que se les acababa de juntar en los astilleros, en cuanto los coches de los Bloods habían cruzado el Glenwood Bridge, eran unos ciento treinta pandilleros deseosos de sacarse los hígados. Si por él fuera, dejaría que lo hicieran. Ciento treinta problemas menos en las calles. Aquí paz y allí gloria. Pero José todavía era poli, y de los buenos. A los malos se les detiene, se les juzga y se les enchirona. No dejas que se maten a tiros en las calles porque son tus putas calles y los tiroteos no entran en la lista de usos permitidos por el Ayuntamiento.

Además, el tenía sus propios problemas añadidos.

José había tenido que sujetarle contra el coche –más gracias a su autoridad moral que a su fuerza física- para que Butch no se lanzara de cabeza a los astilleros en cuanto la presencia de Lash entró en su radar. Tenía que ser el niñato hijoputa, porque brillaba como una bomba de neutrones para su percepción, pero la semilla que Butch llevaba en las tripas no tiraba de él, así que no era el Omega. Luego, mientras los Bloods se acercaban a los astilleros con todo un puto arsenal, las difusas presencias menores que tenía detectadas en el interior fueron desapareciendo.

Lash acababa de hacer limpieza de restrictores latinos.

Butch no podía precisar cuántos se había cargado ni si quedaba alguno en pie, porque la distancia no le permitía afinar el radar. Pero parecía que esa parte del plan, la de eliminar a los no muertos de la banda de los AKG, había concluido. Ahora les tocaba a los chicos acabar con Lash. Para lo cual dispondrían del tiempo que tardaran en llegar las unidades policiales. Mientras, tendrían que pelear contra un semidiós esquivando la lluvia de balas de dos bandas humanas.

Y algo ocurría con Vishous.

El encogimiento de corazón por su macho era muchísimo peor que el ansia asesina de su maldición. La sensación había ido creciendo en los últimos minutos desde una ligera aprensión –que achacó a la adrenalina- a pánico desatado. Butch golpeó el suelo con los pies, aferrado a los prismáticos como si le fuera la vida y dividido entre la necesidad de quedarse allí para apoyar a los chicos y la urgencia de salir cagando hostias hacia el túnel.

-Dios, tardarán diez minutos.- De la Cruz se pasó la mano por el pelo ralo en cuanto colgó la emisora-. Esto será una puta carnicería para entonces.

Como para corroborarlo, el astillero estalló en un tiroteo. Y a través de las ventanas sin cristales pudieron percibir las primeras llamas.

Mierda divina.- José se llevó la mano a la pistola, jurando en español, con el impulso de salir corriendo hacia la nave y hacer su aparición de buen poli estúpido que se mete, él solito, en una guerra de bandas.

Butch cogió su transmisor de radio para dar las malas noticias a los chicos.

-Tenéis diez minutos antes de que lleguen los maderos.

Entonces se dobló por la mitad.

-Joder…

Los prismáticos se le cayeron de la mano y con la otra se llevó un puño al corazón. Dolía como si le hubieran atravesado con una espina gigante. Rompió a sudar. El corazón le latió desquiciado.

Vishous se moría.

Lo supo como si lo tuviera delante. Algo estaba ocurriendo y el vínculo que compartía con su macho se debilitaba.

-¿Butch? ¿Estás bien?- José le cogió del hombro, enderezándole para poder mirarle a la cara.

Negó con la cabeza.

-No. Es…. V. Tengo que irme.- algunas cosas eran controlables. Pero que tu pareja vinculada estuviera a punto de irse al Fade lejos de ti rompía cualquier planificación estúpida. Sencillamente, Butch no podía quedarse allí.

-¿Qué? ¡¿Pero tú estás viendo la que está cayendo ahí dentro?! ¡En diez minutos esto será un hormiguero de polis, joder! ¡Hay que sacar a tus chicos!

Butch ya estaba subido en el asiento del Escalade. Habló a José por la ventana bajada mientras metía marcha atrás.

-Son cuatro. Dos de ellos podrán cubrir a los que pelean contra Lash. Sácalos tú de ahí cuando llegue la poli, por la puerta del río. Tengo… joder, tengo que irme.

No se quedó a seguir viendo la cara de desmayo de De la Cruz. Levantó arenilla al dar un volantazo para encarar el jeep hacia la carretera. Que luego le llevaría al puente. Que tendría que cruzar. Después, Second Avenue. Hasta la calle Vespucius. Y el taller de reparación de trenes. Saltándose todos los putos semáforos en rojo.

Aguanta. Joder, Vishous, AGUANTA hijo de perra.

Nunca unos minutos de coche le habían parecido tal eternidad.

No te mueras, joder… no se te ocurra morirte sin mí.

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40 comentarios to ““Amantes liberados”, parte 1 del capítulo 6, “Al final””

  1. JODER JODER JODER!!!!…LO BAJO EN LA COMPU Y A LEER EN LA OFICINA (A ESCONDIDILLAS)!!!!! JEJEJEJEJEJ

  2. Esto va derechito a mi disco duro y ya lo leeré como se merece (bien cómoda y con una taza de café en la mano a falta de Goose porque no soy muy alcohólica XDD) para venir a dejarte un testamento que tardarás horas en leer 😛

    Que te estés currando estos pedazo de capítulos de 100 páginas después de todo lo que has pasado este verando entre unas cosas y otras creo que tiene más mérito que nada. A ti hay que buscarte un bono de spa por algún lado. ¿Te gustan los masajes? ¿La hidroterapia? Te contratamos un masajista 24h (procurando que sea profesional y ya de paso… tenga buen culo) y arreglado.

    ¡Al ataqueeeeeeeeeee!

    • ¿Masajista con buen culo? ¡¡Compro!!! Lo de profesional… como que no es imprescindible, sólo ganas y entusiasmo por…er, el trabajo ^^

      Ale mujer, que después de los testamentos que dejo yo, ya sabes que me encanta leer los de los demás ;P ¡¡¡¡Besotesss!!!

      • Va a parecer que soy un despiste, pero que sepas que me he estado releyendo el fic entero para empaparme bien de la historia. Y, de paso, me he releído AL de cabo a rabo (literalmente XDD) y he acabado con un calentón del quince.

        De verdad, tesoro mío, no te puedes hacer una idea de los calores que se pasan cuando te lo lees todo seguido.

        Ah, por cierto, al principio de AL nos dejabas capis de 30 páginas y nos pedías perdón “por el rollo que nos soltabas”, y ahora nos dejas capis de 100 páginas y te asaltamos como lobas XDDD Sólo lo dejo caer.

        Y el testamento en forma de review está en proceso. Hay muchas cosas que quiero decirte 🙂

  3. TaigaBriareos Says:

    PORFIIIIIIIINN!!!!…. tu musa es mi héroe porque gracias a ella tengo más de estos nenes estupendos que crea…. mmmmm….. ya sé que ya estaban creados, pero tú les das vida como nadie.
    Y… espero por favor que ese ya verremos porque juntas a Qhuinn-Blay-John-Xhex… no sea por sex, porque me da un patatús… ¿donde quedaría eso de mío y todo eso?….
    ¡¡¡Voy corriendo!!!!
    ¡¡¡Animoooooo!!!

    • O.O Ahora sí que me has matado pero bien muerta ¿Juntar a esos cuatro por sexo? ¡¡¡A la próxima que me diga que tengo una imaginación calenturienta le apunto tu nombre!!!! ;P Noooooo, están juntos en el combate, nena, en el combate 😉

      ¡¡¡Besotesssss!!!

  4. Gracias nena me has alegrado la semana!!!!!

  5. Hola querida Vane!
    Tanto tiempo sin leerte y de verdad que se te extrañaba…

    De una fan a otra fan, quiero agradecerte de todo corazón la dedicación y la pasión que le dedicas este fic, como lo has hecho en los anteriores… Es sólo que aquí se puede apreciar como creciste/evolucionaste vos junto con la historia, la calidad del relato que fue aumento hasta llegar a lo que es hoy…
    Porque tras las lineas finales que vemos, hay todo un gran backstage de la creación: la parte más personal y expuesta de tu propio ser, donde uno como artista se involucra tanto en una obra que la sueña, la siente y la vive como si fuera uno mismo…
    Porque en cada escrito tuyo que leo parace que conozco algo más de la verdadera Vane, de lo más puro de tu escencia y de tu ser… (aunque suene muy místico, es algo que verdaderamente percibo a través de tus relatos)
    Como el don de la palabra no es lo mío, realmente admiro a aquellos que por medio de la escritura pueden llevarnos a mundos que jamás vamos a conocer…

    Y para no ponerme densa (hecho x lo cual no comento muy seguido) ni mucho menos pretendo ser demagógica… solo quería expresarte un poco del afecto y admiración que siento x vos, tu talento y creatividad… Besos y gracias!

    • ^^; Lo primero muchas gracias por todas tus palabras y lo segundo, ¡¡¡me vas a sacar los colores hasta no querer salir de mi pozo!!! La verdad, yo también extrañaba tener tiempo para escribir. El verano en general siempre es una época complicada, porque los casi 3 meses de vacaciones de los niños destrozan tu tiempo libre, pero éste ha sido particularmente movido. Y si no escribo me convierto en un bichejo gruñón y babeante ¬¬

      Sí que es cierto que, en términos globales, estoy más satisfecha de este fic (con todos lo fallos que tiene) que de AR, sencillamente porque “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”. Se aprende haciendo y hay algunas cosas que sí he aprendido desde AR, que ahora me tocaría reescribir de cabo a rabo si no quiero morirme de vergüenza peeeeero… no tengo más horas^^, Aún así, madre mía, no me queda por aprender para escribir decentemente… Por ejemplo, cómo hacer escenas de combate cortas ¬¬

      Y, en cuanto a poner algo de mí misma, supongo que es inevitable. Los personajes piensan, pero el contenido de esos pensamientos viene dado por lo que autor ha vivido o por sus valores morales, imagino. En el caso de AR, la parte que siempre me cuesta más escribir es la de Mary. No podría haberla escrito sin ser madre, estoy segura, porque hay reflexiones y sentimientos que sólo entiendes entonces.

      ¡¡Sólo espero que no te resulte aburrido tanto combate!! De verdad que es por un buen fin. Quiero decir que, sin lo que pasa en este capi 6, no se entendería el final del fic ^^

      ¡¡Muchas gracias otra vez y un besoteeee!!!

  6. lilo lopez Says:

    aiiiiii!!! dioooos !!!!tengo una duda existencial , lo empiezo a leer todo de un tiron ,o me voy a pilates que ya es la hora? diooooooos!!!!!

    • Vete a Pilates, ni lo dudes. Que esto es más denso que el cemento y mejor ponerse a leerlo bieeeen relajadita. Mens sana in corpore sano, que dicen ;P ¡¡¡¡Besotessss!!!

  7. lilo lopez Says:

    ………….no fui capazzzz……de irme sin leeer uncachitoooo……

  8. Marie K. Matthew Says:

    te odio… T_T no supero esto…te odio..me lei el segundo antes que el primero…FUE HORRIBLE!!!!

    • Si es que no se puede leer el segundo antes que el primero, mujer ^^; Bueeeeeeno, esperemos que cuando acabe la historia no me odies tanto, ¿vale? Piensa que aún quedan como 200 páginas por terminar y puede pasar de todo!!!!!

      ¡¡¡Besotesss!!!

  9. gracias gracias mil gracias. bien k mañana no tengo clases porque fijo k me quedo hasta las tantas leyendo

  10. Por que terminas así el capitulo!!! * agarrándome la cabellera*, pero debo decir que quedo genial. Vane te paseaste, gracias por haberme alegrado la semana, pero, como dicen la alegría dura poco, deberé esperar hasta que subas el próximo.
    Besos guapa y cuídate
    XOXO

    • Porque soy una sádica y quería daros motivos para esperar el siguiente capi ;P Gracias mujer, ya sé que el final es una putada, pero tenía que cortar por algún lado ^^; El siguiente capi, el 7, lo tengo que empezar a escribir casi de cero (tengo 20 páginas pero, en mi caso, eso y nada es lo mismo). Por suerte, no tiene escenas que a mí me resulten taaaaan complicadas como este macrocombate, así que supongo que iré relativamente rapidito.

      ¡¡¡Muuuuuchas gracias y un besote Caro!!!

  11. Hay que joderse!!!!!!! Nena esto no se hace!!!! Me voy corriendo a leer la parte dos. Pero primero quería decirte que : MUCHAS GRACIAS GUAPA!!!!!!! Dios el capitulo, como siempre una maravilla. Me encantan los chicos y la escena del despacho del rey me ha hecho sentir que estaba hay dentro.

    Un besazo guapa

    • ¿Que esto no se hace? ¡¡Pues espera a leer el final de la parte 2!!! Casi que me voy poniendo la armadura completa para que no me acuchilles ;P

      ¡¡De nada, todo un placer compartir buenos (o angustiosos) ratos!!!! ¡¡Besotessss!!

  12. Ayyyyyyy!!!! Estoy mordiendome las uñas…. pero es que no quiero leerlo en la ofi…sino bien tranquilita en el sillon y con un cafecito caliente…(la verdad no soy mucho de Goose..jajaja XD) así que tendré que estar todo el día con la angustia…Seguro que no aguanto y acabo leyendo un cachito…y ya se sabe una vez que empiezas no puedes parar!! jajajaja, Asi que si me echan del trabajo será culpa tuyaaaaaaa!!! jajajja, pero merecera la pena seguro!! Besitos y GRACIAS Guapisima!! Nos leemos por el face…

    • Mira que leer en el trabajo es muy peligroso, que te hablan y tú como si oyeras llover, por no hablar del compañero que echa un vistazo a tu pantalla y capta justo las palabras clave para preguntarte “¿Pero qué narices estás leyendo?” y ponerte como un tomate. SI lo sabré yo ;P

      ¡¡¡Mejor con calma y un café, sin duda!! 😉 ¡¡¡Besoteeeeeeeeeeeesssssss!!!

      • Jajaja, sip ya me ha pasado de estar en mi mundo y algun compañero hablandome…jajaja, mi excusa es que estoy tan concentrada en mi trabajoooo….jajaja, lo malo es cuando la pantalla se queda congelada justo en el momento mas inoportuno (o sea escena torrida o imagen de hombreton escaso de ropa) y ves acercarse al jefe como a camara lenta!! Te entran hasta sudores….jajajaja

  13. Victoriaf Says:

    uoooooooooo amor eterno hacia ti 🙂

    ahora mismo me pongo a leer

  14. OMG!!!! ¿Cómo me haces esto?… acabo de abrir tu pagina, estoy en la oficina…con los SPM del mes, y ¡haz actualizado y no me he enteradoooooo! T.T
    Quiero leer, pero mejor me lo guardo para cuando este en casa con un pote de helado al lado, y la música reventando mis ventanas. (Dentro de 3 horas)
    Prometo dejarte un jugoso y laaaaaargo comentario 😀 Gracias guapa!

  15. OMFG!!!!!!!!…… Vane!!!!! Casi se me desencaja la mandibula al entrar y encontrarme con las dos partes del capi 6!!!!!!!!!!!!
    ***wwwwiiiiiiiiii salto de felicidad***
    ya mismo me bajo las dos partes y meto mis narices de lleno en la PC…. (Deberia editar unas imagenes que tengo que entregar mañana, pero que mierda… No voy a poder hacerlo hasta no leerme el capi).

    Saludos!!!!!!!!!!!!!!!!

  16. Jodeeerrrrr…..
    Ayer por la tarde me lei esta parte. Que quieres que te diga?…me dejastes patidifusa. Ahora entiendo lo que decías de que había escenas muuuuuuy fuertes…y tanto que si.

    Me quedé tan noqueada que no era capaz de dormir, (vease comentario en la 2ª parte).
    Muchas felicidedas por tu éxito con la versión “inglish” del fic, a ver si no tardamos mucho en verlo publicado en papel.

    • Muahauhaa, ¿qué tal tu marido, te sigue puteando? ^^

      Las escenas fuertes dependen de tu capacidad para asumir la violencia. Hay a quien le parecerán dignas de “Candy Candy” y a quienes le pondrán el estómago regirado, todo depende. Pero no quería hacer LA macroescena del combate del fic, con dos bandas de humanos y restrictores y un maldito semidiós y que los Hermanos, chicos incluidos, salieran de ella como salidos de un paseo campestre¬¬

      En cuanto a AR, este viernes lo tendré en papel en mis dulces manitas^^; Ya colgaré fotos del librito cuando mi colega me dé también la versión en Ebook o en Ereader o como coño se diga para descargar.

      ¡¡¡BEsotessssss!!!!

  17. No0o0o0o0o0o0o0!!! Q no le pase nada a V… tía, q me da algo. Antes de leer el próx cap, te dejo mi comentario. Me gusta la encerrona q se a dado, me tienes en vilo, tengo el mapa en la cabeza, y casí q puedo imaginarme a los chicos allí. Lo de V es por el CO2, ¿verdad? No puedo imaginarme nada más…
    Y lo del grupillo de 4 (Xhex, Jhon, Blay y Qhuinn) creo q merecian hacer de esta su batalla. Me tienes feliz.
    Lo de Anha, no me lo esperaba T.T he llorado al leer la despedida de Hollywood…y lo q Mary esta pensando, pero vamos! Eso no es falta de sentimiento maternal, eso le pasa a las madres primerizas. Peeero..me gusta como has descrito a Hollywood siendo padre. Espero saber más de la peque, que ya le he tomado cariño.
    Me voy a leer lo q viene. Gracias guapa. 😀

    • Lo de V es por intoxicación de monóxido de carbono, sí, agravada porque estos vampiros tienen un corazón de 6 cámaras que bombea la hoooooostia de volumen de sangre, por lo cual la partícula tóxica llega más rápido al cerebro y los fríe antes. Por no hablar del dragón y su aliento de fuego.

      Sip, los 4 chicos se merecían ocuparse ellos de Lash, ¿no? Es como si fuera su asunto y de nadie más pero, antes de legar a este punto, de poder estar lo bastante serenos como para enfrentarse a ese montón de basura, debían madurar un poquito.

      Yyyyyy… premio. Lo de Mary es la clásica crisis postparto (sin parto en su caso) de la madre primeriza a quien le han inflado la cabeza con ideas demasiado edulcoradas sobre la maternidad. Al ver que tus sentimientos no están a la altura de esas (Estúpidas) ideas, a Mary le ha entrado el pánico sobre sí misma. Es de esas cosas que quizás has de haber sido madre para entender al 100%, no lo sé. Rhage le lleva ventaja en el sentido de que él ya ha compartido con la niña y su madre bastantes momentos angustiosos que han creado un vínculo con la cría, cosa que Mary aún no. Es tan sencillo como eso y sí, los 3, y toda la casa, tendrán una laaaaaarga y bonita escena en el capi 7.

      ¡¡¡Besoteeeeeeeeeeeeeeeeeeeesssss!!!!!

  18. ahhhh!!! en shock y buscando la siguiente parte…..

  19. Hola! no viene a cuento respecto a la novela, pero de que he visto la portada del libro 11 de la Hermandad me quedé prendá y lo he estado buscado como una descosida, el caso es que me topé con una imagen similar y me deparó a esta página 🙂 Me gustaría si podrías darme el nombre del chico que sale en la primera imagen de esta página? Te lo agradecería muchísimo! *-*

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